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15 DIAS DE NOVIEMBRE DE 2012 POR SUDAFRICA -Diarios de Viajes de Sudáfrica- Espitoni
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Diario: 15 DIAS DE NOVIEMBRE DE 2012 POR SUDAFRICA  -  Localización:  Sudáfrica  Sudáfrica
Descripción: VIAJE DE 15 DIAS VISITANDO BLYDE RIVER CANYON, KRUGER, CAPE TOWN Y ALREDEDORES, Y LA GARDEN ROUTE
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Etapa: BLYDE RIVER CANYON  -  Localización:  Sudáfrica Sudáfrica
Fecha creación: 01/02/2013 21:28  
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África en general siempre había sido un continente que nos imponía respeto. Y Sudáfrica en concreto, nos infundía pavor. Con esa fama de país peligroso, donde parece que el turista es carne de cañón. Con cinco atracadores en cada esquina esperando al incauto guiri que por alguna oscura razón se ha aventurado a visitar su país. Siempre me preguntaba como funcionaba lo de los atracadores. ¿Cada uno tiene su esquina asignada o las comparten?. Y en este caso, cada uno tiene su horario fijo, o el primero que llega tiene preferencia y los demás se van poniendo en cola esperando su turno.
Un día que andaba aburrido me sorprendí leyendo un diario que alguien acababa de publicar, narrando su reciente viaje a Sudáfrica. Me dije, será algún loco, o un miembro de algún comando especial que ha ido allí para entrenarse. Resultó que no, que era un turista normal y corriente. Y lo más sorprendente es que parecía haber vuelto a casa de una pieza.
Yo buscaba un relato de aventuras trepidantes huyendo de atracadores, asesinos y malhechores varios de la más baja ralea. Pero me encontré con un bonito relato de animales. Animales que circulaban libremente por su habitat natural. Y lo mejor es que cualquiera podía verlos tranquilamente desde su coche, a unos metros de distancia.
Me picó la curiosidad. Aquello parecía muy interesante y sobre todo diferente a los viajes que habíamos hecho hasta ese momento. Empecé a leer un poco sobre el país. Más por curiosidad que por convicción. Siempre había leído que eso de hacer un safari resultaba carísimo. Que era imposible hacerlos por cuenta propia y que hacerlos organizados por una agencia encarecía muchísimo el precio. Nuevamente me llevé una sorpresa. En el Kruger, el parque del que todo el mundo hablaba, la gente iba a su aire, sin necesidad de ir acompañado de un conductor, tres guías, cinco ojeadores, y doce porteadores. Y el precio del alojamiento no se salía del presupuesto.
De esta manera, sin saber como ni porque, me encontré preparando un viaje a Sudáfrica. Lo más divertido fueron las reacciones de la gente cuando les decíamos que nos íbamos a pasar dos semanas a Sudáfrica. El comentario más habitual fue “estáis locos”, combinado con un “aquello es muy peligroso”. El que nos llegó al corazón porque demuestra el cariño que nos tiene la persona que lo emitió (prefiero no decir quien es) fue “me gustaría ser el beneficiario de vuestro seguro de vida”. Si es que lo más bonito de este mundo es ver como los amigos se preocupan por uno.
Recopilando información sobre nuestro destino y dando explicaciones a nuestras familias, amigos y conocidos, de que pensábamos volver enteritos, llegó el día de la partida. En esta ocasión la compañía elegida fue British Airways. El motivo; el de siempre; eran los más baratos. Palma – Johannesburg, ida y vuelta para dos personas, 1.240 euros en total, incluyendo dos escalas, una en Madrid y otra en Londres. Algo absurdo lo de subir hasta Londres para volver a bajar y deshacer el camino. Pero volar directos desde Madrid a Johannesburg salía por un pico.
Algún día me gustaría que un dirigente de una compañía aérea me explique como fijan los precios de los billetes. Cuantos más vuelos y escalas incluye un billete más barato resulta. ¿Cómo es posible que un billete Madrid – Johannesburgo, pasando por Londres, resulte más barato que un Londres – Johannesburgo?. No hay truco, era la misma compañía, y las mismas fechas y horarios. El mismo vuelo. Y añadir el billete de Palma a Madrid eran sólo 15 euros más por persona. Estuve tentado de incluir cuatro o cinco escalas más. Siguiendo la lógica de las compañías aéreas, el billete debería salirme prácticamente gratis. Pero pasar cuatro días de aeropuerto en aeropuerto antes de llegar a nuestro destino no me pareció la mejor manera de empezar unas vacaciones.
El vuelo PMI – MAD (operado por Iberia) salió a las 10, con media hora de retraso. Llegamos a las 11:30. En la T4 tuvimos que coger un tren que nos trasladó a la T4S. Entre una cosa y otra tardamos una media hora. El MAD – LHR salió puntual, a las 14:10, llegando a Heathrow a las 16:00. Para nuestra sorpresa en Londres tuvimos que volver a pasar un control de pasaportes y de equipaje. Eso nos obligó a bebernos antes de pasar el control, una botella de agua y una coca cola que llevábamos en la mochila. Obligar, no nos obligaron, podíamos haberlas tirado. Pero antes que tirarlas reviento. No entiendo el sentido de ese control. Ya lo habíamos pasado en Palma, y no habíamos salido del aeropuerto. Pero lo mejor estaba por llegar. En el escáner detectaron un artefacto peligroso en el bolso de mi mujer. Empezaron a hacernos preguntas para averiguar que era lo que habían visto. Una pregunta, y otra, y otra, y así un buen rato. Gracias a nuestro entrenamiento para resistir los más duros interrogatorios, conseguimos mantener oculto nuestro oscuro secreto. Yo alucinaba, no entendía que querían conseguir con tanta pregunta, que les dijésemos, que llevábamos una bomba de relojería de última generación. Porque no se dejaban de tonterías y abrían el bolso. Mira tú que es fácil. Tardaron, pero al final les llegó la inspiración y se decidieron a abrir el bolso. Por lo visto el problema era una libreta con un bolígrafo. Los que nos conocen saben que esa libreta es un arma mortal en nuestras manos. Menos mal que ellos no nos conocían. Pero debieron sospechar algo, porque antes de dejarnos seguir le hicieron la prueba de explosivos al bolso de mi mujer. Algo lógico por otra parte, ya que todo el mundo sabe que en el Duty Free de Iberia se pueden comprar toda clase de armas y explosivos. Para mi gusto, en la carta hay poca variedad de detonadores, pero bueno, es un avión, y supongo que tampoco se puede pedir más. Cuanto más lo pienso más ridícula me parece la situación. Ah, y además nos hicieron coger otro tren para ir a puertas de embarque B. Menos mal que íbamos sobrados de tiempo. El lado positivo de todo esto es que pasamos un rato entretenido, y la espera en el aeropuerto se nos hizo más corta.
Por fin el último vuelo, LHR – JNB. También salió puntual, a las 18:00, y llegó a su destino a las 07:00. En total 11 horas de vuelo en un avión enorme de dos plantas y diez asientos por fila. La sensación que tuve es que el espacio entre los asientos era ligeramente más amplio que en los aviones normales. Con pantalla individual. Nos sirvieron la cena y desayuno. La primera no estuvo mal, sin olvidar que se trata de comida de avión. En cambio el desayuno fue horroroso. Entre medias vimos una película. Había cuatro en español. Mejor dicho, en latino. Optamos por Men In Black III. Tiene su gracia oír a Will Smith hablando con acento sudamericano. Y después a dormir. Mejor dicho a intentar dormir. Unas cuantas cabezadas. Dormí más bien poco esa noche.
En el control de pasaportes había una cola tremenda. Nos fijamos en que casi todo el mundo llevaba un formulario blanco. Nosotros no lo teníamos. Ni siquiera sabíamos de que se trataba. Intenté aparentar tranquilidad, como si aquello no fuera nada. No quería poner nerviosa a mi mujer. Pero la verdad es que estaba muy intranquilo. Podía imaginarme la escena. Cinco policías armados hasta los dientes, apuntándonos con unos pistolones del doce antes de detenernos por intentar entrar en el país de manera ilegal. Y nosotros con cara de bobos y sin entender ni una palabra. Por suerte, la cola avanzaba a un ritmo muy alto, y antes de que pudiese imaginar como sería el interrogatorio en comisaría, llegó nuestro turno. Al final mi pesadilla no llegó a materializarse. Ni comisaría, ni policía ni nada. Ni tan siquiera nos pidieron el dichoso papelito. A estas alturas sigo sin saber de que se trata.
Por fin estábamos en Sudáfrica. Reventados tras 11 horas sin pegar ojo, pero con unas ganas locas de empezar a disfrutar del país.
Lo primero que hicimos fue cambiar dinero. En Sudáfrica todo se paga en rands, nada de euros ni dólares. Cambiamos 200 USD, por los que nos dieron R2.354. El cambio malo y la comisión alta. La recomendación es clara, no cambiar en el aeropuerto. Pero es una recomendación muy difícil de cumplir, ya que conseguir rands en España es muy, pero que muy difícil. Iba a poner que es imposible, pero seguro que hay alguien por ahí que me sale con es posible conseguirlos si vas a no sé donde, o si haces no sé que. Así que lo dejo en que es muy difícil conseguirlos. Otra opción sería no cambiar en el aeropuerto y cambiar en el primer sitio que veáis una vez afuera. Pero ¿y si no encuentras ningún sitio donde cambiar?. Algo muy probable en nuestro caso, ya que llegamos en domingo. No quise correr riesgos para ahorrarme un par de euros. Así que cambiamos en el aeropuerto. En resumen que os estoy dando un consejo que yo no seguí.
A continuación nos dirigimos a recoger el coche de alquiler. Lo habíamos reservado a través de Aroundaboutcars. Nos asignaron un coche de la compañía Tempest. Habíamos alquilado un clase I por R3.660, con seguro a todo riesgo sin franquicia y kilometraje ilimitado. Al hacer la reserva habíamos solicitado que nos dieran un Daihatsu Terios. Y cumplieron nuestros deseos. Allí teníamos nuestro Daihatsu Terios esperándonos. No es 4x4, aunque la estética es similar. Con este coche íbamos a recorrer el Kruger. Y aunque se puede hacer con un coche pequeño, preferimos hacerlo con un vehículo un poco más grande. ¿Por qué?. Por una idea equivocada. Parece que en el Kruger al haber animales salvajes, todo es igual de salvaje. Pero no, para nada. Las carreteras asfaltadas están en perfecto estado, y las de tierra no están nada mal. Aunque al final, no estuvo mal llevar un coche un poco más grande. Nos sentimos más cómodos circulando pro las carreteras de tierra. Y además al ser un poco más altos, tienen mejor visibilidad que un turismo normal.
A las 9 estábamos en marcha. Empezaba nuestro periplo por Sudáfrica. Nada más salir del aeropuerto aparecieron un montón de carriles y letreros azules. ¿Hacia Johannesburgo, o hacia Pretoria?. O mejor, seguimos ese otro letrero que ni me acuerdo hacia donde nos enviaba. No entiendo como la gente puede orientarse con un mapita. Era el momento de recurrir a nuestro inseparable compañero de viaje, nuestro GPS. Para este viaje no quise tentar a la suerte y optamos por cargarlo con el TomTom. Tiene la cartografía de Sudáfrica, muy actualizada.
Un giro a la derecha. Otro a la izquierda. Otra vez a la derecha. Lo típico cuando se intenta salir de una gran ciudad.. Y sin darnos cuenta estábamos en la autovía en dirección al Blyde River Canyon. 393 kilómetros de los que los primeros 340 son por autovía y los últimos 60 por carreteras secundarias. A la salida de Johannesburgo, la autovía estaba en obras. Pero como había poco tráfico no nos retrasó.
Por cierto, la autovía es un tanto peculiar. La primera parte es como las de aquí. Con dos carriles en cada dirección y sus letreros indicadores azules. Pero a partir de Belfast, unos kilómetros después de pasar el peaje de Middelburg, en el que se pagan R43, la cosa cambia. La autovía pasa a ser de tan solo un carril en cada sentido. Pero no por eso deja de ser autovía. Al menos los letreros siguen diciendo que lo es, y el límite de velocidad es de 120.
Si algún sudafricano lee esto, seguro que no estará de acuerdo con lo de que solo hay un carril. Para ellos sigue habiendo dos carriles. Donde nosotros vemos un arcén, ellos ven un carril. Y a lo mejor tienen razón. Si no, ¿para qué los hacen tan anchos?. Pues para circular por ellos. Lo coches más rápidos se pegan al culo del que tienen delante, y éstos se echan al arcén y circulan por él. Los coches más rápidos aprovechan la ocasión y adelantan por la derecha. Pero no utilizan sólo el arcén, aprovechan cualquier hueco. Las isletas centrales, los carriles de aceleración o deceleración. En cuanto han pasado todos, el lento vuelve a recuperar su sitio hasta que vienen más locos más detrás y se vuelve a echar a un lado. Y como es de bien nacidos ser agradecidos, los que adelantan dan las gracias con los cuatro intermitentes. Lo hace todo el mundo, hasta la policía. Así que no os cortéis e imitadlos. Y si sois imitadores de Fernando Alonso no os olvidéis de dar las gracias cuando os dejen pasar.
Si preferís conducir siguiendo nuestras costumbres, y olvidaros de los arcenes y similares; y os encontráis un lento delante, no os pongáis nerviosos. Cada pocos kilómetros aparece un segundo carril para facilitar los adelantamientos. No sé por qué, pero siempre parece que hay más desdoblamientos en el sentido contrario.
A la altura de Manchado hay un segundo peaje, R64.
Por cierto el firme de la autovía estaba en muy buen estado. Sin baches ni curvas peligrosas. Unas rectas larguísimas que permiten circular sin problemas a 120. Bueno eso si tenéis un coche en condiciones. El nuestro no tenía fuerza y le costaba coger velocidad.
Los últimos 60 kilómetros se hacen por carreteras secundarias. El límite de velocidad se reduce a 90 ó 100 según los tramos. Hay más curvas, y sobre todo no hay arcén. Pero siguen estando en buen estado, y como hay muy poco tráfico, se circula bastante rápido.
Los 393 km hasta Graskop los hicimos de una tirada, sin parar ni una sola vez. Ni para mear. Tenemos una resistencia sobrehumana. Tardamos unas 4 horas.
A la una del mediodía estábamos en Graskop. Molidos por la noche sin dormir y la paliza de coche. Muertos de hambre porque no habíamos desayunado. Lo del avión no era apto para el consumo humano. Así que nada más entrar en el pueblo aparcamos el coche, y nos metimos en el primer restaurante que vimos, el God’s Windows Restaurant. Está justo en la entrada del pueblo. Comimos unos filetes de calamar con patatas y ensalada, una pizza tres quesos y dos aguas:. Todo por R159. La comida, correcta en calidad, abundante en cantidad. No fue para volverse locos, pero tampoco estuvo mal.
Una vez repuestos, nos dirigimos al hotel. Está a 11 km de Graskop, en la carretera que conduce a las Berlin Falls. Nos alojábamos en el Thaba Tsweni Lodge. El precio fue de R500 por una noche sin desayuno. Se trata de unos apartamentos frente a un jardín precioso. Los apartamentos constan de un dormitorio, cocina, sala de estar y baño. Muy grande y bonito. Totalmente recomendable.
El cuerpo me pedía cama. Y la cama me guiñaba un ojo. Me llamaba, con una voz sensual irresistible, “Ven, ven conmigo. Quiero tenerte dentro de mí, entre mis sábanas”. Hasta el sofá, tan poco agraciado él, me empezaba a hacer tilín. Estaba a punto de sucumbir, de quedar atrapado en un sueño interminable de sábanas, cojines y mantas. Pero una voz surgió de la nada, y me gritó “Nooooo. Detente. No escuches sus cantos de sirena”. Un verdadero viajero nunca sucumbe al cansancio. No podía permitirme el lujo de irme a dormir. Todavía quedaban unas 4 horas de luz, y tenía que aprovecharlas. Desperdiciarlas hubiera sido un crimen espantoso. No me lo hubiera perdonado nunca. Y el remordimiento hubiera acabado por corroerme por dentro. En aquel momento no era consciente de ello, pero la vocecita me acababa de salvar la vida. De nuevo volvía a sonar, “Si. Muy bien. Date la vuelta y sal corriendo de aquí. No mires atrás o estarás perdido”. Así que cogí a mi mujer por el brazo y la saque de allí casi arrastras. Eran algo más de las dos y media y estábamos de nuevo en el coche. El Blyde River Canyon estaba esperándonos.


Nuestra primera parada fue God’s Window. Más que nada porque esta muy cerca del hotel, a unos pocos kilómetros. Hay un pequeño parking junto a la entrada. Mejor dicho, un pequeño espacio donde dejar el coche. Justo al lado de los tenderetes de artesanía.
El precio de la entrada es de R5. Creo que el precio es por coche, no por persona, aunque a nosotros nos cobraron por persona. Me sentí tentado de protestar. Pero que iba a reclamar. ¿Qué me devolvieran 50 céntimos?. Me pareció absurdo. Pero el principal motivo por el que no reclamé fue porque tenía unas ganas locas de quitarme de encima al que cobraba la entrada. No hacía más que pedir que le diéramos algo de dinero. O eso le pareció entender a mi mujer. Yo no entendía nada de lo que decía. Y entre que no entendía nada por mucho que lo repitiese, y que no nos soltaba ni a la de tres, empezaba a ponerse nervioso. Así que en cuanto nos devolvió el cambió, me alejé de él y aparqué el coche. ¿Quieres dinero?. Pues quédate con los R5.


