Día 1
Llegamos a Sepilok a media mañana. Hicimos el check-in en nuestro hotel, el Tanini Sepilok. El hotel era muy bonito y la habitación muy cómoda. Está cerca del Rainforest Discovery Center (RDC), pero a esa hora hacía mucho calor para ir andando, así que pedimos un Grab, que por 4RM nos llevó en un momento.
Compramos la entrada (30RM) y nos fuimos a recorrer el parque. Lo más famoso es el sendero por unas pasarelas elevadas por las copas de los árboles, que fue lo que hicimos en primer lugar. Vimos algunas ardillas gigantes, muchas ardillas más pequeñas y un lagarto volador. A esa hora no vimos muchas aves, se ve que con el calor no es fácil verlas.
También hay un lago y un puente colgante. El entorno es precioso.
Comimos en el restaurante que hay dentro del RDC, donde no se come nada mal.
Después de comer, para refugiarnos un poco del calor, estuvimos en el centro de interpretación. Desde allí accedimos al jardín botánico donde hay muchas plantas endémicas de Borneo, como orquídeas o plantas carnívoras. Nos gustó mucho.
Descansamos un poco en el bar, y al rato nos avisaron de que había una víbora en un árbol junto a la entrada. La verdad es que era muy bonita, parecía inofensiva, aunque no lo es.
Recorrimos algunos de los senderos del parque y nos cayó una tormenta que parecía que se iba a caer el cielo. Pero al rato paró y se quedó la tarde soleada, con un calor pegajoso. Recorrimos de nuevo el sendero elevado, y esta vez vimos más aves, como varios cálaos negros y otras aves, además de insectos palo, lagartos,…
Según se acercaba la puesta de sol y hacía menos calor se iba animando la fauna. Nosotros habíamos reservado una caminata guiada nocturna (50RM) y la verdad es que estuvo muy bien.
La primera parada fue para ver las ardillas voladoras. No pude sacar ninguna foto decente pero el espectáculo me encantó. Ver a las ardillas dar esos saltos enormes nos impresionó mucho.
Después fuimos caminando y el guía nos iba explicando los animales que encontrábamos: aves, insectos, arañas, serpientes, ranas, camaleones, társidos, loris perezosos,… No sé si me dejo algún bicho, porque la verdad es que vimos muchos. Totalmente recomendable esta actividad.
A la salida cenamos en un restaurante que se llama White House, a medio camino entre el RDC y nuestro hotel.
Día 2
Después de un buen desayuno, recogimos nuestras cosas y pedimos un Grab que nos llevó al centro de recuperación de orangutanes. Se trata de un lugar donde cuidan y recuperan a orangutanes que han resultado heridos o huérfanos a causa de la pérdida de su hábitat. Cuando ya están recuperados los introducen en la selva y viven en libertad, aunque dos veces al día ponen comida en una plataforma y suelen acudir algunos individuos, que es cuando acceden los visitantes. Como ellos viven en libertad, a veces van muchos, otras pocos, eso depende de si encuentran más o menos comida en los árboles.
A las 9 abre el centro y se camina por un sendero hasta la guardería. Es un recinto cerrado, que solo se puede ver a través de unos cristales. Es el patio de recreo de los más pequeños y de los orangutanes que aún o están completamente recuperados. Aquí les ponen comida en varias plataformas, aunque a veces van macacos que se la roban.
Después, a las 10, ponen comida en otra plataforma, esta vez en un lugar abierto, y hay varios miradores para observar los orangutanes. La verdad es que había muchísima gente. Muchas excursiones, grupos grandes, yo me sentí un poco decepcionada. Más aún cuando la mayoría de la comida se la comieron unos macacos y unas ardillas, y solo acudieron dos orangutanes jóvenes. ¿Eso era todo?
Se fue casi toda la gente y quedamos unos cuantos allí haciendo algunas fotografías a insectos. De repente apareció en la copa de un árbol una orangutana con su cría. Y poco después otra madre con un bebé que se puso a comer en la plataforma, mientras el bebé quería jugar y no la dejaba. La madre quería que se echase una siesta, pero no había manera, se echaba encima de su madre para jugar. Me pareció una escena tan tierna y humana. Podría haber sido cualquier madre con su bebé.
Después fuimos al centro del oso malayo, que está justo enfrente del centro de orangutanes. El oso malayo es el más pequeño de todos los osos que existen y suelen dormir en los árboles. En este centro hay unos 40 ejemplares, rescatados de circos, huérfanos, etc.
Hay dos plataformas de observación, aunque los osos se mueven por donde quieren, ya que viven en semilibertad. Cuando llegamos a la primera plataforma justo venían acercándose un par de osos. Ya nos pareció superguay, pero fuimos a la segunda plataforma y allí había una osa durmiendo plácidamente en un árbol. En ese momento se puso a llover torrencialmente, pero ella ni se inmutaba, allí estaba tan a gusto.
Mientras esperábamos a que dejase de llover, vimos unos paneles con información de cada oso, y preguntamos cuál era aquella. Nos dijeron que era Romolina, una osa nacida en 2018. Un aldeano la encontró sola en el bosque cuando era cachorra y la mantuvo enjaulada como mascota, hasta que fue rescatada para recuperarse en el centro.
Cuando dejó de llover, otro oso llegó y se subió a un árbol. Era Fulung, uno de los osos más populares del centro, ya que parece que es bastante amigable. Es un macho nacido en 2010 al que le gusta mantenerse erguido sobre sus patas traseras. Todavía se le ven las marcas de heridas causadas por la jaula en la que estuvo antes de ser rescatado.
No parecía encontrar la postura cómoda para dormir, y al rato se bajó y se puso de pie un rato hasta que se fue. Mientras varios osos más pasaron por allí.
Después de ver los osos comimos en el restaurante del centro de orangutanes. La verdad es que aquí se come bien en cualquier sitio. Volvimos a entrar al pase de la guardería de las 2 de la tarde, ya que la entrada vale para los dos horarios. Sin embargo, no pudimos quedarnos a la plataforma de las 3 de la tarde, ya que nos habían adelantado el vuelo de vuelta a Kuala Lumpur y teníamos que irnos. Nos dio mucha rabia, porque por la tarde había mucha menos gente, y parecía una ocasión más propicia para ver los orangutanes. Pero nuestro vuelo salía a las 5 y no podíamos apurar tanto.
Dejamos Borneo con mucha pena, nos había sabido a poco. Pero al día siguiente nos esperaba otra etapa maravillosa, las islas Perhentian.
En Kuala Lumpur nos alojamos en el mismo hotel cercano al aeropuerto de la primera noche. Salimos a cenar a un restaurante cercano y dimos una vuelta por un mercado nocturno, donde se vendían los objetos más variopintos.