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CAPITULO4: El Caribe: Sierra Nevada de Santa Marta -Diarios de Viajes de Colombia- Apuertas
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Diario: 25 días por Colombia  -  Localización:  Colombia  Colombia
Descripción: Recorriendo lo mas interesante de Colombia
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Etapa:  CAPITULO4: El Caribe: Sierra Nevada de Santa Marta  -  Localización:  Colombia Colombia
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Nos habíamos pasado 9 horas metidos en un autobús cruzando varias cordilleras, así que cuando llegamos a Santa Marta a las 7 am, teníamos el mismo regocijo que Colon cuando avisto tierra. Habíamos tenido una noche bastante movidita con tormentas eléctrica y lluvias de considerable trascendencia, y a eso había que unirle la velocidad a la que conducía el chofer, así como la temperatura con la que viajamos, que se asemejaba mas a una cámara de carne de merca Madrid que a un autobús.

En cuanto entramos a la estación me aseé un poco y llamamos a María de la agencia Turcol para que viniesen a buscarnos. Los varios intentos fueron fallidos, pues en ambos celulares no hubo respuesta, en el teléfono fijo tampoco. En ese momento se me pasó por la cabeza la posibilidad de que nos dejaran allí tirados, pero fue un pensamiento fugaz que descarté en seguida. Para hacer tiempo nos fuimos a desayunar y llamamos más tarde. Por fin encontramos una respuesta, aunque sonaba como si no nos estuviesen esperando, ni supieran de qué le estábamos hablando, finalmente arreglamos que pasarían a buscarnos a las 8 am.

El plan del día era demoledor, después de 9 horas metidos en el bus, iríamos a la agencia a dejar parte del equipaje y desde allí iniciaríamos la ruta que nos llevaría durante 6 días cruzando las montañas de Sierra Nevada de Santa Marta camino de la Ciudad Perdida.

Vinieron a buscarnos en chiva 1 para llevarnos hasta la agencia, que se encontraba bastante céntrica y donde recogeríamos otros 4 viajeros.


1 Todo terreno típico de bastante colorido y más años aún.

La hora de salida estaba prevista para las 9 am, pero por problemas con uno de los turistas israelí, finalmente salimos sobre las 10 am, hacia lo que sería la zona de partida del trekking, la región del Mamey, una de las entradas del Parque Nacional de Sierra Nevada de Santa Marta.

Nos metimos en la Chiva, una pareja de americanos, el israelí, el guía, el cocinero y nosotros dos. Tres horas más tarde estábamos entrando en la región del Mamey en la zona conocida como Machete Pelao y desde donde se iniciaría la caminata. Aquí comimos unos sándwiches en la estación y comenzamos los aproximadamente 42 km que nos distaban hasta la Ciudad Perdida, atravesando uno de los macizos mas aislados de Colombia, que domina el Caribe por el Norte, una cuenca pantanosa del oeste y todo ello coronado por los picos Simón Bolívar y el Pico Cristóbal Colón, ambos de 5.775 m, los mas altos del país.

Machete Pelao era el punto de partida de todas las agencias, así que estaba lleno de turistas que subían y otros tantos que venían de regreso, en su gran mayoría americanos ávidos de aventuras.

La primera etapa del camino era bastante sencilla, era una especie de “autopista” de tierra por la que se ascendía en todo momento. En esta etapa se ascendía desde los 100 msnm hasta los 520 msnm, donde se situaba nuestra primera estación. En total el desnivel acumulado de todo el trekking seria de unos 1.120 metros, con una inclinación media de 30º a 40º, lo que convertía el camino, en un destroza gemelos, con una humedad media relativa del 75%.

Lo más complicado de las 3 horas de caminata hasta alcanzar nuestro lugar de pernoctación, era el peso que tenias que llevar entre equipaje y agua. La estación Honduras no era otra cosa que un barracón abierto con una especie de cocina y baño, donde se instalaban las hamacas y los mosquiteros, pero disponía de un habitáculo social que contaba con TV, bebidas frías y hasta una mesa de billar, y con un cartel donde rezaba “señores cuando seacueste el primer turista, no mas buchacara ni mas tele”, que venía a ser algo así como que se acababa la fiesta. El lugar resultaba pintoresco, resultaba curioso encontrar esas comodidades a tantos kilómetros de la civilización y situado en mitad de la nada.


Desde luego este trekking no era apto ni para escrupulosos ni remilgados, pues la falta de higiene era visible por todos lados. Los aseos eran unos barracones que contaban con un wáter y un cubo con un cazo que hacía las veces de cisterna y la ducha se situaba en el margen izquierdo del río, desde donde se había instalado una especie de tubería que funcionaba como ducha.


Giorg nuestro cocinero, empezó a preparar la cena, mientras el resto nos íbamos metiendo en el río y en sus pozas naturales para refrescarnos y asearnos. Al cabo de un rato volvimos al campamento donde alrededor de la mesa, nuestro guía local Edwing Rey nos contaba el proceso de fabricación de la coca y de todo el entramado que conlleva, desde sus plantaciones, pasando por el raspachin 1 hasta su colocación en el mercado, del papel de la guerrilla y de lo que suponía para el país este negocio. También nos contó anécdotas sobre la planta del borrachero, o como se conoce en Europa, la burundanga, y los efectos que causa en el cuerpo humano.

1 Término que se usa para definir al que recolecta las hojas de coca, es el peón mas bajo dentro del escalafón.

Después de cenar un riquísimo pollo con arroz y verduras hecho en la lumbre, nos fuimos a descansar a nuestros chinchorros, 1 apenas eran las 20 horas, pero el día había sido muy largo.

Sentí como me dormí antes de poner los pies en la hamaca, hacía bastante fresquito así que me envolví en el saco-sábana de seda que llevaba y usé la manta que nos dieron como almohada y así me quedé profundamente dormida pese a los ruidos. No sé qué hora sería cuando empezó a llover de forma demoledora, pues retumbaba en la chapa del cobertizo y parecía como si estuvieran lanzando piedras de gran tamaño. Apenas si podía distinguir si estaba soñando o llovía realmente, así que tuve que hacer un gran esfuerzo para salir de la hamaca y comprobar que tanto la mochila como la ropa se habían quedado a cubierto, las botas las había colgado en el techo lejos de los bichos, así que todo estaba seco. Volví a quedarme profundamente dormida hasta que me despertó de nuevo los aullidos de un animal que no lograba distinguir, era un gato, que aullaba como si lo estuvieran escaldando, solo buscaba refugio de la

1 Hamaca
lluvia, pero Edwing le lanzó un zapato haciéndolo volar por los aires. Parecía que ya nada interrumpiría de nuevo nuestros sueños.

