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UN VIAJE INESPERADO A MARRUECOS ūüß≠ Blogs de Marruecos
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Diario: UN VIAJE INESPERADO A MARRUECOS  -  Localizaci√≥n:  Marruecos  Marruecos
Descripci√≥n: Impresiones de una escapada de ochos d√≠as en julio de 2018 al norte de Marruecos sin ning√ļn dato de inter√©s pr√°ctico para el nuevo viajero.
Autor: Agus1973   Fecha creaci√≥n: 
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Etapa: De T√°nger a Chefchauen  -  Localizaci√≥n:  Marruecos Marruecos
Fecha creaci√≥n: 02/04/2019 10:01  
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En aquellas primeras horas de un nuevo d√≠a y la tranquilidad que se respiraba me hac√≠an lo suficientemente aut√≥nomo para no necesitar los servicios de un taxi en el aeropuerto de T√°nger. Y lo que menos me apetec√≠a era subir en uno, el transporte que menos me gusta con diferencia. ¬ŅPor qu√©? Tal vez por la sensaci√≥n de ir en una "burbuja diplom√°tica" ,mi necesidad obsesiva de viajar como la mayor√≠a de aut√≥ctonos , no aislarme de los olores caracter√≠sticos de humanidad de cada regi√≥n que se producen en los transportes colectivos, no ser ajeno al bullicio y la vulnerabilidad que produce los transportes compartidos, las sonrisas y las preguntas de curiosidad, etc... , y todo lo que sucede en ellos que casi es la tercera parte de las experiencias gratificantes de mis viajes.

As√≠ que dej√© atr√°s la fachada de la vetusta terminal del aeropuerto y cog√≠ la ancha y √ļnica autov√≠a que mor√≠a en el aeropuerto en busca de la parada del transporte p√ļblico a dos kil√≥metros de all√≠. Los taxistas ni se molestaron en preguntar,nadie importuno al t√≠o que llevaba una peque√Īa mochila de cuarenta litros a la espalda.

El sol, a esas horas era clemente con el caminante, la autovía estaba flanqueada en un lateral por un polígono, y yo caminaba por la acera disfrutando de las primeras sensaciones con el poco equipaje que llevaba. No había facturado ninguna maleta o mochila grande. Llevaba lo justo y eso me daba todavía más libertad de movimientos.

-Perdona, chico,¬Ņd√≥nde est√° la parada de autobuses urbanos al centro de la ciudad?- consult√© en mi ingl√©s sucio y sin entonaci√≥n ind√≠gena a un muchacho con rostro de hast√≠o que consegu√≠a mantener la verticalidad gracias al apoyo del m√°stil que ondeaba la omnipresente ense√Īa nacional.

-Ici,ici...Monsieur!- Me indico en un franc√©s elemental,quien respondi√≥ m√°s por intuici√≥n que por comprensi√≥n. La parada, sin se√Īalizar, enfrente de una rotonda y una gasolinera se encontraba.

Pese a economizar en palabras y gestos en su respuesta, fue √©l quien me sac√≥ de mis primeras cavilaciones y me indic√≥ que aquel veh√≠culo que ven√≠a hacia nosotros con un ronroneo agonizante era el que iba al centro. Alc√© el brazo para que parara y acced√≠ en la furgoneta adaptada para el transporte p√ļblico.

La primera impresión visual de Tánger era de una ciudad profundamente adormecida con la reminiscencia de un pasado más glorioso. Como si estuviera esperando al príncipe azul que la despierte de ese lapso desgarrador y amargo. Las avenidas por donde circulábamos eran anchas y modernas.

No nos entendimos, quien se encargaba de cobrar y yo, era infranqueable el muro de ofuscación que nos separaba para cualquier intento por hacerme entender o el hombre,sencillamente, no quería perder su tiempo con aquel ejemplar ibérico. Así que me dejó, con la mayoría de pasajeros, en un lugar totalmente desconocido de la ciudad, sin referencias.

