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RECUERDOS DE JORDANIA: La maravillosa Petra y bastante más. -Diarios de Viajes de Jordania- Artemisa23
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Diario: RECUERDOS DE JORDANIA: La maravillosa Petra y bastante más.  -  Localización:  Jordania  Jordania
Descripción: Itinerario clásico que incluye Amman, Ajlun, Jerash, Madaba, Monte Nebo, la Pequeña Petra, Petra, desierto de Wadi Rum, Aqaba, castillos del desierto y Mar Muerto.
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Etapas 1 a 3,  total 8
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Etapa: PREPARATIVOS DEL VIAJE. SALIDA Y LLEGADA A AMMAN.  -  Localización:  Jordania Jordania
Fecha creación: 16/05/2013 17:55  
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Petra es un lugar que me atrajo desde siempre, uno de esos sitios a los que sabía que iría sí o sí algún día. Sin embargo, el tiempo pasaba y no parecía que cuadrase nunca el momento. En 2010 entre Egipto y Petra, elegí Egipto por un extraño presentimiento de que no debía esperar más para ir allí, y acerté porque dos meses después del viaje se produjeron los acontecimientos que acabaron con la caída de Mubarack. Pero esa es otra historia. Lo cierto es que este verano tenía pensado ir a Madeira, pero, de pronto, me entró otro presentimiento y decidí que había que ir a Petra cuanto antes... por si acaso; además, el puente del mes de mayo (el día 1 es festivo nacional y el 2 fiesta de la Comunidad de Madrid) brindaba una estupenda oportunidad que también coincidía con un buen momento de clima en Jordania: buen tiempo casi asegurado con temperaturas llevaderas, calor de día, fresco de noche y jornadas bastante largas de luz. Así que: decidido, sólo quedaba determinar el itinerario y contratar el viaje.

La verdad es que, aparte de Petra, poco conocía de los lugares que se pueden visitar en Jordania, así que empece a recabar información y a leer comentarios y diarios en el foro para hacerme una idea. Aunque nos gusta más ir por libre, por circunstancias particulares hay destinos en que ésa no es la mejor opción para nosotros, así que había que acudir a los viajes organizados, que también tienen sus ventajas como disponer de guías (unos mejores que otros, la verdad) que te explican las cosas y conocer a otros viajeros. Pero eso es otra historia. El caso es que enseguida me di cuenta de que en Jordania, como en la mayoría de los países árabes, más que de la agencia o el mayorista que se contrate en España, el buen o mal desarrollo del circuito dependerá de la receptora local, que se encarga de organizar y distribuir a los turistas. Además, la reserva del viaje coincidió justamente con la quiebra de Orizonia, así que preferí la opción de un circuito con salida garantizada por si acaso, aunque saliese un poco más caro que reservando directamente por Internet. Elegí hoteles de cuatro estrellas y media pensión, un término medio, vamos.

Según los días de salida disponibles, finalmente elegí el siguiente itinerario, que era el que más se ajustaba a lo que quería ver, teniendo en cuenta que con los horarios de los vuelos, el día de llegada y el día de salida se pierden completamente.

Domingo, 28 de abril: vuelo a Amman.
Lunes, 29 de abril: Visitas de Amman, fortaleza de Ajlum y ciudad romana de Jerasa.
Martes, 30 de abril. Madaba, Monte Nebo y llegada a Petra.
Miércoles, 1 de mayo: Petra.
Jueves, 2 de mayo: Desierto de Wadi Rum y llegada a Aqaba.
Viernes, 3 de mayo: Aqaba y regreso a Amman.
Sábado, 4 de mayo: Castillos del desierto y Mar Muerto.
Domingo, 5 de mayo: vuelo de regreso a Madrid.

Este circuito, con vuelos en la compañía Real Jordana, hoteles de cuatro estrellas y media pensión, con visitas incluidas, sale por unos 1.300 euros. Es posible conseguir algún descuento si se reserva con más de un mes de antelación (yo conseguí un 10 por 100 de bonificación).

SALIDA HACIA AMMAN.

A las 12:45 en punto, despegó el avión hacia Amman. Aunque lo intenté, no conseguí reservar asientos a través de la web de las Reales Líneas Aéreas Jordanas, así que cuando llegamos a hacer el check-in, tuvimos que contentarnos con asientos separados: el avión iba a tope. Ya nos advirtieron en la agencia de viajes que un montón de españolitos parecían haberse animado a última hora por este destino. Antes de salir, cambiamos unos euros en el aeropuerto de Barajas para tener efectivo para los visados. Me daba en la nariz que tendríamos que pagarlos. El cambio fue de 0,859 dinares por euro.

Por lo demás, el vuelo fue muy bueno y la experiencia con esta compañía aérea bastante agradable. Cada plaza lleva una pantalla táctil multimedia en el asiento delantero, en la que puedes elegir entre música, juegos y varias películas, casi todas en inglés subtituladas en árabe, pero te puedes entretener bien. A poco de despegar te sirven una bebida a elegir y una bolsa de cacahuetes, después una comida caliente, en la que te dan a elegir entre pollo, pescado o carne. Yo pedí la carne, que estaba muy buena, además arroz y verduras de guarnición, una pequeña ensalada, mantequilla, un quesito, un bollito de chocolate, café o te. Además de una botellita de agua, la bebida a elegir, incluyendo vino. Ninguna queja, por lo tanto.

El vuelo de ida duró 4 horas 45 minutos. En horario de verano, la diferencia con España es de una hora más en Jordania. En esta época, finales de abril-principios de mayo, amanece sobre las seis menos cuarto y anochece sobre las siete y media. Por lo tanto, bastantes horas de luz para disfrutar de las visitas turísticas.

En el aeropuerto estaban esperando un par de agentes para indicarte que había que pasar por inmigración y pagar el visado. Como me temía, no nos librábamos. Pregunté el tema de la exención del pago para los grupos, pero resultó que salvo gente que viajaba junta (amigos, familiares), el resto tuvimos que pagar los 20 dinares del visado (por persona), independientemente de la agencia o mayorista de procedencia en España. Casi todo el mundo tuvo que ir a cambiar y me fijé en que el cambio era menos favorable que en Barajas, ya que por cada euro, te daban 0,82 dinares. Dentro de la decepción por tener que pagar el visado, habíamos acertado y, además, nos libramos de la enorme cola que se formó.