A las 5:45 Giorg se levantó a prepararnos el desayuno y poco a poco nos fuimos levantando y recogiendo el campamento con los primeros rayos de sol. Los gringos se marcharon a una especie de tour donde explicaban el proceso de elaboración de la coca, típica americanada, mientras nosotros nos quedamos secando la ropa al fuego.

A las 9 am salimos camino de la segunda estación, la caminata esta vez seria de unas 4 horas, lo cual no era mucho para un día completo, pero teniendo en cuenta el estado de mi pie, casi lo agradecí. Esta vez el sendero era más selvático y estaba salpicado de varios poblados indígenas como los Kogi y los Tayronas, así como de varios lugareños en sus quehaceres diarios.

Pasamos por un asentamiento indígena denominado Mutanji que estaba compuesto por varias cabañas de una misma familia.

La única forma que tienen de diferenciar los niños de las niñas, es que a las niñas nada mas nacer se les coloca una serie de collares de colores, de este modo se diferencian (la segunda desde la izquierda es una niña, el resto son niños).

Para los Koguis al igual que todos los indígenas de Sudamérica, el cultivo de la coca obedece más a una tradición ancestral, cargada de simbología. El acto de masticar coca es una rutina diaria. El indígena masca las hojas lentamente para liberar así el alcaloide, que consigue mediante la mezcla de cal y las hojas de la coca. La cal la consiguen machando conchas de mar hasta reducirlas a polvo y la mezclan con la hoja. Esta mezcla se realiza en el Poporo, que es una especie de mortero realizado en calabaza, este proceso se denomina manbear. Mediante una varita humedecida por saliva, e introducida en el poporo, hace que la cal se pegue a esta, liberando así el alcaloide. Tan solo los hombres pueden masticar coca y sólo las mujeres cultivarla y recogerla.

Para los koguis este ritual, lo consideran como su mujer, su conocimiento, y el acto de estar sacando cal del poporo lo identifican como simbólico del coito.

Continuamos la marcha hasta otro asentamiento, esta vez más grande, denominado Arsario y que se usaban sólo cuando había reuniones o asambleas, el resto del tiempo estaban deshabitadas y sus propietarios se desplazaban desde lugares más remotos para tales eventos

img714.imageshack.us/i... arsari.jpg
Seguimos avanzando hasta la que sería nuestra segunda estación, la estación de Gabriel, que era bastante más grande y estaba mejor equipada. Contaba con un único barracón que albergaba una zona de alojamiento compuesta por numerosas literas cuyos colchones parecían tener vida propia y otra zona que hacía las veces de cocina y comedor.
Después de un baño refrescante en el río Buritaca, subimos de nuevo al campamento a comer el almuerzo que estaba compuesto por una sopa consistente de verdura y una limonada natural bastante rica.
Tras el almuerzo nos fuimos de nuevo al río, Francis se quedó tirado en una piedra, mientras yo me dediqué a subir por lo que sería el camino que seguiríamos al día siguiente y que prometía ser agotador, más salvaje y mas emocionante. Después de caminar un rato volví a subir río arriba trepando entre piedras de gran tamaño.Sobre las 17 horas volvimos al campamento, que ya se encontraba bastante animado, pues había llegado otro grupo de turistas y se agolpaban alrededor de las literas intentando coger los mejores sitios. El personal de apoyo se encontraba alrededor del fuego, cocinando o bien aprendiendo ingles y Kogui, como Julio nuestro porteador y pinche, que se entretenía con los niños Koguis que deambulaban por el campamento.Como éramos muchos en el campamento, la cena se retrasó más de lo normal. Terminada la cena me fui a dormir, y a pesar de que mi litera se encontraba a escasos 3 metros de un motor que hacía de generador eléctrico para el campamento, caí profundamente en los brazos de Morfeo.

A las 6 am ya había medio campamento en pie, debíamos ser como unos 30 o 35 incluidos los guías, cocineros y ayudantes. La mayoría de los guías no pasaban de los 20 años, y carecían de la experiencia necesaria para guiar a grupos, puesto que solían ser ex guerrilleros o ex paramilitares que el gobierno de Uribe había obligado a contratar a las empresas turísticas de la zona, para darles una forma de vida diferente. También había muchos raspachines entre ellos como Julio. Aunque buena gente, se les notaba demasiado introvertidos y faltos de experiencia.

Afortunadamente para nosotros Edwing aunque no contaba con estudios, si contaba con una dilatada experiencia de más de 15 años y tenia muchas tablas para tratar con la gente, no en vano había sido el guía durante el último secuestro de turistas extranjeros que se produjo en 2003 y que duró másde 100 días, donde tuvieron que caminar más de 400 km por las selvas, en la misma ruta que estábamos haciendo nosotros, aunque el pudo huir y salir airoso del asunto.

Recogimos todas nuestras pertenencias y emprendimos el camino a eso de las 9 am, dirección la última estación. Aunque habíamos contratado el tour para 6 días, finalmente de mutuo acuerdo con los gringos y el guía, lo haríamos en 5 días, eso no beneficiaba nada a mi pie, pero al menos tendríamos un día más para hacer otras cosas, eso conllevaría que el último día haríamos el descenso que habíamos realizado en 2 días.

El camino hacia la última estación era cuanto menos curioso, pues había que pasar por una pared de piedra de bastante inclinación, cruzar el río en varias ocasiones, ascender montañas para luego bajarlas nuevamente y así sucesivamente hasta llegar a la última estación. Pero el día no comenzó con buen pie, pues a escasos 100 metros del campamento justo cuando cruzábamos la pared rocosa, Francis perdió su cámara barranco abajo hacia el río. Yo iba delante y me había entretenido sacando unas fotos a unas mariposas y una ranita, cuando oí que Francis me gritaba, así que me giré y volví sobre mis pasos a ver que había pasado.
Afortunadamente se había quedado enganchada en un junco así que 5 minutos más tarde cuando llegó Edwing fue a buscar a Julio que en un abrir y cerrar de ojos bajó y rescató lo que quedaba de ella. Para el tremendo golpe que había sufrido, los daños eran menores, había perdido el protector del objetivo y el zoom no funcionaba, pero al menos seguía haciendo fotos y había recuperado las que llevaba hasta entonces.