Después de tomar un té calentito en un local, comencé mi interrogatorio ciudadano para lograr llegar a la estación de autobuses. Nunca pensé que podía ser tan difícil y enrevesado tal menester en conseguir llegar, pero lo fue. Pregunté como cuarenta tangerinos y cada uno de ellos me enviaban en una dirección diferente. ¡Tan difícil es decir no lo sé en vez de mandarme al lado opuesto! Todavía hoy no sé cómo llegué preguntando. Supongo que fue porque, visto el panorama, preguntaba cada diez metros que andaba y así.entre retrocesos y avances, conseguí contemplar el minarete afilado de la mezquita Siria próxima a la estación como perfectamente describía Lonely Planet.

Una explanada polvorienta precedía a la estación por el área que la abordé. Era chiquita y destartalada con un patio interior curioso. En aquellas horas el trajín de gente era considerable, aunque me pareció insignificante para una ciudad como Tánger con una población de un millón de habitantes. Esa estación necesitaba urgentemente un lavado de cara, su aspecto hacía pensar que no la restauraban desde la época que el transporte se hacía en diligencias.

- ¬ŅD√≥nde vas? - Me pregunt√≥ un ansioso y acelerado marroqu√≠.
- A Chefchauen,amigo.
Y en una repisa exterior invadida por una monta√Īa de monedas de una las ventanas de venta de billetes le compre el ticket a uno de los vendedores de la compa√Ī√≠a que tambi√©n iba acelerado .Sal√≠ fuera, a los andenes, y pregunt√© de d√≥nde sal√≠a mi autob√ļs. La se√Īalizaci√≥n era inexistente y el orden no era precisamente una cualidad en aquellas tierras africanas.
Me alegr√≥ ver que mi autob√ļs no era tan viejo como la estaci√≥n, mas mi alegr√≠a dur√≥ poco cuando arranc√≥ el autob√ļs y siguieron sin poner el aire acondicionado y no ten√≠a abertura los cristales. Al menos uno m√°s viejo tendr√≠a ventanas y podr√≠a refrescarme un poco. El bochorno era insoportable en su interior, el trayecto de tres horas se convierti√≥ en un infierno, en una fundici√≥n de hierro se debe estar mejor,pens√©. Ojos que se mueven
La autov√≠a de T√°nger a Tetu√°n estaba impoluta e impecable, sus flancos bien cuidados e inseminados forzosamente de banderas flamantes del Estado marroqu√≠ ,como si estuvi√©ramos en la √©poca de los patriotismos m√°s recalcitrantes y oscuros de la historia, le daban un toque verbenero y surrealista. Quedaba claro que estaba en Marruecos, que esto ya no pertenec√≠a al protectorado espa√Īol, por si hab√≠a alguien que lo dudase despu√©s de tantas d√©cadas.
Dejamos a mano izquierda Tetu√°n, a lo lejos, y la autov√≠a se transform√≥ en una carretera estrecha y sinuosa que progresivamente ascend√≠a. La existencia,definitivamente, se hab√≠a transformado en m√°s agreste y la pobreza se agudizaba.Los campesinos se ve√≠an de vez en cuando en los flancos de la carretera al lado de fardos amarillentos, de terru√Īos grotescos para el cultivo o protegidos por la sombra de los escasos √°rboles de aquella zona; normalmente, con caras resignadas soportando estoicamente el calor insoportable de esas horas. Sin embargo, la peor parte se lo llevaban algunos asnos sujetos a estacas, obligados a soportar las altas temperaturas sin ninguna sombra que los protegiera,como si ellos fueran seres indoloros.