A la salida del aeropuerto se encontraban los agentes de la receptora local, que entonces supimos que era JORDAN EXPERIENCE. Esta receptora acogió a unos cien turistas de los que llegábamos en el avión, independientemente de cuál era su agencia o mayorista de procedencia e incluso su circuito. Es lo malo que tiene aprovechar un puente tan jugoso (en Madrid también era fiesta el día 2), que a todos se nos ocurre viajar. Pero, bueno, como quien no tiene más remedio que asarse en julio o agosto: es lo que hay y no por eso vas a pasar unas malas vacaciones. Además, el tiempo acompañaba: 25 grados y sol en Amman.

LLEGADA A AMMAN.

En el autobús nos entregaron documentación con el itinerario completo (sorpresa: nos habían incluido dos visitas no previstas: el castillo de Shobak y la pequeña Petra, lo cual me encantó pues tenía pensado ir allí como fuera). Además nos dieron una tarjeta con un número de teléfono de atención en español 24 horas, para llamar en cuanto tuviésemos el menor contratiempo, bien fuera con guías, hoteles o cualquier otro. Incluso problemas en los hoteles, nos dijeron que nada de discutir con recepción, sino llamar directamente para arreglarlo ellos. Nosotros no tuvimos que utilizarlo, otra gente sí lo hizo y conozco un par de casos en que realmente les resolvieron una situación complicada.

Nos distribuyeron entre distintos hoteles de Amman. Nos habían cambiado (ya lo sabíamos cuando fuimos a recoger la documentación del viaje a la agencia), ya no era el Arena Space sino el Sadeen, lo cual tampoco significaba demasiada diferencia porque ninguno de los dos estaba céntrico. A esto suelo darle mucha importancia en otros destinos, pero Amman no es una ciudad que me atrajera especialmente para recorrer y tampoco íbamos a tener demasiado tiempo libre, así que no quise abonar la diferencia de precio con hoteles de cinco estrellas (normalmente más céntricos) que era de 200 euros por persona. Al fin y al cabo, los taxis pasaban constantemente por la puerta del hotel, y por 4 dinares se podía ir al centro sin más problemas que el tráfico caótico en el complicado trazado de la ciudad de Amman. Y el concepto de “céntrico” para un turista en Amman se circunscribe a los alrededores del teatro romano, ya que cualquier otra situación, aunque esté bastante próxima, puede suponer caminatas interminables subiendo y bajando empinadas cuestas dado su singular trazado.

Las estrellas de los hoteles en Jordania no se corresponden, en general, con las de los de España, suelen ser algo inferiores, pero salvo que seas la exigencia personificada (que de todo hay en la viña del Señor) tampoco echamos en falta nada en nuestro hotel, que incluso tenía una piscina cubierta que no utilizamos por falta de tiempo. Nos dieron una habitación enorme en la planta quinta, con buenas vistas, cama de dos metros, aire acondicionado, gran cuarto de baño, albornoces, zapatillas, todo tipo de útiles de aseo, hervidor y servicio para preparar café o te, televisión de pantalla plana…Además, tenía varios ascensores y los enchufes eran como los nuestros, así que no se necesitaba adaptadores para cargar teléfonos y baterías de cámaras. No utilicé internet, así que no sé si funcionaba el wifi o si era gratis o de pago. Las bebidas del minibar, 1,5 dinares la coca cola y la botella de agua pequeña. Por lo demás, las moquetas necesitan una renovación y tiene un aire algo antiguo, pero toallas, sábanas y sanitarios estaban limpios, el agua caliente y el aire acondicionado funcionaban bien y nos resultó suficiente para el tipo de estancia que tuvimos allí. Es una opinión personal, pues igual hay que piensa recibir otro tipo de servicios de un hotel de cuatro estrellas. Sólo añadir que el personal de recepción es un poco borde, pero los camareros son muy agradables. Me fijé en los precios de las habitaciones dobles estándar, 120 dinares por noche (108 euros reservando por internet), precios muy altos, y es que Jordania es un país caro, pero eso ya lo comentaré después. En ningún caso hay que plantearse dejar el cambio de dinero en los hoteles ni para calderilla, en el nuestro estaba a 0,72 dinares por euro, un chiste malo, vamos.

El buffet de la cena merece un comentario aparte. No se trata de un buffet pantagruélico de los que estamos acostumbrados en otros establecimientos hoteleros. Había ensaladas de varios tipos, hummus, aceitunas, quesos, encurtidos, dos variedades de sopa, arroz blanco, algún tipo de pasta, verdura hervida, pollo en salsa y algún guiso de carne, un tipo de comida más árabe que internacional. En honor a la verdad, tengo que decir que el hummus de este hotel ha sido uno de los mejores que he probado en todo el viaje. Realmente, bueno. El pan, solamente de tipo pita. De postre, dulces variados, ricos pero muy árabes, bastante empalagosos. No hay fruta. Este hecho nos extrañó un montón, pero luego vimos que es una constante en hoteles y restaurantes jordanos: la fruta, salvo excepciones, solamente se sirve para el desayuno, lo cual es un latazo. Nosotros somos de buen comer y nos gusta casi todo, así que no tuvimos problema (salvo el pollo, que sabía bien pero picaba que daba gusto, así que lo tuve que dejar); sin embargo, gente menos tolerante con la comida, puede encontrarse con que hay poca variedad para elegir. La bebida hay que pagarla aparte y no es barata (3 dinares la botella de agua grande); no sirven cerveza con alcohol.

Esta es la curiosa vista que teníamos desde la habitación del hotel, con una llamativa iglesia y una enorme mezquita (al-Malik Abdullah) en el horizonte.




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Ver Etapa: PREPARATIVOS DEL VIAJE. SALIDA Y LLEGADA A AMMAN.




Etapa: AMMAN - CASTILLO DE AJLUN - JERASH.  -  Localización:  Jordania Jordania
Fecha creación: 16/05/2013 19:16  
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En cuanto al desayuno en el hotel, puedo decir lo mismo que para la cena: poca variedad: zumo no natural de… ¿melocotón?, hummus, queso blanco muy salado, yogurt árabe bastante ácido, ensaladas, fiambre un poco seco (se nota que no utilizan el cerdo), pan de molde para hacerse las tostadas, mermelada, huevos duros, salchichas y macedonia de frutas. El café horrible para mi gusto, menos mal que llevaba sobres de preparado con leche y azúcar para evitarme inconvenientes.


