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CAPITULO4: El Caribe: Sierra Nevada de Santa Marta ūüß≠ Diarios de Viajes de Colombia
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Diario: 25 d√≠as por Colombia  -  Localizaci√≥n:  Colombia  Colombia
Descripci√≥n: Recorriendo lo mas interesante de Colombia
Autor: Apuertas   Fecha creaci√≥n: 
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Etapa:  CAPITULO4: El Caribe: Sierra Nevada de Santa Marta  -  Localizaci√≥n:  Colombia Colombia
Apuertas  Autor:    Fecha creaci√≥n:   
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Nos hab√≠amos pasado 9 horas metidos en un autob√ļs cruzando varias cordilleras, as√≠ que cuando llegamos a Santa Marta a las 7 am, ten√≠amos el mismo regocijo que Colon cuando avisto tierra. Hab√≠amos tenido una noche bastante movidita con tormentas el√©ctrica y lluvias de considerable trascendencia, y a eso hab√≠a que unirle la velocidad a la que conduc√≠a el chofer, as√≠ como la temperatura con la que viajamos, que se asemejaba mas a una c√°mara de carne de merca Madrid que a un autob√ļs.

En cuanto entramos a la estación me aseé un poco y llamamos a María de la agencia Turcol para que viniesen a buscarnos. Los varios intentos fueron fallidos, pues en ambos celulares no hubo respuesta, en el teléfono fijo tampoco. En ese momento se me pasó por la cabeza la posibilidad de que nos dejaran allí tirados, pero fue un pensamiento fugaz que descarté en seguida. Para hacer tiempo nos fuimos a desayunar y llamamos más tarde. Por fin encontramos una respuesta, aunque sonaba como si no nos estuviesen esperando, ni supieran de qué le estábamos hablando, finalmente arreglamos que pasarían a buscarnos a las 8 am.

El plan del d√≠a era demoledor, despu√©s de 9 horas metidos en el bus, ir√≠amos a la agencia a dejar parte del equipaje y desde all√≠ iniciar√≠amos la ruta que nos llevar√≠a durante 6 d√≠as cruzando las monta√Īas de Sierra Nevada de Santa Marta camino de la Ciudad Perdida.

Vinieron a buscarnos en chiva 1 para llevarnos hasta la agencia, que se encontraba bastante céntrica y donde recogeríamos otros 4 viajeros.


1 Todo terreno t√≠pico de bastante colorido y m√°s a√Īos a√ļn.

La hora de salida estaba prevista para las 9 am, pero por problemas con uno de los turistas israelí, finalmente salimos sobre las 10 am, hacia lo que sería la zona de partida del trekking, la región del Mamey, una de las entradas del Parque Nacional de Sierra Nevada de Santa Marta.

Nos metimos en la Chiva, una pareja de americanos, el israelí, el guía, el cocinero y nosotros dos. Tres horas más tarde estábamos entrando en la región del Mamey en la zona conocida como Machete Pelao y desde donde se iniciaría la caminata. Aquí comimos unos sándwiches en la estación y comenzamos los aproximadamente 42 km que nos distaban hasta la Ciudad Perdida, atravesando uno de los macizos mas aislados de Colombia, que domina el Caribe por el Norte, una cuenca pantanosa del oeste y todo ello coronado por los picos Simón Bolívar y el Pico Cristóbal Colón, ambos de 5.775 m, los mas altos del país.

Machete Pelao era el punto de partida de todas las agencias, así que estaba lleno de turistas que subían y otros tantos que venían de regreso, en su gran mayoría americanos ávidos de aventuras.

La primera etapa del camino era bastante sencilla, era una especie de ‚Äúautopista‚ÄĚ de tierra por la que se ascend√≠a en todo momento. En esta etapa se ascend√≠a desde los 100 msnm hasta los 520 msnm, donde se situaba nuestra primera estaci√≥n. En total el desnivel acumulado de todo el trekking seria de unos 1.120 metros, con una inclinaci√≥n media de 30¬ļ a 40¬ļ, lo que convert√≠a el camino, en un destroza gemelos, con una humedad media relativa del 75%.

Lo m√°s complicado de las 3 horas de caminata hasta alcanzar nuestro lugar de pernoctaci√≥n, era el peso que tenias que llevar entre equipaje y agua. La estaci√≥n Honduras no era otra cosa que un barrac√≥n abierto con una especie de cocina y ba√Īo, donde se instalaban las hamacas y los mosquiteros, pero dispon√≠a de un habit√°culo social que contaba con TV, bebidas fr√≠as y hasta una mesa de billar, y con un cartel donde rezaba ‚Äúse√Īores cuando seacueste el primer turista, no mas buchacara ni mas tele‚ÄĚ, que ven√≠a a ser algo as√≠ como que se acababa la fiesta. El lugar resultaba pintoresco, resultaba curioso encontrar esas comodidades a tantos kil√≥metros de la civilizaci√≥n y situado en mitad de la nada.


Desde luego este trekking no era apto ni para escrupulosos ni remilgados, pues la falta de higiene era visible por todos lados. Los aseos eran unos barracones que contaban con un wáter y un cubo con un cazo que hacía las veces de cisterna y la ducha se situaba en el margen izquierdo del río, desde donde se había instalado una especie de tubería que funcionaba como ducha.


Giorg nuestro cocinero, empezó a preparar la cena, mientras el resto nos íbamos metiendo en el río y en sus pozas naturales para refrescarnos y asearnos. Al cabo de un rato volvimos al campamento donde alrededor de la mesa, nuestro guía local Edwing Rey nos contaba el proceso de fabricación de la coca y de todo el entramado que conlleva, desde sus plantaciones, pasando por el raspachin 1 hasta su colocación en el mercado, del papel de la guerrilla y de lo que suponía para el país este negocio. También nos contó anécdotas sobre la planta del borrachero, o como se conoce en Europa, la burundanga, y los efectos que causa en el cuerpo humano.

1 Término que se usa para definir al que recolecta las hojas de coca, es el peón mas bajo dentro del escalafón.

Después de cenar un riquísimo pollo con arroz y verduras hecho en la lumbre, nos fuimos a descansar a nuestros chinchorros, 1 apenas eran las 20 horas, pero el día había sido muy largo.

Sent√≠ como me dorm√≠ antes de poner los pies en la hamaca, hac√≠a bastante fresquito as√≠ que me envolv√≠ en el saco-s√°bana de seda que llevaba y us√© la manta que nos dieron como almohada y as√≠ me qued√© profundamente dormida pese a los ruidos. No s√© qu√© hora ser√≠a cuando empez√≥ a llover de forma demoledora, pues retumbaba en la chapa del cobertizo y parec√≠a como si estuvieran lanzando piedras de gran tama√Īo. Apenas si pod√≠a distinguir si estaba so√Īando o llov√≠a realmente, as√≠ que tuve que hacer un gran esfuerzo para salir de la hamaca y comprobar que tanto la mochila como la ropa se hab√≠an quedado a cubierto, las botas las hab√≠a colgado en el techo lejos de los bichos, as√≠ que todo estaba seco. Volv√≠ a quedarme profundamente dormida hasta que me despert√≥ de nuevo los aullidos de un animal que no lograba distinguir, era un gato, que aullaba como si lo estuvieran escaldando, solo buscaba refugio de la

1 Hamaca
lluvia, pero Edwing le lanz√≥ un zapato haci√©ndolo volar por los aires. Parec√≠a que ya nada interrumpir√≠a de nuevo nuestros sue√Īos.