Continuamos el ascenso cruzando el río que afortunadamente en esta época del año no llevaba mucha agua, apenas si me llegaba a la rodilla.

Comenzamos el ascenso de la montaña hasta que nos encontramos con unos Koguis, que a petición del gobierno estaban “destrozando” el camino y haciéndolo más transitable para los turistas, quitándole el encanto de la huella del pasado. El ascenso era demoledor pues a la pronunciada inclinación había que unirle los 35 grados de temperatura que hacía.

Nos tropezamos con una casa-molino en el camino, que los indígenas usaban para recolectar los frutos que habían plantado en aquellas tierras. Los Koguis eran nómadas e iban desplazándose por los diferentes cultivos que tenían por toda la sierra, emplazando casas para recoger las siembras.

A partir de aquí el camino descendía entre bosque y amplios valles y todo el trayecto estaba salpicado de pequeñas cabañitas aisladas de indígenas.

Hasta llegar de nuevo al río, el camino se volvía más complicado, pues había que trepar entre piedras enormes, afiladas y cubiertas de resbaladizo moho y raíces entrelazadas que complicaban el paso.

Justo a medio día, estábamos llegando al punto donde teníamos que cruzar de nuevo el río, aquí nos encontramos con otro grupo de turistas que estaban tomando un refrescante baño. Mientras nos quitábamos las botas de montaña para cruzar, aparecieron unos cerdos salvajes que pretendían cruzar en nuestra dirección, y aunque tímidamente, debido al bullicio, al final se animaron.
Sobre las 13 horas estábamos llegando por fin al último refugio, Campamento Romualdo que era un chamizo improvisado, de hecho, era parte del campamento de una productora de cine que había estado hacia unos meses rodando un documental para la BBC sobre el río Buritaca y la Ciudad Perdida. Hacía tan sólo un mes, el campamento base para visitar Ciudad Perdida, se encontraba a escasos metros de la misma, pero el gobierno lo acababa de prohibir para intentar conservar lo máximo posible el entorno y por motivos de seguridad, así que el campamento en el que nos encontrábamos estaba aun a una hora de Ciudad Perdida y estaba a medio hacer, con obreros cortando árboles, agrandando las instalaciones y con barracones improvisados.

Aquel campamento era demasiado pequeño para la cantidad de visitantes que había, debíamos ser unos 40, y nos agolpábamos por pillar los mejores lugares para pernoctar. Afortunadamente el guía en estas situaciones, juega un papel importantísimo y nosotros llevábamos al perro viejo que mas sabía, así que nos procuró una tienda de campaña bastante grande para los 4.

Pronto descubrimos que además de pequeño y escaso de servicios, aquel campamento estaba mal construido. Esta zona de la sierra era una de las zonas de Colombia con mayor pluviometría, así que la evacuación de la acumulación de agua era un factor determinante, que evidentemente no tuvieron en cuenta, no en vano en la Sierra Nevada de Santa Marta se presentan todos los climas de la Tierra, exceptuando el desértico. Mientras el personal preparaba el almuerzo, nosotros acomodábamos nuestras cosas donde podíamos, y esperábamos impacientes la comida, mientras veíamos como llovía de forma intermitente. Tras el almuerzo y en un momento en que dejo de llover, nos fuimos a dar un paseo por las inmediaciones, sin alejarnos mucho pues el cielo amenazaba tormenta. Mientras Francis se tumbaba en una piedra como un lagarto, yo me dedique a ascender montaña arriba caminando dentro del río, hasta que encontré los famosos 1.200 peldaños de piedra que dan acceso a la Ciudad Perdida.
Regresamos al campamento sobre las 17 horas donde ya se encontraban preparando la cena. La comida que nos proporcionaban era bastante básica, debido a la dificultad del transporte, así que los desayunos eran principalmente café o chocolate con sándwiches de queso tostados o arepas de queso, con huevos perico 1, y los almuerzos y cenas, variaban con sopas o bien un plato combinado de carne, arroz, frijoles y verdura. Cenamos todos juntos a la luz delas velas mientras seguía lloviendo. La gran mayoría eran de habla inglesa y cada uno contaba sus lugares de origines, sus anécdotas del viaje y sus planes de visita del país, que por lo general casi todo coincidíamos, pues eran las únicas zonas transitables, nosotros éramos los que mas nos diferenciábamos del resto. Nos fuimos pronto a la cama pues no había mucho que hacer y la noche se presentaba movidita. La tienda de campaña aunque grande era bastante incómoda pues dormías prácticamente en el suelo, así que fue una noche muy larga para todos.

A las 6 de la mañana comenzamos a escuchar los primeros ruidos en el campamento, eran los cocinillas que se levantaron a preparar el desayuno, así que empezamos a desperezarnos y recoger las cosas. Dejaríamos el equipaje en la tienda de campaña y lo recogeríamos a la vuelta para emprender de nuevo el descenso hasta Machete Pelao, nuestro punto de partida. Había estado lloviendo toda la noche y continuaba lloviendo, así que la subida estaría pasada por agua.

Desayunamos arepas de queso y carne, y a pesar de la lluvia a las 7 am comenzamos el ascenso río arriba. Como había que subir la mitad del camino através del río, decidí dejar las botas de montaña en el campamento. Tardaríamos una hora en subir los 1.200 peldaños de piedras resbaladizas y alcanzar los 1.200 metros en los que se situaba la Ciudad Perdida de los Tayronas. Esta sierra se encontraba habitada desde épocas remotas, pero no fue hasta la era de Cristo, cuando el pueblo de los Tayrona, de origen meso-americano que se expresaba en chibcha, se estableció aquí. Los Teyunas o Tayronas, no conocían la escritura, ni el uso de la rueda o la explotación de los animales. Sin embargo, habían ejercido la agricultura a gran escala y eso les permitía obtener excesos de producción que cambiaban por otros bienes. Vivían en asentamientos formados por cabañas de adobe, que eran comúnmente construidas sobre bases circulares delimitadas por muros de contención de piedra.