Al final, la tortura se acabó cuando divise las primeras construcciones de Chefchauen, encastrada en una ladera y protegida por la accidentada geografía de las estribaciones del Rif. Ascendí a pie las calles más modernas de la población, en la parte más alta estaba la famosa medina que era una de las atracciones turísticas, y allí se dirigían mis pasos.
En una de las callejones perpendiculares de la insulsa zona nueva unos adolescentes estaban embrollados en el inicio de una pelea.El más fortachon, que parecía el matón del pueblo, empujaba intimidatoriamente a uno de los chavales más frágiles del grupo. Cada vez se caldeaba más la situación hasta que aparecieron cuatro adultos y pararon lo que estaba a punto de desembocar en un torrente de golpes. No creí que la disputa tuviera nada que ver con chicas; sino, más bien, por cualquier estupidez relacionada con el sometimiento. Mientras iba siguiendo mi ascenso lastimero pensé qué espinoso debería ser los primeros escarceos sexuales, sobre todo, con el sexo opuesto para aquellos jóvenes y más, claro está, para el sexo femenino. La absurda coerción, probablemente, condujera a los más libidinosos, en el mejor de los casos, a relaciones homosexuales siendo heterosexuales. Y en los más trágicos..., mejor no pensé.
Cedí, después de varios intentos infructuosos por encontrar el hotel que había reservado, a que me guiara un desdentado e insistente marroquí por las callejuelas azuladas de la medina. Y, esta vez sí, llegamos al Hotel Antonio. Le di la propina que esperaba y accedí al establecimiento.
Un patio interior m√°s recargado que el estilo barroco del siglo XVIII con unas escaleras de caracol que comunicaba con las plantas superiores. Aparte de estar todo muy recargado para mi gusto el sitio era acogedor.


Me dediqu√© al atardecer, despu√©s de una merecida siesta, a explorar el encantador casco viejo. Seg√ļn lo le√≠do, aqu√≠ hab√≠a mucho descendiente de los moriscos expulsados del Califato de Granada en 1942 por los reyes cat√≥licos e incluso en este lugar vivieron una importante comunidad de jud√≠os sefard√≠es hasta que poco a poco fueron abandon√°ndola hasta quedar a mediados del siglo XX el testimonio de su paso en el legado material. Una de las an√©cdotas m√°s curiosas sobre los sefard√≠es fue cuando un contingente espa√Īol lleg√≥ y ocup√≥, a principios del siglo XX, la localidad. Cual fue la sorpresa, despu√©s de siglos de aislamiento, que oyen hablar a algunos ciudadanos en un extra√Īo espa√Īol,eran los sefard√≠es, que pese a ser expulsados de Espa√Īa mantuvieron la lengua, generaci√≥n tras generaci√≥n.
Me sorprendi√≥ ver las placas de las calles de la medina en √°rabe y espa√Īol. Siendo la segunda una lengua no enraizada en aquella localidad y que tanto tiempo ya nadie ten√≠a como lengua materna, a pesar de que hab√≠a personas que lo hablaban bastante bien. Investigando por Internet descubr√≠ que la junta de Andaluc√≠a deriv√≥ 600,000 euros para la pavimentaci√≥n y arreglos de los espacios p√ļblicos, seg√ļn un art√≠culo del ABC de la edici√≥n del 21 de agosto del 2010, aunque no dec√≠a nada de las placas. Sin embargo, a pesar de la buena voluntad de la junta, no le ve√≠a ninguna l√≥gica ese c√°rtel biling√ľe, que parec√≠a m√°s una injerencia cultural que un acto de buena voluntad.

Cen√© cusc√ļs con verduras a las nueve de la noche en uno de los restaurantes del centro, plagado de extranjeros. Aquello era una extensi√≥n m√°s de Port Aventura pero sin atracciones, es lo que se hab√≠an convertido muchas poblaciones del mundo ante el boom tur√≠stico. Y aunque todos tenemos derechos a ser turistas, esos movimientos migratorios transfiguraban inevitablemente el paisaje perdiendo uno de los grandes atractivos por los que se vieron atra√≠dos los primeros viajeros: la singularidad idiosincr√°sica de los territorios.

