Sabedora de nuestra partida, la ciudad llora y el campanille suena más triste que nunca. Nos despertamos a disgusto y vamos a desayunar sin apenas hablar. Al acabar pagamos la factura sin ningún problema y dejamos las maletas en el comedor donde un rinconcillo sirve como de “almacén de equipajes”.Salimos a la calle a echar el último vistazo al centro de la ciudad y a buscar por todas las tiendas de souvenirs una camiseta que la santa quería comprar pero tanta lluvia y frío hace que nos demos por vencidos muy pronto. Parece mentira que ayer en Pisa y Luca llegábamos a los 26 grados y ahora no debemos de pasar de siete. Incluso hay nieve en las montañas cercanas donde los repetidores de televisión se ven blancos.
Volvemos al hotel donde recogemos las maletas y con pasos lentos y tristes,volvemos por Cerretani y Pantani hacia la estación del tren. No nos atrevemos a mirar atrás hacia la catedral por si nos convertimos en estatuas de sal como la mujer de Lot. No lo puedo evitar,cuando el tren se dirige a Rifredi ,a mano izquierda hacia atrás se ve la cúpula de Brunelleschi.La contemplo mientras va empequeñeciendo y desaparece. Volveremos,algún día volveremos,quizás no a Florencia sino a algún pueblecito como base pero volveremos.
En el mini aeropuerto de Pisa,la cola del mostrador de Ryan es brutal;tardamos más de hora y media en dejar la maleta y otra hora y media en subir al avión. Después de los reiterados llamamientos a que compremos cigarrillos sin humo,lotería,relojes,whisky,perfumes,alguna azafata o azafato
, sandwiches,bebidas,café y no sé qué más llegamos a Valencia con un sol y una temperatura de lo más agradable.
Volvemos al hotel donde recogemos las maletas y con pasos lentos y tristes,volvemos por Cerretani y Pantani hacia la estación del tren. No nos atrevemos a mirar atrás hacia la catedral por si nos convertimos en estatuas de sal como la mujer de Lot. No lo puedo evitar,cuando el tren se dirige a Rifredi ,a mano izquierda hacia atrás se ve la cúpula de Brunelleschi.La contemplo mientras va empequeñeciendo y desaparece. Volveremos,algún día volveremos,quizás no a Florencia sino a algún pueblecito como base pero volveremos.
En el mini aeropuerto de Pisa,la cola del mostrador de Ryan es brutal;tardamos más de hora y media en dejar la maleta y otra hora y media en subir al avión. Después de los reiterados llamamientos a que compremos cigarrillos sin humo,lotería,relojes,whisky,perfumes,alguna azafata o azafato