Teyuna en lengua chibcha significa origen de los pueblos de la Tierra, pero el nombre popular de este importante yacimiento arqueológico es Ciudad Perdida, por lo recóndito del lugar donde se encontró y lo que costo descubrirla. Teyuna permaneció, en efecto, abandonada y olvidada durante unos 375 años, hasta la fecha de su descubrimiento en 1973. A veces se le llama también Buritaca 200, en referencia al número de lugares arqueológicos descubiertos en el área de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Después de las incursiones de los españoles en la zona costera de Santa Marta, a partir de 1525, los Tayrona se adentraron cada vez más en la Sierra Nevada y probablemente se refugiaron en Teyuna alrededor de 1540. En el valle del río Buritaca, en una zona comprendida entre los 500 y los 2.000 metros de altitud, fueron encontrados 32 centros urbanos. Teyuna, cuyas estructuras de piedra se encuentran a una altura comprendida entre los 900 y los 1.200 metros de altitud, era el centro principal de la totalidad del valle y cumplía un rol espiritual y comercial. Probablemente en cada terraza estaban construidas 2 cabañas. Se puede estimar, por tanto, que la población total de Teyuna comprendía las 1.500 personas, por un total de 280 cabañas.

Los Tayrona decidieron, con el paso del tiempo, modificar el terreno, empinado y accidentado, para obtener superficies planas aptas para la construcción de sus unidades residenciales. Algunos muros Tayrona tienen una altura de hasta 9 metros y además de contener las terrazas, sirven para marcar los caminos, canalizar los flujos de agua y evitar la erosión de las montañas. La forma de las terrazas varía según la ubicación y probablemente según el uso al cual estaban destinadas. Aquellas situadas a más altura son ovales, mientras que las otras son en su mayoría semicirculares o circulares. Su extensión varía desde los 50 hasta los 880 metros cuadrados. A partir de 1970 algunos guaqueros 1 comenzaron a espoliar y a enriquecerse con el oro sepultado en las tumbas indígenas. Los saqueos continuación hasta que en 1976 llegaron los arqueólogos Gilberto Cadavid y Luisa Fernanda Herrera de Turbay, el arquitecto y escritor Bernardo Valderrama Andrade y los guías locales -antiguos guaqueros- ‘El Negro’ Rodríguez y Francisco Rey, casualmente padre de nuestro guía Edwing.

La subida de los 1.200 peldaños se hace literalmente cuesta arriba y casi a gatas, debido a la pendiente del terreno y a lo resbaladizo del suelo. Sobre las 8 am llegamos por fin a la primera terraza.

1 Huevos revueltos con tomate y cebolla


1 Saqueadores de tesoros


Seguimos el ascenso por las decenas de caminos de piedra, hasta subir a la terraza principal que se encontraba custodiada por decenas de soldados del ejército colombiano.
Ya no llueve y las vistas de los alrededores desde esta altura son realmente impresionantes, aunque esta nublado podemos ver a lo lejos la costa.


En la actualidad apenas si hay unos 2 km cuadrados excavados, el resto se encuentra paralizado principalmente por el consejo de indígenas del lugar que no quieren más presencia de turismo en la zona. Este año marcara un antes y un después en Ciudad Perdida, pues el gobierno ha decidido dotarla de mayores infraestructuras, así como modificar los antiguos caminos realizados por los Tayronas en piedra natural y sustituirlos por caminos anchos y llanos para una mayor afluencia de turistas, perdiendo así el encanto que tiene en la actualidad. El gobierno emplea a los indígenas para realizar este tipo de trabajos, haciendo que estos hagan cada vez menos sus actividades tradicionales, ya apenas si cultivan, producen cerámica y en muchos casos han renunciado totalmente a sus tradiciones ancestrales.

Para poder cortejar a su pareja, los Tayronas pasan 3 años de su vida trabajando para ella, si al final de este periodo ella da el visto bueno, entonces se produce el matrimonio y será ella quien trabaje para él, cultivando la coca para que mastique, la siembra, etc. mientras ellos se dedican a la recolección y al cultivo.

En una sociedad donde se requiere de cierto poder físico para poder moverse con soltura por los terrenos escarpados, los nacimientos de niños con deformidades, mongólicos o con algún tipo de anomalía no tienen cabida, así que cuando estos se producen, les quitan la vida mediante bebidas envenenadas, al igual que si a lo largo de su vida adulta sufren algún tipo de amputación.

Tras 3 horas dando vueltas por todas las terrazas, comenzamos el descenso hacia el campamento situado 300 metros más abajo, cruzando de nuevo el río hasta la base.


A las 11:30 llegamos al campamento donde nos estaban preparando unos sándwiches antes de comenzar el descenso. Nos esperaban unas 3 horas de caminata entre piedras y barro hasta llegar de nuevo a casa Gabriel. Descendimos hasta un valle abierto donde nos encontramos unos niños koguis que nos ofrecieron plátanos a cambio de unas galletas que llevaba Edwing para la ocasión. Repusimos fuerzas y continuamos el camino.


Sobre las 15 horas llegamos al refugio de las literas donde pasaríamos la noche antes de descender hasta donde nos esperaba el jeep. Acomodamos nuestras cosas y nos dirigimos al río para bañarnos. En mitad del camino hay restos de haber cortado madera así que sin darme cuenta, me clavo una astilla que me atraviesa la chancla hasta el dedo del pie, afortunadamente parece que no era ni demasiado grande ni muy profunda.

Volvemos para la cena y nos acostamos pronto, la jornada del día siguiente será complicada, tendremos que caminar unas 7 horas para llegar sobre las 2 pm a Machete Pelao. Como habíamos ganado un día acortando la excursión, la idea es pasar la noche dentro del Parque Nacional Tayrona y dormir en una hamaca a la orilla del mar, para el lunes regresar a Santa Marta.
A las 4 de la mañana algunos de los cocineros ya estaban en pie, así que me desperté y aunque aún quedaban 2 horas para levantarse, era incapaz de volver a conciliar el sueño por el insoportable dolor de pie, tobillo y rodilla que tenía, parecía como si me hubiesen amputado las piernas y recién estuviese despertando de la anestesia. El esguince se había complicado más aún debido a numerosas torceduras en el camino, así que tenía de nuevo tenia un derrame que me ocupaba todo el empeine del pie. Para colmo se me había infectado la astilla que me había clavado el día anterior, así que tenia el dedo gordo del pie con bastante mal aspecto y apenas si podía rozarlo.