AMMAN

A las 8 empezamos el recorrido por Amman, a la que también se conoce como “la ciudad blanca” por el tipo de piedra empleado para la construcción de la mayoría de sus casas, aunque a mi más que blanca me pareció color beige. Según nos comentan, es la cuarta ciudad más antigua del mundo y fue famosa en la antigüedad con el nombre de Philadelphia. Hoy en día está muy extendida y resulta bastante incómodo moverse por ella ya que hay muchísimos vehículos y pocos semáforos, cada cual conduce como le viene en gana y el tráfico es infernal casi a todas horas. Está construida sobre colinas, con lo cual hay que subir y bajar empinadísimas calles para ir a cualquier sitio. Tiene más de dos millones de habitantes, un tercio de la población de todo el país, y su crecimiento es continuo. En los últimos años se ha producido un boom inmobiliario (las casas suelen tener pocas alturas, pero hay varios rascacielos en construcción actualmente), debido, sobre todo, a la inversión de los iraquís ricos huidos de la guerra en su país (como también está empezando a ocurrir ahora con los sirios pudientes), que se han establecido en Jordania con enormes capitales, haciendo prosperar el negocio de inmuebles y bienes y servicios de lujo, lo que, no obstante, ha perjudicado al ciudadano medio jordano, que con el nivel de vida también ha visto como se elevan vertiginosamente los precios. Y es que, como he dicho antes, Jordania no es un país barato, empezando por el tipo de cambio con el euro, que nada tiene que ver con el que podemos encontrar en otros países de la zona. Así que los europeos de tipo medio, como nosotros, tenemos que olvidarnos de ciertos “lujos”.


Por lo demás, salta a la vista que este país está más avanzado, tanto social como económicamente, que otros de su entorno que conocemos (vuelvo a citar el ejemplo del Egipto que visitamos a finales de 2010). Nada que ver Amman con El Cairo, salvo en el caótico tráfico y ni en eso hay comparación. Las calles están bien asfaltadas, las aceras pavimentadas, las casas acabadas y, en general, bien mantenidas, no hay ganado por las calles, no se ve suciedad extrema ni miseria, apenas se encuentran niños mendigando, se ven muchas mujeres conduciendo y aparecen todo tipo de indumentarias en los hombres y en las mujeres. Ellas, aunque se cubren la cabeza en buena parte, también llevan vaqueros y ropa ajustada e incluso los pañuelos son de colores vistosos y alegres. Claro que también vimos mujeres vestidas de negro de pies a cabeza, dejando sólo una rendija para los ojos, pero eran la excepción.

Nuestra primera parada en Amman fue en la Ciudadela, que se encuentra en lo alto de una colina desde la que se divisa gran parte de la ciudad.. Después de las explicaciones del guía, nos dieron tiempo suficiente para visitar todo el recinto a nuestro aire, incluido el museo. Lo que más me gustó de este lugar fueron las vistas. Una terraza panorámica ofrece una magnífica perspectiva de la ciudad baja, con el teatro romano y la colina de Asharafiyah, y a lo lejos se ve también la mezquita de Abu Darwish.


La imagen más conocida de la Ciudadela son las columnas de templo de Hércules (siglo II d.C), edificado en honor al emperador Marco Aurelio. Se pueden hacer unas fotos muy bonitas con las columnas en primer plano y poniendo como fondo la ciudad.





Después de dar una vuelta por las ruinas, incluyendo restos de las murallas y antiguas cisternas, pasamos a ver el museo arqueológico, muy pequeño pero interesante, con piezas encontradas en Amman y en otras zonas del país como Petra. Lamentablemente, no pudimos ver los manuscritos del mar Muerto porque están preparando un recinto nuevo para su exposición.


También vimos el llamado al-Qasr, con los restos del palacio omeya del Siglo VIII. Parte del conjunto monumental fue restaurado no hace mucho con fondos de cooperación española y el gran vestíbulo o sala de audiencias presenta un buen aspecto, sobre todo las bóvedas de cañón y los arcos.




Al final de esta zona, se obtienen estupendas vistas del otro lado de la ciudad, en la que destaca en la distancia una enorme bandera jordana, una de las más grandes del mundo (o eso dicen).



Finalizado este recorrido, fuimos a la llamada “ciudad baja”, que constituye, digamos el centro del casco histórico de la ciudad. Allí destaca el foro, el odeón y el teatro romano (siglo II d.C), con capacidad para 7.000 espectadores. Está restaurado y se celebran espectáculos en su interior.


Subí hasta la parte más alta del graderío, desde la que se contempla una buena panorámica, incluyendo las columnas del Templo de Hércules en todo lo alto.


La verdad es que algunos escalones están muy desgastados, son muy altos y arriba hay mucha inclinación, con lo cual hay que tener cuidado sobre todo al bajar. Pero tenía que entrenarme para el gran número de escaleras y escalones que me quedaban por delante en Jordania, jeje. En el mismo recinto del teatro, entrando a la izquierda, está el Museo Jordano de Tradiciones Populares, que exhibe indumentarias, tejidos, artesanía, joyas y también una colección de mosaicos casi todos procedentes de Madaba. Es pequeño pero vistoso, ya que no quita mucho tiempo merece la pena echarle un rápido vistazo. En el exterior, bonitas perspectivas con las antiguas columnas y las antiguas calles de la ciudad:

Estuvimos paseando un rato por las calles del centro, con el típico frenesí árabe: multitud de gente, tráfico sin reglas, puestos ofreciendo todo tipo de mercancías en las aceras… También aprovechamos para cambiar euros a 0,92 dinares por euro, lo cual estaba bastante bien. Según vimos, lo mejor y menos complicado es utilizar las casas de cambio.



A media mañana, terminamos la primera visita de Amman y nos dirigimos hacia el oeste del país. En un principio estaba previsto ver la ciudad romana de Jerash y después el castillo de Ajlun, pero el guía sugirió cambiar el orden de las visitas, ya que, en su opinión, se aguanta mejor el calor del medio día en Ajlun, que está más alto sobre el nivel del mar y corre brisa; así que propuso dejar Jerash para después de comer, ya que haría menos calor, para así ir sin prisas al ser el último destino, cuando, además, el yacimiento adquiere sus más bellos colores al caer la tarde, con la puesta del sol. Todos aceptamos y no nos arrepentimos lo más mínimo.

FORTALEZA DE AJLUN.

Después de cruzar los extensos extrarradios de Amman, barrios enteros que se están creando y donde resulta difícil determinar cuándo termina la ciudad, siempre ondulante en interminables colinas, llegamos a una zona que nos sorprendió por su vegetación, incluso vimos un embalse y el río Jordán. Los pinos y los olivos se extienden alrededor, ofreciendo una curiosa reminiscencia mediterránea. Muy bonito el paisaje, con el valle del Jordán mucho más verde de lo que me había imaginado.