Antes de dormir, en la sobria azotea del hotel pero con una hermosa panor√°mica, estuve charlando con una pareja de australianos, delgados y con muy buena planta para la edad y el oficio que ten√≠a el hombre: constructor. Hab√≠an cogido unos meses sab√°ticos para conocer en profundidad Marruecos y visitar a familiares en Suiza. Luego se uni√≥ una chica oriental a nuestra conversaci√≥n y se atrevi√≥ a hablar en castellano con dificultad, coment√°ndome que era una enamorada de Espa√Īa y que conoc√≠a muchos sitios del territorio. La chica, pese a no ser muy guapa, ten√≠a un atractivo anhelante. Y aquella noche, en sue√Īos, por supuesto, so√Ī√© en las lejanas tierras con escenas on√≠ricas con ella que quedar√≠an para siempre enterradas en mi memoria como un bonito recuerdo Riendo .
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Ver Etapa: De T√°nger a Chefchauen



Etapa: De Chefchauen a Tetu√°n.  -  Localizaci√≥n:  Marruecos Marruecos
Fecha creaci√≥n: 04/04/2019 07:40  
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Volví a desandar los pasos recorridos del día anterior hasta Tetuán, no sin antes almorzar en una de las panaderías cercanas a la estación de Chefchauen donde la abeja maya y sus primas revoloteaban la repostería de la sucia vitrina sin pudor y ante la pusilanimidad de los camareros; costumbre muy extendida, por cierto, en las ciudades que visité en territorio marroquí.

El río Martil, al noreste de la estación de autobuses de Tetuán, recorría su lecho alejado de la ciudad, como si sus pobladores primigenios, embrujados por una locura colectiva, lo hubieran proscrito a la soledad. Resultaba misterioso verlo pasar solitario en el fondo de la vaguada, aunque no alcanzara a comprenderlo tenía que haber una razón práctica en ello.

Dejé la estación y ascendí por la avenida Hassan II, paralelo al jardín de los enamorados, que en esas primeras horas ya podríamos bautizarlo como el jardín de los marchitados por el calor.
Entré a la medina por un vano de la muralla, no tenía ninguna prisa en buscar alojamiento, esa era una de las ventajas de ir con un equipaje liviano durante todo mi viaje, que la mochila no me molestaba ni me incomodaba en mis exploraciones. Enseguida percibí la singularidad de aquella medina que parecía mantenerse alejada de la mercadotecnia turística y permanecía intacta en el tiempo con sus comercios tradicionales. Me enamoré inmediatamente de ella, y no entendí cómo se mantenía alejada del circuito turístico, aquella joya mucho más auténtica y hermosa que las de Chefchauen y Tánger. Pasé varias horas adentrándome por sus callejones y viendo la actividad mercantil que tenía un ritmo sereno, al menos, en aquellas horas. El calor se soportaba muchísimo mejor en aquellas callejuelas.
Sal√≠ por una de los accesos de la muralla,Bab M¬īkabar,y lo primero que vi fue una vertiente sucia con azulejos de tonalidades blancas y azules, pensado que estaba en la escombrera municipal, pero no, era el cementerio de la ciudad. No les importaba mucho a los tetuan√≠es tener aseado el lugar de descanso de sus familiares fallecidos, tal vez valdr√≠a m√°s la pena coger la costumbre hind√ļ de incinerarlos que ver aquel espect√°culo ominoso. Recorr√≠ el cementerio siguiendo senderos que acababan difumin√°ndose, que me obligaban a caminar por las sepulturas ante la indiferencia de los pocos marroqu√≠es que pululaban por all√≠. ¬ŅA qui√©n le importar√≠a que pisara o meara en las miles de sepulturas que hab√≠a? Creo, viendo el panorama, que a nadie.
El sol,ya en su cenit, era inclemente, insoportable. Así que fui a refugiarme durante un rato ante la copa de un bello ejemplar de pino.


-Mi abuelo era espa√Īol. Yo trabajo con el p√°rroco de la iglesia de Bactur√≠a- me comentaba en espa√Īol un aut√≥ctono que me intercepto enfrente de la iglesia.- Soy un buen gu√≠a que podr√≠a ense√Īarte toda la ciudad.
-No, muchas gracias, ya he visto todo.- le respondí amablemente.
-Ves. All√≠ arriba.- se√Īalando una colina cercana que se ve√≠a una fortificaci√≥n en su base-. Es el antiguo destacamento de los regulares espa√Īoles de la √©poca del protectorado. Podemos ir y te lo ense√Īo; he hecho de gu√≠a de muchos espa√Īoles.
Mi respuesta siempre fue negativa ante su insistencia hasta que se rindió.
La verdad, que no fueron muchos, quienes me molestaron pidiendo dinero o servicios en Tetuán.Se notaba que no era, para mí fortuna, muy turística.