Me levanté como pude y me dirigí hacia el río, allí con ayuda de un imperdible me pinché el dedo sacando toda la pus y dejando la herida lo más limpia posible rociándolo con una solución desinfectante, metí el pie en el agua del río que parecía que le hubiesen puesto cubitos de hielo y lo dejé allí unos minutos para bajar la inflamación. Volví al campamento y me tumbé con los pies en alto mientras me tomaba algo contra el dolor. A las 6 am vino Edwing a darme los buenos días mientras el resto de turistas ya organizaban sus equipajes.

Después del desayuno nos pusimos en marcha, esta vez haríamos 2 jornadas en una, así que casi todos comenzaron el descenso a un ritmo frenético salvo yo, que no podía seguirles el ritmo. En apenas 15 minutos me quedé sola en el camino, pues mi ritmo estaba bastante por debajo del grupo y tampoco quería forzar más la maquinaria, aún quedaban más de 15 días de viaje por delante. Disfrutaba del silencio y de los ruidos de la selva, y los paisajes de verde frondoso a lo lejos te hacían sentir que eras el único habitante de la tierra. Pasé por cultivos de café, verdes prados, selvas tropicales húmedas, bosque bajo, cultivos de coca y un sin fin de paisajes.

La primera parte del camino era en subida y se hizo difícil debido a que todo el camino estaba anegado de barro de la lluvia del día anterior, barro que se quedaba adherido a la suela de la bota cual pegamento, dificultando mas la caminata, y había que unirle los tremendos socavones que se habían formado por los regueros de la lluvia. Apenas si me crucé con un par de turistas y unos cuantos lugareños que portaban en sus mulas, los materiales necesarios para acometer las obras de mejora en el camino, pues el próximo mes el acceso a Ciudad Perdida quedaría cerrado a los turistas para poder realizar dichas mejoras, así que se hacía acopio de materiales. El gobierno había dispuesto que cada una de las 4 agencias autorizadas a la explotación de este trekking, realizara la mejora de un tramo concreto.

Tras 3 horas de sofocante caminata a 35º, hicimos un pequeño alto en el camino donde pude descansar y refrescarme, allí estaba esperándome Edwing y Francis que charlaban con los lugareños, los 2 americanos habían seguido el camino. Cuando paraba el ardor de mis piernas se hacia presente, así que prefería no parar durante demasiado tiempo.

Una vez recuperado el aliento e hidratados continuamos el descenso que nos mantendría en camino un par de horas más. Por fin a las 12 am estábamos llegando a Machete Pelao donde nos esperaba nuestro jeep, para llevarnos de nuevo a la civilización, pero antes tendríamos un más que merecido almuerzo.
El trekking a Ciudad Perdida había durado 5 días, así que ese día de mas que habíamos ganado lo emplearíamos en pasar el día en la playa de Arrecife. La idea de pasar otra noche durmiendo en una hamaca después de los 5 días anteriores, no me atraía demasiado, pero si me apetecía un día tranquilo de playa.

La Chiva de Turcol nos dejó justo en la entrada del parque donde pagamos la entrada al recinto y agarramos una buseta que nos dejaría en el centro del parque. La buseta iba completa hasta la bandera de turistas extranjeros que tenían el mismo plan que nosotros, pasar allí una noche.
Sobre las 15:30 el bus nos dejó en el centro del parque y comenzamos a caminar dirección Arrecife, íbamos un americano, un sueco y nosotros y nos costó encontrar el camino hasta la playa, a pesar de las indicaciones, que eran bastante confusas.

La línea costera del Parque estaba formada por numerosas bahías conectadas entre si. Agarramos el camino dirección Arrecife, pasando primero por bahía Cañaveral hasta que nos vimos atrapados por unos manglares y una montaña que nos impedía el paso, así que tuvimos que retroceder sobre nuestros pasos. Preguntamos en unos ecos Lodge que había ubicados sobre una montaña y aquí nos pusieron en el camino correcto.


Cuando encontramos el camino correcto, había un cartel que indicaba que aún quedaban 45 minutos hasta bahía Arrecife, se me vino el mundo encima, pues tenía los pies destrozados y ya llevábamos caminando más de 8 horas, aunque igualmente no había forma de retroceder. Comenzamos a caminar y aunque al principio el camino parecía sencillo, pronto se convertiría en un barrizal lleno de rocas, pendientes y centímetros cúbicos de barro, bosta de decenas de caballos que usaban los turistas para moverse por el parque y un sinfín de calamidades mas.
No teníamos alojamiento contratado y nos cruzábamos con decenas de turistas que salían de la playa antes de cerrar el parque, así que sobre las 16:30 estábamos llegando justo a la bahía. Buscamos un alojamiento lo más cercano posible a la playa. El sitio en cuestión era una especie de camping llamado “El Paraíso” que tenía bastante buena pinta, con chamizos esparcidos de varios tamaños, mucho verde donde acampar y un restaurante.


Arrecife era una bahía cubierta de manglares hasta casi la orilla, una playa paradisíaca donde curiosamente estaba prohibido el baño por las aguas tan bravas que tenía, y pudimos dar fe de ello en cuanto llegamos, ya que las olas superaban los 3 metros. Estábamos tan cansados y sedientos que nos fuimos directamente al bar a tomar algo, aquí contratamos las hamacas para pasar aquella noche y mientras hacíamos tiempo para cenar, se desató una tormenta descomunal.

Permanecimos en la terraza en silencio durante horas, observando como llovía y como los propietarios de las tiendas de campaña corrían a desmontarlas, mientras la lluvia torrencial se las llevaba como barquitos de papel. Los animales que había por el camping también corrían a refugiarse de la lluvia mientras otros como una lora jugaba con el agua.
El camping era un ir y venir de gentes recogiendo sus enseres y guardándolos bajo las cabañitas, llevaba lloviendo unas 2 horas y el agua ya acumulaba unos 40 cm. Sobre las 18:30 ordenamos algo para cenar, y como no había mucho que hacer por allí, en seguida nos fuimos hacia las hamacas a descansar.