A las 5:45 Giorg se levantó a prepararnos el desayuno y poco a poco nos fuimos levantando y recogiendo el campamento con los primeros rayos de sol. Los gringos se marcharon a una especie de tour donde explicaban el proceso de elaboración de la coca, típica americanada, mientras nosotros nos quedamos secando la ropa al fuego.

A las 9 am salimos camino de la segunda estaci√≥n, la caminata esta vez seria de unas 4 horas, lo cual no era mucho para un d√≠a completo, pero teniendo en cuenta el estado de mi pie, casi lo agradec√≠. Esta vez el sendero era m√°s selv√°tico y estaba salpicado de varios poblados ind√≠genas como los Kogi y los Tayronas, as√≠ como de varios lugare√Īos en sus quehaceres diarios.

Pasamos por un asentamiento ind√≠gena denominado Mutanji que estaba compuesto por varias caba√Īas de una misma familia.

La √ļnica forma que tienen de diferenciar los ni√Īos de las ni√Īas, es que a las ni√Īas nada mas nacer se les coloca una serie de collares de colores, de este modo se diferencian (la segunda desde la izquierda es una ni√Īa, el resto son ni√Īos).

Para los Koguis al igual que todos los indígenas de Sudamérica, el cultivo de la coca obedece más a una tradición ancestral, cargada de simbología. El acto de masticar coca es una rutina diaria. El indígena masca las hojas lentamente para liberar así el alcaloide, que consigue mediante la mezcla de cal y las hojas de la coca. La cal la consiguen machando conchas de mar hasta reducirlas a polvo y la mezclan con la hoja. Esta mezcla se realiza en el Poporo, que es una especie de mortero realizado en calabaza, este proceso se denomina manbear. Mediante una varita humedecida por saliva, e introducida en el poporo, hace que la cal se pegue a esta, liberando así el alcaloide. Tan solo los hombres pueden masticar coca y sólo las mujeres cultivarla y recogerla.

Para los koguis este ritual, lo consideran como su mujer, su conocimiento, y el acto de estar sacando cal del poporo lo identifican como simbólico del coito.

Continuamos la marcha hasta otro asentamiento, esta vez más grande, denominado Arsario y que se usaban sólo cuando había reuniones o asambleas, el resto del tiempo estaban deshabitadas y sus propietarios se desplazaban desde lugares más remotos para tales eventos

img714.imageshack.us/i... arsari.jpg
Seguimos avanzando hasta la que ser√≠a nuestra segunda estaci√≥n, la estaci√≥n de Gabriel, que era bastante m√°s grande y estaba mejor equipada. Contaba con un √ļnico barrac√≥n que albergaba una zona de alojamiento compuesta por numerosas literas cuyos colchones parec√≠an tener vida propia y otra zona que hac√≠a las veces de cocina y comedor.
Despu√©s de un ba√Īo refrescante en el r√≠o Buritaca, subimos de nuevo al campamento a comer el almuerzo que estaba compuesto por una sopa consistente de verdura y una limonada natural bastante rica.
Tras el almuerzo nos fuimos de nuevo al r√≠o, Francis se qued√≥ tirado en una piedra, mientras yo me dediqu√© a subir por lo que ser√≠a el camino que seguir√≠amos al d√≠a siguiente y que promet√≠a ser agotador, m√°s salvaje y mas emocionante. Despu√©s de caminar un rato volv√≠ a subir r√≠o arriba trepando entre piedras de gran tama√Īo.Sobre las 17 horas volvimos al campamento, que ya se encontraba bastante animado, pues hab√≠a llegado otro grupo de turistas y se agolpaban alrededor de las literas intentando coger los mejores sitios. El personal de apoyo se encontraba alrededor del fuego, cocinando o bien aprendiendo ingles y Kogui, como Julio nuestro porteador y pinche, que se entreten√≠a con los ni√Īos Koguis que deambulaban por el campamento.Como √©ramos muchos en el campamento, la cena se retras√≥ m√°s de lo normal. Terminada la cena me fui a dormir, y a pesar de que mi litera se encontraba a escasos 3 metros de un motor que hac√≠a de generador el√©ctrico para el campamento, ca√≠ profundamente en los brazos de Morfeo.

A las 6 am ya hab√≠a medio campamento en pie, deb√≠amos ser como unos 30 o 35 incluidos los gu√≠as, cocineros y ayudantes. La mayor√≠a de los gu√≠as no pasaban de los 20 a√Īos, y carec√≠an de la experiencia necesaria para guiar a grupos, puesto que sol√≠an ser ex guerrilleros o ex paramilitares que el gobierno de Uribe hab√≠a obligado a contratar a las empresas tur√≠sticas de la zona, para darles una forma de vida diferente. Tambi√©n hab√≠a muchos raspachines entre ellos como Julio. Aunque buena gente, se les notaba demasiado introvertidos y faltos de experiencia.

Afortunadamente para nosotros Edwing aunque no contaba con estudios, si contaba con una dilatada experiencia de m√°s de 15 a√Īos y tenia muchas tablas para tratar con la gente, no en vano hab√≠a sido el gu√≠a durante el √ļltimo secuestro de turistas extranjeros que se produjo en 2003 y que dur√≥ m√°sde 100 d√≠as, donde tuvieron que caminar m√°s de 400 km por las selvas, en la misma ruta que est√°bamos haciendo nosotros, aunque el pudo huir y salir airoso del asunto.

Recogimos todas nuestras pertenencias y emprendimos el camino a eso de las 9 am, direcci√≥n la √ļltima estaci√≥n. Aunque hab√≠amos contratado el tour para 6 d√≠as, finalmente de mutuo acuerdo con los gringos y el gu√≠a, lo har√≠amos en 5 d√≠as, eso no beneficiaba nada a mi pie, pero al menos tendr√≠amos un d√≠a m√°s para hacer otras cosas, eso conllevar√≠a que el √ļltimo d√≠a har√≠amos el descenso que hab√≠amos realizado en 2 d√≠as.