Desde el parking salían tres caminos. Por lo menos esta vez la elección fue sencilla. Junto al que parecía el camino principal había un indicador de madera. Estaba claro, ese era el camino a seguir. En realidad da igual el camino que se elija. Todos están conectados, por lo que al final todos conducen al mismo sitio.
Tras recorrer un pequeño camino rodeado de una vegetación frondosa, pero sin encanto, llegamos a un mirador con unas vistas muy despejadas. Las vistas no son sobre el cañón, sino sobre una extensa llanura. Son bonitas, eso es innegable. Pero no nos enamoraron. El hecho de ser tan abiertas les resta encanto. O tal vez la culpa fue de una ligera calima que distorsionaba la visión a medida que se alejaba hacia en horizonte. El día era claro, el sol brillaba con fuerza, pero aún así la luz no era totalmente nítida.


Unos metros más adelante encontramos un nuevo mirador. Era muy similar al anterior. Las vistas eran prácticamente las mismas. Un vistazo y de nuevo al camino. Esta vez la perspectiva no era tan halagüeña. Ante nosotros apareció una subida pronunciada. Y el sol no ayudaba nada. Picaba con rabia. Por suerte la rampa no era muy larga, y no tardamos mucho en llegar arriba. Allí nos esperaba el Rain Forest. Como su nombre indica es un bosque, un Forest. Lo del Rain no sé a que viene; no llovía. Es pequeñito. Pero lo que le falta en tamaño lo tiene de agradable. Nos pareció muy bonito. Lo mejor de God’s Window. Mejor incluso que las vistas desde los miradores. Se trata de un corto paseo por un bosque umbrío, con helechos enormes y árboles todavía más grandes cubriéndolo todo. A ratos se camina sobre pasarelas de madera y a ratos sobre un sendera de tierra cubierto de raíces. Precioso. El camino desemboca en otro mirador parecido a los anteriores. Las vistas desde aquí nos parecieron algo mejores. No sé porque. Se parecían a las que ya habíamos vistos en los miradores inferiores, pero al mismo tiempo eran diferentes.
Regresamos atravesando de nuevo el Rain Forest, y descendimos por un camino diferente. Al salir del Rain Forest, la vegetación sigue siendo abundante, pero sin gracia.
De nuevo en el parking, tomamos otro camino que nos llevó a otro mirador. En este caso las vistas no eran tan abiertas. Quedaban delimitadas por un corte en la montaña. Con paredes cubiertas de árboles. Y al fondo se abría una amplia llanura. No estaba mal. Pero le faltaba algo. Con esto dimos por finalizada la visita. Volvimos al coche y salimos de allí.


Habíamos oído maravillas de God’s Window. Eso hizo que las expectativas que nos habíamos creado fuesen muy altas. Creo que ese fue el problema. El sitio es bonito. Incluso se podría decir que muy bonito. Pero no es único. Todos habéis visto miradores como esos. Y cuando uno se crea unas expectativas tan altas, espera encontrar algo diferente, algo único. Eso fue lo que falló. Aún así, creo que se trata de una visita recomendable.
Nuestra siguiente parada fue The Pinnacle. Está muy cerca de God’s Window, en la misma carretera, a unos pocos kilómetros. El letrero que lo señaliza es muy pequeño, por lo que resulta muy fácil pasarlo por alto. La entrada se paga en una caseta que hay junto a la carretera. El precio es de R5 por coche. Aquí no dí opción a la cobradora. Le entregué directamente un billete de R5 y para adentro. El aparcamiento, mejor dicho la explanada donde dejar el coche, está unos metros más adelante. Y desde allí una senda conduce hasta el mirador. Pero antes tuvimos que pasar por delante de los inevitables tenderetes de artesanía. Lo mirase como lo mirase, yo sólo veía la misma chismería que venden los inmigrantes africanos en los mercadillos de por aquí. Que si jirafas, que si elefantes, que si mascaras, y cosas así. No hacía más que preguntarme, ¿merece la pena comprar algo que también puedo comprar al lado de casa?. A favor de las vendedoras tengo que decir que son muy respetuosas. No molestan. Se limitan a esperar junto a su parada sin decir nada. Sólo entran en acción cuando alguien se acerca a ellas. No es necesario huir de ellas como del demonio.


Desde el mirador se divisa una garganta cubierta de vegetación. Pero lo más curioso, es la roca que da nombre al lugar. Una roca pelada de gran altura que sobresale por encima de todo lo demás. No es más que eso, una roca alargada de color gris. Dicho así no parece tener mucho interés. Y personalmente creo que la roca en si no es nada del otro mundo. Lo realmente interesante son las vistas. Y si las combinas con la roca, la cosa cambia. Le da un punto diferente. Pero eso es todo.
El camino continua hasta un pequeño riachuelo que cae por la ladera de la garganta creando un salto de agua. Por desgracia desde ese punto, no es posible apreciar el salto. Y las vistas se reducen a la pared de enfrente. Aun así resulta agradable sentarse en una roca junto al agua y relajarse oyendo el ruido que produce al precipitarse por la garganta. Si se sigue un poco más creo que es posible ver el salto de agua. Pero ya no hay camino, hay que ir campo a través. Nuestro espíritu aventurero no daba para tanto. Así que dimos media vuelta, y seguimos una senda que nos llevó hasta otro mirador. Nada nuevo. Lo mismo que en el otro mirador. La garganta, las paredes recubiertas de vegetación, y The Pinnacle. Pero siendo lo mismo era a la vez diferente. La posición era otra. Mucho mejor. Las mejores fotos las sacamos desde este punto.


Aquel lugar no daba para más. Era hora de marcharse.
Tras 32 kilómetros llegamos al Bourke’s Luck Potholes. No hay pérdida. La entrada está bien señaliza. Se nota que es la principal atracción turística de la zona. La entrada son R25 por persona más R5 por el coche. Me parece ridículo que te cobren por persona y por coche. ¿Cómo quieren que lleguemos hasta allí, andando?. Si hubiera tenido tiempo me habría quedado allí para convencerlos de lo absurdo que resulta aquello. Pero tenía prisa así que no les bendije con mi sabiduría. Además después me di cuenta de que si lo hubiera hecho, les hubiera creado un problema. Que hacer con los tickets de entradas para coche. No podrían darles salida. Menudo despilfarro. Bien pensado, mejor que se queden como están.
Aquí si que tienen un aparcamiento en condiciones, zonas de picnic, tienda de recuerdos e incluso un chiringuito donde comer algo. No es que aquello sea Eurodisney. Pero si que se veía muy diferente a lo que habíamos visitado antes.


Un camino bien señalizado conduce hasta las pozas. Desde el mismo, y antes de entrar en materia se disfruta de una bonita vista del conjunto, con el río, los puentes de madera y el cañón. Bonito sí. Pero esperaba algo más grande. ¡Cuantas mujeres han pensado esta misma frase sin atreverse a pronunciarla en voz alta!.
Primero cruzamos un puente suspendido. Las vistas sobre el cañón eran bastantes bonitas. El sol ya empezaba a descender y el reflejo que generaba sobre el agua que corría por el fondo de la garganta le daba un encanto especial. A continuación llegamos junto a una corriente de agua. En ese punto lo mejor era ver como el agua corría entre las rocas que rompían la corriente y producían pequeños saltos. Pero eso no es lo que habíamos ido a ver allí. Así que no nos entretuvimos mucho. Atravesamos un par de puentes y entonces aparecieron las famosas calderas. No es que hubiese muchas. Ni me parecieron especialmente espectaculares. Como mucho diría que son curiosas. Rocas erosionadas. Algunas con una forma redondeada que recuerda a una caldera.
Tienen su encanto. Eso es innegable. Pero esperaba algo más. Creía que habría más puentes, y sobre todo más pozas, o calderas, o lo que sean. La próxima vez intentaré no crearme tantas expectativas.


Si se continúa por la carretera se pueden visitar más puntos de interés, como las Thre Rondawels o el Lowveld Viewsite. Pero estábamos molidos y empezaba a hacerse tarde. Además la mayoría de atracciones cierran a las cinco, y faltaba poco para esa hora. Teníamos la excusa perfecta para iniciar el camino del regreso al hotel.
De camino pasamos por delante de las Lisbon Falls. No hubiera estado bien por nuestra parte, pasar tan cerca y no parar a echar un vistazo. Así que volantazo y a por ellas. Cuando llegamos, pasaban unos minutos de las cinco. No quedaba nadie, ni el que cobraba la entrada, ni las vendedoras de souvenirs (vendedoras de artesanía tradicional para los políticamente correctos), ni nadie. Por no haber, no había ni turistas. ¡Qué triste!. Lo que no sé es porque dicen que cierran a las cinco si allí no hay muros, ni vallas ni puertas. Aquello está abierto de par en par. Sólo hay que llegar, aparcar el coche y ver la cascada. Nada ni nadie te lo impide. La conclusión de todo esto es que nos ahorramos R5; 50 centimazos de euro. ¡Casi na!. Una persona honrada hubiera dejado los R5 pisados con una piedra, para que los recogiera el cobrador al día siguiente. Pero no estaba convencido de que los encontrará allí a la mañana siguiente. ¡Mal pensados!. No es lo que os imagináis. No dudo de la honradez de los sudafricanos. Estaba pensando en una ráfaga de viento, o en algún animal que moviera la piedra. Al menos esa fue la excusa oficial para no dejarlos. La verdad es mucho más cruda, no soy más que un sinvergüenza sin escrúpulos, que se cuela en los sitios que visita. Un delincuente peligroso.


Todo se reduce a un mirador desde el que se ve la cascada. Mejor dicho las cascadas, ya que son dos caídas de agua. Una vez en el fondo, el agua sigue su curso atravesando un valle. Un bonito conjunto. Este lugar me sorprendió muy positivamente. Las vistas me encantaron. Mucha gente dirá que estoy loco. Que como es posible que me gustasen más estas vistas que las de God’s Window. Y quizás tengan razón. Pero que le voy hacer, es lo que hay. Si tuviese que elegir me quedo con las Lisbon Fall. El conjunto me pareció precioso. Las cascadas a un lado y frente a ellas un cañón verde recorrido por un río. Y encima gratis. Ya lo sabéis, si vais después de las cinco, os ahorraréis la entrada y podréis verlas igual que si hubieseis pagado. Esto sirve para casi todas las atracciones de la zona, menos para el Bourke’s Luck Potholes, al que no creo que se pueda acceder una vez cerrado.


No perdimos mucho tiempo en ese lugar. Enseguida salimos en dirección a Graskop. La idea era acercarnos hasta el Harrie’s Pancakes y saborear una de sus famosas crepes. Pero estaba cerrado. Y lo peor de todo es que todos los restaurantes que vimos estaban cerrados. Por lo visto el domingo es día de ayuno en Sudáfrica.
Sólo nos faltaba eso, una noche en ayunas. Aquello más que un viaje de placer parecía una tortura. Sin dormir, sin comida. Sólo nos faltaban un par de latigazos. Alguien nos debió ver desesperados dando vueltas por el pueblo. Se apiadó de nosotros y fue a abrir el supermercado. Pudimos comprar agua, fiambres, queso y un poco de pan de molde. No era la cena con la que habíamos soñado, pero algo es algo. Al menos pudimos llenar el buche. Y ya se sabe que las penas con pan son menos penas.
La parada en el supermercado nos permitió adquirir un elemento indispensable en todo viaje a Sudáfrica. Los adaptadores. Antes de salir de viaje, cuando leí que por allí se estilaban los enchufes triples, pensé en los típicos ingleses de clavija plana. Cuando llegué al hotel y vi sus enchufes me quedé de piedra. Son tres clavijas redondas, enormes, más largas y gruesas que las de nuestros enchufes. El truco de la capucha del bolígrafo no funciona. Así que o compráis un adaptador o volvéis a la edad de piedra y os olvidáis de móviles, ordenadores y similares. Os resultará difícil de creer, pero se puede vivir sin ellos. De verdad, es posible. Por lo menos los adaptadores son baratos. El doble nos costó algo más de 3 euros y el individual unos 2 euros.
Era hora de volver al hotel. Pero cuando llegamos todavía quedaban unos minutos de luz. Y había que aprovecharlos. Las Berlin Falls estaban a apenas 2 kilómetros. ¿Por qué no?. Mi mujer me miró con cara de desesperación, como diciendo “Noooooooo. Más no por favor”. Pobrecita, estaba reventada. Se quedó en la habitación.
Me tuve que ir solo a hacer la última visita del día. La carretera acaba junto a la cascada. Hay una pequeña zona habilitada para aparcar le coche y varios tenderetes. A esas horas no quedaba ni el apuntador. Otra entrada que me ahorré. Al igual que en la Lisbon Fall la visita se reduce a un mirador desde el que se ve la cascada y el valle que forma el río. Es muy similar a la Lisbon Falls. Pero aquí hay un solo salto de agua. Eso si, más alto. Y cae sobre una poza también más grande. De la poza sale una corriente de agua que atraviesa un bonito valle todo verde. O eso me pareció, ya que a esas horas ya era más negro que verde. Un conjunto muy bonito, perfecto para una postal.

Desde el mirador sale un camino que conduce hasta la cascada. Y como no podía ser de otra manera, justo en el inicio del camino un odioso letrero prohibía el paso con el pretexto de que era peligroso. No había mucha luz, pero muy peligroso no parecía. Y estaba solo. No había ningún guarda ni nadie con un traje oficial que me pudiese reprender si me saltaba la prohibición. Ni tan siquiera había un triste turista que me pudiese mirar con cara de reprobación por mi conducta temeraria. La tentación era demasiado fuerte. Y yo que soy débil, sucumbí. Pasé del letrero y recorrí los pocos metros que me separaban de la cascada. Como estaba en la parte superior de la misma, no podía ver el agua que caía. Si quería verla tenía que sacar medio cuerpo sobre el precipicio. Una cosa es saltarse un letrero y caminar por un camino de un par de metros de ancho, y otra colgarse de una pared de casi cien metros de altura. Tampoco estoy loco. En cambio las vistas sobre el valle si que eran mejores que desde el mirador. Pero la luz era tan escasa que no pude sacar ni una foto en condiciones. Ese fue mi castigo por violar la ley.
Aunque en público lo neguéis, estoy seguro que la mayoría de vosotros entiende porque pase del letrero de prohibido el paso. Todos esos letreros solo están ahí para fastidiar a los turistas. Un ejemplo. Cuando un viajero de verdad; no un guiri cualquiera, no; un auténtico viajero; un aventurero sin miedo a enfrentarse a cualquier riesgo por peligroso que sea; visita un palacio, no hay nada que despierte más su interés que una puerta cerrada. Delante puede tener una de las siete maravillas del mundo, pero si a un lado hay una puerta cerrada, lo único en lo que puede pensar es en que hay detrás de esa puerta. Y si por desgracia está entreabierta, hará lo imposible por acercarse y echar un vistazo por la rendija. Aunque para ello tenga que hacer equilibrios imposibles para poder mirar. Por lo general, en la habitación misteriosa no hay nada. Pero su obligación era saber que había allí dentro.


Todavía hay algo peor. Los letreros que prohíben hacer fotos en muesos, palacios, o castillos. ¡Pero por qué no pudo hacer fotos. Os prometo que no voy a usar el flash!. Pues ni por esas. A mi en esos casos la ansiedad me corroe. Necesito hacer fotos. Aunque sea de una piedra mohosa. Al prohibírmelo lo único que consiguen es que tenga más ganas todavía. Es como una enfermedad. Más de una vez me he descubierto escondiéndome detrás del quicio de una puerta para hacer una foto a hurtadillas. Controlando con el rabillo del ojo al vigilante de la sala, para aprovechar el momento en el que está descuidado o mirando hacia otro lado. Todas esas fotos siempre salen mal. Están hechas a la carrera y de cualquier manera, y así es imposible conseguir una instantánea decente. Pero hay pocas cosas que superen la satisfacción que produce haber sacado esa foto prohibida. Es un subidón. Y que nadie me diga que no es verdad. Seguro que todos lo habéis hecho alguna vez.
Cuando volví al mirador ya era noche cerrada. Ya no se veía nada. Eran las siete menos cuarto. En menos de cinco minutos me reuní en el hotel con mi mujer que me esperaba para cenar. Comimos lo más deprisa que pudimos y nos fuimos a dormir.
Para finalizar, una pequeña reseña sobre el tiempo. El día fue soleado. Sin nubes y desde luego sin niebla. Eso nos permitió disfrutar plenamente de los diferentes miradores que visitamos. Durante el día hizo bastante calor. Se agradecían la manga corta y el pantalón corto. Un par de grados menos no nos hubieran venido mal. En cambio por la noche refrescó y tuvimos que taparnos un poco. No hacían falta forros polares ni anoraks. Nos bastó una manga. Algo ligero. Tampoco hay que ser alarmistas.
La mañana siguiente nos levantamos a las seis. Nos lo tomamos con calma. Faltaban quince minutos para las siete cuando aparcábamos junto a Harrie’s Pancakes. Estaba cerrado. Abrían a las ocho.
Teníamos un problema. Comer una crepe en Harrie’s Pancakes es casi una obligación, pero faltaba más de una hora para que abriesen. Demasiado tiempo. Mirando el mapa encontramos la solución. Antes de salir hacia el Kruger queríamos visitar el pueblo de Pilgrims Rest que está a unos 15 kilómetros de Graskop. Para ir al Kruger desde Pilgrim’s Rest teníamos que volver a pasar por Graskop. Así que problema solucionado. Primero visitábamos el pueblo y a la vuelta nos parábamos a desayunar.
La distancia no es muy grande, apenas 15 kilómetros. Pero la carretera es malilla. No es que esté en mal estado. El problema es que todo son curvas.
Entramos en el pueblo y aparcamos el coche en el primer sitio que vimos. Era pronto, y no había casi nadie, tan solo unos pocos lugareños y unas mujeres que por el traje que llevaban debían ser las limpiadoras del hotel que hay en el pueblo.