Nos habían colocado las hamacas tan juntas que se hacia complicado moverse sin patear al vecino, afortunadamente en nuestro lado de la cabaña estábamos solos, pero aun así era bastante incómodo moverse, además estaban mal ancladas y el cuerpo se quedaba medio torcido y fuera de la hamaca.
Acomodamos las mochilas, las botas y demás enseres como pudimos y a las 20:30 nos metimos en la hamaca al igual que el resto de turistas, y es que no había parado de llover y el bar estaba cerrado. Las hamacas no tenían mosquitera, así que nos embadurnamos de antimosquitos y nos pusimos toda la ropa de manga larga de la que disponíamos, me tapé con el saco-sábana hasta la cabeza y rece por no estar muy suculenta para los mosquitos aquella noche. Hasta las 21:15 no se apagaron todas las luces del camping y fue entonces cuando intentamos dormir algo. Nos costaba conciliar el sueño en aquella hamaca tan incómoda pero finalmente el cansancio nos pudo.

Apenas habían transcurrido 30 minutos cuando comenzó a escucharse el graznido de unos 6 cisnes de gran tamaño que revoloteaban por debajo de las hamacas picoteándonos el trasero y todo lo que encontraban a su paso. Parecía surrealista, no sabíamos de donde habían salido pero se marcharon despavoridos con la misma rapidez con la que habían aparecido, asustados por lo que en la oscuridad parecía el galope de “algo”. Cogí la linterna e intenté buscar en la oscuridad de donde salía el ruido y ¡allí estaba! ¡no daba crédito!, por un momento pensé que lo estaba soñando, pero no, el relinchar volvió a sonar esta vez mas cerca. Me incorporé de la hamaca y con la linterna conseguí encontrarlo, y allí estaba, era uno de los potros salvajes que habíamos visto cabalgar por la playa.

Sobre las 12 de la noche el potro entró en nuestra cabañita y comenzó a olisquear todas las mochilas, cuando se cansó salió al campo a comer hierba fresca. Seguía lloviendo y el potro parecía estar feliz galopando alrededor de las cabañitas mientras relinchaba y mientras a lo lejos se oía a los cisnes gritando como posesos. Aquello más que un camping parecía un circo, pero como estaba tan cansada finalmente me venció de nuevo el sueño y me quedé dormida pensando que ya entendía porque el camping se llamaba “El Paraíso”, o era irónico o habían metido una pareja de animales de cada especie como Noe. Me despertaba a cada instante pues estaba intranquila por los ruidos y por nuestras cosas, al fin y al cabo estábamos durmiendo en la calle y tenía miedo de despertar y no encontrar nada, además sufríamos el acoso implacable de los mosquitos.

A las 3 am me volví a despertar, esta vez se movía mi hamaca. Lo primero que pensé es que mi compañero me estaba pateando, así que no le di mucha importancia y cerré de nuevo los ojos. A los 14 segundos sentí que otra vez como alguien movía de nuevo la hamaca, y así insistentemente durante varias veces más, pero estaba tan cansada que no era capaz ni de abrir los ojos. Cuando el balanceo se tornó peligroso y estuve a punto de salirme de la hamaca, fue cuando abrí los ojos y ¡allí estaba! una sombra enorme mirándome apostada justo delante de mi hamaca, con forma de cabeza gigante. Lo primero que se te pasa por la cabeza cuando duermes a la intemperie dentro de un Parque Nacional en Colombia, es que te ataque el peor animal de la tierra: El Hombre. Así que pensé que era alguien de la guerrilla o los paramilitares que venían a secuestrarnos, robarnos, matarnos o violarnos y no precisamente en ese orden.

Mientras yo pensaba todo eso, la sombra permanecía inmóvil allí mirándome. Cada vez oía más fuerte el latido de mi corazón, sin dejar de mirar al intruso. Entonces algo insólito me despertó de mi parálisis, ¡alguien me estaba chupando los pies!, en ese momento deslice mi mano hasta el bolsillo superior de mi chaqueta y encendí la linterna, y casi me da otro paro cardiaco, ¡allí estaba!, una mula blanca, la mula Francis chupándome los pies a través de la sabana, y la sombra no era otra cosa que un potro marrón que mecía mi hamaca con el hocico, mientras me miraba con los mismos ojos con los que me mira mi sobrina cuando me levanta de la siesta y me dice: “despierta que me aburro vamos a jugar” ¡estaba flipando! pero estaba tan cansada que creía que estaba soñando, pero no, allí estaban los 2 animales junto a mi hamaca.

Me incorporé como pude mientras con la mano les azotaba en la grupa para que saliesen de la choza. Tardé bastante en conciliar el sueño de nuevo, pues el susto había dejado mi corazón a un ritmo que era incapaz de calmar.


A las 6 am había tanta luz que era imposible dormir más. Nos sentíamos como si hubiésemos estado caminando toda la noche, ya no llovía tanto pero seguía lloviendo, hacia viento y bastante frío. Analizamos la situación y decidimos volver a la ciudad, no tenía mucho sentido pasar el día en una playa lloviendo y sin muchas cosas mas que hacer.

Recogimos todas nuestras pertenencias y en ese momento recordé lo mal que estaba el camino que habíamos cogido para llegar hasta el camping, así que haciendo gala de mi espíritu aventurero decidí, en contra de la voluntad de Francis, volver cruzando por la línea costera hasta llegar al punto donde estaban los Eco Lodge por los que nos habíamos perdido el día anterior. Nos acercamos caminando hasta la playa de Arrecife en dirección a Playa Cañaveral, según el mapita que llevábamos, estaría del otro lado de un montículo al que nos estábamos acercando.


En ese preciso momento comenzó a llover copiosamente, así que aligeramos el paso, y no nos quedó más remedio que cruzar por una especie de charca que nos llegaba por la rodilla, así que nos descalzamos y continuamos caminando. La sorpresa vino al cruzar la charca, pues estábamos en otra especie de bahía que sin duda no era bahía Cañaveral. En este momento Francis sugirió darse la vuelta, pero como soy bastante persistente, decidimos continuar.