El camino hacia la √ļltima estaci√≥n era cuanto menos curioso, pues hab√≠a que pasar por una pared de piedra de bastante inclinaci√≥n, cruzar el r√≠o en varias ocasiones, ascender monta√Īas para luego bajarlas nuevamente y as√≠ sucesivamente hasta llegar a la √ļltima estaci√≥n. Pero el d√≠a no comenz√≥ con buen pie, pues a escasos 100 metros del campamento justo cuando cruz√°bamos la pared rocosa, Francis perdi√≥ su c√°mara barranco abajo hacia el r√≠o. Yo iba delante y me hab√≠a entretenido sacando unas fotos a unas mariposas y una ranita, cuando o√≠ que Francis me gritaba, as√≠ que me gir√© y volv√≠ sobre mis pasos a ver que hab√≠a pasado.
Afortunadamente se hab√≠a quedado enganchada en un junco as√≠ que 5 minutos m√°s tarde cuando lleg√≥ Edwing fue a buscar a Julio que en un abrir y cerrar de ojos baj√≥ y rescat√≥ lo que quedaba de ella. Para el tremendo golpe que hab√≠a sufrido, los da√Īos eran menores, hab√≠a perdido el protector del objetivo y el zoom no funcionaba, pero al menos segu√≠a haciendo fotos y hab√≠a recuperado las que llevaba hasta entonces.

Continuamos el ascenso cruzando el r√≠o que afortunadamente en esta √©poca del a√Īo no llevaba mucha agua, apenas si me llegaba a la rodilla.

Comenzamos el ascenso de la monta√Īa hasta que nos encontramos con unos Koguis, que a petici√≥n del gobierno estaban ‚Äúdestrozando‚ÄĚ el camino y haci√©ndolo m√°s transitable para los turistas, quit√°ndole el encanto de la huella del pasado. El ascenso era demoledor pues a la pronunciada inclinaci√≥n hab√≠a que unirle los 35 grados de temperatura que hac√≠a.

Nos tropezamos con una casa-molino en el camino, que los indígenas usaban para recolectar los frutos que habían plantado en aquellas tierras. Los Koguis eran nómadas e iban desplazándose por los diferentes cultivos que tenían por toda la sierra, emplazando casas para recoger las siembras.

A partir de aqu√≠ el camino descend√≠a entre bosque y amplios valles y todo el trayecto estaba salpicado de peque√Īas caba√Īitas aisladas de ind√≠genas.

Hasta llegar de nuevo al río, el camino se volvía más complicado, pues había que trepar entre piedras enormes, afiladas y cubiertas de resbaladizo moho y raíces entrelazadas que complicaban el paso.

Justo a medio d√≠a, est√°bamos llegando al punto donde ten√≠amos que cruzar de nuevo el r√≠o, aqu√≠ nos encontramos con otro grupo de turistas que estaban tomando un refrescante ba√Īo. Mientras nos quit√°bamos las botas de monta√Īa para cruzar, aparecieron unos cerdos salvajes que pretend√≠an cruzar en nuestra direcci√≥n, y aunque t√≠midamente, debido al bullicio, al final se animaron.
Sobre las 13 horas est√°bamos llegando por fin al √ļltimo refugio, Campamento Romualdo que era un chamizo improvisado, de hecho, era parte del campamento de una productora de cine que hab√≠a estado hacia unos meses rodando un documental para la BBC sobre el r√≠o Buritaca y la Ciudad Perdida. Hac√≠a tan s√≥lo un mes, el campamento base para visitar Ciudad Perdida, se encontraba a escasos metros de la misma, pero el gobierno lo acababa de prohibir para intentar conservar lo m√°ximo posible el entorno y por motivos de seguridad, as√≠ que el campamento en el que nos encontr√°bamos estaba aun a una hora de Ciudad Perdida y estaba a medio hacer, con obreros cortando √°rboles, agrandando las instalaciones y con barracones improvisados.

Aquel campamento era demasiado peque√Īo para la cantidad de visitantes que hab√≠a, deb√≠amos ser unos 40, y nos agolp√°bamos por pillar los mejores lugares para pernoctar. Afortunadamente el gu√≠a en estas situaciones, juega un papel important√≠simo y nosotros llev√°bamos al perro viejo que mas sab√≠a, as√≠ que nos procur√≥ una tienda de campa√Īa bastante grande para los 4.

Pronto descubrimos que adem√°s de peque√Īo y escaso de servicios, aquel campamento estaba mal construido. Esta zona de la sierra era una de las zonas de Colombia con mayor pluviometr√≠a, as√≠ que la evacuaci√≥n de la acumulaci√≥n de agua era un factor determinante, que evidentemente no tuvieron en cuenta, no en vano en la Sierra Nevada de Santa Marta se presentan todos los climas de la Tierra, exceptuando el des√©rtico. Mientras el personal preparaba el almuerzo, nosotros acomod√°bamos nuestras cosas donde pod√≠amos, y esper√°bamos impacientes la comida, mientras ve√≠amos como llov√≠a de forma intermitente. Tras el almuerzo y en un momento en que dejo de llover, nos fuimos a dar un paseo por las inmediaciones, sin alejarnos mucho pues el cielo amenazaba tormenta. Mientras Francis se tumbaba en una piedra como un lagarto, yo me dedique a ascender monta√Īa arriba caminando dentro del r√≠o, hasta que encontr√© los famosos 1.200 pelda√Īos de piedra que dan acceso a la Ciudad Perdida.
Regresamos al campamento sobre las 17 horas donde ya se encontraban preparando la cena. La comida que nos proporcionaban era bastante b√°sica, debido a la dificultad del transporte, as√≠ que los desayunos eran principalmente caf√© o chocolate con s√°ndwiches de queso tostados o arepas de queso, con huevos perico 1, y los almuerzos y cenas, variaban con sopas o bien un plato combinado de carne, arroz, frijoles y verdura. Cenamos todos juntos a la luz delas velas mientras segu√≠a lloviendo. La gran mayor√≠a eran de habla inglesa y cada uno contaba sus lugares de origines, sus an√©cdotas del viaje y sus planes de visita del pa√≠s, que por lo general casi todo coincid√≠amos, pues eran las √ļnicas zonas transitables, nosotros √©ramos los que mas nos diferenci√°bamos del resto. Nos fuimos pronto a la cama pues no hab√≠a mucho que hacer y la noche se presentaba movidita. La tienda de campa√Īa aunque grande era bastante inc√≥moda pues dorm√≠as pr√°cticamente en el suelo, as√≠ que fue una noche muy larga para todos.

A las 6 de la ma√Īana comenzamos a escuchar los primeros ruidos en el campamento, eran los cocinillas que se levantaron a preparar el desayuno, as√≠ que empezamos a desperezarnos y recoger las cosas. Dejar√≠amos el equipaje en la tienda de campa√Īa y lo recoger√≠amos a la vuelta para emprender de nuevo el descenso hasta Machete Pelao, nuestro punto de partida. Hab√≠a estado lloviendo toda la noche y continuaba lloviendo, as√≠ que la subida estar√≠a pasada por agua.