Recorrimos Pilgrim’s Rest de arriba abajo. Primero subimos y después bajamos. Llegamos a la salida del pueblo en ambos lados. Y es que tan solo se trata de una calle de aproximadamente un kilómetro, con casas de la época de la fiebre del oro. Está muy bien conservado, con letreros de la época, y casas rodeadas de jardines con árboles y plantas. A la vuelta vimos una iglesia a la derecha que quedaba escondida detrás de unos árboles. Nos acercamos para verla mejor. Seguimos por ese mismo camino que ascendía un poco más y conducía hasta el cementerio. A pesar de que es una atracción turística, decidimos no entrar. Dimos media vuelta y volvimos al pueblo para continuar con el paseo.
Al ir tan pronto pudimos disfrutar del pueblo sin gente. Lo tuvimos para nosotros solos. Pero esa ventaja también tuvo un inconveniente, todos los museos estaban cerrados y no los pudimos visitar.
La sensación que nos dejó fue la de un pueblo bonito y agradable. Y aunque le faltaba algo para ser excepcional, fue lo más interesante que vimos en esa zona. Toda visita al Blyde River Canyon debería incluir una visita a Pilgrim’s Rest.


Cuando volvimos al coche, nos encontramos con una sorpresa. Un sujeto nos lo había limpiado y estaba esperando su recompensa. ¡Y ahora que le digo yo a éste. Paso de empezar el día discutiendo, y encima en ayunas!. Fui a darle R5 para quitármelo de encima y va el tipo y me dice que no. ¿Cómoooooo?. La conversación entró en un punto muerto. Yo no entendía nada, y él no hacía más que repetir lo mismo. La situación se desbloqueó cuando él se giró y me señaló un letrero escrito a mano que había unos metros más arriba. Me estaba pidiendo ni más ni menos que R60. Me quedé pasmado. Vamos a ver, ¿quién te ha dicho que limpies el coche?. Además no ves que es un coche de alquiler. ¿Para qué quiero yo que me limpien un coche de alquiler?. No tiene sentido. A esas alturas ya tenía claro que me estaban timando. Pero solo hacía un día que estábamos allí, y todavía estaba descolocado. Saqué un billete de R50 y se lo dí. Nada más meterme el coche me arrepentí. Pero ya estaba hecho. El cabreo fue in crescendo, y a los pocos minutos ya me estaba cagando en todos sus muertos, y por asimilación en todos y cada uno de los miembros del honorable gremio de los lavacoches. Aprovecho este diario para pedirles disculpas públicamente por las palabras altisonantes que les dediqué ese día, ya que soy consciente de que no son responsables de la actitud de ese sujeto. Por suerte mi mujer me hizo ver que no eran más que 5 euros. Nos habían timado, sí, pero tampoco había sido tan grave. Nuestro presupuesto no se resentiría excesivamente por aquello.
Ahora lo pienso y me entra la risa. Si es que somos unos pardillos. No hay viaje en que no nos pillen en una de estas. Siempre nos acaban sacando unos eurillos con algún truco absurdo. Y no escarmentamos.


Volvimos a Graskop. A mí a cabezón no me gana nadie. Yo no me iba de allí sin probar una crepe. Esta vez fue la definitiva, Harrie’s Pancakes estaba abierto por fin. La carta es inmensa. Hay muchísimas crepes para elegir. Y eso es horroroso. Empiezas a leer y piensas; éste me apetece. Y éste. Y éste. Y éste otro. Pero no puede ser. Sólo puedes pedir uno o dos. ¡Nooooooo, los quiero todos!. Por desgracia nos tuvimos que conformar con uno para cada uno. Mi mujer pidió uno de espinacas y queso, y yo uno de chocolate con helado. Los acompañamos con dos aguas. Nos cobraron R129.
Habíamos oído que eran grandes por eso inicialmente sólo pedimos dos. La idea era pedir uno o dos más según el hambre con la que nos quedásemos. Pues bien, a los que dicen que los crepes son grandes sólo puedo decirles que son unos mentirosos; que dejen de engañar a la gente. Esas crepes no son grandes. Son enormes. No tienen nada que ver con las típicas crepes que se sirven por aquí. Si, esas que son más finas que el papel y que en teoría saben a chocolate, pero que en realidad sólo saben a pasta. Las crepes de Harrie’s Pancakes tienen contenido. Por lo menos de un par de dedos de grosor. Comerse eso a primera hora de la mañana es un bombazo. Pero lo mejor es que están buenísimas. Por fin una crepe que sabía a algo. Ésta opinión es sólo mía. Mi mujer difiere. El de espinacas casi ni lo tocó. Se lo tuve que cambiar por el mío. Pero por suerte para mí, tampoco le entusiasmó, y tras comer un cacho, me lo cedió gentilmente. Al final acabé comiéndome las dos crepes casi enteras. Un trabajo duro pero gratificante. Ya recuperaré la línea cuando vuelva a casa. Acabé tan lleno que tuve salir del restaurante rodando.
A las 10 salíamos de Graskop en dirección al Kruger. Atravesamos una carretera agradable que tras 55 kilómetros nos condujo a Hazyview. Como somos unos chicos muy obedientes, paramos en Hazyview para hacer lo que todo el mundo dice que hay que hacer. Llenar el depósito de gasolina, cambiar dinero y comprar agua y algo de comida. Lo de la gasolina resultó sencillo. Simplemente tuvimos que parar en la primera gasolinera que vimos. El precio de la gasolina sin plomo era de R1,21 el litro, más barata que por aquí. Llenamos el depósito por R570. Cuando el bloqueo de la manguera saltó, el gasolinera o como se llamen los que trabajan en una gasolinera, nos acabó de llenar el depósito. Pero no se limitó a echar un poco más de gasolina para redondear el precio. Siguió echando gasolina a pulso, con la manguera fuera, directamente sobre la boca de entrada, hasta que la gasolina asomó por el agujero. Cada vez que llenamos el depósito hicieron lo mismo. Pero nunca vertieron ni una gota. Tienen un pulso muy preciso.
Enfrente de la gasolinera vimos un centro comercial. Fuimos allí a comprar provisiones para llevarlas con nosotros al Kruger. Entramos en un Spar y compramos agua, queso y patatilla. No tomé nota de los precios, pero recuerdo que por regla general eran algo más bajos que en España. La salvedad son las bebidas, que son un poco más caras. Pero nada excesivo.
Y ya que estábamos decidimos cambiar algo de dinero. Entramos en un chiringuito que parecía una oficina de cambio. Pero resultó que no le era. Vaya chasco. Por lo menos nos indicaron donde había un banco. Una oficina muy pequeña llena de gente que parecía cualquier cosa menos un banco. Nadie nos hizo ni caso. Pasamos de las colas y le preguntamos a un empleado que andaba despistado si cambiaban dinero. Si, pero no. ¿Cómorrrrr? Nos soltó una parrafada de la que no entendimos nada. El tipo se dio cuenta del marrón que se le venía encima y con una finta magistral le pasó el marrón a una compañera suya. Ésta nos hizo un interrogatorio absurdo,
- ¿Qué queréis cambiar?
- Dólares
- ¿ En qué los queréis cambiar?
- En rands.
- ¿Por qué?
- Ehhhhhhhh. (¿A alguien le han preguntado esto alguna vez?). En vez de responder nos encogimos de hombros y la miramos con cara de no saber que contestar.
- ¿De dónde habéis sacado los dólares?.
- De nuestro país. De un banco.
No la debimos convencer, porque nos puso cara de “paso de perder el tiempo con vosotros”. Nos soltó una explicación de la que sólo entendimos que algo estaba off line y que por eso no nos podían cambiar. Se dio media vuelta y se puso a hablar con un par de personas que había allí. Una escena surrealista. La ves en una película y no te la crees.
Salimos de allí con cara de tontos. No entendíamos nada. Lo único que teníamos claro es que habían pasado de nosotros.
Antes de entrar en el coche, vimos otro banco. Decidimos probar suerte. Peor que en el otro no nos podía ir. Por suerte esta oficina era más normalita. Con sus ventanillas, sus colas de gente, sus cristales blindados. Incluso tenían una ventanilla específica para el cambio de moneda. Y a diferencia de las otras ventanillas no había cola. Cambiamos. 400 USD (unos 300 euros) por los que nos dieron R3.251 netos. Nos cobraron una comisión de R115 (era el mínimo).
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Etapa: KRUGER - ANIMALES  -  Localización:  Sudáfrica Sudáfrica
Fecha creación: 01/02/2013 21:30  
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Los 10 kilómetros que separan Hazyview de Phabeni Gate se me hicieron eternos. Hice todo el camino con un cosquilleo en el estómago. ¡¡¡Qué nervios!!!. Cuando por fin Phabeni Gate apareció ante nosotros el cosquilleo en vez de calmarse, fue a más. Parecía un niño al que le acaban de entregar los regalos de reyes, y no sabe que paquete abrir primero.
Llevábamos las reservas de los campamentos preparadas para enseñarlas en la puerta. Pero el guardia no nos las pidió, sólo nos dio un formulario que teníamos que rellenar. Pues nada, a escribir. Buscamos un bolígrafo y nos dispusimos a rellenar el formulario allí mismo, en la puerta. El guardia nos miró con cara de sorpresa y muy amablemente nos dijo que mejor que rellenáramos el formulario un poquito más adelante, cómodamente aparcados en el parking, y que después lo entregáramos en el punto de control que había enfrente y por el que se accedía de verdad al parque. En realidad lo que pensaba era, sacad el culo de mi puerta, y no me molestéis más, atontados. Al menos es lo que hubiera pensado yo.
Se trata de un formulario de registro de entrada, donde preguntan lo típico, nombres, pasaportes, cuantos días íbamos a estar, y unas cuantas cosas que no entendimos. Bahhh, los del control ya nos preguntarán lo que falta.
En esa zona, y supongo que en todas las puertas, hay una pequeña tienda. Tenían pocas cosas, algunos recuerdos, bebidas, unas pocas galletas, y poca cosa más. Nosotros buscábamos dos herramientas indispensables para entrar en el Kruger. El mapa del parque y el famoso libro con las fotos de los animales. Buscábamos uno de esos mapas desplegables que crece y crece hasta que no eres capaz de abarcarlo con los brazos abiertos. Y un libro del tipo tomo enciclopedia británica. Pero por más que buscamos no encontramos ni el libro ni el mapa. Lo único que tenían era un cuadernillo, con un mapa del parque y dibujos de los animales. Apenas unas hojas. Esa birria no podía la maravilla de la que todo el mundo hablaba. Y para más inri, solo lo tenían en inglés, francés, alemán y africaner. Preguntamos si lo tenían en español. Una pregunta estúpida, si lo hubieran tenido estaría en el expositor junto con los otros. Lógicamente nos respondieron que no. Menuda desilusión. Nos tuvimos que conformar con el cuadernillo. Los mapas no estaban mal. Pero los animales; los animaaaaaales. Unos simples dibujos. Por lo menos era barato, sólo nos costó R50. Por cierto lo cogimos en inglés
Pero su aspecto escuchimizado no tiene nada que ver con su utilidad. Se convirtió en una herramienta imprescindible. Aunque sería posible circular sin él, la verdad es que llevarlo simplifica mucho las cosas. Y sobre todo permite organizarse mucho mejor. Y aunque en lugar de fotos sólo tenga dibujos, son lo suficientemente buenos como para permitir diferenciar los animales. Está claro que todos sabemos como es un elefante o un rinoceronte. Pero como diferenciar una gacela de un kudu o de un waterbuck. ¿Ahora qué, listillos?. Pues con el cuadernillo resulta la mar de fácil. Otro ejemplo, ¿quién sabe que es una abutarda?. No vale responder que un animal. Los que hayan estudiado hasta segundo de zoología sabrán que es un pájaro (yo no tenía ni idea). Y cuantos saben que tamaño tiene y de que color es. Uno, dos, tres, ….., diez, once y doce. Tiempo. Veo que no estáis tan enterados como os creíais. Pues con el cuadernillo de marras podréis diferenciar una gacela de un kudu; y cuando veáis una abutarda o un hornbill sabréis que bicho os pasado por delante.
Resueltos los problemas de intendencia era hora de entrar en el Kruger y empezar a perseguir animales. Nos dirigimos al punto de control, y entregamos medio rellenado el formulario que nos habían dado en la puerta. Tampoco le dieron demasiada importancia. Nos pidieron las reservas en los campamentos, y comprobaron los datos en el ordenador. El único dato que faltaba en el formulario era el número de registro del vehículo, que traducido al cristiano es la matricula. Nos devolvieron las reservas, junto con un folleto verde y un papelito que parecía un ticket de supermercado. Con las prisas por entrar ni lo miramos. Lo metimos todo en al guantera y para adentro. Faltaba poco para el mediodía, y hacía un calor intenso. Bendito sea el inventor del aire acondicionado.
En el ticket que nos dieron en la entrada se habían equivocado con le fecha de salida. No nos dimos cuenta hasta dos días después. Estábamos en Orpen, y aprovechando que allí había una puerta de entrada decidimos preguntar si tendríamos algún problema con esa equivocación. Nos tranquilizaron y nos dijeron que no, que si nos paraban sólo teníamos que enseñar las reservas del alojamiento. Que con eso era suficiente. Por fortuna nadie nos paró y no tuvimos que dar ningún tipo de explicación a nadie.
Cuando escribo un diario espero que pueda ser de utilidad a quien lo lea. Pero sobre todo lo escribo para tener un recuerdo de ese viaje. Así cuando pasa el tiempo y la memoria empieza a fallar, puedo volver a leerlo y rememorar algunos de esos momentos que ya había olvidado. Por eso mis diarios suelen seguir un orden cronológico y procuro detallar todas las tonterías y curiosidades que me pasaron. Pero en el caso del Kruger esto podría llegar a ser agotador para mí, y aburridísimo para el que lo lea. Mucho más aburrido de lo que resultan normalmente los tostones que suelto. Vendría a ser algo así. Carretera H1, kilómetro 2, vemos un grupo de 10 gacelas. Dos kilómetros más adelante vemos 2 elefantes adultos. Medio kilómetro más adelante 1 jirafa. Y así durante los cinco días que pasamos dentro del parque. Llenaría hojas y hojas con una descripción tediosa de todos los animales que vi. Solo de pensarlo ya me da sueño. Y si me aburre a mí, que soy el que lo escribe, no quiero ni pensar al resto del mundo mundial. Por ese en este capitulo cambiaré el sistema y aunque no se bien como quiero hacerlo, algo saldrá.


Empezaré con un breve detalle del recorrido que hicimos en los cinco días.
- 1º día: Entramos por Phabeni Gate, y recorrimos la carretera asfaltada S1, con un breve desvió de ida y vuelta por las carreteras de tierra S3 y S4. Enlazamos con las carreteras asfaltadas H11 y H1-2, a mitad de la cual nos desviamos para hacer la S83 (Marula Loop). Para acabar recorrimos las carreteras asfaltadas H1-3, H1-4 y H6 que termina en Olifants.
- 2º día: Salimos de Olifants por las carreteras de tierra, S44, S93 y S46 hasta llegar a Letaba, donde desayunamos. Seguimos subiendo por la carretera asfaltada H1-6. Un poco antes de llegar a Mopani nos desviamos por la carretera sin asfaltar S50 seguida por la S49. Comimos en Mopani. La tarde la empezamos en Shipandani Hide y Pioneer Dam. Iniciamos el regreso por las carreteras asfaltadas H1-6 y H14. Una pequeña vuelta por la carretera sin asfaltar S51, para volver de nuevo al asfalto en la H9 que conduce a Letaba. Desde allí un último tramo por las carreteras asfaltadas H1-5 y H8, para regresar a Olifants.
- 3º día: Abandonamos Olifants por las carreteras sin asfaltar S92 y S91. Continuamos por la carretera asfaltada H1-4 que llega hasta Satara donde desayunamos. Seguimos por las carreteras de tierra S100 y S41 para llegar al maravilloso mirador de N’wanetsi. Y desde allí por las carreteras asfaltadas H6 y H7 hasta Orpen, donde comimos. Por la tarde optamos por recorrer varias carreteras sin asfaltar, la S106, S140, S145, S36 y S125. Una parada en el Southernmost Baobab, y de nuevo en marcha por la carretera asfaltada H1-3 hasta Tshokwane. El último tramo lo hicimos por la carretera asfaltada H10 para acabar el día en Lower Sabie.
- 4º día: salimos de Lower Sabie por la carretera asfaltada H4-1 pasando junto al precioso Sunset Dam. Seguimos por la corta carretera asfaltada H12, y después un tramo de la carretera de tierra S30, para volver sobre nuestros pasos a la H4-1 que llega hasta Skukuza, donde desayunamos. Reiniciamos el paseo por la carretera sin asfaltar S114 hasta el Stevenson Hamilton Memorial. Desde aquí por la carretera sin asfaltar S112 hasta la H3 para enlazar con la carretera asfaltada H1-1. al mediodía estábamos en Pretoriuskop donde comimos. Por la tarde empezamos el recorrido por las carreteras sin asfaltar S7, S10 y S3. seguimos por la carretera asfaltada S1 hasta el Lake Panic Hide. El último tramo empezó en la carretera asfaltada H4-1, seguida de la carretera sin asfaltar S30 y finalmente la carretera asfaltada H10 para regresar a Lower Sabie.
- 5º día: salimos de Lower Sabie por la carretera asfaltada H10. Al llegar a la carretera sin asfaltar S122 nos metimos por ella, pero enseguida dimos la vuelta y volvimos a bajar por la H10 hasta Lower Sabie. Desde allí tomamos la carretera asfaltada H4-2. Un poco antes de llegar a Crocodile Bridge nos desviamos por las carreteras sin asfaltar S25 y S27 para ver el Hippo Pool. Desayunamos en Crocodile Bridge. Subimos de nuevo por la carretera asfaltada H4-2, seguida por las también asfaltadas H4-1, un tramo de la H1-1, H3 y finalmente la S110 por la que llegamos a Berg-en-Dal, donde comimos. Para finalizar volvimos a recorrer la S110 hasta Malelane Gate por la que abandonamos el Kruger.
¿Como os habéis quedado?. A que no os habéis enterado de nada. Normal. Para leer el recorrido tenéis que hacerlo con un mapa delante. Venga, no me seáis vagos. Buscar un mapa por internet, y volver a leer el recorrido con el mapa delante.