Nos acercamos al final de la bahía que tendría unos 200 metros de longitud y vimos que había otro montículo mas, esta vez rocoso, con una especie de escalera en muy mal estado, así que nos refugiamos un momento de la lluvia entre dos rocas gigantes, y meditamos si darnos la vuelta o no, pero yo estaba empeñada en ver que había tras la bahía. En ese momento vimos unos trabajadores que venían por la playa hacia los Lodge, así que pensé que efectivamente había algún lugar de paso por el que podíamos cruzar. Bajamos por la escalera y llegamos a otra bahía más y al final de la misma una montaña rocosa bastante elevada.

Subimos por un sendero y llegamos a un desfiladero de rocas enormes y bastante resbaladizas por las que, si nadie lo remediaba, tendríamos que bajar. El camino era bastante peligroso, no sólo porque el golpe seria de aupa, sino porque la marea estaba subiendo mucho y el mar estaba muy picado, con olas de más de 3 metros golpeando contra la roca.

Mientras Francis se acordaba de mis antepasados y meditaba si bajar por aquí o darse la vuelta, yo ya tenia medio cuerpo bajando por la roca, aunque con bastante dificultad pues era muy alta para mi y casi plana verticalmente y sin muchos salientes en los que apoyarse. Además había que tener en cuenta el impacto de las olas, que en el retroceso podían engullirte, ya había vivido algo parecido en Costa Rica y no quería repetir. De repente apareció una pareja de lugareños del otro lado que subió a una velocidad de vértigo. Los dejamos subir primero y una vez arriba, el chico se ofreció a ayudarnos y pudimos bajar con mayor facilidad. El aterrizaje lo hicimos directamente dentro del mar y una subida de la marea me cubrió medio cuerpo, cuando se fue la resaca sin mi, salí corriendo tierra adentro. Recuperada del susto y empapada, nos encontrábamos por fin en la ultima bahía, pues a lo lejos ahora si, veíamos los Eco Lodge así que ya era coser y cantar. Cruzamos por fin la última montaña y llegamos a la plazoleta donde nos había dejado el día anterior la buseta.

Eran las 8:40 am y estábamos solos, no había nadie mas esperando y a lo lejos se acercaban un par de motoristas que acababan de dejar a sus novias en uno de los bares del parque donde trabajaban. De repente vi que se quedaron justo enfrente y uno de ellos nos miraba y al final se me acercó y me dijo que hasta las 9:30 am no saldría la primera buseta, no sabía si era cierto o no, pero necesitaba una ducha urgente y ropa seca, así que antes de que Francis reaccionara yo ya estaba subida en la suzuki de aquel desconocido, el hizo lo propio con el otro motorista y salimos de allí a toda velocidad mientras seguía lloviznando.

Cuando nos dejaron en la carretera principal, les di el mismo importe que nos había cobrado la buseta el día anterior, algo muy común en estos países, y ahí cogimos un bus dirección Santa marta, que se encontraba a unos 40 km de allí, lo que supondría 1 hora más de trayecto. Nada mas subir al bus caí profundamente dormida, habíamos decidido ir a la agencia de Turcol a recoger el equipaje que habíamos dejado antes del trekking y de ahí irnos a nuestro alojamiento a descansar. A las 10 am el bus nos dejó justo en el mercado central de Santa Marta, que se situaba en un cruce de calles atestadas de puestos y tiendas donde podías encontrar casi de todo, desde ropa hasta pescado, lápidas, comida etc. y era un ir y venir de gentes con un aspecto que daba miedo, aquello parecía mas un suburbio de favelas que una ciudad turística.

Cogimos un taxi que nos dejo en la puerta de Turcol y fuimos a cambiar algo de dólares para posteriormente dirigimos hacia la bahía de Taganga.
La Bahía de Taganga era un pintoresco pueblo de pescadores con restaurantes típicos, playas paradisíacas, montañas, zona desértica espinosa, fauna marina, aguas profundas y tranquilas y uno de los lugares más importantes de buceo del caribe colombiano, ubicado a tan sólo 10 minutos de Santa Marta. Era el lugar perfecto para descansar, y aquí pasaríamos los próximos 3 días.
Llegamos a Casa Felipe que aunque no estaba a pie de playa, las instalaciones estaban muy bien, con todo tipo de servicios y económico y a tan solo 7 minutos caminando de la línea de mar. Nos registramos y nos fuimos directamente a la playa para aprovechar lo que nos quedaba de día, aquí brillaba un rol radiante. Sobre las 14 horas nos fuimos a un chiringuito que había justo al lado a degustar la famosa gastronomía de la zona, cuya especialidad tenia que ver con los productos de la mar. Nos fuimos a comer al Restaurante Las Olas, donde comimos unos riquísimos patacones 1 y un pulpo al ajillo delicioso y algo de marisco.

1 El patacón es una comida a base de trozos aplastados y fritos de plátano verde

Después de comer volvimos a tumbarnos a la playa. El mar estaba transparente y cálido y corría una brisa fresca que de por sí te relajaba y te hacía olvidar todo el cansancio, y así después de unos baños refrescantes, volvimos al hotel. Descansamos un rato y volvimos al malecón a dar un paseo por el pueblo, era bastante pequeño y en su mayoría estaba lleno de turistas hippies y jóvenes que buscaban sol y playa, además de fiesta, aunque como era un poco temprano no había mucho ambiente. Nos sentamos en una terraza donde servían un poco de todo, pizzas, hamburguesas, comida típica, crepes etc., para cenar algo, pero habíamos comido tanto a medio día que no nos entraba ni el aire, así que nos pedimos un par de jugos naturales cada uno y eso fue todo lo que pudimos cenar antes de volver al hotel.
Nos levantamos a las 7 am y aunque habíamos dormido muchas horas, no habíamos descansado del todo bien, pues las camas no tenían mosquiteras y nos habían acribillado los mosquitos a mordiscos. El plan de hoy era visitar Santa Marta Centro, Rodadero y Playa Blanca.
Rodadero, es una playa ubicada en Santa Marta, y es el punto más visitado de la ciudad. Se encuentra a tan sólo 5 Km. del centro y esta playa representa un símbolo de la ciudad ya que es conocida a nivel nacional, como un balneario de excelente calidad y la zona más moderna con rascacielos, modernos hoteles, apartamentos y una amplia gama para el ocio. Playa Blanca en cambio, era una bahía a la que sólo se podía acceder en lancha, con una playa de arena blanca y cristalinas aguas.
Cogimos la buseta hasta el centro de Santa Marta donde paseamos por la ciudad recorriendo sus calles de estilo colonial, sus plazas, iglesias, el museo del oro así como el malecón y algún que otro parque.


