Yo no soy muy fan de las ciudades grandes, prefiero los destinos de naturaleza y más rurales. Pero aterrizábamos en Kuala Lumpur, así que teníamos que darle una oportunidad. Y he de reconocer que me gustó la ciudad. Solo le dedicamos día y medio, dos noches. No vimos todo lo que puede ofrecer Kuala Lumpur, pero lo que vimos nos gustó.
Día 1
Llegamos de Perhentian a las 13:00 horas. Pillamos un grab hasta nuestro alojamiento, el Ceylonz Suites Bukit Bintang. Se trata de un edificio de 38 plantas donde hay apartamentos y estudios, gestionados por diferentes empresas. El nuestro era un estudio en la planta 22 que tenía un ventanal con vistas espectaculares. Tuvimos que pagar 20 euros de fianza, que nos devolvieron al hacer el check-out.
Dejamos las cosas en la habitación y nos fuimos a buscar un sitio para comer. Buscando en Google sitios cercanos, encontramos un pequeño restaurante familiar muy bien valorado. De buenas a primeras el sitio no tenía buena pinta, pero las buenas reseñas tenían fundamento. La comida deliciosa y el trato muy bueno, además de muy barato. He tenido que buscarlo, se llamaba Thaba Express Restaurant.
Cuando salimos del restaurante nos encontramos un templo hindú (Court Hill Sri Ganesar Temple) donde había una ceremonia, y estaba todo alrededor lleno de puestos con velas y guirnaldas.
De allí pusimos rumbo al corazón de la ciudad, la plaza Merdeka. Toda esa zona está llena de edificios históricos, a cada cual más bonito. Lo único malo es que había obras, y que hacía un calor insoportable.
Buscando un lugar donde refugiarnos del calor acabamos en el mercado central, con multitud de puestos de todo tipo, tanto fuera en la calle como dentro en un edificio climatizado de dos plantas. Compramos varios souvenirs, pero lo mejor fue que había una enorme tienda de productos de Malasia. Allí nos volvimos locos, compramos especias, té, café, platos preparados, ya ni me acuerdo todo lo que compramos. Nuestras mochilas de 7 kg iban a volver con sobrepeso.
Cansados y acalorados, decidimos que era hora de volver al hotel a refrescarnos en la piscina. Situada en la planta 37, la piscina tiene unas vistas fantásticas. Nos encantó ver el atardecer allí, viendo como poco a poco se iban encendiendo las luces de los rascacielos de Kuala Lumpur, destacando en la vista al frente las torres Petrona (solo una) y la torre de telecomunicaciones, y en la vista lateral la torre Merdeka, el segundo edificio más alto del mundo.
Para cenar fuimos a la calle Jalan Alor, donde hay un mercadillo con puestos de comida, y que no pillaba lejos de nuestro hotel. Probamos varias cosas en diferentes puestos y la verdad es que no nos gustó mucho. La comida entra por el ojo, pero de sabor no estaba muy buena. Quizá nos equivocamos. Además, que intentar comer mientras te empuja la multitud no fue una experiencia muy agradable.
Cuando iniciamos la vuelta se puso a llover como si se hubiese roto el cielo. Nos refugiamos en una tienda pero cada vez llovía más. Los taxis y grab estaban saturados. Así que cuando aflojó un poco nos pusimos un poncho de plástico y corrimos hacia el hotel. Para entonces las calles ya eran ríos y en algunos puntos el agua nos llegaba por media pierna. Llegamos empapados al hotel.
Día 2
El objetivo de nuestro segundo día en Kuala Lumpur era ver las Batu Cave, un complejo de templos hindúes situados en una cueva. Nos levantamos temprano y pedimos un grab. Llegamos a eso de las 9 y había poca gente, por lo que pudimos hacer fotos con tranquilidad de la gran escalera de colores presidida por la enorme estatua dorada del dios Murugan. Subimos los 272 escalones evitando a los monos. Hay que tener cuidado, una chica que estaba subiendo quiso acercarse a ellos y se llevó un mordisco en el brazo.
Una vez arriba, en lo alto de la cueva, nos encontramos la enorme cavidad, abierta por arriba, y multitud de templos. La cueva en sí impresiona mucho, por sus dimensiones, por sus estalactitas, y el contraste de tamaño con los pequeños templos hindúes.
Lo que nos gustó menos del recinto fue la cantidad de puestos de souvenirs, aquello parecía una pequeña feria. Tampoco nos gustó mucho el zoo que tienen abajo antes de entrar.
Vimos por fuera algunos de los templos y pedimos un grab para volver a Kuala Lumpur. Hay otras dos cuevas a la entrada, pero por lo que habíamos leído, decidimos que no nos merecía la pena.
Le dijimos al grab que nos dejase en el mercado central. El día anterior lo habíamos visto de forma apresurada y nos apetecía ver los puestos de la planta de arriba, donde hay mucha ropa. Nos compramos algunas prendas y volvimos a la tienda de comestibles, por si se nos había pasado algo, jaja.
De allí nos fuimos al barrio chino, donde vimos un pequeño templo, Guan Di Temple, que contrastaba con la modernidad de la torre Merdeka. Estos son los contrastes de Kuala Lumpur.
En la misma calle, un poco más abajo, encontramos un templo hindú, Sri Maha Mariamman, aunque ese día ya veníamos saturados de ese tipo de templos.
Fuimos a Petaling Street, donde hay un callejón lleno de murales y otras obras de Street art. Pero estaba cerrado por mantenimiento, así que nos quedamos sin verlo.
Buscamos un lugar donde comer por allí cerca, y por críticas fuimos a Da Bao, un lugar donde su plato estrella son los bao, como su nombre indica. La verdad es que estaban bastante buenos, así como las otras cosas que pedimos, aunque la comida picaba bastante, en general.
Pasamos por el mercado chino de Petaling Street, donde puedes encontrar casi de todo, sobre todo ropa y souvenirs, aunque también comida.
De vuelta al hotel, bañito en la piscina antes de irnos a conocer de cerca las torres Petrona. Fuimos en grab hasta el parque KLCC, que es enorme y muy bonito, siempre con las torres en el horizonte.
Acabamos junto al lago, donde hicimos fotos de las torres según iba cambiando la luz. Hasta que comenzó el espectáculo de música y luces junto a las torres. Lo hacen a las 8, a las 9 y a las 10. Está bien, pero tampoco es que vaya muy acompasada la música y el agua.
Aprovechamos para cenar en uno de los muchos restaurantes del centro comercial KLCC, el Madam Kwan's. Nos costó encontrarlo, porque todas las plantas son iguales y no sabes si está a izquierda o a derecha. Cuando por fin lo encontramos había cola, pero pudimos sentarnos en poco tiempo. La comida estaba muy buena, lo único que nos desconcertó es que tienes que pedir por la aplicación y quisimos pedir más después y no pudimos. Gastamos allí nuestros últimos ringgit, ya que a primera hora íbamos camino al aeropuerto para volver a casa.
Regresamos al hotel caminando y echamos un último vistazo a las vistas desde la piscina antes de preprar las maletas para el día siguiente.
Terima Kasih Malasia!