Eran las tres de la tarde cuando busqué alojamiento.
Me alojé en la pensión Iberia por 19 euros (solo quedaba una habitación doble). Las habitaciones estaban limpias pero su mobiliario, sus colores y el edificio tenía más semejanza a un sanatorio que a un hospedaje.


La plaza Hassan II era un lugar cercado por vallas y cuerpos de seguridad del Estado marroqu√≠. En uno de sus lados estaba la fachada de uno de los palacios reales que hay diseminados por Marruecos. Aquella plaza no pertenec√≠a al pueblo, a quienes le negaban su disfrute. Era surrealista que un rey en el siglo XXI siguiera teniendo actitudes anacr√≥nicas. Y, adem√°s, aquel palacio, seguramente lo utilizara cuatro o cinco veces al a√Īo. Todo un despilfarro de dinero y autoritarismo.


Ascend√≠ la medina por el √°rea m√°s pobre y sucia, la m√°s deprimida, para llegar al antiguo acuartelamiento espa√Īol. En el camino, unas ni√Īas sentadas en una escalera de los callejones me pidieron si les pod√≠a dejar el m√≥vil. Ment√≠, les dije que no ten√≠a. Aunque no entend√≠ muy bien para qu√© quer√≠an mi m√≥vil, a qui√©n querr√≠an llamar o si saldr√≠an corriendo cuando el ingenuo turista les entregara confiado el tel√©fono.
Vi alguna mujer de edad avanzada con la vestimenta m√°s tradicional andando con dificultad por aquellas empinadas callejuelas, realmente no era la mejor zona de Tetu√°n para envejecer o tener una minusval√≠a,para salir de aqu√≠ ni las motos serv√≠an en las calles estrechas con pelda√Īos para una persona de movilidad reducida.
Ya arriba, entré decidido por el que un día debió ser el acceso principal del acuartelamiento. En el soportal, en una estancia en el lado izquierdo, había cuatro marroquíes sentados que me comentaron que estaba prohibido entrar. El interior, lo poco que vi, tenía un estado de conversación lastimoso. Me conformé con rodear el edificio por su parte superior.


Después de cenar me senté en una plaza a ver a los marroquíes disfrutar de la fresca. En aquellas horas la gente aprovechaba para callejear y disfrutar de las temperaturas más agradables.
Record√© viendo a los ni√Īos jugar a f√ļtbol la primera vez que supe de la existencia de Tetu√°n. Fue con catorce a√Īos cuando fui a la casa de un amigo y me ense√Ī√≥ unos peri√≥dicos deportivos que guardaba su padre de la temporada 51-52 de la liga espa√Īola. Ojeando sus p√°ginas amarillentas por el tiempo me llam√≥ la atenci√≥n una cr√≥nica de un partido de f√ļtbol: A. Tetu√°n 3- R. Madrid 3 en el campo de Varela. Un partido que los de casa ganaban 3 a 1 en el descanso y acab√≥ envuelto en pol√©mica arbitral e invasi√≥n del campo con incidentes que fueron reprimidos por las fuerzas del orden p√ļblico. No me llamo la atenci√≥n los incidentes, algo que sol√≠a ocurrir con cierta frecuencia, sino el nombre del equipo local.¬Ņ De d√≥nde era el A. Tetu√°n? De Marruecos. Me dijo mi amigo. Al principio me extra√Īo que un equipo africano jugara la liga espa√Īola, luego, tiempo m√°s tarde, comprend√≠ la raz√≥n. En aquella √©poca Tetu√°n pertenec√≠a al Protectorado espa√Īol, pero no dejaba de ser, por ello, una haza√Īa que un equipo africano dirigido, eso s√≠, por espa√Īoles llegara a la primera divisi√≥n y jugara en ella una temporada.