Desayunamos arepas de queso y carne, y a pesar de la lluvia a las 7 am comenzamos el ascenso r√≠o arriba. Como hab√≠a que subir la mitad del camino atrav√©s del r√≠o, decid√≠ dejar las botas de monta√Īa en el campamento. Tardar√≠amos una hora en subir los 1.200 pelda√Īos de piedras resbaladizas y alcanzar los 1.200 metros en los que se situaba la Ciudad Perdida de los Tayronas. Esta sierra se encontraba habitada desde √©pocas remotas, pero no fue hasta la era de Cristo, cuando el pueblo de los Tayrona, de origen meso-americano que se expresaba en chibcha, se estableci√≥ aqu√≠. Los Teyunas o Tayronas, no conoc√≠an la escritura, ni el uso de la rueda o la explotaci√≥n de los animales. Sin embargo, hab√≠an ejercido la agricultura a gran escala y eso les permit√≠a obtener excesos de producci√≥n que cambiaban por otros bienes. Viv√≠an en asentamientos formados por caba√Īas de adobe, que eran com√ļnmente construidas sobre bases circulares delimitadas por muros de contenci√≥n de piedra.

Teyuna en lengua chibcha significa origen de los pueblos de la Tierra, pero el nombre popular de este importante yacimiento arqueol√≥gico es Ciudad Perdida, por lo rec√≥ndito del lugar donde se encontr√≥ y lo que costo descubrirla. Teyuna permaneci√≥, en efecto, abandonada y olvidada durante unos 375 a√Īos, hasta la fecha de su descubrimiento en 1973. A veces se le llama tambi√©n Buritaca 200, en referencia al n√ļmero de lugares arqueol√≥gicos descubiertos en el √°rea de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Despu√©s de las incursiones de los espa√Īoles en la zona costera de Santa Marta, a partir de 1525, los Tayrona se adentraron cada vez m√°s en la Sierra Nevada y probablemente se refugiaron en Teyuna alrededor de 1540. En el valle del r√≠o Buritaca, en una zona comprendida entre los 500 y los 2.000 metros de altitud, fueron encontrados 32 centros urbanos. Teyuna, cuyas estructuras de piedra se encuentran a una altura comprendida entre los 900 y los 1.200 metros de altitud, era el centro principal de la totalidad del valle y cumpl√≠a un rol espiritual y comercial. Probablemente en cada terraza estaban construidas 2 caba√Īas. Se puede estimar, por tanto, que la poblaci√≥n total de Teyuna comprend√≠a las 1.500 personas, por un total de 280 caba√Īas.

Los Tayrona decidieron, con el paso del tiempo, modificar el terreno, empinado y accidentado, para obtener superficies planas aptas para la construcci√≥n de sus unidades residenciales. Algunos muros Tayrona tienen una altura de hasta 9 metros y adem√°s de contener las terrazas, sirven para marcar los caminos, canalizar los flujos de agua y evitar la erosi√≥n de las monta√Īas. La forma de las terrazas var√≠a seg√ļn la ubicaci√≥n y probablemente seg√ļn el uso al cual estaban destinadas. Aquellas situadas a m√°s altura son ovales, mientras que las otras son en su mayor√≠a semicirculares o circulares. Su extensi√≥n var√≠a desde los 50 hasta los 880 metros cuadrados. A partir de 1970 algunos guaqueros 1 comenzaron a espoliar y a enriquecerse con el oro sepultado en las tumbas ind√≠genas. Los saqueos continuaci√≥n hasta que en 1976 llegaron los arque√≥logos Gilberto Cadavid y Luisa Fernanda Herrera de Turbay, el arquitecto y escritor Bernardo Valderrama Andrade y los gu√≠as locales -antiguos guaqueros- ‚ÄėEl Negro‚Äô Rodr√≠guez y Francisco Rey, casualmente padre de nuestro gu√≠a Edwing.

La subida de los 1.200 pelda√Īos se hace literalmente cuesta arriba y casi a gatas, debido a la pendiente del terreno y a lo resbaladizo del suelo. Sobre las 8 am llegamos por fin a la primera terraza.

1 Huevos revueltos con tomate y cebolla


1 Saqueadores de tesoros


Seguimos el ascenso por las decenas de caminos de piedra, hasta subir a la terraza principal que se encontraba custodiada por decenas de soldados del ejército colombiano.
Ya no llueve y las vistas de los alrededores desde esta altura son realmente impresionantes, aunque esta nublado podemos ver a lo lejos la costa.


En la actualidad apenas si hay unos 2 km cuadrados excavados, el resto se encuentra paralizado principalmente por el consejo de ind√≠genas del lugar que no quieren m√°s presencia de turismo en la zona. Este a√Īo marcara un antes y un despu√©s en Ciudad Perdida, pues el gobierno ha decidido dotarla de mayores infraestructuras, as√≠ como modificar los antiguos caminos realizados por los Tayronas en piedra natural y sustituirlos por caminos anchos y llanos para una mayor afluencia de turistas, perdiendo as√≠ el encanto que tiene en la actualidad. El gobierno emplea a los ind√≠genas para realizar este tipo de trabajos, haciendo que estos hagan cada vez menos sus actividades tradicionales, ya apenas si cultivan, producen cer√°mica y en muchos casos han renunciado totalmente a sus tradiciones ancestrales.

Para poder cortejar a su pareja, los Tayronas pasan 3 a√Īos de su vida trabajando para ella, si al final de este periodo ella da el visto bueno, entonces se produce el matrimonio y ser√° ella quien trabaje para √©l, cultivando la coca para que mastique, la siembra, etc. mientras ellos se dedican a la recolecci√≥n y al cultivo.

En una sociedad donde se requiere de cierto poder f√≠sico para poder moverse con soltura por los terrenos escarpados, los nacimientos de ni√Īos con deformidades, mong√≥licos o con alg√ļn tipo de anomal√≠a no tienen cabida, as√≠ que cuando estos se producen, les quitan la vida mediante bebidas envenenadas, al igual que si a lo largo de su vida adulta sufren alg√ļn tipo de amputaci√≥n.

Tras 3 horas dando vueltas por todas las terrazas, comenzamos el descenso hacia el campamento situado 300 metros más abajo, cruzando de nuevo el río hasta la base.


A las 11:30 llegamos al campamento donde nos estaban preparando unos s√°ndwiches antes de comenzar el descenso. Nos esperaban unas 3 horas de caminata entre piedras y barro hasta llegar de nuevo a casa Gabriel. Descendimos hasta un valle abierto donde nos encontramos unos ni√Īos koguis que nos ofrecieron pl√°tanos a cambio de unas galletas que llevaba Edwing para la ocasi√≥n. Repusimos fuerzas y continuamos el camino.


Sobre las 15 horas llegamos al refugio de las literas donde pasar√≠amos la noche antes de descender hasta donde nos esperaba el jeep. Acomodamos nuestras cosas y nos dirigimos al r√≠o para ba√Īarnos. En mitad del camino hay restos de haber cortado madera as√≠ que sin darme cuenta, me clavo una astilla que me atraviesa la chancla hasta el dedo del pie, afortunadamente parece que no era ni demasiado grande ni muy profunda.

