Como todas las mañanas desayunamos en el apartamento y vimos que el día iba a ser de nuevo caluroso, entre 33 y 35 grados.
Obviamos la autopista y tomamos la carretera hasta Senj, preciosa y empinada la parte final y repleta puestos de quesos, aceites y trufas que hacen los vecinos en su propio hogar.
Paramos en el castillo Nehaj y tomamos un café mientras apreciamos las vistas del panorama y del castillo a pesar del tremendo viento. Seguimos por la carretera de la costa viendo las calas y acantilados, hay zonas de mucho poder adquisitivo y muy bonitas para hacer snorkel y darse un baño.
Llegamos a Opatija y comimos en Fast food Andrea antes de dar un paseo. Comimos barato y bueno, casi no hablan inglés y el lugar es cutre pero comimos una fuente enorme de carnes muy buenas con cervezas por 30 euros.
Luego fuimos al centro de Opatija y dejamos el coche en el parking cerca del casino para pasear por los jardines de Villa Angiolina y por el Riva o Lungomare. El Riva mezcla terrazas sobre el mar que explotan los negocios con tumbonas, cócteles,... no aptas para todos los bolsillos y otras zonas de libre acceso a la playa preciosas también. El paseo tiene mucha vegetación y zonas bonitas y curiosas como la estatua de la doncella y la gaviota. Cogimos el coche y subimos al monte Ucka donde paramos en Vela Draga para ver las enormes agujas de roca que surgen entre los bosques, algunas de más de 50 metros; fue un paseo corto y muy bonito.
Toda la península de Istria está repleta de pueblos construidos sobre montes.
No tenía pensado ir a Hum (el pueblo más pequeño del mundo), pero a mi mujer le llamó la atención visitarlo y allí fuimos. Se paga los 3 euros del parking hasta las 18h, llegamos a las 17:56h y nos hicieron pagarlo. Al menos mereció la pena porque estábamos prácticamente sólos. Nos encantó la visita a los cuatro, la chica que atiende la tienda habla un español perfecto y nos dio algunos consejos. Nos dio a probar cantidad de productos locales, muchos de ellos son exclusivos de Hum. Nos dijo que la mejor hora para visitar el pueblo es por la tarde, cuando se han marchado los autobuses de turistas. El pueblo es encantador. Y los recuerdos tienen un precio similar al resto de Croacia excepto Dubrovnik que es el sitio más caro. La diferencia en Hum es que los recuerdos son diferentes al resto y la mayoría hechos por artesanos locales con mucho gisto.
Llegamos al apartamento en Buzet, precioso y acogedor aunque si no quieres estar aislado no es tu lugar. Nos dimos una ducha y salimos a cenar a un restaurante llamado Old River; fue una cena espectacular. Comimos solomillo, una variedad de carnes ahumadas y pastas, todos los platos con una cantidad enorme de trufa, cervezas y unos postres tremendos; una tarta de queso y limón deliciosa, todo por unos 130 euros. A pocos kilómetros teníamos un productor de trufa muy valorado en la zona y pensamos ir al día siguiente, algo que no pudimos hacer finalmente por falta de tiempo.
Del restaurante nos fuimos a dormir