Un poco mejor, a qué si.
Nuestra principal preocupación cuando entramos en el Kruger, era si veríamos animales. Bueno, no exactamente. Animales esperábamos ver. La preocupación era si veríamos muchos animales o si sólo veríamos alguno suelto de vez en cuando. Todo el mundo habla de que vio esto o aquello, pero nadie dice si los avistamientos son comunes o si son el resultado de una búsqueda laboriosa.
Nuestras dudas se resolvieron pronto. No tardamos ni dos kilómetros en encontrar nuestros primeros bichos. En realidad no los encontramos nosotros. Fueron ellos los que nos encontraron. Una manada de 7 ó 8 waterbucks, salieron corriendo de detrás de unas matas y cruzaron la carretera delante de nosotros. Tuve que frenar para no atropellarlos. Fue un momento mágico. Nuestro primer encuentro. La adrenalina nos subió de golpe. Sólo eran unos waterbucks, pero nos emocionamos. No tardamos mucho en encontrar más fauna; gacelas, cebras. Animales muy comunes en el parque que se ven por todas partes. Pero para nosotros todo era nuevo. Cada avistamiento resultaba toda una aventura acompañada de un subidón subidón. Mi mujer iba dando saltos en el asiento del copiloto. Son momentos muy emocionantes y es importantísimo disfrutarlos. No hay que despreciar a esos primeros animales por el hecho de que sean muy comunes. Llegará un momento en que habréis visto tantos que ya no les haréis caso. Pero encontrarte con tus primeras gacelas es tan emocionante como cuando avistas tus primeros leones. Y aunque no soy nadie para dar consejos, me voy a lanzar con uno; disfrutar de esas primeras gacelas, de las primeras cebras, y de cualquier animal que os encontréis. Pararos, observadlos con tranquilidad, hacedles fotos, como si fueran un hallazgo importante. Para hacer un símil que todos lo comprendáis. Los avistamientos son como el sexo, la primera vez probablemente no sea la mejor, pero aun así resulta inolvidable. Pues con los avistamientos pasa exactamente lo mismo.


Creo que me he desviado un poco de la idea que quería transmitiros, la de si se ven muchos animales o no. No le daré más vueltas. Se ven muchísimos. De algunos hay tantos, que casi llegan a aburrir. Se ven continuamente. Gacelas, cebras, elefantes, búfalos, jirafas. Siempre están ahí, en la cuneta junto a la carretera, unos metros más allá comiendo o descansando, o en la lejanía; en el lecho de un río. Incluso los encontraréis en medio de la carretera, obligándote a parar y a esperar a que decidan retirarse. Hay animales por todas partes.
Tampoco vayáis a creer que hay que ir pitando para que los animales se aparten. Hay muchos, pero están espaciados. Hay tramos en los que ves animales cada pocos minutos. En otros tramos no abundan tanto. Pero durante los cinco días que estuvimos en el parque no creo que pasaran más de 20 minutos sin que viésemos algún bicho. Conclusión, hay muchísimos animales. Os vais a hartar de ver todo tipo de animales, grandes y pequeños, herbívoros y carnívoros, marrones y grises, con cuernos y sin cuernos.
Una vez aclarado que por animales no vais a estar, haré un pequeño repaso de los que vimos:
- Gacelas, antílopes o impalas: según el librito que compramos en la entrada, hay unos 150.000. y creo que se quedan cortos. Los hay por todos lados. Individuos sueltos, en grupos pequeños, en manadas grandes. Solos o con otro tipo de animales, como cebras, kudus, waterbucks, o incluso monos. El primer día llaman la atención, y hasta te paras a hacerles fotos. A partir del segundo o tercer día, los miras, pero ya no paras casi nunca. Los últimos días pasas por al lado y ni tan siquiera los miras. Sería algo así:
- Primer día: Para, para, que he visto algo. Mira gacelas. ¡¡¡Qué bonitas!!!. Si, que elegantes.
- Tercer día: Para, para que ha visto algo. No; sigue, sigue, sólo son gacelas.
- Quinto día: ……………..(silencio, ya no se merecen ni un comentario).
Pero incluso estos animales pueden brindar momentos inolvidables. A nosotros nos ofrecieron dos. En su momento no les di la importancia que tenían. Pero ahora al repasar las fotos y rememorar esos momentos los recuerdo con mucha emoción. El primero fue cuando encontramos una gacela recién nacida. No vimos el parto por minutos. Pero vimos como la madre limpiaba a su bebé recién nacido. ¡Qué tierno!. El segundo momento fue cuando encontramos dos gacelas peleando. Se golpeaban con los cuernos. Se separaban y volvían a embestir. Así una y otra vez. Como en los documentales.


- Steenboks y Rooiboks: son unos antílopes pequeños, como la mitad de una gacela común. De su mismo color, y parecidos en su fisonomía. Pero más pequeños. Los primeros días creíamos que eran crías de gacela. Pero al analizarlo detenidamente no dimos cuenta de que no podía ser. Cómo iban a estar las crías solas sin la supervisión de sus madres. Conclusión eran otro tipo de antílope. Además sufrieron el efecto contagio de la falta de atención que prestamos a las gacelas comunes los últimos días. Por eso, aunque los vimos cada día, no puedo precisar si fueron muchas veces o solo unas pocas.
- Waterbucks: son muy abundantes, aunque no tanto como las gacelas. Resulta fácil verlos. De hecho lo difícil es no verlos varias veces cada día con sus largos cuernos y su característica mancha blanca en los cuartos posteriores, más comúnmente conocidos como culo. Resultan muy fotogénicos. Tenemos varias fotos muy buenas con ellos comos protagonistas.


- Kudus y Ñalas: no tan abundantes como los waterbucks, pero igualmente son fáciles de ver. Lo normal es verlos cada día como mínimo un par de veces. Los primeros días teníamos un lío tremendo con los kudus, los ñalas y los waterbucks. El color y el tamaño son similares. Las diferencias principales son que el kudu tiene unas líneas blancas en el lomo y los cuernos formando como una espiral. Los ñalas tienen las mismas rallas blancas, pero los cuernos son menos retorcidos y los machos tienen el pelo más largo en el vientre y en el cuello. Finalmente los waterbucks son lisos con un círculo blanco en la parte trasera y unos cuernos menos retorcidos todavía. Es un lío. Con el paso de los días llegamos a distinguir los waterbucks. Con los ñalas y los kudus no hubo manera.


- Eland: apenas los vimos tres veces. O quizás alguna más y los confundimos con otro tipo de gacelas. Vete tú a saber. La cuestión es que no es muy fácil verlos. Y cuando los encuentras, con la obsesión por buscar felinos, no se les prestas la atención que merecen. Son los antílopes más grandes que vimos. En cambio los cuernos que gastan son más pequeños que los de las razas anteriores que hemos citado. Pero lo más característico es su joroba. Para mi gusto son el hermano feo de la familia de los antílopes.
- Roan: sólo los vimos dos veces. Y ninguna todo lo cerca que nos hubiera gustado. Sólo los vimos tras ramas y troncos que no nos permitieron verlos con claridad. Son del tamaño de los waterbucks, pero con un pelaje marrón más brillante que permitía distinguirlos con mayor facilidad. También tenían una mancha blanca en la cara.


- Sable u Orix: de un negro intenso y con la cara blanca. Solo vimos uno. Y fue un encuentro muy breve, apenas unos segundos. Enseguida salió corriendo y desapareció tras la espesura. Una lástima porque en lo poco que ví me pareció muy elegante.
- Ñus: de nuevo un animal muy común. Grises con la cara negra. Y con unos cuernos más parecidos a los del búfalo que a los de los antílopes. Sin llegar al nivel de las gacelas, también están por todas partes. Los vimos cada día unas cuantas veces. Siempre los vimos en pequeños grupos.


- Cebras: blancas con rallas negras. O era al revés, negras con rallas blancas. Después de verlas tampoco me quedó muy claro. Ahhhh, y no parecen caballos. Son más pequeñas, parecen burritos. Pero más fashions, las rallas son tendencia este año. ¿O no?.
También hay muchas. Están por todo el parque, lo que hace que los avistamientos sean muy habituales. Las vimos varias veces a diario. Y cuando digo varias, son bastantes; no una ni dos ni tres. Siempre van en grupo. Vimos algunos bastante numerosos, pero ni de cerca como los que sacan en los documentales. La foto típica de las cebras es ………dando el culo. Cuando nos acercábamos mucho se giraban y se ponían de culo. Para compensar resulta habitual verlas paradas en medio de la carretera. Esa estampa suele ofrecer fotos muy bonitas. Pero si te acercas demasiado adoptan su pose habitual, se ponen de culo; y así las fotos pierden algo de encanto.


- Facóceros: más conocidos como Pumbas. Si le decís a alguien que habéis visto un facócero os mirará con cara de ¡y eso que es!. En cambio si le decís que habéis visto a Pumba, todo el mundo sabrá lo que es. ¡¡¡Cuando daño han hecho en este país las películas de dibujos animados!!!. Son parecidos al jabalí; grises y con dos incisivos enormes que parecen cuernos pequeños. La diferencia está en el morro, que en el caso de los facóceros es aplanado. O eso creo, porque la verdad es que nunca he visto un jabalí de cerca. Yo no diría que son guapos. Más bien son feotes. Pero tienen gracia, regordetes y con esas patitas tan pequeñas. Hay bastantes. Tantos que lo normal es verlos varias veces cada día. Curiosamente, casi siempre iban por parejas. Nunca vimos más de cuatro juntos. Un último detalle, son muy asustadizos. Por lo general solían alejarse del coche manteniendo siempre una distancia prudencial. Pocas veces se quedaron parados en la cuneta cuando pasábamos junto a ellos. Pero como los vimos muy a menudo tampoco supuso un problema.


- Jirafas: un animal interminable, todo piernas y cuello. Como curiosidad, las crías son de un color más claro, mientras que los adultos son más oscuros, sobre todos los machos.
Fue el único animal que no vimos tumbado. Siempre las vimos de pie, salvo en una ocasión en que vimos a una con las patas delanteras dobladas bebiendo en una charca. Se la veía en una postura muy forzada. ¡Pobrecilla!.
Son preciosas. A mi mujer le encantan. Desde siempre ha sido su animal favorito. Casi se le saltan las lágrimas cuando vimos la primera. Y por lo visto algo se me ha pegado algo, porque también me encantaron. No solo son bonitas, también son muy elegantes. Su manera de moverse. Como te miran desde lo alto cuando pasas junto a ellas. Y se mueven más rápido de lo que parece.
Es un animal muy común. Es fácil verlo por todo el parque. Las vimos continuamente; cada día, varias veces por la mañana, varias veces por la tarde. Pero siempre solas o en pequeños grupos que rara vez superaban los cuatro individuos. El grupo más grande que vimos fue de siete jirafas. Al ser tan altas resulta muy sencillo localizarlas. Incluso cuando están lejos se las divisa fácilmente.


- Hipopótamos: que majos y que graciosos. Regordetes como toneles y con esas patitas tan cortitas. Hasta tienen cara de buenos. Son un amor. Pues ahí donde los veis tienen fama de ser el animal que más muertes de personas causa en Africa. Y es que las apariencias engañan. De todas maneras en el Kruger no parecen tan peligrosos, ya que se pasan la mayor parte del día en el agua. Y como los turistas no pueden bajar del coche, las posibilidades de un encontronazo se reducen mucho.
Resultan muy fáciles de ver. Sólo hay que acercarse a una charca permanente y raro será que no haya alguno. Y en las charcas más grandes seguro que veis unos cuantos. En una ocasión tuvimos la suerte de ver la típica imagen del hipopótamo en el agua con una tortuga encima de su espalda.


Durante la última comida que hicimos en el parque, en Berg-en-Dal, disfrutamos de un concierto que nos brindaron estos cantarines animales. Justo frente al restaurante hay una charca en la que hay muchos hipopótamos. Se pusieron a rebuznar, o como se diga lo que hagan y no pararon en toda la comida. No es que tengan mucho arte, pero tuvo su gracia.
Lo que si resulta más complicado es verlos fuera del agua. Nosotros los vimos cuatro veces dando un paseo, más una quinta en la que tres individuos estaban tumbados en la orilla más fuera que dentro. Y de todas estas veces sólo una estuvimos junto al hipo. Estaba junto a una carretera de tierra. En cuanto nos vio corrió a esconderse detrás de una mata. Lo gracioso es que ni yo hubiera podido esconderme detrás de esa mata. Se veía hipopótamo por todos lados, pero él tan feliz escondido detrás de unas ramitas. Y nosotros riéndonos de lo absurdo de la situación.


- Búfalos: tremendo bicharraco. Uno de los miembros del selecto club del Big 5. Lo que más gracia me hizo de este animal fueron sus cuernos. Tienen su gracia. Cuando los ves de frente, parecen que se han peinado hacia atrás, engominados y con la ralla en medio. A lo Mario Conde. Es el efecto que producen los cuernos que les nacen en la frente y después salen hacia los lados, a diferencia de los antílopes en los que los cuernos salen hacia arriba.


Hay muchísimos. Se ven continuamente. Tantas veces que aunque pertenezcan al Big 5 no se les presta demasiada atención. Se pueden ver desde machos solitarios, o en pequeños grupos de muy pocos miembros; hasta grandes manadas de ciertos de búfalos. Nosotros tuvimos la suerte de toparnos con una manada enorme. Vimos varios búfalos parados junto a la carretera que con la intención de cruzarla. Podríamos haber seguido, ya que ellos esperaban a que no pasara ningún coche para cruzar tranquilos. Pero preferimos parar y verlos atravesar la carretera. Y cuando la hicieron fue un no parar. Empezaron a salir búfalos y búfalos, y más búfalos. Aquello no se acababa nunca. Creo que no exagero si digo que en esa manada había cerca de 500 individuos. Y como se lo toman con calma, la cosa duró un buen rato. Estábamos los primeros, por lo que disfrutamos del espectáculo en primera fila. Detrás de nosotros se llegó a formar una buena cola. Y enfrente los mismo; llegué a contar más de diez coches.
Como hay tantos los veréis de todas las maneras posibles. En medio de la carretera. A un lado, parados en la cuneta. A lo lejos. De pie, y también tumbados. Tanto sobre la hierba como en un charco, o simplemente dentro del barro.


- Elefantes: el verdadero rey del Kruger. Imponen su ley por allí donde pasan. Nadie les hace frente, ni siquiera los leones. Y cuando se acercan a beber a alguna charca. Todo el mundo sale corriendo. Mientras ellos beben, no bebe nadie más. Lo único que pueden hacer los demás es esperar a que acaben.
Como curiosidad, si os fijáis notaréis que muchos tienen agujeros en las orejas. Y también se ven algunos elefantes que sólo tienen un colmillo. Os preguntaréis ¿por qué solo tienen un colmillo?. Pues yo me hago la misma pregunta. Así que si queréis saber la respuesta la tendréis que buscar en otro lado, porque yo no la sé.
Verlos de cerca impresiona. Desde dentro del coche ves aquellos animalongos y te sientes pequeño. Además no son nada discretos. Como no tienen depredadores naturales, no necesitan esconderse ni tomar muchas precauciones. Van dejando su rastro por allí donde pasan. Un rastro de ramas tiradas por el suelo, de árboles quebrados, y de deposiciones enormes (mierdas gigantes, para los que no seáis tan finos). Y aun así, hay ocasiones en las que pasas a tan solo unos metros de ellos y no los ves. Parece increíble, pero es verdad. Nosotros paramos en una carretera mirando a otro animal, y de repente vimos unas ramas que se movían en el otro lado. Había unos cinco a seis elefantes a menos de cinco metros de nosotros, y no los habíamos visto.


Elefantes veréis hasta aburriros. Con toda seguridad es el miembro del Big 5 que más veces vimos y del que vimos un mayor número de individuos. Se ven a todas horas, por todos los lados. Y como ocurre con los búfalos se ven desde machos solitarios enormes con unos colmillos kilométricos a grandes manadas de cientos de elefantes. Aunque lo más común es ver pequeños grupos de tres o cuatro machos, o pequeñas manadas de hembras acompañadas de sus crías. A pesar de que sean tan comunes y los encuentres continuamente, no pierden su poder de atracción. Son tan grandes que por mucho que los veas no dejas de asombrarte cada vez que te encuentras con uno.
Cuando más impresionan es cuando los vez de cerca, a no más de un par de metros. Es cuando mejor aprecias lo inmensos que son. En cambio las mejores fotos se obtienen cuando descubres una manada en el cauce seco de un río. La combinación de paisaje y elefantes ofrece un marco precioso y se consiguen unas fotos de catálogo. Y lo mejor es que es una imagen que resulta hasta común. No hay que volverse loco buscándola. Basta conducir por una carretera que bordee un río y seguro que aparece una manada caminando por el cauce.