Volvemos para la cena y nos acostamos pronto, la jornada del día siguiente será complicada, tendremos que caminar unas 7 horas para llegar sobre las 2 pm a Machete Pelao. Como habíamos ganado un día acortando la excursión, la idea es pasar la noche dentro del Parque Nacional Tayrona y dormir en una hamaca a la orilla del mar, para el lunes regresar a Santa Marta.
A las 4 de la ma√Īana algunos de los cocineros ya estaban en pie, as√≠ que me despert√© y aunque a√ļn quedaban 2 horas para levantarse, era incapaz de volver a conciliar el sue√Īo por el insoportable dolor de pie, tobillo y rodilla que ten√≠a, parec√≠a como si me hubiesen amputado las piernas y reci√©n estuviese despertando de la anestesia. El esguince se hab√≠a complicado m√°s a√ļn debido a numerosas torceduras en el camino, as√≠ que ten√≠a de nuevo tenia un derrame que me ocupaba todo el empeine del pie. Para colmo se me hab√≠a infectado la astilla que me hab√≠a clavado el d√≠a anterior, as√≠ que tenia el dedo gordo del pie con bastante mal aspecto y apenas si pod√≠a rozarlo.

Me levanté como pude y me dirigí hacia el río, allí con ayuda de un imperdible me pinché el dedo sacando toda la pus y dejando la herida lo más limpia posible rociándolo con una solución desinfectante, metí el pie en el agua del río que parecía que le hubiesen puesto cubitos de hielo y lo dejé allí unos minutos para bajar la inflamación. Volví al campamento y me tumbé con los pies en alto mientras me tomaba algo contra el dolor. A las 6 am vino Edwing a darme los buenos días mientras el resto de turistas ya organizaban sus equipajes.

Despu√©s del desayuno nos pusimos en marcha, esta vez har√≠amos 2 jornadas en una, as√≠ que casi todos comenzaron el descenso a un ritmo fren√©tico salvo yo, que no pod√≠a seguirles el ritmo. En apenas 15 minutos me qued√© sola en el camino, pues mi ritmo estaba bastante por debajo del grupo y tampoco quer√≠a forzar m√°s la maquinaria, a√ļn quedaban m√°s de 15 d√≠as de viaje por delante. Disfrutaba del silencio y de los ruidos de la selva, y los paisajes de verde frondoso a lo lejos te hac√≠an sentir que eras el √ļnico habitante de la tierra. Pas√© por cultivos de caf√©, verdes prados, selvas tropicales h√ļmedas, bosque bajo, cultivos de coca y un sin fin de paisajes.

La primera parte del camino era en subida y se hizo dif√≠cil debido a que todo el camino estaba anegado de barro de la lluvia del d√≠a anterior, barro que se quedaba adherido a la suela de la bota cual pegamento, dificultando mas la caminata, y hab√≠a que unirle los tremendos socavones que se hab√≠an formado por los regueros de la lluvia. Apenas si me cruc√© con un par de turistas y unos cuantos lugare√Īos que portaban en sus mulas, los materiales necesarios para acometer las obras de mejora en el camino, pues el pr√≥ximo mes el acceso a Ciudad Perdida quedar√≠a cerrado a los turistas para poder realizar dichas mejoras, as√≠ que se hac√≠a acopio de materiales. El gobierno hab√≠a dispuesto que cada una de las 4 agencias autorizadas a la explotaci√≥n de este trekking, realizara la mejora de un tramo concreto.

Tras 3 horas de sofocante caminata a 35¬ļ, hicimos un peque√Īo alto en el camino donde pude descansar y refrescarme, all√≠ estaba esper√°ndome Edwing y Francis que charlaban con los lugare√Īos, los 2 americanos hab√≠an seguido el camino. Cuando paraba el ardor de mis piernas se hacia presente, as√≠ que prefer√≠a no parar durante demasiado tiempo.

Una vez recuperado el aliento e hidratados continuamos el descenso que nos mantendría en camino un par de horas más. Por fin a las 12 am estábamos llegando a Machete Pelao donde nos esperaba nuestro jeep, para llevarnos de nuevo a la civilización, pero antes tendríamos un más que merecido almuerzo.
El trekking a Ciudad Perdida había durado 5 días, así que ese día de mas que habíamos ganado lo emplearíamos en pasar el día en la playa de Arrecife. La idea de pasar otra noche durmiendo en una hamaca después de los 5 días anteriores, no me atraía demasiado, pero si me apetecía un día tranquilo de playa.

La Chiva de Turcol nos dejó justo en la entrada del parque donde pagamos la entrada al recinto y agarramos una buseta que nos dejaría en el centro del parque. La buseta iba completa hasta la bandera de turistas extranjeros que tenían el mismo plan que nosotros, pasar allí una noche.
Sobre las 15:30 el bus nos dejó en el centro del parque y comenzamos a caminar dirección Arrecife, íbamos un americano, un sueco y nosotros y nos costó encontrar el camino hasta la playa, a pesar de las indicaciones, que eran bastante confusas.

La l√≠nea costera del Parque estaba formada por numerosas bah√≠as conectadas entre si. Agarramos el camino direcci√≥n Arrecife, pasando primero por bah√≠a Ca√Īaveral hasta que nos vimos atrapados por unos manglares y una monta√Īa que nos imped√≠a el paso, as√≠ que tuvimos que retroceder sobre nuestros pasos. Preguntamos en unos ecos Lodge que hab√≠a ubicados sobre una monta√Īa y aqu√≠ nos pusieron en el camino correcto.


Cuando encontramos el camino correcto, hab√≠a un cartel que indicaba que a√ļn quedaban 45 minutos hasta bah√≠a Arrecife, se me vino el mundo encima, pues ten√≠a los pies destrozados y ya llev√°bamos caminando m√°s de 8 horas, aunque igualmente no hab√≠a forma de retroceder. Comenzamos a caminar y aunque al principio el camino parec√≠a sencillo, pronto se convertir√≠a en un barrizal lleno de rocas, pendientes y cent√≠metros c√ļbicos de barro, bosta de decenas de caballos que usaban los turistas para moverse por el parque y un sinf√≠n de calamidades mas.
No ten√≠amos alojamiento contratado y nos cruz√°bamos con decenas de turistas que sal√≠an de la playa antes de cerrar el parque, as√≠ que sobre las 16:30 est√°bamos llegando justo a la bah√≠a. Buscamos un alojamiento lo m√°s cercano posible a la playa. El sitio en cuesti√≥n era una especie de camping llamado ‚ÄúEl Para√≠so‚ÄĚ que ten√≠a bastante buena pinta, con chamizos esparcidos de varios tama√Īos, mucho verde donde acampar y un restaurante.