La carretera panorámica da vueltas y revueltas cruzando el parque nacional de Dibbin. De pronto, vimos la silueta del castillo, coronando un monte muy verde, a 1.250 m. de altitud. La sugerente imagen nos acompañará muchos kilómetros antes de llegar a la ciudad de Ajlun, situada en un fértil valle de viñedos y bosques de pino.





Un gran atasco nos saludó a la entrada, el centro era un auténtico caos circulatorio: nada anormal, por otra parte. La lentitud del tráfico, además de seguir observando bellas perspectivas del castillo, nos brindó la oportunidad de contemplar las animadas calles, con sus tiendas, talleres de artesanos, fruterías, panaderías…



Dos cosas me llamaron la atenció: una, que las carnicerías presentaban en sus escaparates los animales enteros colgados, lo típico en los países árabes, pero, como gran diferencia, tienen cámara refrigerada; y en las pollerías, las gallinas están vivas, y se pueden comprar las aves o sus huevos recién puestos.

Pasamos por la misma plaza central, donde se alza el alminar cuadrado de una mezquita, edificado sobre una antigua iglesia bizantina. No sé el motivo, pero he leído que está considerado uno de los alminares más importantes del Islam.


Al fin llegamos al centro de visitantes del castillo de Aljun. Aquí se dejan los autobuses turísticos y existen otros más pequeños que suben hasta la entrada de la fortaleza, situada a unos 200 metros, al final de una fuerte pendiente. Hace bastante calor, pero no creímos necesario utilizar el autobús y subimos andando hasta la entrada. Desde el castillo, se obtiene esta bella imagen de Ajlun:


Era lunes y había muchas excursiones de colegios de niñas. Nos contaron que los lunes y los martes, son días de visita para las niñas, y los miércoles y jueves, para los niños. Pese a la multitud juvenil que se interponía a la hora de hacer las fotos, resultaba muy curioso e interesante ver a las chicas, tan diferentes unas de otras según los grupos (supongo que por el carácter del colegio, más o menos religioso, no sé), de edades entre los siete u ocho años, a los catorce o quince. Había grupos en que las chicas iban tapadas de la cabeza a los pies; pero en otros, se las veía con vaqueros y mallas, ropa ajustada o suelta, con velos discretos, de alegres colores o sin velo, la mayoría armadas con un teléfono móvil o una cámara fotográfica. Casi sin excepción, nos saludaban alegremente y nos daban la bienvenida; su mayor ilusión, hacerse una foto con nosotras, ni que decir tiene que ni se les pasaba por la cabeza pedir fotografiarse con un hombre. Al principio, resultaba extraño y no sabías qué decir, luego no tenías más remedio que ceder a sus sonrisas y a sus miradas impacientes. No sé por qué, pero los occidentales estamos acostumbrados a ser nosotros quienes saquemos fotos a los demás y se nos hace extraño que otros pidan que sirvamos de modelo exótico, jeje. Así que yo, igual que otras turistas, quedé como souvenir en la cámara de algunas de aquellas encantadoras jovencitas. Por cierto, que les dije que yo también quería una foto con ellas y posaron tan contentas. En fin, toda una sorpresa respecto a los estereotipos que tenemos sobre las sociedades musulmanas. Supongo que en los colegios están concienciando a los alumnos de la importancia que el turismo tiene para el país y están muy preocupados por su disminución (hasta el 83 por 100 en los últimos tiempos como consecuencia de los conflictos en Oriente Medio), así que animan a sus gentes, niños incluidos, a dar la más calurosa bienvenida a los foráneos, para que alejen sus temores y transmitan la idea de un país seguro para los visitantes. En cualquier caso, brinda una sensación aperturista, muy alejada del tópico odio integrista musulman hacia los occidentales. Desde luego, por lo que se ve, el ciudadano jordano medio tiene poco de integrista.


En cuanto al castillo propiamente dicho, esta considerado uno de los máximos exponentes de la arquitectura militar árabe, terminado de edificar en el 1185 por el emir Izz ad-Dim, nieto de Saladino para controlar los cercanos yacimientos de hierro y vigilar los movimientos de tribus hostiles y de los cruzados. Ampliado varias veces, destruido por los mongoles, reconstruido por los mamelucos y abandonado definitivamente en el siglo XVII, los trabajos para su restauración se iniciaron en los años sesenta del Siglo XX y siguen actualmente, ya que se ven andamios por varios sitios. Tiene un foso con puente levadizo, sustituido hoy en día por una pasarela. El interior del castillo está bastante bien, pero tampoco para tirar cohetes: los españoles tenemos castillos para dar y tomar, muchos en perfecto estado de conservación, y éste no nos va a decir nada si vamos con mentalidad “comparativa” como, lamentablemente bajo mi punto de vista, hace mucha gente. Sin embargo, es agradable pasear por sus estancias y, sobre todo e imprescindible, subir a las almenas para contemplar una vista espectacular sobre el valle del Jordán y los montes de Galilea. Sólo por eso, ya merece la pena desplazarse hasta aquí.





JERASH.

Deshicimos una parte del camino recorrido y volvimos hacia Jerash, por donde habíamos pasado ya para ir a Ajlun. Poco antes de llegar al pueblo, nos pararon en un restaurante para turistas. Había gente con pensión completa, el resto podíamos comer allí o no comer, sencillamente. Estábamos en un alto, a tres o cuatro kilómetros del pueblo, con lo cual no había otra opción. Hubo quien quejó porque quería comer en Jerash, pero dijeron que había que ahorrar tiempo para la visita de la ciudad romana. El menú, tipo buffet, costaba 10 dinares, con bebida aparte. Este precio se repetiría durante todas las comidas del viaje. Así que los que habían pagado pensión completa habían hecho el primo (con todos mis respetos y perdones) porque les habían cobrado 110 euros por seis comidas, a 18,33 euros por comida y persona, bebida aparte. Así que ya veis el negocio: considerando la pérdida por el cambio, habían pagado 7 euros más por cada una de las comidas, las mismas que el resto. Moraleja: aunque no tengáis intención de comer por libre ningún día, no contratéis pensión completa. Y si podéis, algún día es muy interesante tomar comida local por vuestra cuenta.

Aprovecho ahora para comentar el tema de los buffets. Nosotros comimos cuatro días en el restaurante propuesto por el guía. Todos a 10 dinares, bebida aparte (esto sí variaba, pero más o menos el agua salía entre 1,5 y 2 dinares, los refrescos 2 ó 2,5 dinares y la cerveza, 3 dinares, en algunos sitios imposible conseguirla con alcohol). La comida no es que fuera gran cosa en cuanto a variedad, aunque siempre incluía ensaladas, pasta y también varias especialidades típicas locales. Salvo en una ocasión, no sirvieron fruta, y en un par de casos, tampoco postre. La comida internacional no era nada interesante, así que nosotros procurábamos tomar los platos locales: algunos estaban muy buenos, otros no tanto y otros horribles, pero había que probarlos. Al final haré un resumen sobre la comida que más nos gustó.

