Dia 14.- 26 enero
Plan de la organización:
“09:00 AM Por la mañana partiremos por carretera hacia Kochi (4 horas aprox.). Por la tarde iremos a ver una representación de teatro-danza llamada Kathakali, donde los actores hacen una serie de gestos y movimientos con la cara y otras partes del cuerpo para transmitir una obra. Iremos antes de que empiece la obra para que podáis ver el proceso de transformación de los actores mientras se maquillan con vivos colores (entrada incluida, hora maquillaje 17:00, espectáculo 18:00-19:00). Noche en el hotel Fort House.”
Hoy nos toca dirigirnos hacia nuestro último destino: Kochi, ciudad portuaria tanto por mar como por aire. Nos levantamos con pena porque ya se acerca el fin de nuestro viaje, ya solo nos queda una ciudad por visitar en donde pernoctaremos dos noches y, luego, tomaremos el avión de vuelta.
Desayunamos con calma, no hay prisa para llegar, hacemos las maletas y el checkout y nos vamos no sin, antes, detenernos a admirar, de nuevo las flores.
El camino de vuelta es impresionante; valles profundos, altas montañas, ríos plateados, mires a donde mires lo que se ve es un placer para la vista.

Con este paisaje, las cuatro horas de camino se hacen cortas y, por fin, llegamos a Kochin. Esta es ya una gran ciudad, se nota desde muchos kilómetros antes de llegar por el aumento de vehículos en la carretera, muchos camiones, las casas ya no están salteadas y aparecen los edificios de varios pisos: vamos, como cuando llegas a Madrid desde cualquier carretera. Los últimos kilómetros se hacen pesados por la densidad del tráfico y porque el paisaje ya no es tan espectacular.
Bueno, ya hemos conseguido atravesar la ciudad y aquí estamos, muy cerca de la playa, en la puerta del hotel. El exterior no te prepara para lo que vamos a ver dentro: una zona ajardinada con muchos árboles y construcciones bajas que alojan las habitaciones para los huéspedes. Al fondo se ve la playa y un trozo de la terraza con mesas y sillas. Me gusta, es muy agradable.

Y, una vez aposentados, bajamos a recorrer todo el recinto y fisgonear adecuadamente. El jardín está muy cuidado y los paseos son de grava y cemento, al fondo hay una enorme terraza, dando al mar, que abarca toda la anchura del hotel y con un pantalán que se adentra en el mar. En la terraza hay mesas con sus sillas y camareros que se afanan en servir a los clientes. Esta es la zona de comedor, tanto para el desayuno como para el resto de comidas, aunque, también, hay una zona bajo techo. El lugar me gusta mucho, se ve el puerto enfrente con sus enormes grúas y lleno de actividad y barcos de carga pasando y el práctico del puerto y una garza apoyada en el pantalán que, creo yo, que está esperando a que algún incauto se deje algo de comida.
Hoy comemos en el hotel porque el viaje ha sido muy largo y no estamos para ponernos a buscar un lugar apropiado, pedimos un plato de pescado, otro de langostinos, acompañado de arroz y las bebidas y nos cobraron 1900 rupias, caro para 3 personas. Eso sí, aquí entienden eso de “not spice”, no picaba nada de nada.
Después de descansar y, para hacer tiempo hasta el espectáculo de danza Khatakali, nos fuimos a dar una vuelta por los alrededores a ver que había. Y lo que había, aparte de lo que luego os contaré, era calor, mucho calor, un tremendo calor, calor húmedo que te hacía sudar a mares y se pegaba la ropa al cuerpo y no había forma de aliviarlo.
El hotel está situado al lado del paseo marítimo, justo donde empieza o donde acaba, según se mire. El paseo bordea una playa en la que no vi a nadie bañarse, pero ahí estaba. Todo el paseo es un inmenso mercadillo de todo tipo de mercancías, especialmente recuerdos para turistas y ropa y, también puestos de pescado.
Y vimos muchas casas de estilo colonial, los restos del fuerte Kochi y varios centros de danza Kathakali, entre ellos, el que tenemos contratado.
Y ya se ha hecho la hora de ir al espectáculo de danza. Todo bien sin problemas, hasta que nos acomodamos en unas sillas que nos parecen adecuadas (las entradas no están numeradas) y nos viene un tío y nos echa de allí de muy malos modos y nos acomoda en unas filas más atrás. Bueno, pensamos que estarían reservadas, aunque, como ya he dicho, las entradas no están numeradas y no había ningún cartel que indicara la reserva. Mientras empieza el espectáculo me fijo en el asunto de los asientos y me reafirmo en mi idea primera: dinero por medio, una buena propina te permite sentarte en primera fila.
La danza Kathakali tienes sus inicios hace unos 300 años y era una forma de representar pasajes del Ramayana, el Mahabharata y otros textos sagrados. Estas representaciones eran costeadas por los mercaderes y los nobles y se llevaban a cabo en las mansiones o palacios de los mismos. La representación era muy larga, duraba toda una noche y los artistas-danzantes eran hombres, daba igual que tuvieran que representar un personaje femenino, siempre eran hombres, al igual que ahora.
La danza Kathakali se caracteriza por los ropajes, el maquillaje, los mudras o posiciones de las manos y, lo más importante de todo, las expresiones de la cara. Cada color de maquillaje indica si el personaje es femenino, es el malvado, si es un príncipe, etc.