Arrecife era una bah√≠a cubierta de manglares hasta casi la orilla, una playa paradis√≠aca donde curiosamente estaba prohibido el ba√Īo por las aguas tan bravas que ten√≠a, y pudimos dar fe de ello en cuanto llegamos, ya que las olas superaban los 3 metros. Est√°bamos tan cansados y sedientos que nos fuimos directamente al bar a tomar algo, aqu√≠ contratamos las hamacas para pasar aquella noche y mientras hac√≠amos tiempo para cenar, se desat√≥ una tormenta descomunal.

Permanecimos en la terraza en silencio durante horas, observando como llov√≠a y como los propietarios de las tiendas de campa√Īa corr√≠an a desmontarlas, mientras la lluvia torrencial se las llevaba como barquitos de papel. Los animales que hab√≠a por el camping tambi√©n corr√≠an a refugiarse de la lluvia mientras otros como una lora jugaba con el agua.
El camping era un ir y venir de gentes recogiendo sus enseres y guard√°ndolos bajo las caba√Īitas, llevaba lloviendo unas 2 horas y el agua ya acumulaba unos 40 cm. Sobre las 18:30 ordenamos algo para cenar, y como no hab√≠a mucho que hacer por all√≠, en seguida nos fuimos hacia las hamacas a descansar.

Nos hab√≠an colocado las hamacas tan juntas que se hacia complicado moverse sin patear al vecino, afortunadamente en nuestro lado de la caba√Īa est√°bamos solos, pero aun as√≠ era bastante inc√≥modo moverse, adem√°s estaban mal ancladas y el cuerpo se quedaba medio torcido y fuera de la hamaca.
Acomodamos las mochilas, las botas y dem√°s enseres como pudimos y a las 20:30 nos metimos en la hamaca al igual que el resto de turistas, y es que no hab√≠a parado de llover y el bar estaba cerrado. Las hamacas no ten√≠an mosquitera, as√≠ que nos embadurnamos de antimosquitos y nos pusimos toda la ropa de manga larga de la que dispon√≠amos, me tap√© con el saco-s√°bana hasta la cabeza y rece por no estar muy suculenta para los mosquitos aquella noche. Hasta las 21:15 no se apagaron todas las luces del camping y fue entonces cuando intentamos dormir algo. Nos costaba conciliar el sue√Īo en aquella hamaca tan inc√≥moda pero finalmente el cansancio nos pudo.

Apenas hab√≠an transcurrido 30 minutos cuando comenz√≥ a escucharse el graznido de unos 6 cisnes de gran tama√Īo que revoloteaban por debajo de las hamacas picote√°ndonos el trasero y todo lo que encontraban a su paso. Parec√≠a surrealista, no sab√≠amos de donde hab√≠an salido pero se marcharon despavoridos con la misma rapidez con la que hab√≠an aparecido, asustados por lo que en la oscuridad parec√≠a el galope de ‚Äúalgo‚ÄĚ. Cog√≠ la linterna e intent√© buscar en la oscuridad de donde sal√≠a el ruido y ¬°all√≠ estaba! ¬°no daba cr√©dito!, por un momento pens√© que lo estaba so√Īando, pero no, el relinchar volvi√≥ a sonar esta vez mas cerca. Me incorpor√© de la hamaca y con la linterna consegu√≠ encontrarlo, y all√≠ estaba, era uno de los potros salvajes que hab√≠amos visto cabalgar por la playa.

Sobre las 12 de la noche el potro entr√≥ en nuestra caba√Īita y comenz√≥ a olisquear todas las mochilas, cuando se cans√≥ sali√≥ al campo a comer hierba fresca. Segu√≠a lloviendo y el potro parec√≠a estar feliz galopando alrededor de las caba√Īitas mientras relinchaba y mientras a lo lejos se o√≠a a los cisnes gritando como posesos. Aquello m√°s que un camping parec√≠a un circo, pero como estaba tan cansada finalmente me venci√≥ de nuevo el sue√Īo y me qued√© dormida pensando que ya entend√≠a porque el camping se llamaba ‚ÄúEl Para√≠so‚ÄĚ, o era ir√≥nico o hab√≠an metido una pareja de animales de cada especie como Noe. Me despertaba a cada instante pues estaba intranquila por los ruidos y por nuestras cosas, al fin y al cabo est√°bamos durmiendo en la calle y ten√≠a miedo de despertar y no encontrar nada, adem√°s sufr√≠amos el acoso implacable de los mosquitos.

A las 3 am me volv√≠ a despertar, esta vez se mov√≠a mi hamaca. Lo primero que pens√© es que mi compa√Īero me estaba pateando, as√≠ que no le di mucha importancia y cerr√© de nuevo los ojos. A los 14 segundos sent√≠ que otra vez como alguien mov√≠a de nuevo la hamaca, y as√≠ insistentemente durante varias veces m√°s, pero estaba tan cansada que no era capaz ni de abrir los ojos. Cuando el balanceo se torn√≥ peligroso y estuve a punto de salirme de la hamaca, fue cuando abr√≠ los ojos y ¬°all√≠ estaba! una sombra enorme mir√°ndome apostada justo delante de mi hamaca, con forma de cabeza gigante. Lo primero que se te pasa por la cabeza cuando duermes a la intemperie dentro de un Parque Nacional en Colombia, es que te ataque el peor animal de la tierra: El Hombre. As√≠ que pens√© que era alguien de la guerrilla o los paramilitares que ven√≠an a secuestrarnos, robarnos, matarnos o violarnos y no precisamente en ese orden.

Mientras yo pensaba todo eso, la sombra permanec√≠a inm√≥vil all√≠ mir√°ndome. Cada vez o√≠a m√°s fuerte el latido de mi coraz√≥n, sin dejar de mirar al intruso. Entonces algo ins√≥lito me despert√≥ de mi par√°lisis, ¬°alguien me estaba chupando los pies!, en ese momento deslice mi mano hasta el bolsillo superior de mi chaqueta y encend√≠ la linterna, y casi me da otro paro cardiaco, ¬°all√≠ estaba!, una mula blanca, la mula Francis chup√°ndome los pies a trav√©s de la sabana, y la sombra no era otra cosa que un potro marr√≥n que mec√≠a mi hamaca con el hocico, mientras me miraba con los mismos ojos con los que me mira mi sobrina cuando me levanta de la siesta y me dice: ‚Äúdespierta que me aburro vamos a jugar‚ÄĚ ¬°estaba flipando! pero estaba tan cansada que cre√≠a que estaba so√Īando, pero no, all√≠ estaban los 2 animales junto a mi hamaca.

Me incorpor√© como pude mientras con la mano les azotaba en la grupa para que saliesen de la choza. Tard√© bastante en conciliar el sue√Īo de nuevo, pues el susto hab√≠a dejado mi coraz√≥n a un ritmo que era incapaz de calmar.