Terminada la comida, con un sol de justicia, nos dirigimos a la ciudad romana de Jerash o Gerasa, como también se la conoce en castellano. Fue fundada entre los siglos IV y III a.C, sobre un asentamiento neolítico anterior. En tiempos de Alejandro Magno ya era la ciudad más próspera de la región y con Pompeyo, en el año 63 a.C., alcanzó la independencia y se integró en la liga de la Decápolis. Ahí empezó la edad de oro para la ciudad, donde se edificaron templos, teatros, foros y todo tipo de edificios administrativos, residenciales y comerciales. Su prosperidad se debió a la abundancia de agua y a los intercambios comerciales, en especial con los nabateos, recibió la visita del emperador Adriano en el año 130 d.C. y continuó su expansión hasta el siglo III. A partir de entonces, empezó un declive progresivo ya que el comercio de la ruta de las caravanas empezó a desviarse a las vías marítimas; posteriormente, en el siglo VII, la llegada de los persas y los árabes musulmanes y una serie de violentos terremotos que se sucedieron en el siglo VIII terminaron por echar al olvido la ciudad. Las excavaciones arqueológicas empezaron en 1925.

La visita de la ciudad me encantó. Hay quien la llama la Pompeya de Oriente, aunque recorriendo su calzada, no pude por menos que acordarme de la preciosa Éfeso. Pero de nada valen las comparaciones, los lugares son bellos por sí mismos o no lo son. Confieso que me gustan muchísimo las ciudades romanas, bueno, en realidad, de todo tipo de ciudades antiguas, aunque sean meras ruinas. Así que disfruté mucho de ésta, que se conserva, además, estupendamente. El recorrido que hicimos me pareció muy acertado. Al principio, había aún bastante gente, pero según fueron pasando los minutos, llegamos a quedarnos casi solos (nuestro grupo) en la ciudad, que, por cierto, es bastante extensa. Como resumen, me quedo con una frase del guía: la sorpresa de Gerasa es que nos permite admirar una ciudad completa, con sus templos, su foro, sus tiendas, sus teatros, su hipódromo, sus fuentes… Una maravilla, realmente.


Este fue el itinerario que seguimos en imágenes:

El Arco de Adriano, construido en el 129 d.C. para conmemorar la visita del emperador.

El hipódromo, de los siglos II y III d.C, con capacidad para 15.000 personas.

La Puerta Sur, el acceso para los viajeros procedentes de la antigua Philadelphia (Amman).

La Plaza Oval, en perfecto estado de conservación: una auténtica maravilla.

[align=justify] Dejamos a un lado el templo de Hércules y el teatro sur, para visitarlos al final. Cuesta pasarlos por alto, pero luego vi que fue un acierto; ya comentaré por qué.


Seguimos por la vía principal, llamada Cardo Máximo, el eje de la vida ciudadana, principal acceso a las termas, los mercados y los templos. En este momento, nos dimos cuenta de que había sido una buena sugerencia lo de venir por la tarde, pues, además de que se nota mucho menos el calor, las columnas se muestran espléndidas con el reflejo de destellos dorados del sol que lentamente empieza a declinar.


El Cardo Máximo, ancha vía porticada, que iba de la plaza oval hasta la puerta norte.

El Macellum:

Ninfeo, fuente monumental.

Puerta Norte y Teatro Norte.

Templo de Artemisa. Es el monumento más famoso de Gerasa, con sus elegantes columnas corintias. Por el peculiar engarce de sus bloques (se dice que era un tipo de construcción anti- terremotos), algunas de las columnas oscilan levemente, sobre todo en días de viento. Nos hacen la demostración, poniendo una cucharita en una rendija y, ciertamente, la cucharita se mueve si bien muy ligeramente.





Iglesia de San Cosme y San Damián, con su precioso pavimento musivo, con animales, vegetales y figuras geométricas.


Luego paseamos por un sendero en la parte alta de la ciudad, que nos devolvió a la zona sur, donde se encuentra la plaza oval, cuya vista resulta impresionante desde aquí.


Por fin, nos acercamos hasta el Teatro Sur, el más grande de Gerasa, edificado en 91 d.C. Con capacidad para 3.500 espectadores, tiene una acústica magnífica y su restauración ha conseguido que se sigan celebrando festivales en su interior. Hay músicos locales haciendo una demostración. Subo hasta la última grada y la vista de la ciudad es magnífica desde allí.


Finalmente, en el Templo de Zeus. Ya por libre, apenas fuimos cinco o seis personas del grupo las que nos decidimos a subir hasta aquí: pero mereció la pena. Aparte de contemplar de cerca las ruinas, la vista que se obtiene de la ciudad al completo es magnífica, acrecentada, además, por los reflejos dorados del sol. La verdad, me resultó muy emocionante estar allí. En mi opinión, fue un acierto dejar esto para lo último, como colofón precioso a la visita de Gerasa. El mejor final. Sin duda alguna, uno de los lugares imprescindibles en Jordania.



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Ver Etapa: AMMAN - CASTILLO DE AJLUN - JERASH.




Etapa: MADABA – MONTE NEBO – SHOBAK - PEQUEÑA PETRA.  -  Localización:  Jordania Jordania
Fecha creación: 17/05/2013 17:15  
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MADABA.

Poco después de las 07:30 dejábamos el hotel de Amman, por la noche ya dormiríamos en Petra. Madrugar nos permitió evitar en parte el caótico tráfico que nos pilló el día anterior al atravesar Amman. En la salida hacia el sur, nos obsequiaron con un tour por los barrios más exclusivos de la capital, con edificios modernos, tiendas de marcas de lujo y mansiones de varios millones de dinares. También pasamos por barrios donde se asientan las delegaciones diplomáticas, incluyendo la enorme Embajada de Arabia Saudí y la de Estados Unidos, en cuyas inmediaciones está terminantemente prohibido hacer fotos, incluso desde los autobuses, bajo amenaza de que te incauten la cámara y demás incomodidades. Supongo que el recorrido se deberá a que pilla de paso para salir de la ciudad hacia el sur porque de lo contrario no encuentro explicación, salvo que sea una sugerencia oficial para mostrar a los extranjeros la pujanza económica y social jordana, y es que parece que está incluido en todas las visitas panorámicas que realizan las agencias receptoras locales. En fin, no sé.

