Dia 15.- 27 enero
Como siempre, pongo primero el plan contratado con la agencia.
“Kochi es una antigua ciudad portuaria que dio a conocer las especias al resto del mundo, donde podréis ver las casas donde vivieron los primeros portugueses llegados a la India. Visitaremos el Palacio de Mattanchery (viernes cerrado), la basílica de la Santa Cruz y la iglesia de San Francisco, el Barrio Judio, la Sinagoga (viernes y sábado cerrado), el mercado de especias y la lavandería “Dhobi Khana”. Acabaremos el día desde el paseo marítimo donde están los pescadores con las famosas Redes Chinas. Noche en el hotel Fort House.”
Hoy amanecemos tranquilamente, sin prisas, que hemos quedado a las 9 con el guía que nos va a enseñar Kochi y tenemos tiempo de sobra. Desayunamos en esa terraza, al borde del mar, tan apetitosa, nos sentamos en una mesa al aire libre y, en seguida, viene el camarero a preguntarnos que queremos. Aquí no hay bufet sino que pides lo que quieres dentro de la oferta para el desayuno. Mientras esperamos me fijo en las cornejas que, atrevidas, se suben a la mesa de al lado a comerse los restos de los anteriores comensales. No solo hay cornejas, también hay “indian Hero” posados al borde del mar y un gato que desaparece de repente, como tragado por la tierra. Justo por donde ha desaparecido está la pared que separa este hotel del de al lado y, los dos, dan al mar, así que, o el gato ha desaparecido o se ha tirado a la mar salada. Todavía tengo la duda.
Bueno, al grano, que ya traen el desayuno y tenemos hambre. Aquí os comento algo que vengo observando en todo este viaje y que, hasta ahora, no os he comentado: PEDID PIÑA, es alucinante como sabe aquí, no tiene nada que ver con la piña que se come en España, no solo es que es más dulce, es el sabor, es algo único, yo (y los Joses también) me pongo morada a piña todos los días. Además, la piña es excelente para el estómago y ayuda a regularizar el vientre. Todos son ventajas.
Y como ya hemos desayunado nos vamos a recepción donde nos esperan nuestro guía y nuestro conductor, ambos, pues algunas de las visitas previstas para hoy están un poco alejadas.
Vamos directos al Palacio de Mattancherry, un palacio regalado por los portugueses al mahajarajá del lugar pero, como los holandeses echaron a los portugueses e hicieron muchas reformas, pues se le conoce, también como Palacio de los Holandeses. Fue construido a mediados del siglo XVI y reformado en el XVII. Exteriormente parece más una gran casona que un palacio, con paredes blancas y tejado de tejas rojas a dos aguas, a su lado hay un templo. El interior del palacio está organizado como un museo en el que se explica la historia del palacio y de Kochi y sus gentes y se exponen muchos objetos reales: armas, ropas, palanquines, cunas, cuadros, etc. Pero lo realmente importante son sus frescos con representaciones del Mahabharata y el Ramayana.

Una vez que entras en el palacio se visitan las diferentes estancias y hay carteles explicando su historia. También hay carteles explicando cada objeto expuesto, en inglés, tamil e hindi. El guía nos cuenta que lo más interesante son sus frescos pues es un tipo de pintura poco utilizado, así que es raro. Hay toda una sala llena de ellos y representan escenas del Ramayana y del Mahabharata. En la foto he puesto una escena general donde se ve a Rama y Sita y otra donde puede verse al ejército de Hanuman, el rey mono.
Se exponen, también, vestidos, cunas, palanquines, armas y otros objetos de la época. En los techos hay algunos artesonados, pero, a mi parecer, son un poco toscos y demasiado pesados.
Después de visitar el palacio, fuimos a la sinagoga Paradesi, también conocida como de Matancherry, dada su cercanía al palacio. Esta sinagoga es la más antigua entre las de las antiguas colonias inglesas, fue levantada en el siglo XVI por los judíos sefardíes expulsados de España y Portugal y ha estado, desde entonces, en funcionamiento.
Lo primero que llama la atención al llegar es la torre del reloj, uno en cada lado de la torre y, cada uno, en un idioma diferente. Se supone (eso dicen al entrar) que es una zona religiosa y que hay que vestir y comportarse con modestia, sin embargo, me asombró la llegada de un grupo de argentinos, al parecer judíos de religión, que entraron pegando gritos, llamándose unos a otros a voces, tocando los ornamentos y objetos religiosos y, claro, como hablaban en español, pues me enteré de todo lo que decían. Y nadie les llamó la atención.
El interior, para mí, no tiene ningún interés salvo unos preciosos azulejos chinos pintados a mano y, todos ellos, diferentes entre sí. En la foto de abajo pongo dos imágenes, una del interior de la sinagoga y otra de los azulejos.