A las 6 am había tanta luz que era imposible dormir más. Nos sentíamos como si hubiésemos estado caminando toda la noche, ya no llovía tanto pero seguía lloviendo, hacia viento y bastante frío. Analizamos la situación y decidimos volver a la ciudad, no tenía mucho sentido pasar el día en una playa lloviendo y sin muchas cosas mas que hacer.

Recogimos todas nuestras pertenencias y en ese momento record√© lo mal que estaba el camino que hab√≠amos cogido para llegar hasta el camping, as√≠ que haciendo gala de mi esp√≠ritu aventurero decid√≠, en contra de la voluntad de Francis, volver cruzando por la l√≠nea costera hasta llegar al punto donde estaban los Eco Lodge por los que nos hab√≠amos perdido el d√≠a anterior. Nos acercamos caminando hasta la playa de Arrecife en direcci√≥n a Playa Ca√Īaveral, seg√ļn el mapita que llev√°bamos, estar√≠a del otro lado de un mont√≠culo al que nos est√°bamos acercando.


En ese preciso momento comenz√≥ a llover copiosamente, as√≠ que aligeramos el paso, y no nos qued√≥ m√°s remedio que cruzar por una especie de charca que nos llegaba por la rodilla, as√≠ que nos descalzamos y continuamos caminando. La sorpresa vino al cruzar la charca, pues est√°bamos en otra especie de bah√≠a que sin duda no era bah√≠a Ca√Īaveral. En este momento Francis sugiri√≥ darse la vuelta, pero como soy bastante persistente, decidimos continuar.

Nos acercamos al final de la bah√≠a que tendr√≠a unos 200 metros de longitud y vimos que hab√≠a otro mont√≠culo mas, esta vez rocoso, con una especie de escalera en muy mal estado, as√≠ que nos refugiamos un momento de la lluvia entre dos rocas gigantes, y meditamos si darnos la vuelta o no, pero yo estaba empe√Īada en ver que hab√≠a tras la bah√≠a. En ese momento vimos unos trabajadores que ven√≠an por la playa hacia los Lodge, as√≠ que pens√© que efectivamente hab√≠a alg√ļn lugar de paso por el que pod√≠amos cruzar. Bajamos por la escalera y llegamos a otra bah√≠a m√°s y al final de la misma una monta√Īa rocosa bastante elevada.

Subimos por un sendero y llegamos a un desfiladero de rocas enormes y bastante resbaladizas por las que, si nadie lo remediaba, tendríamos que bajar. El camino era bastante peligroso, no sólo porque el golpe seria de aupa, sino porque la marea estaba subiendo mucho y el mar estaba muy picado, con olas de más de 3 metros golpeando contra la roca.

Mientras Francis se acordaba de mis antepasados y meditaba si bajar por aqu√≠ o darse la vuelta, yo ya tenia medio cuerpo bajando por la roca, aunque con bastante dificultad pues era muy alta para mi y casi plana verticalmente y sin muchos salientes en los que apoyarse. Adem√°s hab√≠a que tener en cuenta el impacto de las olas, que en el retroceso pod√≠an engullirte, ya hab√≠a vivido algo parecido en Costa Rica y no quer√≠a repetir. De repente apareci√≥ una pareja de lugare√Īos del otro lado que subi√≥ a una velocidad de v√©rtigo. Los dejamos subir primero y una vez arriba, el chico se ofreci√≥ a ayudarnos y pudimos bajar con mayor facilidad. El aterrizaje lo hicimos directamente dentro del mar y una subida de la marea me cubri√≥ medio cuerpo, cuando se fue la resaca sin mi, sal√≠ corriendo tierra adentro. Recuperada del susto y empapada, nos encontr√°bamos por fin en la ultima bah√≠a, pues a lo lejos ahora si, ve√≠amos los Eco Lodge as√≠ que ya era coser y cantar. Cruzamos por fin la √ļltima monta√Īa y llegamos a la plazoleta donde nos hab√≠a dejado el d√≠a anterior la buseta.

Eran las 8:40 am y estábamos solos, no había nadie mas esperando y a lo lejos se acercaban un par de motoristas que acababan de dejar a sus novias en uno de los bares del parque donde trabajaban. De repente vi que se quedaron justo enfrente y uno de ellos nos miraba y al final se me acercó y me dijo que hasta las 9:30 am no saldría la primera buseta, no sabía si era cierto o no, pero necesitaba una ducha urgente y ropa seca, así que antes de que Francis reaccionara yo ya estaba subida en la suzuki de aquel desconocido, el hizo lo propio con el otro motorista y salimos de allí a toda velocidad mientras seguía lloviznando.

Cuando nos dejaron en la carretera principal, les di el mismo importe que nos hab√≠a cobrado la buseta el d√≠a anterior, algo muy com√ļn en estos pa√≠ses, y ah√≠ cogimos un bus direcci√≥n Santa marta, que se encontraba a unos 40 km de all√≠, lo que supondr√≠a 1 hora m√°s de trayecto. Nada mas subir al bus ca√≠ profundamente dormida, hab√≠amos decidido ir a la agencia de Turcol a recoger el equipaje que hab√≠amos dejado antes del trekking y de ah√≠ irnos a nuestro alojamiento a descansar. A las 10 am el bus nos dej√≥ justo en el mercado central de Santa Marta, que se situaba en un cruce de calles atestadas de puestos y tiendas donde pod√≠as encontrar casi de todo, desde ropa hasta pescado, l√°pidas, comida etc. y era un ir y venir de gentes con un aspecto que daba miedo, aquello parec√≠a mas un suburbio de favelas que una ciudad tur√≠stica.

Cogimos un taxi que nos dejo en la puerta de Turcol y fuimos a cambiar algo de dólares para posteriormente dirigimos hacia la bahía de Taganga.
La Bah√≠a de Taganga era un pintoresco pueblo de pescadores con restaurantes t√≠picos, playas paradis√≠acas, monta√Īas, zona des√©rtica espinosa, fauna marina, aguas profundas y tranquilas y uno de los lugares m√°s importantes de buceo del caribe colombiano, ubicado a tan s√≥lo 10 minutos de Santa Marta. Era el lugar perfecto para descansar, y aqu√≠ pasar√≠amos los pr√≥ximos 3 d√≠as.
Llegamos a Casa Felipe que aunque no estaba a pie de playa, las instalaciones estaban muy bien, con todo tipo de servicios y económico y a tan solo 7 minutos caminando de la línea de mar. Nos registramos y nos fuimos directamente a la playa para aprovechar lo que nos quedaba de día, aquí brillaba un rol radiante. Sobre las 14 horas nos fuimos a un chiringuito que había justo al lado a degustar la famosa gastronomía de la zona, cuya especialidad tenia que ver con los productos de la mar. Nos fuimos a comer al Restaurante Las Olas, donde comimos unos riquísimos patacones 1 y un pulpo al ajillo delicioso y algo de marisco.