La ciudad de Madaba también se encuentra entre colinas, tiene 90.000 habitantes y se la conoce como la ciudad de los mosaicos, realizados en su mayor parte por artesanos locales. Su principal reclamo turístico es el llamado “Mapa de Tierra Santa”, un mosaico del año 560, que se conserva en la Iglesia ortodoxa de San Jorge. En su origen, el mosaico contaba con más de dos millones de piezas y medía 17,5 m x 10 m, reducido en la actualidad a 15,7 m x 5,6 m, ya que le faltan algunas partes. Señala 150 localidades citadas ya en la Biblia y representadas con imágenes detalladas, los nombres escritos en griego y con símbolos que identifican cada lugar; las ciudades más importantes se señalan en rojo y, entre todas, destaca Jerusalén, que aparece con los 36 monumentos y edificios más representativos de la época. Parece que era un auténtico mapa que ayudaba a peregrinos y viajeros a seguir su ruta.

Hay un edificio anexo a la iglesia con una reproducción del mapa, donde los guías dan explicaciones, ya que, con muy buen criterio, no tienen permitido hacerlo dentro la iglesia para evitar molestas aglomeraciones.


Soy una enamorada de los mosaicos y me hacía mucha ilusión ver éste por su fama y lo que representa; sin embargo, confieso que me quedé un poco fría al contemplarlo. Había visto muchas fotos y grabados y esperaba unos colores más vivos, pero quizás porque en el momento de la visita el reflejo de la luz entraba de lado por las ventanas abiertas o por el contraste con el resto de la iglesia, sumamente colorista, me pareció un tanto… no sé cómo decirlo, ¿apagado? En fin, no pretendo decir que me decepcionase muchisimo sino que esperaba algo diferente. Me quedé hasta que se fue casi toda la gente para intentar apreciarlo mejor, pero seguí sin disfrutarlo plenamente, y reconozco que ha sido al ver las fotos y darles un poco de color cuando he podido apreciar los detalles e identificarlos un poco mas con la idea que tenía de antemano.

La colorista iglesia ortodoxa de San Jorge y el mosaico.

Distintos fragmentos del "mosaico mapa":




Había alguna otra posibilidad de visita en Madaba, como el pavimento de mosaico de la Catedral o el Parque Arqueológico, también con mosaicos, pero como íbamos a ver más mosaicos en otros sitios, preferimos pasear un rato por las animadas calles de Madaba, repletas de gente en su vida cotidiana, como un zapatero instalado en plena calle con sus pieles y su máquina de coser, atendiendo a los clientes.


Las panaderías eran enormes, al igual que las fruterías. Curioso que con tanta fruta, fuese casi imposible encontrarla para comer o cenar en restaurantes y hoteles, aunque sí la pusieran a la hora del desayuno, quizás sea que no tienen costumbre de tomarla de postre. El caso es que melones, sandías, uvas y plátanos (unos pequeñitos de la zona del Jordán) están realmente jugosos.


Tampoco faltaban en las tiendas las banderas de los equipos de fútbol preferidos por los jordanos, hermanadas curiosamente aquí, jeje, el Barça y el Real Madrid. Son forofos de nuestros equipos y según nos dijo textualmente el guía, cuando juegan y más todavía cuando se enfrentan entre si, se lo toman más a pecho, discuten y hasta se pelean incluso más que aquí. Lo cierto es que no había nadie (policías, camareros, vendedores, hoteleros…) que no te hablase del Real Madrid o del Barça y muchos niños y mayores llevaba puestas sus camisetas. La verdad, muchos jordanos creo que conocen España por los equipos de fútbol (bueno, no es solo en Jordania, la verdad).


Y, por fin, la cúpula dorada de la mezquita.

EL MONTE NEBO.

De Madaba fuimos al Monte Nebo, apenas a 10 Km. de distancia. La mañana había amanecido soleada y muy calurosa, con calima. No eran las condiciones ideales para ver el mejor panorama de la Tierra Prometida por Dios a Moisés. La iglesia conmemorativa sigue en obras y no se puede visitar, pero desde la terraza se pueden contemplar las vistas y, también, sacar fotos del monumento de Gian Paolo Fantoni, que representa una serpiente enroscada en un bastón. El cartel indicador señala hacia donde están los lugares, pero no se distinguían demasiados detalles en la distancia, difuminada en una neblina marrón de polvo y calor. De todas formas, emociona estar en un sitio tan emblemático y la panorámica no deja de ser sugerente aunque incompleta.





Después de contemplar las zonas fértiles y verdes del valle del Jordán, e incluso vistas anteriores desde esa misma carretera, con zonas de cultivo y viñedos, desanima un poco la visión tan árida que se tiene justamente desde el Monte Nebo a lo lejos, porque el único círculo verde estaba bastante próximo, y no puedes por menos que pensar, madre mía, y… ¿ése secarral era la Tierra Prometida? Supongo que en aquella época, el paisaje sería bastante diferente al actual, o que la calima reinante acentuaba más el tono ocre del paisaje, en el que apenas se adivinaban como una tenue mancha desvaída las aguas del mar Muerto. Vale, quizás, al fondo, muy al fondo, se ven unas sombras verdes, ¿no? Mr. Green


Como ya he dicho, el Memorial de Moisés no se puede visitar porque está en obras; sin embargo, han colocado bajo unas carpas un pequeño museo, donde se recogen fotografías y objetos varios; y, sobre todo, bajo una segunda carpa, se pueden contemplar los magníficos mosaicos del pavimento musivo, con preciosas figuras alegóricas de personas y animales.





Tras dejar el Monte Nebo, hicimos la inevitable parada en la tienda de mosaicos, donde nos ofrecieron una demostración de cómo se hacen, nos dieron un te y nos invitaron a comprar. Poco éxito tuvieron: los precios de los mosaicos que merecían algo la pena eran muy poco atractivos para españolitos en crisis aunque el envío al domicilio en España sea gratuito. Si alguien está interesado, mejor que pruebe suerte en la propia Madaba, pero chollos no hay. Afortunadamente, ésta fue la única parada “de compras inducidas” que hicimos durante el viaje.

LA AUTOPISTA DEL DESIERTO.