Antes de dormir estuve leyendo la obra ambientada en la √©poca del Protectorado espa√Īol de Mar√≠a Due√Īas, Tiempo entre costuras,un libro muy bien escrito y documentado pero algo √Īo√Īa para mi gusto.
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Ver Etapa: De Chefchauen a Tetu√°n.



Etapa: Ued Lau, comer y descansar.  -  Localizaci√≥n:  Marruecos Marruecos
Fecha creaci√≥n: 04/04/2019 09:37  
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Me costo menos de lo que pens√© encontrar la parada de los gran taxis a Ued Lau en Tetu√°n. Esta vez, no como los tangerinos,los tetuan√≠es demostraron tener m√°s luces y me indicaron el camino correcto. Adem√°s tuve suerte, llegar y salir. Era la √ļltima plaza libre del veh√≠culo que faltaba para ocupar y hasta que no est√° lleno no salen normalmente.
Se encontraba cerca de la estación de autobuses.

Me aloj√© en un cuchitril de hotel a primer linea de playa atendido por un marroqu√≠ que hablaba bien el espa√Īol. Era muy nervioso y solicito, pero el negocio le quedaba grande. Y eso que eran cuatro habitaciones contadas. El ba√Īo era un desastre, la alcachofa de la ducha disparaba chorros de agua en todas las direcciones posibles y el sif√≥n de la pica de ba√Īo era una cascada de agua cuando abr√≠a el grifo, los pocos hu√©spedes marroqu√≠es eran j√≥venes fumadores empedernidos de porros que ten√≠an ambientado con el perfume de esta droga el pasillo estrecho que daba a las habitaciones. Mi habitaci√≥n era un camastro con una peque√Īa mesita con una ventana lo suficientemente grande para que pasara una gaviota adulta siempre que no extendiera las alas,bien colocadas al cuerpo y la cabeza agachada. Lo √ļnico decente era el precio del alojamiento:130 dirhams y que ten√≠a a dos pasos la playa.
Desde el a√Īo 2001 que no me alojaba en un hotel tan cochambroso, en Zamora en el d√≠a de la hispanidad ,haciendo el camino de Santiago por la v√≠a de la plata, que estaba lleno de chinches y suciedad. Si me aloj√© fue porque llov√≠a , era el √ļnico sitio con una habitaci√≥n libre y era una ciudad, si hubiera sido un pueblo me habr√≠a ido a cualquier rinc√≥n a dormir como he hecho en alguna ocasi√≥n.

Ued Lau no ten√≠a ning√ļn encanto urban√≠stico, era lo m√°s feo que te puedes echar a la cara. Su √ļnica atracci√≥n era la playa y pasear por el ancho paseo mar√≠timo al atardecer. Pero ten√≠a curiosidad en ver c√≥mo disfrutaban los europeos de origen marroqu√≠ o los marroqu√≠es que viv√≠an en Europa de uno de sus Benidorm africanos.
Lo primero que hice fue colocarme el ba√Īador e ir directo a pegarme un chapuz√≥n al mar mediterr√°neo. La playa estaba muy concurrida de marroqu√≠es. Las mujeres no llevaban ba√Īadores ni bikinis y menos senos descubiertos, todas llevaban prendas que ocultaban sus cuerpos, los hombres, en cambio, no ten√≠an ning√ļn pudor en ense√Īar sus cuerpos excepto los genitales y sus nalgas. Solo cuando sal√≠an del agua las prendas mojadas se ce√Ī√≠an algo en sus cuerpos que recordaba que aquellas mujeres ten√≠an curvas.

El agua estaba buenísima ,podría haber permanecido horas y horas dentro. Pero viajaba solo y mis pertenencias más preciadas estaban debajo de mi toalla en la arena excepto trescientos euros que había dejado escondido en el hotel por si tenía la peor desgracia de todas, a cuatro metros de distancia de mí. Así que entre y salí varias veces para no dejar mucho tiempo sola mis cosas.

