Amanece un nuevo día. Hoy toca viaje para el país germánico y ya de buena mañana aparecen las primeras mariposas en el estómago de los nervios que pugnan por asomarse. Tras "desayunar" una buena menestra de verduras para coger y mantener fuerzas hasta la noche, salgo para el aeropuerto haciendo memoria de dejar todo organizado y elevando plegarias para que no haya contratiempos en el viaje ni problemas de salud tanto en mi persona como en la familia.
En esta ocasión no tengo que ir a la terminal 4 del aeropuerto de Barajas sino a la 2, desde donde sale el vuelo de Air Europa con destino a Frankfurt, por lo que el destino óptimo, utilizando el transporte público, sería la estación de metro de la línea 8 en su parada de las terminales T1-2-3.

Como el trayecto al aeropuerto en metro conlleva un añadido en el billete de 3 euros por la tarifa aeropuerto, me he buscado un itinerario paralelo que no me cueste dinero. Ando todavía algo escocido por el sobrecoste de última hora de los billetes de tren en Alemania y me he propuesto optimizar económicamente el viaje dentro de lo posible para intentar no sobrepasar el presupuesto inicial. A tal fin y dado que tengo tiempo de sobra y poseo el abono mensual de Cercanías para la vida diaria me acercaré a la parada de la terminal T4 de la línea C1 de la red de trenes de Cercanías de Madrid y allí cogeré el bus tránsito gratuito que une las cuatro terminales del aeropuerto de manera que no tendré que desembolsar un euro en este trayecto.
Dicho y hecho: en la T4 hay que ir a la planta 0 en la zona de llegadas, salir al exterior donde están los taxis, cruzar y seguir las señales del autobús tránsito, que es de color verde. Estos autobuses tienen una frecuencia de cinco minutos hasta las 22:00 y de veinte minutos a partir de entonces y durante la noche. En el bus hay señales visuales y acústicas de las diferentes paradas en terminales y aparcamientos pero hay que darle al botón de parada porque si no el bus sigue su recorrido sin detenerse. De hecho una señora iba de la T4 a la T3, no le dio al botón y el bus pasó sin pararse hasta la T2. Allí se quedó protestándole al conductor.
El trayecto entre la T4 y la T2 dura diez minutos y cuando llego a facturación voy con tiempo de sobra (más vale ser precavido, como así aseveran en el país al que me dirijo: “Vorsicht ist die Mutter der Porzellankiste” o algo así como que la precaución es la que guarda la caja de porcelana).
El trámite es rápido, así como el paso por el control de seguridad, y aún no sale la puerta de embarque. Busco asiento y hago tiempo hasta la hora indicada para que aparezca esta información. Aquí sale una desventaja de viajar en solitario porque tiene uno que abandonar el sitio para ir a los paneles sin seguridad de que a la vuelta el sitio permanezca vacío. Y es lo que ocurre porque un grupo de asiáticos se me adelanta y me deja sin sitio. Suspiro y regreso a los paneles para comprobar que, por fin, ya hay puerta de embarque.

Llego a la zona de embarque de la T2 y caigo en que la última vez que estuve en esta terminal fue hace cuatro años cogiendo un vuelo a Tenerife Norte que, a la postre, resultó bastante accidentado. Pero eso es otra historia.....
Esperando que en esta ocasión todo transcurra sin sobresaltos llego por fin a la puerta asignada.

Pasan los minutos, subimos al avión en hora, nos vamos sentando y observo la presencia de una nutrida representación de infantes entre el pasaje. Desde mi asiento identifico tres familias próximas. Por el aspecto e idioma que utilizan una es española, otra alemana y otra angloparlante. Va a ser interesante comprobar cómo se desempeñan y si nos van a dar el viaje.... Por de pronto una azafata se dirige a los españoles y se interesa por el pequeño infante, que está comiendo patatas fritas. La madre le dice que si le da una patata a la azafata y el niño contesta gritando un ¡nooooooo! que retumba en todo el avión. Empezamos bien con estos gremlins en potencia.
Llega la hora prevista de despegue y toma la palabra el capitán por megafonía. Con un tono de absoluta desgana nos comunica que por causas ajenas a Air Europa e imputables al maestro armero (congestión de tráfico aéreo, en esta ocasión) nuestra ventana de despegue se retrasa durante una hora. Llevo más de veinticinco años volando últimamente en vacaciones y no recuerdo si alguna vez he cogido un vuelo sin retraso. Esta vez tampoco voy a romper la racha. A esperar toca...