Antes de comer, el guía nos propuso un cambio en el itinerario previsto para la jornada. Teóricamente, teníamos que ir al castillo de Shobak y luego directamente a Petra. Su idea fue hacer ya la visita a la Pequeña Petra en vez de dejarlo para dos días después, de camino hacia Wadi Rum. Nos aseguró que es mucho mejor ver la Pequeña Petra antes que Petra ya que en primera instancia sorprende y gusta mucho más que después de haber visitado su hermana mayor. Encontramos lógica la explicación y, además, es lo que aconseja casi todo el mundo: así que aceptamos por unanimidad.

El cielo, su color azul un poco desvaído por el polvo y la calima, empezó a emborronarse de nubes, pero no nubes blancas y nítidas sino de un sospechoso tono entre gris y marrón. Hacía mucho calor, bochorno más bien, y se presentía un cambio de tiempo. Teníamos por delante más de 250 Kilómetros hasta Petra y, para acelerar, tomamos la autopista del desierto. En el camino paramos a comer el menú diario de 10 dinares más bebida, de postre nos dieron galletas de sésamo y dátiles; también hubo quien llevaba comida preparada.

En Jordania vimos varios tipos de desierto muy diferentes entre si (dunas, rocas, arena, de tipo Almería, jeje), éste por el cruzábamos ahora era bastante plano, de arenas beiges y piedras, poco atractivo, en definitiva. En ruta por la carretera, el cielo estaba cada vez más oscuro, arreciaba el viento y por la derecha empezaron a verse remolinos de polvo en el horizonte. Por la izquierda, apenas había visibilidad, envuelto el panorama en una especie de velo marrón. El guía nos comentó que es un viento particular (no recuerdo el nombre que le dio), que se da a veces en primavera; según él, en Jordania no es demasiado preocupante, pero en Arabia Saudí puede durar varios días y mueve tales cantidades de arena y polvo que llega a paralizar la vida cotidiana. Nos advirtió que sería mejor aumentar la velocidad porque como nos cogiera la nube marrón, podíamos tener algún problemilla. La velocidad no fue suficiente para dejar atrás la nube, que nos pilló de lleno, envolviéndonos por completo.. Fue una sensación curiosa, mezcla de tensión y emoción. El viento zarandeaba el autobús y durante un par de minutos no vimos absolutamente nada más que polvo, arena y barro que sacudía el lado izquierdo del autocar; íbamos sumamente despacio aunque no llegamos a parar completamente.





Cuando la nube se fue disipando, los cristales del lado izquierdo estaban salpicados de enormes manchas marrones, consecuencia del barro caído del cielo. Mi lado del autobús, el derecho, estaba menos afectado por los pegotes de barro, pero aun así algunas motas marrones aparecen en las fotos que fui tomando en ruta a continuación. Habíamos vivido una tormenta de arena. Nosotros ya habíamos visto otra en Túnez, pero en aquella ocasión estábamos en un hotel en el desierto y por tanto más resguardados y seguros que en un autobús en medio de la nada. Pasado el pequeño sobresalto, nos quedamos tan contentos con la experiencia vivida.

FORTALEZA DE SHOBACK.

Cuando dejamos la autopista para coger la carretera de camino a Shoback, el paisaje cambió completamente y empezaron a surgir las colinas, dibujando un perfil sorprendente, propio de las estribaciones de la carretera de los Reyes. Lástima que la calima no nos permitiese apreciar las formas en toda su desolada belleza.

De repente, en medio de un panorama árido pero de formas espectaculares , apareció en todo lo alto una forma pétrea, aislada e inquietante. Era la fortaleza de Shobak, edificada en 1115 por Balduino I, rey de Jerusalen, conquistada en 1189 por Saladino y restaurada en el siglo XIV por los mamelucos. Hoy día se encuentra en bastante mal estado de conservación. El guía nos preguntó si queríamos visitarlo o nos conformábamos con verlo desde el centro de visitantes pues lo mejor son las vistas; la mayoría decidimos subir la empinada cuesta que lleva hasta allí. Al fin y al cabo no habíamos llegado hasta allí para marcharnos con un vistazo.



Más que el interior, bastante destartalado, destacan las impresionantes vistas que se obtienen desde los bastiones de la ciudadela. Realmente, la fortaleza goza de un emplazamiento magnífico. Dejo algunas fotos.






Insisto en que más que las ruinas en sí mismas, que no nos van a impresionar pues poco queda en pie, (destaca el torreón con inscripciones árabes, la muralla exterior y una capilla del tiempo de los cruzados), merece la pena ver el panorama y el emplazamiento si el lugar pilla de paso; de lo contrario, mejor explorar otras posibilidades.

Desde allí, nos dirigimos hacia la Pequeña Petra atravesando un paisaje realmente impresionante. Lástima que el día no sea lo suficientemente claro para admirar los contrastes de colores de la tierra y las rocas en todo su esplendor, aun así la visión en directo fue mucho mejor que la que captó la máquina de fotos.




LA PEQUEÑA PETRA.

Su verdadero nombre es Siq-al-Barid y se halla a 15 minutos en coche de Wadi Musa, el pueblo desde el que se accede a Petra, y también destaca por las edificaciones excavadas en la roca aunque a menor escala, naturalmente.





No sé qué impresión me hubiera producido este lugar habiendo visto Petra previamente, quizás no me hubiese gustado tanto como me gustó o igual me hubiera gustado lo mismo. De todas formas, aconsejo verlo antes que Petra, seguro que se disfruta más. Por cierto, la entrada es gratuita. El cielo estaba un poco turbio más que nublado y los rayos del sol surgían como a través de un filtro ocre, pero había luz más que suficiente para apreciar las rocas y sus excavaciones con nitidez.


Nada más llegar, nos encontramos con pequeñas cuevas excavadas en rocas de formas caprichosas y una tumba en toda regla que nos hizo soltar una exclamación. Era el aperitivo ideal para lo que nos esperaba al día siguiente. Las máquinas de fotos echaban humo. Éramos un grupo numeroso, pero como apenas había nadie más, nos desperdigamos sin estorbarnos unos a otros, admirando las tumbas excavadas en las rocas. Había algunas bastante fotogénicas y hasta encontré una réplica de la famosa tumba en forma de careta de Petra.