Comí en uno de los pocos restaurantes concentrados en Corniche una "parrillada" de pescado recién pescado inacabable. Imposible de acabar uno solo. Ya no comí nada más hasta el día siguiente por el empacho.

Luego fui a la terraza del Hotel a leer El cielo protector de Bowles,un escritor norteamericano que pas√≥ mucho tiempo viviendo en T√°nger cuando era una ciudad internacional. Sus personajes principales ,tres j√≥venes occidentales,desprovistos de las armas de sociabilizaci√≥n de la vida cotidiana de su √©poca,viajan por el norte de √Āfrica del siglo pasado como viajeros desprovistos de la prisa y la inminente necesidad que nos aqueja, en mayor o menor medida, a la mayor√≠a de mochileros o viajeros modernos. Esa obsesi√≥n enfermiza de ver much√≠simas cosas en el menor tiempo posible, como si fu√©semos r√°fagas de viento. ahora estoy, ahora ya no estoy. Y va explicando sus peripecias y sus tormentos. El desenlace de la obra es un canto a la tragedia,un desenlace funesto. Sin embargo, me encant√≥ leer este libro, mucho m√°s interesante y real que Tiempo entre Costuras.

Antes de dormir pase√© por el paseo mar√≠timo a la penumbra de las tenues luces de las farolas y luego acab√© en un peque√Īo parque de atracciones con el cl√°sico autos choques de toda la vida. Golpe√°ndome contra los marroqu√≠es en mi particular cruzada cristiana. Mr. Green Mr. Green
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Ver Etapa: Ued Lau, comer y descansar.


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ANGEMI
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Fecha: Mar Ago 04, 2020 01:13 pm    T√≠tulo: Re: Consejos para Marruecos

@FaniBlues he unido tu mensaje y respuesta a este hilo.

Saludos
FaniBlues
FaniBlues
New Traveller
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Ago 03, 2020
Mensajes: 2

Fecha: Mar Ago 04, 2020 02:04 pm    T√≠tulo: Re: Es legal tocar m√ļsica en la calle en Marruecos?

.
De momento la frontera est√° cerrada, no creo que te dejen entrar en este momento.
Del tema musical no sé, pero si pretendes pagarte el viaje con propinas no creo que sea el momento.
.[/quot

Se que las fronteras están cerradas y no pretendo nada más que saber si alguien puede darme alguna respuesta a la cuestión que he planteado, veo que no es el caso.
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Willy Fog
Willy Fog
Abr 20, 2013
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Fecha: Mar Ago 04, 2020 03:43 pm    T√≠tulo: Re: Es legal tocar m√ļsica en la calle en Marruecos?

En M<rruecos las normas no son tan rigidas como pueden ser en Europa.
La gente por alli se gana la vida trabajando en la calle, y quitando zonas muy turisticas, es dificil encontrar musicos callejeros.
Una curiosidad ¬Ņesa actividad es legal en Espa√Īa?....
HAYATI
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Indiana Jones
Indiana Jones
Jun 28, 2007
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Fecha: Mar Ago 04, 2020 09:21 pm    T√≠tulo: Re: Es legal tocar m√ļsica en la calle en Marruecos?

Hola Fani,

Te voy a contestar más por intuición que por conocimiento. Si es legal, vas a tener que soltar una cuantas propinas para conseguir el correspondiente permiso, y si no lo es (que es lo que me temo) vas a tener que soltar muchas más para que no te lleven a la comisaría.

Por si te sirve el dato: voy a Marrakech desde hace veinte a√Īos (tengo casa all√≠) y, salvo en la Plaza de Jemma El Fna, nunca he visto all√≠ un m√ļsico callejero (ni local ni extranjero).
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Willy Fog
Willy Fog
Abr 20, 2013
Mensajes: 14221

Fecha: Mar Ago 04, 2020 09:52 pm    T√≠tulo: Re: Es legal tocar m√ļsica en la calle en Marruecos?

Y probablemente en Jemma el Fna los artistas tendran que sacar algun permiso...
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