Había tantos paraísos para elegir que el verdadero reto fue quedarse con uno solo.
Y es que elegir un resort en Maldivas por ti mismo no es nada fácil.

Para ser sinceros, yo estaba emperrada en repetir en el Resort Kuramathi y además nos hubiera venido genial estando en Ukulhas. Pero el listón estaba tan alto, que no me conformaba con menos que una water villa.... y en el kuramathi se nos iba de precio.
No tenía intención de ir al lejano atolón de Meemu, pero allí que acabamos, gracias a Lastminute. Me pareció un buen precio 2.400€ por 7 noches en todo incluido en una water villa y nos incluía traslados en vuelo nacional de ida y vuelta hasta el resort desde el aeropuerto de Male.
El Atolón de Meemu está situado entre el Atolón de Vaavu y el Atolón de Thaa, al sureste de las Maldivas y a 135 km Male. Mide unos 31 km de ancho por 47 km de largo y su isla principal es Muli. Solo hay 8 islas habitadas por locales.
Su ubicación es relativamente aislada. Está lejos de las principales zonas turísticas y verdaderamente se siente como un remanso de paz. Es como un secreto bien guardado. Por lo que pudimos ver, no es un lugar que frecuenten demasiado los viajeros españoles.
Llegamos al aeropuerto de Male sobre las 8.30am desde Ukulhas y nos fuimos a los famosos mostradores de siempre a buscar el de la cadena Cinnamon. Allí había un empleado vestido con el uniforme del resort y enseguida reviso su libreta y nos confirmo que estábamos apuntados. Sobre las 9.30 de la mañana nos acompaño a los mostradores de facturación de la terminal doméstica y se encargo de hacer el papeleo correspondiente. Solo tuvimos que dejar en la cinta nuestras maletas. A las 11.00 am estábamos ya subidos en un pequeño avión de hélices de la compañía Maldivian. Tardamos unos 45 minutos en llegar.
El aeropuerto de Muli es nuevo. Aunque la isla está habitada allí apenas bajamos del avión 10 personas, porque continuaba volando a otra parte. Las maletas nos las entregaron directamente en mano, ni cintas ni ná. Habían 3 coches esperándonos. Nos llevaron hasta el puerto de Muli y nos subieron ya a la barca del resort. En menos de 10 minutos estábamos allí.

El hotel está enclavado en una laguna alucinante. Tiene muchosimos tonos de azul. Es muy poco profunda en muchos puntos y en general las aguas son super tranquilas. El hotel tiene 2 islas, que están unidas por una pasarela de madera donde está la recepción. Es un hotel de lujo, solo para adultos, con un ambiente hiper tranquilo y romántico.

Cuando llegamos, nos dieron unas bebidas y la chica que nos recibió nos ofreció un upgrade. El trato consistía en darnos un Platinum Beach Bungalow durante 2 días, en la isla privada y luego cambiar el resto de la estancia a nuestra Water Villa en la isla principal. Además, podríamos acceder durante toda nuestra estancia a las instalaciones de la isla Platinum: Playas, Piscina, Restaurante y Bar. En esta isla el resto de huespedes del resort no pueden hace uso.
A mí ya me había convencido, pero además nos regalaron una excursión para ver tiburones. Nos pusieron una pulserita roja y nos llevaron en carrito a la habitación.

En esa isla privada solo había 20 villas. Eran muy bonitas y estaban super bien equipadas. Si querías tenías la playa nada más salir de la casa pero también podías ir a la playa del otro lado donde estaba el restaurante y la piscina. El ambiente en esa isla era súper tranquilo, a veces ni siquiera se llenaban las únicas 10 hamacas que habían. En el agua estabas casi siempre solo y el restaurante era una maravilla, muy íntimo y exclusivo. Como solo habían máximo 20 parejas siempre había sitio y nunca se veía lleno.

Luego, cuando nos cambiamos a la water villa la disfrutamos un montón. Pero casi todos los días fuimos a comer y cenar a la isla Platinum. También nos íbamos a la playa de allí que era más bonita, más honda y más exclusiva que la de la isla principal. Hacíamos la broma diciendo que no queríamos estar en la playa de los pobres.
Una ventaja que tienen las Water Villas es que no hay mosquitos encima del mar y eso a mí me encantaba.
Otra cosa que descubrí es que tenía una nurseria de peces justo bajando la escalera. Me ponía las gafas y el tubo y me quedaba mirándolos. Era increíble. Eran peces perfectamente idénticos a los que íbamos viendo haciendo snorkel pero en miniatura. Como del tamaño de una oliva. No era una buena zona para nadar porque era muy poco profunda y algunos días la corriente era bastante fuerte, pero a mí me encantaba bajar a ver a mis pezqueñines.
Como el resort está en una laguna tan poco profunda hay muy pocos peces grandes. Así que si quieres hacer esnorquel lo tienes mal. Por eso el resort tiene dos salidas al día gratuitas, donde te llevan en barco a los arrecifes cercanos. Creo que una salida era a las 10.00 y la segunda a las 15.00. Nosotros íbamos casi todos los días a las 2. Eran arrecifes muy bonitos y vimos peces nuevos que jamás habíamos visto. Eso sí, en cada salida te hacían firmar un descargo de responsabilidad por si pasaba algo.
Me pareció curioso que éramos relativamente pocos los huéspedes que íbamos al snorkel y además casi siempre los mismos.
Aquí te dejo un vídeo de los peces que viven allí. Estas son imágenes del Resort y también de Ukulhas.
En Maldivas hay una biodiversidad de peces increíble.
Yo tengo 2 tipos de peces que son mis favoritos. El primer favorito es un pez que me fascina por lo cabreado que está siempre. Se llama pez Ballesta Picasso. Mira que es bonito pero tiene más mala leche que todos los demás peces del arrecife juntos. Como te quedes cerca de lo que el considera tu territorio te viene como un pequeño matón a echar. Me parto de la risa.
Los segundos favoritos son unos peces muy bonitos que solo veíamos en Meemu. En el atolón de Ari no los había visto. Son tipo sardinilla con varias franjas azules, amarillas y rosas como de color pastel. Estos me encantaban porque se te acercan y nadan contigo. Alguno hasta se dejó tocar.
También nos regalaron un mini masaje de espalda. Luego Jordi me regaló un masaje balinés porque era mi santo. El Spa estaba muy bien y las chicas eran muy profesionales.
La excursión de tiburones estuvo genial aunque como yo había nadado con ellos pues me supo a poco. Desde luego que si ves esto por primera vez te impacta. Se puso un miembro de la tripulación en la proa a trocear atunes y a tirarlos al mar. Com quien tira pan a las palomas. Lo que más había era tiburones nodriza. Luego había puntas negras pequeños y también se habían apuntado a la fiesta unos pescados tipo atún bastante grandes que no veas que velocidad y agilidad.

Otra cosa que hacían algunas parejas eran cenas privadas en la playa. Creo que también podían hacerte una cena en un Sandbak pero se flipaban mucho con los precios.
Me costó mucho abandonar el paraíso, porque perrear de esa manera tan brutal en un sitio tan bonito, es un sueño del que no quieres despertar.