De nuestros numerosos encuentros con los elefantes destacaría tres momentos. El primero fue nuestro primero avistamiento de estos animales. Fue el primer día. Descubrimos un elefante a lo lejos que salió de detrás de unos árboles y que se dirigía hacia nosotros. Era nuestro primer elefante, y aunque estuviera lejos teníamos que pararnos para saborear ese momento. De repente empezaron a salir elefantes por todos los lados. Tuvimos que mover el coche para no quedarnos en medio de la manada. Fue un momento inolvidable. No dábamos abasto para mirarlo todo. Apenas llevábamos una hora en el parque y sólo por vivir ese momento ya habría merecido la pena ir hasta allí.
El segundo llegó al día siguiente. Encontramos una manada de elefantes que se acercaban hacia la carretera. Nos detuvimos y cuando nos dimos cuenta había elefantes por todas partes. Era una manada enorme. Estaban por delante, por detrás, por todos los lados. No nos quedamos atrapados en medio de milagro. Nos pusimos delante de la manada y disfrutamos de un espectáculo único. Avanzábamos delante de ellos, a su ritmo, ya que mientras unos cruzaban otros caminaban por el asfalto hacia nosotros. Por lo menos había doscientos elefantes. Desde crías recién nacidas hasta adultos enormes. Tener tantísimos elefantes tan cerca fue muy emocionante. Es algo que hay que vivirlo para poder sentirlo.


El tercer momento llegó el tercer día. Para entrar en materia, esta vez más que emocionarnos, nos cagamos por las patas abajo. Íbamos con el tiempo justo para llegar al campamento antes de que cerrasen. Y nos encontramos con un elefante en medio de la carretera que avanzaba en la misma dirección que nosotros. No teníamos tiempo para esperar a que ese animal decidiera apartarse y dejarnos pasar. Así que con un par, nos fuimos acercando poco a poco. Yo esperaba que hiciera lo que hacen el resto de animales, que se echara a la cuneta. Pero no. En lugar de eso, dio media vuelta, agitó las orejas nerviosamente y se lanzó hacia nosotros gritando como un poseso. Todavía no sé como pero metí la marcha atrás y aceleré a fondo. Casi reventamos el motor. El elefante al ver que retrocedíamos paró, y nosotros hicimos lo propio. No le gustó que parasemos, volvió a agitar las orejas y de nuevo se arrancó hacia nosotros. Otra vez marcha atrás a fondo. Pero esta vez ya habíamos aprendido la lección. Cuando el elefante se detuvo, nosotros seguimos marcha atrás para poner una distancia prudencial entre él y nosotros. Cuando al cabo de unos minutos el elefante decidió apartarse de la carretera, ya éramos tres los coches que esperábamos. Dejamos pasar primero a los otros dos coches. Si el elefante todavía estaba nervioso y le daba por envestir, que disfrutasen otros de la experiencia. Nosotros ya nos habíamos divertido suficiente ese día. El elefante se había quedado comiendo en la cuneta. Los otros dos coches pasaron sin más. Ni se los miró. Pero al pasar nosotros, volvió a emitir un rugido e hizo un amago de ir a por nosotros. No le dio tiempo, pasamos lanzados frente a él. El hijo de la gran ……. elefanta, la había cogido con nosotros. A los demás los dejó pasar tranquilamente, pero a nosotros si nos pilla nos da un revolcón. Contado así no parece ni la mitad de acojonante de lo que resulta in situ. Apenas había una veintena de metros entre el animal y nosotros. Y no iba de bromas. Si nos coge nos hace un traje. Después de esa los miramos con más respeto y decidimos guardar las distancias con ellos para evitar nuevos sustos.


- Rinocerontes: más que un animal es un tanque. Menuda bestia. Robusto, enorme. Una auténtica mole. Tiene apariencia de animal prehistórico. Quizás no sea tan grande como un elefante, pero su presencia impresiona casi más que la de un elefante.
El rinoceronte nos llevó de cabeza. Al cabo de tres días, ya habíamos visto todos los animales. Al menos los más significativos. Sólo nos faltaba el rinoceronte. El cuarto día seguimos nuestra rutina habitual, pero nuestro objetivo era ver un rinoceronte. No tuvimos suerte. El quinto y último día salimos del campamento con la esperanza de verlos, pero pasadas las primeras horas, las de menos calor, seguíamos sin haber visto ninguno. A esas alturas ya teníamos asumido que no veríamos ninguno. Y de repente un coche parado en la cuneta. Nos paramos al lado y nos dice que al fondo había rinocerontes. Empezamos a buscarlos como locos. Y allí estaban, al fondo, junto unas cebras y unos ñus. Pero estaban tan lejos que apenas se distinguían. Aquello nos dejó una sensación agridulce. Los habíamos visto, pero como si no lo hubiéramos hecho. Estaban demasiado lejos.


Pasamos el día intentando autoconvencernos de que aquel avistamiento era lo que íbamos buscando. Pero en el fondo seguíamos un poco abatidos. Queríamos verlos bien. Queríamos verlos de cerca. Y por fin la suerte nos sonrió. A menos de 20 kilómetros de Berg-en-Dal, donde teníamos la intención de comer antes de abandonar el parque, un coche nos hizo señas de que un poco más adelante había algo interesante. Le seguía otro coche que se paró y en inglés nos dijo que en la siguiente curva había tres ………... Nos lo repitieron tres veces, y con muchas dificultades nos pareció entender que había tres iguanas. “Ya ves tú, tres iguanas”. Aún así entramos en la curva muy poco a poco. Y los vimos. No eran tres sino dos. Y no eran iguanas, eran rinocerontes. Estaban tumbados en un charco junto a la carretera. ¡¡¡Por fin!!!. Esta vez si. Los teníamos escasamente a un metro. Nos movimos un poco para tener una mejor visibilidad y nos colocamos a unos tres metros. Estábamos solos. No había ningún otro coche. Los acribillamos a fotos. El bicho nos debió ver las ganas y pensó a éstos les voy a hacer un regalo, y se puso de pie. Más fotos. Menos mal que las cámaras son digitales y no llevan carretes. Me hubiera dejado una pasta revelando tantas fotos. Nos había costado. Pero ya podíamos decir con la cabeza bien alta que los habíamos visto a todos.
Pero eso no fue todo. Cuando estábamos a tres ó cuatro kilómetros de la puerta de salida volvimos a ver otro rinoceronte. Sólo pudimos disfrutarlo unos pocos minutos, ya que al poco tiempo quedó ocultó tras unos árboles. Nos había costado encontrarlos. Pero al final los habíamos visto hasta tres veces. O dos y media, ya que el primer avistamiento sólo debería contar como medio.


- Monos: los conoceréis por el culo pelado. Básicamente se pueden ver dos especies, el mono azulado y los babuinos, siendo estos últimos las más comunes. Siempre van en grupo. Con cara de mala leche, sobre todo los machos. Y las hembras con las crías subidas a su espalda o colgadas de su pecho. Lo mejor es que no se acercan a pedir comida. Te miran, pero no se acercan.
Es un animal bastante común en el parque. Resulta sencillo verlos. De hecho es normal verlos varias veces cada día. Pero bueno, solo son monos. Son como animales de segunda categoría.


- Avestruces: los pájaros más grandes que se conocen. Creía que serían muy comunes. Pero no. Sólo las vimos dos veces. Y en ambas ocasiones un poco alejadas. Aunque tampoco las echamos en falta. Si hay un animal de los que viven en el Kruger que no tenía interés en ver era éste. No es que tenga nada en contra de los avestruces. La explicación es mucho más sencilla. Ya lo había visto antes en numerosas ocasiones. Por donde yo vivo hay, o mejor dicho había algunas granjas que criaban avestruces. Como los monos son animales de relleno. Nadie va al Kruger pensando en ver avestruces. Una vez allí, si las ves bien, y si no tampoco pasa nada.


- Aves: si los avestruces no nos interesaban mucho, ya os podéis imaginar lo que pensábamos del resto de pajarracos. A quien le importan unos pájaros pudiendo ver leones. Vamos, que no les prestamos mucha atención. Pero algunos si que vimos. Sobre todo dos, gallinas de guinea y francolines. El primero es una especie de faisán con la cabeza azul y el segundo parece una perdiz. Si los vimos s porque no hacían más que ponerse por en medio. Vaya incordio de animales. Son pájaros que no vuelan mucho, se mueven principalmente por el suelo. Estaban por todas partes. Y además parecían tontos. Era ver un coche y esperar a que estuviera a su lado para cruzar corriendo la carretera. Siempre al límite.


También se ven muchos pajaritos volando. Pero no tengo ni idea de que eran. No les prestamos atención.
Para hacer honor a la verdad, si que hay algunos pájaros que merecen la pena. Para empezar se pueden citar las águilas. Las vimos en tres ocasiones. En la última le fastidiamos la cena a un águila blanca. Estaba en medio de la carretera y al acercarnos salió volando y vimos como se le caía algo. Al llegar al punto donde estaba vimos un monito muerto.
Otro de los pájaros que llaman la atención son las avutardas. De pelaje marrón en las alas y blanco en el pecho. Lo llamativo no es su plumaje, bastante vulgar, sino su tamaño. Es bastante grande. No tanto como un avestruz, pero ya le vale. La vimos en tres ocasiones.
Y por último, el más llamativo, el hornbill. Recuerda a un pavo gigante. Negro con la cabeza de color rojo. Por desgracia los vimos sólo en dos ocasiones. Son muy llamativos. No están mal para ser un pájaro.


- Serpientes: circulando en coche resultan muy difíciles de ver. Al arrastrarse por el suelo, la vegetación las oculta. La única manera de verlas es pillarlas cruzando una carretera. Y así fue como vimos a nuestra única serpiente. En realidad solo la vio mi mujer, cuando me dijo, “mira una serpiente”, el bicho ya se había escurrido por la cuneta. Me dijo que era un bicharraco de color verde y de aproximadamente metro y medio de largo. Metiditos en el coche no dan miedo. Pero si vas caminando y te encuentras un bicho así en medio del camino se te quitan las ganas de volver a salir a pasear por el campo.
- Cocodrilos: los vimos a diario. Siempre dentro del agua. Por lo general sólo se les ven los ojos, por lo que pasan muy inadvertidos. En más de una ocasión estuvimos un par de metros de un cocodrilo, y no lo vimos hasta pasado un buen rato. Lo que nos sorprendió es que salvo uno, el resto no nos parecieron muy grandes. La mayoría sólo daban para un par de botas como mucho. Dudo que también se pudiera sacar el cinturón a juego. De todas formas no me gustaría tener un encuentro privado con uno de esos bichos. Muy grandes no serían, pero cariñosos tampoco lo parecían.


- Lagartos gigantes: los he llamado así porque no tengo ni idea de lo que eran. Desde la cabeza hasta la punta de la cola medían cerca de un metro. Eran algo así como una lagartija gigante.
Ocurre lo mismo que con las serpientes, al arrastrarse por el suelo resultan difíciles de ver. Entre la vegetación pasan inadvertidos. Nosotros los vimos dos veces. Una cruzando tranquilamente un camino de tierra. Al menos esta vez no se me escapó, pude hacerles unas cuantas fotos. La segunda lo vimos de casualidad. Casi lo pisamos. Estábamos en el Sanset Dam. Al retroceder unos metros para ver mejor unos hipopótamos vi por el retrovisor algo que se movía en el suelo. Era el lagarto. Menos mal, porque si retrocedo medio metro más, lo atropello. Estos animales son un poco repelentes. No sé que comen, pero no me fiaría de darles de comer con la mano. Tengo mis dudas sobre si cogerían la comida o si preferían coger la mano. Y no para dar un paseo precisamente.


- Tortugas: vimos tanto tortugas de tierra, como de agua. De las primeras vimos unas cuantas cruzando la carretera. A su ritmo, sin prisas. Son grandecitas, pero sin pasarse. No tienen nada que ver con esos tortugones de los documentales. Las de agua las vimos en dos ocasiones. Bueno es realidad sólo una. Nuestro primer día, al ver nuestro primer hipopótamo tenía una tortuga sobre su lomo. La segunda vez, no vimos la tortuga, pero al revisar las fotos, nos dimos cuenta que sobre una rama que sobresalía del agua, en un lago donde nos habíamos parado, había otra tortuga.


- Escarabajos peloteros: si, ya sé que en una comparación con una manada de leones salen perdiendo por goleada. Que no es el animal en el que todo el mundo piensa cuando viaja a la otra parte del mundo para ver bichos. Si, ya sé que a nadie le interesa lo más mínimo un escarabajo pelotero. Pero a mi me hizo mucha gracia. Y no tanto por el escarabajo, que era grande, pero no tanto como para considerarlo un prodigio de la naturaleza. Sino por la pelota de mierda que empujaba. Era por lo menos dos veces más grande que él. Nunca lo había visto. Quizás por eso me llamó la atención. Los vimos en tres ocasiones, siempre en caminos de tierra, empujando una pelota de excrementos. Si lo pensáis bien, tampoco somos tan diferentes. Ellos hacen una bola de mierda y la empujan. Nosotros sacamos a pasear los perros y recogemos las mierdas que dejan en el suelo. Más o menos,…….


- Chacales: son del tamaño de un zorro, pero con la cola más pequeña. Marrones con el lomo negro. Vimos una pareja junto a la carretera. Al llegar junto a ellos se metieron entre las hierbas y no tardaron en desaparecer. No creo que sean animales fáciles de ver, así que nos damos por satisfechos con haberlos visto una vez.
- Hienas: un animal feo con avaricia. Uno de los bichos más feos que se pueden ver en el Kruger. Y encima con fama de ladronas. Vamos una joya.
Salvo el primer día, el resto de días las vimos a diario. Pero son animales esquivos, que se esconden enseguida. Era acercarnos a ellas y salir corriendo.


Las vimos siete veces. Destacaría tres momentos. El primero fue cuando nos encontramos una cría tumbada en medio de la carretera. No había ningún adulto con ella. Y cuando nos paramos al lado no se movió. Sólo abrió los ojos, nos miró y se quedó allí tumbada. Casi con toda seguridad estaba herida y se había tumbado allí para pasar sus últimos momentos. Nos dio mucha pena. Ver aquellos ojitos tristes que te miraban, rompía el corazón. Pero así es la vida en el Kruger. Unos cazan y otros son cazados.
El segundo momento nos lo ofreció una hiena solitaria a unos cincuenta metros de la carretera. Estaba sentada y se notaba que tenía alguna pieza en el suelo. No se podía ver que era, pero era evidente que estaba comiendo. Agachaba la cabeza y tiraba con fuerza hacia arriba.
El mejor encuentro fue el del último día. A primerísima hora de la mañana nos cruzamos en la carretera con tres hienas adultas. Venían hacia nosotros. Las vimos de lejos, por lo que nos paramos para que no se asustasen. Llegaron tranquilamente hasta nuestra posición, olfatearon el coche y siguieron su camino. Fue la ocasión en la que mejor las vimos. De cerca y con tranquilidad.


- Leones: el rey de la selva. Un animal majestuoso. Especialmente los machos, con esa melena tan característica. Su principal característica es que se pasan el día tumbados.
Los vimos en cuatro ocasiones, aunque se hicieron esperar hasta el tercer día. Luego los vimos a diario, e incluso el último día repetimos. La mejor fue la primera. A la emoción de encontrarlos por primera vez, se le unió el hecho de que estaban tumbados en medio de la carretera. Se trataba de una leona y cuatro cachorros. Parecían peluches. Nos paramos junto a ellos, y no se movían. Posaban para nosotros. Estuvimos un buen rato. Al final tuvimos que pedirles que se apartaran, teníamos que llegar al campamento.


En el segundo encuentro vimos una pequeña manada tumbada en el cauce seco de un río. Fue la única ocasión en la que vimos machos adultos. Había dos, y uno tenía la melena negra. Estaban algo lejos, pero se veían más o menos bien.
La tercera vez vimos dos leonas tumbadas junto a la carretera. Era muy pronto y estábamos solos. Las leonas estaban tumbadas muy cerca de nosotros. Primero separadas por un par de metros de distancia. Después se juntaron y empezaron a lamerse mutuamente. Una de las leonas tenía una herida bastante grande en una mejilla. Sin duda un gran encuentro.
En el cuarto avistamiento vimos a una leona y a una cría subidos en un árbol. Nos sorprendió mucho, ya que nunca habíamos oído que los leones treparan. Por desgracia había muchos coches y la posición que pudimos coger no nos permitió una visibilidad muy buena.


- Guepardos: la verdad es que no se si realmente lo vimos o no. Nos paramos junto a otos coches en la carretera, y como no veíamos nada preguntamos. Desde un coche nos indicaron que tumbados en el suelo había tres guepardos. Y así conseguimos localizarlos. Pero como había una distancia considerable y estaban tumbados en el suelo, no me quedó claro si estábamos viendo guepardos o leopardos. Yo me fío de lo que nos dijo ese buen hombre, y si dijo que eran guepardos, pues es que eran guepardos. Vamos que los vimos pero no los vimos.