Cogimos una buseta para ir a la Playa de Rodadero y llegamos sobre las 10 am. Aún no había mucha gente a pesar de los 32º de temperatura y un sol radiante.
Rodadero era una playa de arena blanca bastante turística, así que nos tumbamos un rato al sol tomando una cerveza fresquita hasta las 12 am que decidimos ir a visitar Playa blanca y el acuario de Santa Marta, ambos con acceso sólo por mar. Supusimos que el acuario sería algo modesto y que no merecía la pena visitar, pero como iba incluido en el precio hacia Playa Blanca, decidimos visitarlo igualmente.
Nos subimos en el primer bote que salía hacia el acuario y conforme nos íbamos acercando nos íbamos quedando más y más perplejos. El acuario no era otra cosa que un chamizo en medio de una cala desierta rodeado de desierto espinoso y con 4 animalitos con menos vida que Espinete, sin duda era uno de los más cutres que había visto en mi vida.

Continuamos en bote hacia Playa Blanca que era una bahía de arena coralina blanca llena de restaurantes y chiringuitos a pie de playa, de aguas cristalinas.
En seguida nos fuimos al primer chiringuito que vimos, que era un barracón enorme de 2 plantas de madera, al más puro estilo caribeño a comer el mejor arroz con marisco que he probado en mi vida, por supuesto acompañado de patacones y pescado local, además en cantidades industriales y a un precio muy económico.Cuando terminamos de almorzar nos fuimos a la playa a tumbarnos un rato hasta las 16:30 que cogimos el bote de regreso al hotel, donde nos duchamos y salimos a cenar y a tomar algo.


Teníamos un vuelo desde el aeropuerto de Santa Marta hacia Bogota a las 16 horas, así que para aprovechar la mañana nos fuimos temprano a conocer Playa Grande, que era otra bahía similar a las que ya habíamos visitado. Sobre las 12 volvimos al hotel a recoger nuestras cosas y coger un transporte hacia el aeropuerto.


El aeropuerto de Santa Marta estaba a las afueras, dirección Baranquilla y era bastante modesto a pesar del tráfico internacional que tenía, sobre todo vuelos charter procedentes de USA y Canadá, a pesar de ello tenía los servicios básicos.
Aunque el vuelo salio en hora, llegamos con retraso a Bogotá por congestión aérea, así que tuvimos que sobrevolar la ciudad durante unos minutos.
Nada más llegar a Bogotá nos fuimos directos de nuevo a la Posada del Sol, donde dejamos las cosas y nos fuimos a cenar algo antes de que fuese más tarde. A la mañana siguiente madrugaríamos y empezaríamos así, la segunda etapa de nuestro viaje. Antes de acostarnos dejamos en la taquilla del hostal, parte del equipaje que no necesitaríamos para la siguiente etapa.
Entre este equipaje se encontraban varios souvenirs que habíamos comprado, y dos machetes de unos 60 cm de longitud y numerosas estatuas talladas en piedra de los Tayronas.
Nos habíamos acostado relativamente pronto pero sobre las 12 de la madrugada, el hostal parecía una plaza de toros en plena ebullición y es que había un grupo de Coreanos borrachos, armando bastante jaleo, este hostal estaba muy bien pero era bastante ruidoso por la noche. Después de salir en un par de ocasiones a llamarles la atención, por fin pudimos dormir.


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Fecha: Lun Oct 21, 2019 06:38 pm    Título: Re: Viajar a Colombia

Buenas tardes: ayer llegué de mi viaje por 2 semanas y media por Colombia. Sin lugar a dudas me quedo con el Valle del Cocora: espectacular sus palmeras y todo ese paisaje. Gracias al forero que dijo que mejor empezaremos el trekking por la derecha, así al final tenemos la recompensa de esas maravillosas vistas Sonriente La cruz fue en Bogotá donde le robaron a un amigo el móvil un pickpocket :/// pero por lo demás súper bien allí y en el resto de ciudades... Usé uber sin problemas excepto al salir del aeropuerto y todo genial. También saqué dinero con mi tarjeta n26 sin comisión pero...  Leer más ...
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Fecha: Dom Nov 03, 2019 05:15 pm    Título: Re: Viajar a Colombia

Yo he estado 2 veces en el último año y me encanta el país, tiene tanto que ofrecer! Y la seguridad no es tan mala como nos imaginamos, siemplemente hay que ir con sentido común no pasará nada!
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Fecha: Lun Nov 04, 2019 02:30 pm    Título: Re: Viajar a Colombia

mochilaycamara Escribio:
Yo he estado 2 veces en el último año y me encanta el país, tiene tanto que ofrecer! Y la seguridad no es tan mala como nos imaginamos, siemplemente hay que ir con sentido común no pasará nada!

Hola muy buenas he entrado en tu Blog en busca de tus experiencias en Colombia y no me aparece nada...soy yo que no se buscar?? Gracias por las aclaraciones!!!
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Ago 06, 2018
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Fecha: Lun Nov 04, 2019 07:10 pm    Título: Re: Viajar a Colombia

Hola! Para los que les preocupe el tema seguridad, nosotros estuvimos dos semanas en julio-agosto de este año y sin problema. Sí que es verdad que nos habían hablado mal de San Andrés, pero tampoco tuvimos ningún problema. Lo mejor es siempre al llegar a una ciudad preguntar al hotel si hay alguna zona menos segura y ellos os indicarán. Y por supuesto el sentido común! Os animo a visitar Colombia!
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Fecha: Sab Nov 16, 2019 01:06 pm    Título: Re: Viajar a Colombia

quien va desde españa a colombia x un mes en diciembre o en enero x 1 vez yo voy y no deseo ir sola

- Mensaje escrito desde COLOMBIA 23 DÍAS X LIBRE AGOSTO 2019 -
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