En esta foto se puede ver arriba al actor en el acto de maquillarse, todo un espectáculo en sí mismo y que se paga aparte, al lado se puede ver al príncipe (cara verde) y a la damisela que están luchando porque el noble es malvado. En las 3 fotos de abajo vemos al actor que hace de dama en una pose seductora, en la foto del medio está el príncipe perfectamente maquillado y engalanado con los ropajes propios de un noble y, por último, a la dama enamorada junto con el malvado príncipe (todavía no ha caído del guindo, la pobrecita).
Y, con a muerte del malvado, se acaba el espectáculo y, ahora toca buscar donde comer.
Podemos ir a comer en el hotel pero, nos llama la atención la playa y vamos a dar un paseo nocturno con tranquilidad antes de ir a cenar.

Y, paseando, veo que están vendiendo pescado fresco en plena noche, y yo me pregunto ¿Quién comprará pescado a estas horas?

El lugar me gusta, no es que me guste la decoración, que no, es que hace fresco, corre la brisa, se ven los barcos pasar todos iluminados y, lo mejor de todo, es que tenemos al lado una de esas “redes chinas”, que está preciosa, llena de luces y la vemos funcionar una y otra vez y podemos experimentar, de verdad, como funcionan. El mecanismo es muy simple, basta con una larga pértiga y dos hombres para manejarla y así comprobamos de dónde ha salido el pescadito que nos vamos a zampar.

Os explico la foto de arriba, primero está el tenderete de pescado con todo el pescado fresco que tienen a la venta, en la foto de al lado se ve el chiringuito con la parrilla al fondo y, en primer plano, las mesas con hule amarillo en donde vamos a sentarnos. En la primera foto de abajo se ve el mar con los barcos pasado y, en una esquina hay un poste con un cubo y un cazo; bueno, pues eso es el lavabo
Mientras esperábamos a que nos trajeran la cena se acercó hasta nuestra mesa un lindo perrito, perrazo, más bien, muy mansito y educado que se dejaba acariciar y que no pedía nada, solo se sentaba allí a esperar, por si caía algo.
Y aquí está nuestra cena: un pescado a la plancha, enorme, unos langostinos, un par de calamares pequeños y muchas patatas fritas y, como somos turistas, cubiertos. Todo está riquísimo
, sobre todo el pez, un espécimen que yo desconocía. Y al olor de las sardinas, tralará, se acercó un gatito. Yo pensé ¡por dios, el perro se lo come! Pero no, se quedaron allí juntitos tranquilamente y yo les iba dando comida, ora a uno, ora al otro, y no se disputaban la comida ni nada, guardaban su turno educadamente. Y, por fín, dimos término al banquete, algunos más llenos que otros (mi hijo parece Pantagruell) y nos fuimos a la camita a descansar.Buenas noches.