- Leopardos: la elegancia personificada. Un animal maravilloso con un pelaje precioso. Una mirada profunda que hechiza. Siempre he sentido debilidad por este animal, y tras la visita al Kruger me gustan todavía más.
Lo vimos en dos ocasiones, tres si contamos la anterior. Pero yo prefiero pensar que son sólo dos y así me apunto los guepardos. La primera vez fue mágica. Fue nuestro primer encuentro con un “gato”. Y sin ninguna duda fue el mejor avistamiento que tuvimos. Y con esto me refiero a todos los avistamientos de cualquier tipo de animal. Nos paramos detrás de un coche. No se veía nada. Amablemente nos dijeron que abajo en la cuneta había un leopardo escondido entre las plantas. Y así fue. No tardó mucho en aparecer. Empezó a caminar junto a la carretera a escasos metros de nosotros. Después cruzó al otro lado paseándose por delante de nosotros. Hasta se sentó en la calzada para que pudiéramos fotografiarlo mejor. Y así estuvimos durante más de media hora. En primera fila. Con el leopardo cruzando la carretera en varias ocasiones. Imposible verlo de más cerca y con tanta claridad. Hicimos unas fotos preciosas. Casi me vuelvo loco de la emoción.


Volvimos a verlo un poco antes de abandonar el parque. Estaba en un cauce seco escondido detrás de una mata. Era imposible verlo si alguien no te decía donde estaba. Y aún así nos costó horrores localizarlo. Por más que nos indicaban donde estaba no conseguíamos verlo. No nos dimos por vencidos y al final lo logramos. En realidad solo se veía una mancha marrón. Podía ser cualquier cosa. Allí estuvimos hasta que el leopardo decidió moverse. Salio de su escondrijo y se dirigió hacia una zona con vegetación más espesa donde desapareció. Pero mientras se alejaba pudimos verlo con claridad. Un leopardo precioso. Fueron solo unos minutos, pero merecieron la espera.


Y ahora os preguntaréis como localizábamos los animales. Hay diferentes sistemas de búsqueda, unos mejores que los otros. Mejor dicho, unos más sofisticados que otros. Pero al fin y al cabo todos son validos. Intentaré hacer una enumeración lo más exhaustiva posible. Perdonar si la terminología utilizada no es muy precisa. Pero los nombres científicos no he podido localizarlos:
- Sistema ojos de búho: consiste en ir circulando a 10 por hora con los ojos abiertos como platos y escudriñando detrás de cada mata, de cada tronco, de cada piedra. Parando cada 100 metros por si os habéis pasado algo por alto. El problema de este método es que se avanza muy despacio y tras todo un día de búsqueda tan solo habréis recorrido unos pocos kilómetros. Además puede tener efectos secundarios, como escozor ocular, lagrimeo o sensación de vista cansada. Los efectos secundarios hacen que este sistema a priori, no resulta muy atractivo.
- Sistema sioux: el nombre ya la dice todo. Hay que imitar a los indios. Descabalgar (en nuestro caso bajar del coche), y pegar la oreja al suelo. Deberíais notar las vibraciones que se propagan por la tierra con las pisadas de los animales o los sonidos que emiten. Puede ser un sistema muy útil. Si lo usaban los indios por algo será. Pero tiene el tremendo inconveniente de que para usarlo en el Kruger ya hay que ser un experto. Uno no puede ir allí a probarlo. Si no te adaptas bien al método, y resulta que no te enteras de nada, el león te pillará con la oreja en el suelo y el culo en pompa. En esa postura lo menos malo que te puede pasar es que te coma. Y como por todo hay letreros que dicen que está prohibido dar de comer a los animales, se corre el grave riego de incumplir esta prohibición.
- Sistema búsqueda de oído: es una variación de lo que por aquí conocemos como aparcar de oído. A grandes rasgos, no se busca con la vista, sino con el oído. Estrictamente habría que ir con los ojos cerrados. Pero como eso puede resultar muy incómodo podéis llevar los ojos abiertos, pero sin preocuparos de los animales. Sabréis que hay uno, cuando oigáis un clonc, o un pum, o un plof. Eso significa que lo habéis localizado. A mí es el sistema que menos me convence. Tiene el inconveniente de que no estáis solos. Hay más coches y si todos utilizan el mismo sistema, podríais llegar a tener algún roce con lo que eso implica de partes amistosos y seguros. Además si localizáis un bicho pequeño no hay problema, pero como encontréis un elefante tal vez vuestro vehículo quede algo perjudicado. De todas maneras si optáis por este método, os aconsejo que contratéis el seguro a todo riesgo. Os puede resultar de mucha utilidad.
- Sistema gorrón: en el parque hay numerosos vehículos que realizan safaris organizados. Tanto los de los morning y los evening drives, como los de los campamentos privados, que se pueden ver durante todo el día. Este sistema consiste en aprovechar la capacidad de búsqueda de los ojeadores de esos vehículos. En cuanto veáis uno os pegáis a a él como una lapa y lo seguís por todas partes. Si se para, vosotros también, si arranca vosotros detrás. Basta que controléis hacia donde miran los de coche para ver lo mismo que ellos. Es un sistema muy eficaz. Pero elegid bien el vehículo a seguir. Algunos guías son muy sensibles y se pueden cabrear con vosotros. No se por qué, pero es así. En ese caso recordar que ellos van armados y vosotros no.
- Sistema tradicional: es el más extendido entre los turistas. Consiste en ir circulando despacio pero sin dormirse. Y en cuanto veáis algo sospechoso os paráis. Esto se combina con las paradas junto a todo vehículo que veáis estacionado a un lado de la carretera. Si está parado es por algo. Mirando hacia donde miran los del otro coche, uno debería ver algo. Pero si no lo veis, preguntad. Todo el mundo os dirá lo que está viendo y donde está. Otra cosa es que entendáis lo que os dicen. En correspondencia cuando seáis vosotros los que estáis parados y alguien se pare junto a vosotros, seguid la costumbre e indicad lo que hay y donde está. Si todo el mundo se ayuda resulta más fácil para todos.


Como os podéis imaginar, nosotros optamos por éste último método. Nos pareció el más adecuado a nuestras capacidades. Lo de parar junto a otros vehículos puede parecer de gorrones. Pero todo el mundo lo hace. De hecho es la manera de sencilla de localizar a ciertos animales. A veces están tan alejados o escondidos detrás de la vegetación, que si alguien no te dice donde están no sería posible localizarlos. Además es como una cadena. Alguien lo ve primero. Se lo comunica a un segundo, que a su vez te lo comunica a ti. Tú le pasas el testigo a otro, y así se forma la cadena. Al final mucha gente se ha podido aprovechar del avistamiento. Además no siempre tienes porque ir de gorra. Alguna vez puedes ser tú el que localice al animal. En ese caso te sentirás doblemente satisfecho.
La pregunta del millón es qué se considera una velocidad adecuada en este sistema. No hay una respuesta única. Todo depende del momento y del lugar. Hay que partir de que los límites de velocidad son de 50 kilómetros hora en las carreteras asfaltadas y de 40 kilómetros en las de tierra. Alcanzar los 50 en las asfaltadas resulta sencillo y si no vas con cuidado te pasas. En cambio en las de tierra si pillas los 40 notas que vas deprisa. El coche traquetea y se mueve mucho. En ambos casos notaréis que vais demasiado deprisa para buscar animales. Para nosotros el indicador de que íbamos demasiado deprisa eran los frenos. Si cuando ves una animal ya te lo has pasado, y no tienes tiempo de frenar; o si tienes que pegar un frenazo; es que vas muy deprisa. La velocidad es correcta cuando ves una animal y tienes tiempo de frenar con antelación para no asustarlo. Y esto se ve condicionado por la zona por la que circuléis. Si es una zona abierta con poca vegetación, os podréis permitir el lujo de ir un poco más deprisa ya que la visibilidad es mayor. En cambio en las zonas con una vegetación más cerrada, hay que circular más despacio ya que los animales no se ven hasta que estás encima.
Hay otras circunstancias ajenas a la búsqueda de animales que pueden influir en el concepto de rápido o despacio. Por ejemplo si se os hace tarde y están a punto de cerrar el campamento donde dormís esa noche, 50 kilómetros os parecerán una velocidad muy baja. Tengo que reconocer que nosotros nos vimos afectados por esta circunstancia un par de veces, y superamos el límite permitido. En el fondo tenemos alma de delincuentes. También puede influir el que sea hora de comer y os encontréis en medio de la nada a mil kilómetros de un campamento. O algo más contundente, como que os persiga un elefante enloquecido. Seguro que en este caso decidís ir algo más deprisa, aunque os perdáis algún bicho.


Otra cosa que hay que tener muy en cuenta a la hora de salir a buscar animales son los horarios. Nosotros estuvimos en el mes de noviembre, un mes con unas temperaturas elevadas durante el día pero algo más frescas por la noche. Eso influye en el comportamiento de los animales, que durante el día reducen su actividad para evitar el calor, volviéndose más activos cuando las temperaturas no son tan elevadas. Eso implica que tanto las primeras horas del día como las últimas son las de mayor actividad. Y por lo tanto los momentos en los que resulte más fácil tener buenos avistamientos. En nuestro caso, en noviembre, los campamentos abren sus puertas a las 4:30 y cierran a las 18:30. Desde la hora de apertura hasta las siete o las ocho de la mañana era cuando mayor número de animales se ven. Después la cosa bajaba y los avistamientos se reducían por lo general a gacelas en todas sus variedades, elefantes, búfalos y herbívoros en general. A partir de las cuatro y media o cinco de la tarde la cosa se volvía a activar. Por eso es importante aprovechar bien las horas de más actividad animal. Mi consejo es que aunque os cueste un poco, os levantéis pronto y salgáis del campamento en cuanto abran la puerta. Y que por la tarde apuréis al máximo y no entréis en el campamento hasta el último momento.


Eso no quiere decir que en las horas intermedias sea imposible tener buenos avistamientos. Para nada. De hecho nosotros tuvimos dos encuentros fantásticos a esas horas. Es más me atrevería a decir que fueron nuestros dos mejores avistamientos, el de un rinoceronte y el de un leopardo. Estuvimos a un par de metros de ambos durante todo el tiempo que quisimos. Pero si hacemos un balance de los avistamientos que tuvimos en las horas centrales frente a los que tuvimos a primera y última hora del día, ganan éstos últimos por mayoría.
En resumen aprovechar bien las primeras y las últimas horas del día, pero no renunciéis a las horas intermedias. Aunque haga calor los animales siguen estando allí, y sigue siendo posible verlos. Pero tampoco os obsesionéis. Una paradita de vez en cuando para comer algo o para descansar en el campamento tampoco os harán daño, y os permitirán volver a la búsqueda con energías renovadas.
Otro tema es si son mejores las carreteras asfaltadas o las de tierra. Desde el punto de vista físico, está claro que las de asfalto son mejores. Mucho mejores. Todos habéis conducido alguna vez por una carretera de tierra y sabéis la diferencia que hay con las de asfalto.
Pero no os preocupéis, las carreteras de tierra del Kruger están en muy buen estado. No hay baches y pedruscos ni nada raro. La circulación por ellas es muy cómoda. Si un caso, hay algunos tramos en los que si circulas un poco rápido el coche vibra. Por rápido me refiero a 40 kilómetros por hora. Se puede circular por ellas con un turismo normal. No hace falta un 4x4 ni nada parecido. De hecho se puede circular tranquilamente por todo el parque con un turismo normal y corriente. Lo de alquilar un 4x4 o un intermedio, tan de modo actualmente, es más que nada porque son un poco más altos, y cuanto más arriba mejor, mayor visibilidad. Y añadiría que al ser vehículos más pesados te dan una mayor estabilidad y te sientes más cómodo y seguro conduciéndolos. Por eso, necesarios no lo son, recomendables, creo que sí.


Desde el punto de vista de los avistamientos, me sigo quedando con las carreteras asfaltadas. Básicamente por dos motivos. El primero es que el asfalto retiene el calor, lo que hace que a primera hora de la mañana o a última de la tarde, algunos animales se acercan a ellas para aprovechar ese calor. Esto permite tener avistamientos increíbles de leones tumbados en el asfalto.
Alguno pensará que este argumento juega en su contra durante las horas de más calor. Y así es, pero con matizaciones. Durante las horas de más calor los animales huyen del asfalto, pero también huyen de las carreteras de tierra, ya que en ellas no tienen sombra donde protegerse. Así que cuando hace calor no hay diferencia entre unas carreteras y las otras.
El segundo argumento, que para mí es el más determinante, es que por las carreteras asfaltadas hay una mayor presencia de vehículos. Hay que tener en cuenta que un buen número de avistamientos se consiguen deteniéndonos junto a un coche que esté parado en la carretera. Por eso si en las carreteras asfaltadas hay más coches circulando, mayores serán las posibilidades de que alguien haya visto algo y nos permita compartir su hallazgo. En las carreteras de tierra esa posibilidad se reduce considerablemente, por lo que dependeréis más de vuestra capacidad observadora, que en nuestro caso es bastante reducida.


De todas formas no renunciéis a las carreteras de tierra. Circular por ellas también tiene su encanto. La tranquilidad que desprenden al circular por ellas muchos menos coches. El no cruzarte con nadie durante muchos kilómetros. Y sobre todo, una mayor sensación de estar en medio de la naturaleza. Por eso es importante saber combinar ambos tipos de carretera. Desde mi punto de vista lo ideal es dedicar las primeras y las últimas horas del día a las carreteras asfaltadas, y las horas intermedias ir combinando ambas. Es la mejor manera de sacarle el mayor provecho al Kruger.
Lo que si es importante es que con independencia del tipo de carretera por la que circuléis, os acerquéis a los lugares donde haya agua. Da igual si son lagos, charcas permanentes o simples charcos. Por lo general, donde hay agua, hay animales. Fijaros que he dicho por lo general. No siempre es así. A veces daréis un rodeo para acercaros a una charca, y no veréis ningún animal. Pero lo normal es que si que veáis algo.
En el mapa del cuadernillo están señalados todos los puntos en los que hay agua. Los lagos están dibujados con una manchita azul. Como en cualquier mapa. Las charcas están señaladas con una W azul. Con éstas últimas hay que tener cuidado. Según la época del año, pueden estar secas. Pero eso es algo que ya veréis sobre la marcha. Si hay muchas secas, pasar de las W azules y limitaros a los laguitos o charcas permanentes.


Aunque al final todo es cuestión de suerte, podéis seguir métodos, buscar las mejores carreteras, planificar rutas. Pero todo eso no servirá de nada si no tenéis suerte. Los animales se mueven y van a su aire. Nadie puede garantizaros que estén en el lugar donde él los vio hace una hora. Para ver un animal sólo hay que llegar al lugar adecuado en el momento adecuado. ¿Y eso como se consigue?. Pues con un poco de suerte. Y cuanto más la busquéis más posibilidades tendréis de encontrarla.
Y sobre todo no desesperéis. Cuando menos os lo esperéis aparecerá lo que andáis buscando. Y si no aparece seguro que veréis otras cosas increíbles. El no ver un animal no es ningún fracaso. Simplemente es la excusa perfecta para volver algún día a buscarlo.
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Etapa: KRUGER - LUGARES  -  Localización:  Sudáfrica Sudáfrica
Fecha creación: 01/02/2013 21:31  
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En el Kruger hay 12 campamentos principales. Nosotros sólo dormimos en dos, en Olifants y en Lower Sabie. Pero nos las apañamos para poder visitar el mayor número posible. En total estuvimos en 10 campamentos:
- Olifants: dormimos dos noches en una cabaña tipo BG3, con baño privado y aire acondicionado. Es un alojamiento sencillo pero correcto, con todo lo necesario para disfrutar de una estancia agradable. El precio fue de R741 por habitación y noche. Si se valora la habitación por si sola, el precio es algo elevado. Pero si se tiene en cuenta el maravilloso lugar en el que se encuentra; el parque Kruger; ese precio es un regalo. Se puede llegar con el coche hasta la puerta de la cabaña. Aunque eso es algo común a todos los campamentos. Nos pareció un lugar muy cuco. Muy agradable. Los campamentos son como islas dentro el parque. Están rodeados por alambradas que creo que están electrificadas. De esto último no estoy seguro. No son lugares salvajes llenos de animales. Pero aun así nos parecieron bastante integrados en el parque. Sin ninguna duda, volvería a alojarme en este campamento.


La primera noche decidimos cenar en el restaurante. A esas horas no tenían servicio de cafetería. Tampoco se podía comer a la carta. Sólo se podía comer una especie de buffet. De primero te podías hacer una ensalada muy básica; y después comer un plato de pollo al horno o de gacela con salsa. De acompañamiento tenían arroz y verduras con bechamel. Se podía repetir si te quedabas con hambre. De postre nos sirvieron un brownie con salsa de vainilla. Y para beber una botella de agua grande. El precio total fue de R365. Bastante caro para lo que comimos y la poca variedad que tenían. Pero no se podía elegir. Era eso o eso.
Y en cuanto a las vistas, tampoco se pueden disfrutar a la hora de la cena. La oscuridad es total y no se ve nada más allá de la valla. Incluso en la terraza en la que cenábamos apenas se veía. La iluminación era muy tenue. Supongo que para no atraer mosquitos. Pero ni por esas. Bichitos había muchos. No sé si eran mosquitos u otra clase insectos, pero resultaban bastante molestos.
El precio y los bichos, nos convencieron de que era mejor cenar en nuestra habitación la segunda noche. Compramos pan de molde, fiambres, y galletas en la tienda del campamento. Nos las zampamos en la habitación. Intentamos cenar en la terracita que había delante, pero los bichos nos invadieron, por lo que rápidamente volvimos al interior de la habitación. La diferencia de precio es abismal.