Esta tumba resulta especialmente hermosa acariciada por los rayos del sol al atardecer:

Aunque el guía nos dijo que era mejor dejar las escaleras porque pueden resultar peligrosas, una vez solos no le hicimos caso y nos metimos por todos los rincones, viendo que el interior de las tumbas suele estar manchado por el humo negro de las hogueras de los beduinos. Recordé que hay que visitar la llamada “Casa Pintada”, un triclinio del siglo I d.C. que conserva restos de frescos con figuras mitológicas. No sabía cual era, pero me llamó la atención ver a unas personas subiendo unas escaleras, el tramo intermedio vigilado por un personaje con turbante. Así que fui a explorar allí. Los escalones son altos y están un poco desgastados, pero suponen un buen aperitivo para lo que vendrá a continuación. En el interior estaban tres chicos franceses y un guía, que al verme mirando con curiosidad me comentó, en castellano, que me encontraba ante un caso único de frescos en el yacimiento. Me señaló el sitio y, aunque están deteriorados, se aprecia perfectamente los motivos de flores, hojas, uvas y hasta un personaje mitológico tocando una flauta.


Después seguimos por la calle principal que acaba en otro desfiladero cerrado por escaleras que ascienden a “la mejor vista del mundo”, o algo así. Las escaleras no tenían muy buena pinta, pero la llamada de la aventura fue demasiado fuerte y unos pocos decidimos investigar. Fue una especie de mini subida al Monasterio (todo en la Pequeña Petra parece ser un aperitivo o un ensayo de la gran Petra). Apenas se tarda unos minutos en llegar al final, si bien hay un tramo un poco complicado, pero que no cunda el pánico: si alguien desfallece... hay sillas al rescate Muy feliz Muy feliz


Al borde del precipicio, aguardaba una beduina con su puesto de artesanía y el panorama sobre la boca del desfiladero: lo de la mejor vista del mundo es un tanto pretencioso, pero tampoco está mal como colofón.


En resumen, me gustó mucho la Pequeña Petra. Si es posible, recomiendo verla antes de ver Petra, pero aunque se vea después, creo que gustará, aunque seguramente no tanto. La carretera que va de la Pequeña Petra a Petra tiene unas vistas espectaculares, aunque el sol poniente sobre sus montañas desdibujaba ligeramente los contrastes de las rocas, sus matices y sus colores. Antes de llegar, vimos una bonita puesta de sol (o medio sol, jeje)

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Ver Etapa: MADABA – MONTE NEBO – SHOBAK - PEQUEÑA PETRA.



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  Últimos comentarios al diario  RECUERDOS DE JORDANIA: La maravillosa Petra y bastante más.
Total comentarios 33  Visualizar todos los comentarios

Artemisa23  artemisa23  01/11/2016 13:43   
Muchas gracias, Damaso. No te arrepentirás de visitar Jordania, un país muy hospitalario con los viajeros. Petra ya justifica por sí sola el viaje, pero hay otros muchos lugares que merecen realmente la pena, como Jerash y Wadi Rum; y la experiencia de flotar en el Mar Muerto es única. Espero que lo disfrutes. Saludos.

3estrellas  3estrellas  03/12/2016 01:32   
Impresionante diario,nos vendrá muy bien para nuestro próximo viaje,poder ir a Petra es mi gran sueño.Te dejo las estrellitas

Artemisa23  artemisa23  03/12/2016 16:38   
Muchas gracias, 3estrellas. Estoy segura que te encantará Petra, es un lugar de los que ni defraudan ni se olvidan. Saludos.

Emilio1956  emilio1956  30/03/2018 16:20
Comentario sobre la etapa: RESUMEN FINAL DEL VIAJE A JORDANIA.
Estupendo diario , es un viaje que le gustaría hacer a mi mujer el visitar Petra así que lo tendremos encuentra para hacerlo cuando mejore un poco más la situación ,te dejo las merecidas 5 estrellas

Artemisa23  artemisa23  01/04/2018 18:19   
Muchas gracias emilio1956. Me alegra que te haya gustado el diario. Espero que os decidáis pronto a hacer el viaje, es realmente precioso. Y en cuanto a la seguridad, aunque no se puede afirmar nunca nada rotundamente sobre este tema, te diré que una sobrina mía está allí en estos momentos: encantada y sin ningún problema. Saludos.

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David_te
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Fecha: Mie May 08, 2019 11:07 am    Título: Re: Viajar a Jordania

Hola, en mi itinerario voy a ir desde el norte del Mar muerto hasta Petra, y tengo dos opciones:ir por la carretera principal hasta al karak visitandolo y posteriormente Shawbak o segunda opcion incluir la carretera Moujib panorama para ir hadta AL- karak, que opinais hacer mas km y tiempo por no perdersela?
Nathanian83
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May 21, 2015
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Fecha: Mie May 08, 2019 11:14 am    Título: Re: Viajar a Jordania

Hola David. Depende de la prisa que tengas y si tienes que llegar a una hora determinada a Wadi Musa, por ejemplo a las 20:30 a Petra by Night. Nosotros desde mar muerto fuimos por el interior, cogiendo la carretera de Wadi Mujib que pasa cerca del castillo de Herodes y desde ahí fuimos hasta Umm ar Rasas, interesante visita aunque no imprescindible. La carretera es muy bonita aunque es complicada y se va despacio, el empacho de coche es importante. Desde Umm ar Rasas cogimos la carretera del Rey hasta Karak y desde ahí ya directos a Wadi Musa. Fue un día con algunas visitas pero...  Leer más ...
david_te
David_te
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May 20, 2007
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Fecha: Mie May 08, 2019 09:58 pm    Título: Re: Viajar a Jordania

Gracias, es lo que hare al final, necesitaba oirlo de alguien, jejeje
nugu
Nugu
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Jul 07, 2011
Mensajes: 11

Fecha: Lun May 13, 2019 10:42 pm    Título: Re: Viajar a Jordania

Hola TravelAdict! Sí, vimos el tarifario en el centro de visitantes, y una vez sellado el Jordan Pass preguntamos por allí, dijimos que teníamos reserva y que queríamos hacer un tour, total que nos dijeron que fuéramos directamente a nuestro campamento y contratáramos el tour desde allí. Supongo que se nos juntó un cúmulo de malas decisiones y mala suerte jeje Gracias por el consejo
nugu
Nugu
Silver Traveller
Silver Traveller
Jul 07, 2011
Mensajes: 11

Fecha: Lun May 13, 2019 10:46 pm    Título: Re: Viajar a Jordania

bichomen Escribio:
Hola,

¿que tal funciona el GPS y los datos por Jordania?

Hola! Nosotros íbamos con la aplicación "Here we go", que es gratuita y la verdad que sin problema (con datos desconectados y ubicación conectada).
Y como consejo, en Amman tuvimos una mala experiencia nada más llegar con un taxi, que no nos quería abrir el maletero para sacar la mochila (ha sido un viaje movido, sí) y a partir de ese día cogimos sólo taxi a través de Uber (eso sí, necesitábamos wifi) pero con la aplicación, que ya te da el precio fijado, genial
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