Después dimos un paseo por los alrededores, dos o tres calles típicas de las juderías: estrechas, cortas y encaladas. Y, para volver al coche, el guía se metió por un pasadizo y nos condujo hasta un antiguo palacio reconvertido en tienda de antigüedades y que tenía un bonito patio interior con un techo artesonado precioso. He puesto una foto de ambos en la foto de arriba.
Después fuimos a ver la lavandería “Dhobi Khana”, una lavandería fundada en el siglo XVIII y que lleva funcionando ininterrumpidamente desde entonces. El funcionamiento de esta lavandería se encargó a la población tamil y todavía sigue regentada por esta comunidad. Todo aquí es manual, hay grandes tinas en donde se pone a remojo la ropa, luego se lleva a la zona de lavado donde hay largas e inclinadas superficies de piedra para golpear la ropa y, después, está la zona de secado donde, curiosamente, no utilizan pinzas para sujetar la ropa, sino que usan las cuerdas retorcidas para sujetarlas. Hay, también, una larga nave cubierta en donde se almacena la ropa y se plancha. Actualmente prestan servicio a restaurantes, hoteles y a particulares.

En la foto de arriba se puede ver, además de la lavandería, una imagen de la iglesia de San Francisco, la más antigua de la ciudad, levantada por los portugueses. En todas las guías la ponen como un monumento a visitar, pero, quitando la antigüedad, no tiene nada de interés, a no ser que, por alguna razón ignota, quieras visitar la tumba de Vasco de Gama. También se puede ver una casa típica de la época colonial.
Y después de visitar todo esto con un calor agobiante, buscando las sombras como si estuvieras en el desierto, y sin encontrar alivio alguno, volvimos al coche que, ahí sí, ahí había aire acondicionado, nos ofreció alivio y agua fresca y nos condujo hasta la última zona a visitar: la playa.
Y aquí estamos, en el paseo marítimo, un paseo lleno de vida y de tenderetes, abiertos desde primera hora del día, junto a los pocos restos que quedan del antiguo fuerte y que, por supuesto, están adornados por tenderetes de ropa.

Nos adentramos por el paseo, buscando la sombra, y vemos, entre los tenderetes de ropa y recuerdos, algunos puestos de pescado que ahora, no sé por qué, no están en tenderetes sino, directamente, en el suelo. Lo cual es un riesgo porque, muy cerquita, hay dos gatos al acecho, escondidos tras un árbol.

Y, ahora, hago un receso para contaros que nos ha tocado en suerte un guía que está muy preocupado por mi salud: desde que estuvimos en el palacio todo su afán ha sido facilitarme un abanico, buscarme algún tipo de asiento, facilitarme agua y preguntar constantemente si me encontraba bien. La verdad es que llevo muy mal el calor, me afecta mucho, pero no creí que fuera tan obvio, que se me notara tanto como para preocupar a este pobre hombre.
A lo que íbamos, que me voy por las ramas, el paseo transcurre al borde de la playa (qué tontería acabo de decir, es obvio) y nos acercamos para pisar la arena, pero a mí no me parece una gran playa, la arena no es fina ni parece muy limpia y no hay ni un alma bañándose, supongo que, con la cercanía del puerto, el agua no debe ser muy aconsejable.
Y, bueno, ya se acabó el paseo mañanero, ya solo queda volver al hotel y soportar, como buenamente se pueda, este calor tan horrible. La tarde se aventura larga porque con este calor no hay quién pise la calle y el hotel no tiene piscina, tampoco es muy buena la conexión a internet, así que, la posibilidad de ver series o jugar en el teléfono tampoco está asegurada.
Volvemos a comer en el hotel porque, aunque no tiene aire acondicionado, está arbolado y el calor es soportable, luego nos echamos una siesta y, después, hacemos tiempo hasta la hora de la cena.
Hoy no cenamos en el hotel, hemos visto que, en el chalet que está pegado a nuestro hotel, hay otro restaurante y nos ha dado envidia ver a los comensales, así que hoy cenamos allí, Seagull marisquería. Este restaurante está en el edificio de al lado y es enorme, tiene una gran superficie cubierta y una larga terraza dando al mar, tenemos suerte y hay una mesa libre para acomodarnos. Naturalmente pedimos pescado y langostinos, todo estaba riquísimo y, más aún, cuando acompañas la cena con una conversación relajada y unas magníficas vistas del puerto nocturno.

Y, ahora sí, ahora ya nos despedimos con tristeza, mucha tristeza. Mañana nos vamos y nos espera un viaje agotador, así que nos vamos pronto al hotel para hacer las maletas y descansar,
www.keralatourism.org/ ...-kochi/178
en.wikipedia.org/ ...rry_Palace