Todas las habitaciones tienen una barbacoa junto a ellas. Sólo hay que comprar carbón y algo de leña. Ahhh, y carne. Sino vaya barbacoa. Nosotros renunciamos a utilizarlas. No se nos da muy bien eso de encender fuego. Es algo de lo que si que me he arrepentido. Tendríamos que haberlo intentado. Pero bueno, eso ya no tiene remedio. Hay mucha gente que hace barbacoas en todos los campamentos. Aunque no hice uso de ellas, creo que es un buen sistema para cenar bueno, bonito y barato. Eso si, la carne que vimos en las tiendas no tenía muy buena pinta. Parecía que llevaba varios días empaquetada. Aunque quizás solo fuese una sensación provocada porque no le habían echado los colorantes que se usan por aquí para que parezca fresca aunque esté a punto de pudrirse.
He dejado para el final, lo mejor de Olifants; su mirador. Guaaaaaauuuuu. O como dijo un famoso diestro, ”en dos palabras, Im-presionante”. Nos acercamos a primerísima hora de la mañana, y también por la tarde para aprovechar los últimos instantes de luz. Y en ambos momentos las vistas son preciosas. Es una gozada apoyarse en la barandilla y disfrutar del espectáculo. El río Olifants pasa justo por debajo, trazando una curva preciosa. No vimos animales desde el mirador, y aunque los hubiéramos visto tampoco hubiera servido de mucho, hubieran estado demasiado lejos. Pero el paisaje y las vistas que se tienen desde ese lugar quitan el hipo. Tanto si dormís en este campamento, como si no lo hacéis, tenéis que acercaros hasta el mirador para echar un vistazo. No os arrepentiréis.


- Letaba: desayunamos en este campamento nuestro segundo día en el Kruger. Los desayunos se realizan en la cafetería, que en la mayoría de los campamentos es lo mismo que el restaurante. La carta no es muy amplia, básicamente sándwiches y platos combinados a base de huevos, salchichas, bacon, cebolla, tomate y tostadas. Alimentos muy comunes, que no suponen un problema para los delicados paladares europeos. Lo único un poco diferente es el bacon, que no es tan fino y como el que comemos por aquí. Dudo mucho que sea de cerdo, pero da el pego. En este primer desayuno nos gastamos R63. Un chollo.
Nuestra rutina era salir a primera hora de la mañana. Pararnos a desayunar en un campamento entre los 8 ó las 9. Seguir circulando hasta la 1 ó las 2, cuando nos parábamos a comer en otro campamento. Y de nuevo a la carretera hasta las 18:30, hora de cierre de los campamentos.


Lo de parar a desayunar o a comer en un campamento es todo un lujazo. Algunos no tienen mucho encanto, pero en otros hay unos miradores preciosos desde los que se disfruta de unas panorámicas espectaculares. Merece la pena parar en los campamentos que cuentan con mirador aunque sólo sea para echar un vistazo. Además cuando se pasa todo el día en el coche, se agradece poder estirar las piernas un ratito. Y para eso no hay mejor lugar que los campamentos, donde uno se encuentra a salvo, y no tiene que estar mirando continuamente alrededor por si aparece algún bicho peligroso.
Pues en Letaba tienen un bonito mirador sobre un río. De esos que te hipnotizan, que te atrapan. Por desgracia no pudimos ver ningún animal desde el mirador. Eso ya hubiera elevado el momento a la categoría de perfecto. Aún así se quedó muy cerca.
Al no pernoctar aquí no pasamos a la zona donde están las cabañas, por lo que no tengo referencias de esa zona. De todas formas el campamento nos pareció muy apañado. Creo que no hubiera estado mal pasar una noche aquí.
En este campamento hay un pequeño museo dedicado a los elefantes. Hay un esqueleto, y las cabezas con los colmillos de algunos de los ejemplares de mayor tamaño que vivieron en el parque. Y es gratuito.


- Mopani: aquí comimos el segundo día. Las comidas también suelen hacerse en las cafeterías. Nos dieron la misma carta, con los mismos sándwiches. Pero en lugar de desayunos hay que pedir platos principales. La carta sigue siendo corta, unos pocos platos de carne y fish and chips. Los paladares exigentes no quedarán muy satisfechas. El resto satisfarán una de sus necesidades primarias; comer. Y alguno hasta disfrutará de la comida. Pero lo que nadie podrá negar es que comer en un lugar así es una maravilla. En medio de la sabana, con unas vistas preciosas, y con un poco de suerte respirando paz, sobre todo en los campamentos que hay más la norte. Por cierto la comida nos costó R108. Un plato para cada uno y una botella de agua grande. No comimos ningún manjar exquisito, pero por ese precio que más se puede pedir. Y las raciones son correctas.
El campamento es chiquitín. Y al igual que Letaba, cuenta con un mirador precioso. Uno de los más bonitos que vimos. Se trata de un balcón elevado sobre un río, de manera que se disfruta de una buena panorámica a ambos lados. Aquí si que vimos un elefante en la lejanía, así como varios waterbucks. Estaban muy lejos, pero le daban mucho encanto al lugar. Parecía una postal.


- Satara: nuestro lugar de desayuno el tercer día de safari. La carta es la misma en todos los campamentos. Así que no hay que preocuparse por este tema. Vayáis al campamento que vayáis comeréis lo mismo. En este caso el desayuno nos costó R95.
Satara no cuenta con mirador, ni con vistas ni nada parecido. Eso le resta algo de encanto. Para compensarlo pudimos ver una buena concentración de ñus, cebras y gacelas junto a la puerta de entrada. Una cosa por la otra.


- Orpen: aquí teníamos que comer el tercer día. Pero no había ni restaurante ni cafetería. Tan sólo una pequeña tienda sin mucha variedad. Compramos unas crakers, queso y algo de fiambre. Nos lo comimos sentados en un banco bajo una sombrilla.
Y encima no hay mirador, ni vistas, ni paisajes. Por no haber no había ni animales en los alrededores. Un auténtico fiasco atribuible al organizador de la etapa, que ese día era yo. En el cuadernillo hay un mapa de cada uno de los campamentos, con los servicios que ofrece. Tendría que haber mirado si en Orpen había cafetería, pero no lo hice. Y así nos fue.
Se trata de un campamento que por lo que vimos hay que evitar. El hecho de que no tenga cafetería ni restaurante es un handicap muy importante. Sobre todo de noche, porque si no traéis provisiones, con lo poco que se puede conseguir en la tienda del campamento, la cena no pasará de muy pobre.
- Lower Sabie: en este campamento pasamos las otras dos noches que dormimos en el Kruger. Reservamos una cabaña tipo BG2 y el precio fue de R812,25 por habitación y noche. Más caro que en Olifants, y con menos encanto. Nos gustó mucho más la cabaña de Olifants. La de Lower Sabie era una cabaña de planta cuadrada. También con aire acondicionado y con baño privado. El interior era similar, pero por fuera resultaba más vulgar.


Lo que si que es igual de espectacular es el mirador sobre el río Lower Sabie. Ya que dormíamos allí, aprovechamos para verlo a primera hora de la mañana, y a última hora con las últimas luces del día. Es indescriptible la sensación de ver como se acaba el día recostado sobre la barandilla o sentado en un banco. Es un lujo que no tiene precio. Sin ninguna duda, los dos miradores más espectaculares del parque son el de Olifants y el de Lower Sabie.
Como a las 18:30 cerraban las puertas del campamento, no quedaba más remedio que cenar allí dentro. Al tratarse de un campamento más grande, por la noche se podía elegir entre restaurante y cafetería. En el restaurante el precio era fijo, de unos R140 ó R150 por persona. Y me pareció ver que era algo parecido a lo de Olifants; un buffet, con poca variedad. Nosotros optamos por la cafetería. El primer día cenamos una hamburguesa bastante grande con todo tipo de complementos y unas pechugas de pollo empanadas. Y para beber una botella de agua grande. Nos cobraron R125. Desde la terraza en la que están las mesas se disfruta de una panorámica espectacular. Por desgracia, por la noche la oscuridad es tan cerrada que no se ve nada. Nos sorprendió ver un par de personas con unas linternas muy potentes, que buscaban animales iluminando los alrededores del campamento con las linternas. No vieron nada. Al menos mientras nosotros estuvimos allí.


La segunda noche, decidimos cenar en la habitación. Compramos cuatro cosas, más otras cuatro que nos quedaban de días anteriores, y nos dimos todo un festín. Además esta vez si que pudimos cenar en la terracita de la habitación. Había muchos menos bichos, por lo que no resultaron muy molestos.


- Skukuza: es el campamento más grande del parque. Y os garantizo que se nota. Resulta un tanto lioso. Para compensar tiene una ubicación perfecta. Permite acceder tanto a la zona sur del parque como a la zona media. Y además es el campamento que cuenta con más servicios. A pesar de eso, no recomiendo quedarse a dormirse en él. Al ser tan grande resulta muy impersonal. Hay mucha más gente que en el resto de campamentos y eso le resta encanto. La sensación de estar en un espacio natural queda muy diluida.
En Skukuza desayunamos nuestro cuarto día en el Kruger. La carta es la misma que en los otros campamentos, pero nos pasamos pidiendo. Comimos un poco más de lo recomendable. Nos costó R136. Algo caro para ser un desayuno. Pero la verdad es que nos dimos un atracón.
Lo que no sabíamos es que también tiene mirador sobre un río. Nos sorprendió muy gratamente. Hacia la izquierda las vistas no estaban nada mal. Hacia la derecha quedaban un tanto desmejoradas por un puente metálico que cruzaba el rió. Pero aún así merece la pena echarle una ojeada.


- Pretoriuskop: en este campamento realizamos la comida de nuestro cuarto día en el parque. De nuevo en la cafetería del campamento. Con la misma carta. Acabamos comiendo más o menos lo de siempre. Nos cobraron R142.
Por desgracia en este campamento no hay ningún mirador. Así que nos quedamos sin paisajes espectaculares. En cambio según dicen, tiene la mejor piscina de todo el parque. Pero como sólo está disponible para los residentes en el campamento no llegué a verla.
- Crocodile Bridge: aquí realizamos nuestro último desayuno. Tras el exceso del día anterior, volvimos a pedir con sentido común. El precio bajó a R105.
Se nota que es un campamento pequeño. A pesar de ello resulta un tanto desangelado. Y por si eso no bastase, tampoco tiene mirador ni vistas ni na de na. En resumen, es uno de los campamentos que menos nos gustaron.
- Berg-en-Dal: nuestra última comida. Un plato de carne, una pizza, un agua y un sprite. R125. Más de lo mismo. Al cabo de los días se hace un tanto repetitiva. Es un pequeño precio por disfrutar de una maravilla como el Kruger.
El campamento nos pareció bonito. Tanto la entrada a través de un paseo arbolado, como la zona del restaurante. Todo muy agradable.
Pero lo mejor es su mirador. Nos encantó. Está justo encima de un lago, el Berg-en-Dal Dam. El lugar tiene mucho encanto. Y sobre todo muchos hipopótamos. El conjunto resulta excepcional. Se merece una visita. Además los hipopótamos nos despidieron con una serenata de gruñidos. Y sólo por 12 euros. Si eso no es un regalo, ya me diréis lo que es.


La entrada al parque. O como ellos lo llaman, las tasas de conservación, son de R204 por persona y día. Al hacer la reserva del alojamiento en la página de Sanparks, os preguntará si queréis pagar el importe de las tasas de conservación en ese momento. Si respondéis que si, os lo sumará al precio de la reserva y cuando vayáis al Kruger, no tendréis que volver a pagarlas. Por el contrario, si respondéis que no, tendréis que pagarlas una vez allí. Este importe no se paga al entrar en el parque, sino que hay que abonarlo en cada uno de los campamentos en los que se pernocta.
Los titulares de la tarjeta Wildcard, no tienen que pagar las tasas de conservación. La pregunta que se hace todo el mudo es si compensa comprar la tarjeta. Eso dependerá en cada caso. Antes de comprarla hay que tener claro que se va a visitar, comprobar los precios de esos lugares, y si quedan cubiertos por la Wildcard. Después es tan sencillo como sumar.
A nosotros la Wildcard par dos personas nos costó R2.195. Creo que a partir de noviembre el precio subió un poco. Si multiplicamos el precio de la entrada diaria, R204, por cinco días por dos personas, el coste total sin Wildcar hubiera sido de R2.040. Por lo tanto si sólo se vista el Kruger, para que la Wildcar resulte rentable, hay que estar un mínimo de 6 días. Para estancias menores, sale más barato pagar las tasas de conservación.
Lo que pasa es que cuando se viaja a Sudáfrica, casi con toda seguridad se visitaran más parques gestionados por Sanparks. Y como la Wildcard sirve para todos ellos, el coste de la entrada a los mismos también hay que tenerla en cuenta. Por eso en nuestro caso, y a pesar de estar sólo cinco días en el Kruger, la Wildcard nos salió rentable.
Sin la tarjeta tendríamos que haber pagado:
- 5 días en el Kruger: R2.040 (R204 por persona y día).
- Cape of Good Hope: R180 R (R90 por persona)
- Boulders: R90 (R45 por persona)
- Telesférico de la Table Mountain: descuento de R82 (R41 por persona)
- 4 días en el Wilderness Nacional Park: R768 (R96 por persona y día)
En total R3.160, lo que supone un ahorro de casi R1.000 o lo que es lo mismo, unos 100 euros.
Y no sumo las entradas a Stormss River, a Natural Valley, ni a Agulhas Nacional Park. En todos enseñamos la tarjeta, pero no la llegaron a coger. No sé si porque no era necesaria, o porque se conformaban con verla. Si no hubieran sido R552 más.
En teoría, en los campamentos en los que te alojas te tienen que dar un ticket que justifica que se han pagado las tasas de conservación. Ese ticket hay que presentarlo a la salida. En Olifants no nos lo dieron. En cambio en Lower Sabie sí. Y nos bastó. De todas formas, si no os dan el ticket, o si lo perdéis, tampoco pasa nada. Pero antes de dejaros salir tendrán que comprobar con el campamento que habéis pagado las tasas. En el peor de los casos os harán pagar de nuevo las tasas, y en el mejor os harán perder algo de tiempo mientras hacen la comprobación. Nada muy grave. Pero si uno puede evitarse problemas con algo tan sencillo como pedir el ticket, pues mejor.
Está claro que el principal argumento del Kruger son los animales. Sin ellos el Kruger no sería el Kruger. Y ninguno de nosotros se metería una paliza de avión para ir hasta ese lugar. Pero que sean su principal atractivo no quiere decir que sea el único.
Al margen de los animales, el Kruger es un espectáculo en si mismo. Es naturaleza pura. Sólo con circular por sus caminos y carreteras se disfruta de un lugar mágico. Y cuando el camino está trazado junto al cauce de un río, se pueden conseguir momentos memorables, incluso sin la compañía de animales. Ver un cauce seco que se hunde junto a la carretera, con árboles y arbustos por todas partes, puede satisfacer las exigencias del más pintado. Y si se acompaña de una manada de elefantes recorriendo el lecho del río, devorando cualquier cosa verde que les ponga por delante, puede llegar a la categoría de sublime. Pero lo mejor es que se trata de una imagen que veréis no una ni dos veces, sino muchas veces a lo largo de vuestra estancia.
En el sur, el parque es más verde, más frondoso. Hay más árboles, más arbustos, más de todo. El norte, aunque quizás debería decir la zona intermedia, ya que no llegué al verdadero norte, es más árida, más seca, y por lo tanto más despejada. Pero no por eso es menos interesante. Sigue conservando una bellaza salvaje.
Esto influye en la fauna que se puede encontrar. El norte tiene una menor concentración de animales. No es que no los haya o que resulte difícil verlos. Para nada. Pero hay menos que en el sur. Por eso si se dispone de pocos días es mejor dedicarlos a la zona sur. Si se dispone de más tiempo, llegar un poco más al norte puede ser una buena idea. Nosotros estuvimos cinco días y llegamos hasta Mopani. Recorrimos muchos kilómetros, tal vez demasiados. Cuando estaba en el parque, en mi último día de recorrido, pensaba que no debería haber subido tan arriba. Que había sido una equivocación. Ahora, con la perspectiva que da el paso del tiempo, creo que fue un acierto. Eso me permitió ver un Kruger diferente. Aunque en aquel momento no me lo pareciera. Si algún día vuelvo, repetiré el recorrido. Y si dispongo de más tiempo, intentaré llegar a Punda María para ver el auténtico norte.
Pero sin olvidar el verdadero motivo del viaje, ver animales. Hay que ver la zona norte, pero dando un mayor peso a la zona sur. En concreto a toda la zona que queda al sur de Olifants.
Pero a lo que íbamos. en el Kruger se puede disfrutar del paisaje tanto como de los animales. Para ello no hay nada mejor que acercarse a los miradores que hay distribuidos por todo el parque. También merece la pena acercarse a los lagos permanentes, ya que suelen ofrecer bonitas estampas. A continuación os dejo una lista de los lugares en los que nos paramos:
- Nyamundwa Dam: lago permanente, al que se llega por un pequeño desvío desde la S1. Es bonito, ya que tiene un buen tamaño, y se encuentra en una zona bastante arbolada. Aun así hay lagos más bonitos, pero fue especial para nosotros, ya que fue el primero que visitamos. Además aquí vimos a nuestros primeros búfalos tumbados en la orilla.


- N’watwitshaka: no es más que una pequeña charca a la que se llega por la carretera de tierra S65. Bien pensado no tiene nada de especial. Paisajísticamente no aporta nada diferente. Pero para nosotros si que se convirtió en un lugar especial, ya que fue el lugar donde vimos nuestro primer hipopótamo. Además no muy lejos de allí avistamos nuestro primer elefante, que en realidad fue una manada. Un avistamiento espectacular nada más entrar en el parque.