Con treinta y cinco minutos de retraso por fin despegamos y, claro, los pequeños saltamontes empiezan a soliviantarse como a medio recorrido. No quiero hablar mal de nuestros compatriotas pero el que primero empieza a berrear es el correspondiente a la familia española. Por una esquina diviso al alemán que, vestido de Spiderman, aún no ha comido más allá de medianoche y de momento se comporta. Del anglófono no hay novedad todavía.
La calma dura lo que dura porque el español continúa con sus gimoteos a intervalos y, de repente, el asiento del germano empieza a agitarse y a temblar, asoma la cabeza del angelito y empieza a dar saltos. Afortunadamente sus padres le llaman a capítulo, le ponen en el asiento de en medio y le van rotando por los otros dos con lo que cortan de raíz el conato de rebelión, cosa que todos agradecemos, sobre todo los pasajeros de sus asientos traseros.
El resto del vuelo transcurre con la única novedad de lloros intermitentes y, afortunadamente, el piloto ha recuperado el tiempo perdido y cuando estamos aterrizando es como si hubiéramos llegado según el horario previsto. Por fin estamos en el aeropuerto internacional de Franfurt y en tierras alemanas.
El aeropuerto de Frankfurt fue inaugurado en 1936 bajo el nombre de Flug-und Luftschiffhafen Rhein-Main, concebido originalmente como base para los dirigibles Graf Zeppelin y Hindenburg. Como hitos actuales podemos aludir a lo siguiente:
. Alberga las instalaciones de Lufthansa Technic con un hangar gigante con capacidad para seis aviones tipo Jumbo al mismo tiempo y en su interior cabría la Torre Eiffel.
. Dispone de un sistema automático de equipajes con más de 63 kilómetros de cintas subterráneas para mover las maletas entre conexiones.
. Aunque pasan más de setenta millones de pasajeros al año, la gran mayoría lo utiliza únicamente como escala o conexión internacional (hub) y no como destino final.
. El complejo aeroportuario es tan grande que emplea a cerca de ochenta y un mil trabajadores, lo que lo convierte en el mayor centro de empleo de toda Alemania. Cuenta con su propio cuerpo de bomberos, policía y servicios médicos.

Se da la circunstancia de que en abril de este 2026 se ha inaugurado la nueva terminal 3 de este aeropuerto y aquí ha aterrizado nuestro vuelo. Ello significa que estamos más lejos del transporte público que me llevará al hotel y, por ende, al casco urbano de la ciudad de Frankfurt am Main. Empieza aquí el siguiente desarrollo de acontecimientos:
Como el hotel está junto a la estación central de Frankfurt y mi idea es llegar en transporte público hasta ella, por de pronto, hay que llegar a la Terminal 1 para coger un tren de cercanías S-Bahn que cubra este trayecto. La nueva terminal 3 está unida con las otras con un tren lanzadera sin conductor llamado Skyline y hacia allá que me encamino.
La terminal 3 es tipo T4 del aeropuerto de Barajas. Hay que seguir las señales a la Terminal 1 - Bahnhofe - Train stations por lo que hay que subir un nivel desde donde se cogen las maletas y seguir las señales. Desde mi lógica lo suyo es que en la señalética pusiera dirección Skyline para guiarte pero ello sólo aparece en el propio andén. A saber...

El tren Skyline llega pasados cuatro minutos y allá que lo abarrotamos para llegar al siguiente nudo de conexión en la terminal 1.
Y de lo que sucedió a continuación se dará buena cuenta en la siguiente y movida etapa.