- Tshokwane: es una zona de picnic a medio camino entre Lower Sabie o Skukuza y Satara; en el cruce entre las carreteras asfaltadas H1-2, H1-3 y H10. Hay una tienda, baños y zona de barbacoa. En la parte trasera se disfrutan de vistas sobre un río. Pero no son nada del otro mundo. Es un lugar a tener en cuenta, más que por su valor paisajístico, por su situación estratégica.
- Mathizi Dam: un lago muy parecido al Nyamundwa Dam, pero un poco más pequeño y con menos árboles a su alrededor. Lo mejor es que está junto a la carretera H1-3, por lo que no hay que desviarse para verlo.


- N’waswitsontso Loop: es un pequeño camino de tierra de tan sólo 4 kilómetros junto a la carretera H1-3. Corre paralelo a un cauce seco. Y la vegetación es muy abundante. Paisajíticamente es un tramo muy bonito. Sólo por ver la carretera merece la pena recorrerlo. Pero además, nosotros vimos bastantes elefantes y jirafas. Nos gustó mucho este tramo.


- Southernmost Baobab: el nombre es de lo más explicito. Es el baobab que hay más al sur del parque. Es un árbol inmenso. Grueso, muy grueso. No es un animal, pero como si lo fuera. Quedan tan pocos, al menos en el Kruger, que no se puede desperdiciar la oportunidad de ver una maravilla como ésta. Desde mi punto de vista es un lugar de visita obligado Se llega por un corta carretera de tierra de un kilómetro que sale de la H1-3.


- Nkaya Pan: otro lago permanente, pero que por su tamaño más parece una charca. Es bastante pequeño, y no resulta muy interesante, al margen de los animales que se puedan ver allí. Para llegar hay que coger un corto desvió en la carretera H1-3.


- Ngotso Dam: se trata de un lago permanente no demasiado grande pegado a la carretera. Es un lugar bonito. Pero lo mejor es que está ahí al lado, no hay que desviarse para verlo. Nosotros lo disfrutamos viendo beber a un elefante en la orilla. Seguro que en algún momento pasáis por al lado, así que no hay excusa para no hacer una parada rápida.
- Olifants Lookout: es un mirador a unos 4 kilómetros del campamento del mismo nombre, al que se accede por una carretera de tierra. Se encuentra en lo alto de un promontorio, y las vistas que se tienen desde allí son fantásticas. Una amplia llanura que se extiende hasta donde alcanza la vista, partida en dos por el cauce de un río. Todo verde. Y para completar la estampa un grupo de hipopótamos en el agua. Es un lugar precioso. Estuvimos allí arriba nosotros solos. Sin ver a nadie, sin ver ningún coche. Sin oír ningún ruido. Simplemente disfrutando del paisaje. Son momentos que también se quedan grabados en la retina, que no se olvidan fácilmente.


En estos miradores se puede salir del coche. Aunque como dicen los letreros “at own your risk”. Traducido, por tu cuenta y riesgo. Desde luego, esos letreritos no tranquilizan mucho. Nosotros lo entendimos como; “si quieres salir del coche, sal, pero allá tú. Si hay algún bicho por aquí, que seguro que lo hay, no queremos saber nada. Sal del coche, sal, que te estás jugando la vida”. Aún así salimos. Nada nos mordió. Ni tan siquiera se acercaron. Por lo visto no somos tan apetitosos como nos creíamos.


- Von Wielligh’s Baobab: otro baobab que se puede ver junto a la carretera de tierra S93. No es tan grueso ni tan espectacular como el Southernmost Baobab. Pero aún así merece mucho la pena verlo. Son unos árboles increíbles.


- Longwe Lookout: otro mirador espectacular. En este caso sobre el río Letaba. Al mirador se llega por la carretera de tierra S62. Las vistas son increíbles. Bajo el mirador corre el rió Letaba, que traza varias curvas antes de perderse en el horizonte, y más allá el parque parece no tener fin. Mires hacia donde mires, sólo se ve una llanura verde interminable. Estuvimos solos disfrutando de esa maravilla. Y menos mal que fue así. Que hubiera venido otro coche nos hubiera dado igual. Pero también podría haber aparecido un elefante o algo peor y eso estando fuera del coche no nos hubiera hecho tanta gracia. Lo de que te dejen salir del coche en los miradores para disfrutar mejor del paisaje, está muy bien. Pero no deja de ser un poco raro. No creo que nadie les haya enseñado a los animales que allí no hay que ir. Que allí hay gente andando. Cosa mala.


- Twisappel: otro lago, como muchos otros que se ven desde la carretera, en este caso desde la H1-6. Se ve pasando por al lado y poco más.
- Malopenyana: está en el cruce entre la H1-6 y la H15 (sin asfaltar). No llega ni a charca. Se queda en charco. Y además está en una zona medio pelada. El sitio es bastante vulgar. Lo mejor fue que vimos una escena coral de elefantes, facóceros y cebras. Todo el mundo esperando a que los señores elefantes terminaran de beber y de refrescarse, para poder acercarse al agua. Las cebras me recordaron a un esclavo sediento bajo un sol abrasador, que mira como su amo bebe agua, y con lo que le sobra se refresca tirándosela por la cabeza.


- Shipandani Overnight Hide: es un observatorio, en el que si se solicita con antelación, se puede pasar la noche. Concretando un poco más, es una cabaña de madera rodeada de una valla, con vistas a un río. No son unas vistas espectaculares, ya que se está a la altura del rió a muy pocos metros de éste. Aún así el lugar tiene su encanto. es un buen lugar para relajarse un ratito mirando a los hipopótamos y con un poco de suerte quizás se pueda ver algo más. De todas formas lo de dormir allí, yo me lo pensaría dos veces. Está bien que haya una vaya de madera. Pero si a un elefante le da por mirar que hay detrás de la valla, no le aguanta ni el primer empujón. Creo que merece la pena acercarse y echar un vistazo, pero lo de quedarse a dormir, mejor dejarlo para otro día. Por cierto está justo al lado de Mopani.

- Pioneer Dam: lo vimos desde el Pioneer Hide, también muy cercano a Mopani. Es un lago bastante grande, de los más grandes que vimos. Es bonito, sí. Pero le falta algo. Y además, no vimos ni un solo animal. Tal vez por eso nos supo a poco. Como está tan cerca de Mopani y del Shipandi Overnight Hide, acercaros os robará poco tiempo. Por eso lo apunto entre los sitios que hay que visitar.


- Sable Dam: se puede ver desde el Sable Overnight Hide que está en la S51. Otro escondite de madera, desde el que mirar tranquilamente lo que pasa en el lago. El problema es que en este lago no pasaba nada. Una lastima, porque el sitio era bonito, con unos cuantos troncos secos, que se mantenían de pie dentro del agua. Un buen lugar para estirar las piernas mientras se disfruta de un poco de tranquilidad y un bonito paisaje.
- N’wanetsi: mirador en la confluencia de las carreteras H6 y S41. uno de los miradores más bonitos del parque. Intentad que vuestra ruta pase por aquí. No os arrepentiréis. Desde la posición elevada del mirador se disfruta de un paisaje encantador. Al fondo, formando un valle discurre un pequeño curso de agua. La hondonada se abre hacia la sabana que se aleja hasta el infinito. El conjunto es precioso. Uno de esos sitios que queda eclipsado por la llamada animal, pero que en cualquier otro lugar aparecería como una atracción turística de primer orden. De las que aparecerían entre las indispensables. En serio, pasaros por este mirador, merece la pena.


- Nsemani Dam: junto a la H7. Por su forma alargada, más que un lago parece un rió. No es para caerse de culo, pero es un lugar agradable. El cauce traza una curva, con orillas arenosas y árboles junto al agua.


- Sunset Dam: está pegado a la carretera H4-1, muy cerca de Lower Sabie. Todo un clásico. Lo tiene todo, un paisaje precioso y animales. Muchos animales. En este lago siempre pasa algo. Es bastante grande lo que permite ver diferentes escenas al mismo tiempo. Nosotros vimos, un grupo de hipopótamos dándose un chapuzón. Un cocodrilo acechando a unas cebras que estaban bebiendo en la orilla. Un lagarto enorme. Otro cocodrilo que parecía que nos vigilase a nosotros. No lo dudéis, es de lo mejorcito que se puede ver en el Kruger. Y su situación lo hace muy accesible. Obligado hacer una parada en este lugar.


- Puente sobre el río Sabie en la H12: las vistas sobre el río desde el puente son brutales. Es inevitable pararse. Por mucho que quieras, el lugar es tan bonito que no puedes evitar pararte. Y da igual que mires a derecha o a izquierda. Los dos lados son igual de bonitos.


- Stevenson Hamilton Memorial: otro mirador espectacular en la S22. Como todos a los que fuimos. Está en lo alto de una colina. Donde se aparca el coche las vistas son muy buenas. Pero lo mejor está unos cuantos metros más allá. Hay que subir andando un poco más y pasar al otro lado de la colina junto a unas rocas enormes. Las vistas hacia ese otro lado son geniales. Estos lugares son los que mejor permiten hacerse una idea de la inmensidad del Kruger. Por muy lejos que intentes mirar, nunca ves el final. Por cierto en este mirador vimos cagadas de elefante. Seré más preciso. No vimos cagadas desde el mirador. Eso no sería noticia. Vimos cagadas en el mirador, justo al lado de donde estaba aparcado el coche. Para que luego digan que eso de salir del coche en los miradores es lo más seguro del mundo. Por si acaso, en este mirador nos dimos prisa, no fuera a ser que al elefante se le hubiera olvidado algo y tuviera que volver a buscarlo. Un así, no os lo paséis por alto. Se merece una parada.


- Transport Dam: un lago permanente al que se llega tras tomar un desvió de dos 2 kilómetros desde la H1-1. Un lago más. Es de esos sitios que el primer día te llaman mucho la atención, pero que al cabo de varios días, cuando ya has visto varios lugares parecidos, no resulta tan interesante.


- Shithave Dam: un nuevo lago a muy poca distancia de la H1-1. Este rincón nos pareció encantador. El terreno junto al lago es más abierto, y la carretera está unos metros por encima del nivel del lago. Eso hace que se abarque un trozo de terreno más amplio de lo que suele ser habitual junto a los lagos. Además junto a la orilla hay unas rocas que le dan un aspecto diferente. Pero además en nuestro caso le añadimos que en la orilla más cercana a nosotros había varios waterbucks, y tres hipopótamos tumbados en la orilla, más fuera que dentro del agua. En conjunto, resultaba una imagen de postal. Sin duda uno de los lagos más bonitos que vimos.


- Lake Panic Hide: otro escondite de madera. Se encuentra junto a Skukuza. Es el escondite que más nos gustó, y con diferencia. No os equivoquéis, no fue por la caseta de madera. En eso no vimos mucha diferencia. Fue por las vistas que se tienen desde su interior. Pegado al escondite pasa un río. Hacia un lado, por el efecto del sol, el agua era de un azul intenso. Hacia el otro, los árboles que se volcaban literalmente hacia el agua, le daban un tono verdoso. Y por allí en medio, como quien no quiere la cosa, unos pájaros parecidos a las cigüeñas daban de comer a un polluelo en un nido, un par de hipopótamos dentro del agua, y una tortuga negra. De verdad que el sitio es precioso. Incorporadlo a vuestra ruta o me enfadaré.


- Hippo Pool: un mirador muy, pero que muy bonito sobre el Crocodile River. A diferencia de los otros miradores, éste se encuentra casi a nivel del río. Pero los pocos metros de elevación son suficientes para disfrutar de una panorámica espectacular. El río llevaba poca agua, por lo que dejaba al descubierto bancos de arena en los que crecían matas, formando una peculiar combinación del azul del agua, el verde de las plantas, el gris de las rocas y el marrón claro de la arena. Además para rematar la jugada, en ese punto había un guarda del parque. Cuando llegamos no había nadie más, y nos propuso dar un pequeño paseo por las rocas para ver un poco mejor el lugar. A la vista de que el tipo iba armado aceptamos su sugerencia y le seguimos un pequeño tramo. Desde el punto al que fuimos pudimos ver un cocodrilo fuera del agua, a no demasiada distancia. Ese puntito de aventura fue lo que le faltaba al lugar para pasar a ser uno de nuestros sitios favoritos del Kruger. No os lo perdáis.


El orden en que aparecen estos sitios no significa nada. No van de mejor a peor ni viceversa. Simplemente los he ido enumerando en el orden en el que nosotros los visitamos. Por alguno pasamos dos veces. Pero creo que no es necesario reiterar lo ya dicho.
Hay muchos más miradores y lagos. Yo sólo he citado los que visitamos nosotros. Y no todos, ya que de alguno no tengo recuerdo. Pero si no me acuerdo por algo será. Si pasáis cerca de un mirador, pararos y disfrutar de las vistas. Aunque eso suponga dar un pequeño rodeo. Olvidaros por un momento de los animales, relajaos y disfrutar del lugar. El paisaje también merece nuestra atención.
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  Últimos comentarios al diario  15 DIAS DE NOVIEMBRE DE 2012 POR SUDAFRICA
Total comentarios 20  Visualizar todos los comentarios

Isla74  Isla74  18/08/2015 11:13   
Comentario sobre la etapa: KRUGER - ANIMALES
Muchas gracias por compartir este fantástico viaje y las preciosas fotos!! yyyy Gracias por las risas Sonriente
Te leí cuando comencé a preparar el viaje, te releo por encima ahora a dos semanas de la partida!!!.... cuantas ganas!!!
Te estrello merecidamente!!
Un saludo

Globaltrote  globaltrote  17/09/2015 09:08   
Gracias por recoger tanta información en tu diario.
Me ha servido de gran ayuda para planificar mi viaje por la zona.

Saludos.

Abdelkrim  Abdelkrim  12/10/2015 20:23   
Comentario sobre la etapa: KRUGER - ANIMALES
Ese gran lagarto que viste era un varano; existen variedades de ellos en muchas regiones tropicales y son unos bichos muy interesantes, el famoso dragón de Komodo es el más grande de toda la familia.
Felicidades por el reportaje, tus fotos son magníficas.

Amazona79  Amazona79  29/01/2019 18:41
Que bueno tu diario! Lo que me he reído! Gracias! Tomo nota!

Anades  Anades  20/10/2019 09:19
Comentario sobre la etapa: GARDEN ROUTE
Me ha encantado tu diario. Muchas gracias por compartir tu experiencia de una manera tan divertida. Estoy preparando mi próximo viaje, en enero, a Sudáfrica y me está siendo de gran ayuda.
Lo dicho, muchas gracias.

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redok
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Fecha: Mie Oct 16, 2019 03:43 pm    Título: Re: Viajar a Sudáfrica

pemalo1 Escribio:
pichi-puchi Escribio:
Qué suerte @Pemalo1 !
Me alegro mucho que lo estéis disfrutando y encima los avistamientos hayan sido prolíficos Aplauso

Puedo decir sin miedo a equivocarme que este viaje lo considero como uno de los mejores que he realizado, no soy de ponerles nota ya que todos tienen su encanto, pero este me ha sorprendido muchísimo, no esperaba tanto.
Ya de camino a casa, en estos momentos haciendo escala en Ámsterdam

Supongo que ya en casa, o casi.
Enhorabuena por el viaje. Ahora queda saborearlo Muy feliz
dani24483
Dani24483
Silver Traveller
Silver Traveller
Ago 16, 2015
Mensajes: 24

Fecha: Dom Oct 20, 2019 04:01 pm    Título: Re: Viajar a Sudáfrica

Buenas Foreros!!.
Parque Kruger o Parque Hluhluwe Imfolozi?.
Alguien ha estado en el Imfolozi?.
Puede darme información.
Gracias!!!
carcaro
Carcaro
Willy Fog
Willy Fog
Jun 21, 2009
Mensajes: 12071

Fecha: Dom Oct 20, 2019 09:47 pm    Título: Re: Viajar a Sudáfrica

dani24483 Escribio:
Buenas Foreros!!.
Parque Kruger o Parque Hluhluwe Imfolozi?.
Alguien ha estado en el Imfolozi?.
Puede darme información.
Gracias!!!

Kruger, por supuesto. No se puede comparar nada de Sudáfrica con Kruger.
Salu2
mundoenfamilia
Mundoenfamilia
Travel Addict
Travel Addict
Nov 01, 2017
Mensajes: 59

Fecha: Mie Oct 23, 2019 02:09 pm    Título: Re: Viajar a Sudáfrica

dani24483 Escribio:
Buenas Foreros!!.
Parque Kruger o Parque Hluhluwe Imfolozi?.
Alguien ha estado en el Imfolozi?.
Puede darme información.
Gracias!!!

Hola Dani,

Sin duda Kruger, pero nosotros también estuvimos en Hluhluwe-Imfolozi y nos gustó mucho. Lo vimos de pasada en un día que íbamos de St. Lucia a Pongola y fuimos muy temprano por la mañana para tener suficiente tiempo.
Fue el primer gran parque que vimos, antes de Hlane y de Kruger, y nos encantó. Imagino que si hubiéramos visto primero Kruger las sensaciones hubieran sido distintas.

Saludos,
ANGEMI
ANGEMI
Moderador de Zona
Moderador de Zona
Ago 09, 2009
Mensajes: 12527

Fecha: Jue Oct 31, 2019 02:17 pm    Título: "Bheki the Mbhaco Maker" gana tres premios en ART&TUR

Información recibida de la Oficina de Turismo de Sudáfrica:

La película sudafricana "Bheki the Mbhaco Maker" gana tres premios en ART&TUR - International Tourism Film Festival (2019)


· El cortometraje que celebra la diversidad de escenarios y culturas de Sudáfrica gana los primeros premios en la 12ª edición del Festival Internacional de Cine Turístico celebrado en Portugal.




Más información en:
"Bheki the Mbhaco Maker" gana tres premios en ART&TUR
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