1 El patacón es una comida a base de trozos aplastados y fritos de plátano verde

Despu√©s de comer volvimos a tumbarnos a la playa. El mar estaba transparente y c√°lido y corr√≠a una brisa fresca que de por s√≠ te relajaba y te hac√≠a olvidar todo el cansancio, y as√≠ despu√©s de unos ba√Īos refrescantes, volvimos al hotel. Descansamos un rato y volvimos al malec√≥n a dar un paseo por el pueblo, era bastante peque√Īo y en su mayor√≠a estaba lleno de turistas hippies y j√≥venes que buscaban sol y playa, adem√°s de fiesta, aunque como era un poco temprano no hab√≠a mucho ambiente. Nos sentamos en una terraza donde serv√≠an un poco de todo, pizzas, hamburguesas, comida t√≠pica, crepes etc., para cenar algo, pero hab√≠amos comido tanto a medio d√≠a que no nos entraba ni el aire, as√≠ que nos pedimos un par de jugos naturales cada uno y eso fue todo lo que pudimos cenar antes de volver al hotel.
Nos levantamos a las 7 am y aunque habíamos dormido muchas horas, no habíamos descansado del todo bien, pues las camas no tenían mosquiteras y nos habían acribillado los mosquitos a mordiscos. El plan de hoy era visitar Santa Marta Centro, Rodadero y Playa Blanca.
Rodadero, es una playa ubicada en Santa Marta, y es el punto más visitado de la ciudad. Se encuentra a tan sólo 5 Km. del centro y esta playa representa un símbolo de la ciudad ya que es conocida a nivel nacional, como un balneario de excelente calidad y la zona más moderna con rascacielos, modernos hoteles, apartamentos y una amplia gama para el ocio. Playa Blanca en cambio, era una bahía a la que sólo se podía acceder en lancha, con una playa de arena blanca y cristalinas aguas.
Cogimos la buseta hasta el centro de Santa Marta donde paseamos por la ciudad recorriendo sus calles de estilo colonial, sus plazas, iglesias, el museo del oro as√≠ como el malec√≥n y alg√ļn que otro parque.


Cogimos una buseta para ir a la Playa de Rodadero y llegamos sobre las 10 am. A√ļn no hab√≠a mucha gente a pesar de los 32¬ļ de temperatura y un sol radiante.
Rodadero era una playa de arena blanca bastante turística, así que nos tumbamos un rato al sol tomando una cerveza fresquita hasta las 12 am que decidimos ir a visitar Playa blanca y el acuario de Santa Marta, ambos con acceso sólo por mar. Supusimos que el acuario sería algo modesto y que no merecía la pena visitar, pero como iba incluido en el precio hacia Playa Blanca, decidimos visitarlo igualmente.
Nos subimos en el primer bote que salía hacia el acuario y conforme nos íbamos acercando nos íbamos quedando más y más perplejos. El acuario no era otra cosa que un chamizo en medio de una cala desierta rodeado de desierto espinoso y con 4 animalitos con menos vida que Espinete, sin duda era uno de los más cutres que había visto en mi vida.

Continuamos en bote hacia Playa Blanca que era una bahía de arena coralina blanca llena de restaurantes y chiringuitos a pie de playa, de aguas cristalinas.
En seguida nos fuimos al primer chiringuito que vimos, que era un barrac√≥n enorme de 2 plantas de madera, al m√°s puro estilo caribe√Īo a comer el mejor arroz con marisco que he probado en mi vida, por supuesto acompa√Īado de patacones y pescado local, adem√°s en cantidades industriales y a un precio muy econ√≥mico.Cuando terminamos de almorzar nos fuimos a la playa a tumbarnos un rato hasta las 16:30 que cogimos el bote de regreso al hotel, donde nos duchamos y salimos a cenar y a tomar algo.


Ten√≠amos un vuelo desde el aeropuerto de Santa Marta hacia Bogota a las 16 horas, as√≠ que para aprovechar la ma√Īana nos fuimos temprano a conocer Playa Grande, que era otra bah√≠a similar a las que ya hab√≠amos visitado. Sobre las 12 volvimos al hotel a recoger nuestras cosas y coger un transporte hacia el aeropuerto.


El aeropuerto de Santa Marta estaba a las afueras, dirección Baranquilla y era bastante modesto a pesar del tráfico internacional que tenía, sobre todo vuelos charter procedentes de USA y Canadá, a pesar de ello tenía los servicios básicos.
Aunque el vuelo salio en hora, llegamos con retraso a Bogotá por congestión aérea, así que tuvimos que sobrevolar la ciudad durante unos minutos.
Nada m√°s llegar a Bogot√° nos fuimos directos de nuevo a la Posada del Sol, donde dejamos las cosas y nos fuimos a cenar algo antes de que fuese m√°s tarde. A la ma√Īana siguiente madrugar√≠amos y empezar√≠amos as√≠, la segunda etapa de nuestro viaje. Antes de acostarnos dejamos en la taquilla del hostal, parte del equipaje que no necesitar√≠amos para la siguiente etapa.
Entre este equipaje se encontraban varios souvenirs que habíamos comprado, y dos machetes de unos 60 cm de longitud y numerosas estatuas talladas en piedra de los Tayronas.
Nos habíamos acostado relativamente pronto pero sobre las 12 de la madrugada, el hostal parecía una plaza de toros en plena ebullición y es que había un grupo de Coreanos borrachos, armando bastante jaleo, este hostal estaba muy bien pero era bastante ruidoso por la noche. Después de salir en un par de ocasiones a llamarles la atención, por fin pudimos dormir.


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susviaje
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Fecha: Dom Abr 12, 2020 03:39 pm    T√≠tulo: Re: Viajar a Colombia

txus2006 Escribió:
Hola a todas/os:
El viaje que tenia programado para dentro de unos días lo he suspendido.
Avianca no vuela desde Madrid a Bogotá, hay cuarentenas dentro del país....
Lo dejaremos para otra ocasión. Gracias de todas maneras a los que me habéis ayudado a confeccionar las rutas.
Gracias. saludos.

Si mejor anular. No podremos viajar en mucho tiempo Confundido Has podido recuperar el dinero de los vuelos ?
Galyna
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Willy Fog
Willy Fog
May 02, 2006
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Fecha: Dom Abr 12, 2020 09:13 pm    T√≠tulo: Re: Viajar a Colombia

Hola. En un principio, el gobierno colombiano estableci√≥ una cuarentena hasta el 30 de mayo para los que llegaran a Colombia. Posteriormente decret√≥ el cierre y no se puede volar. No tengo m√°s informaci√≥n ni soy experta en esto, pero yo entiendo, que si en un principio decretan cuarentena hasta el 30 de mayo y despu√©s impiden que entre en el pa√≠s a cualquiera que no tenga nacionalidad colombiana o acredite que tenga residencia all√≠, la cosa va para largo. @txus2006, lo mejor que te pod√≠a pasar es que anularan los vuelos, no es el momento ahora de viajar, ya vendr√°n tiempos...  Leer m√°s ...
Ariza
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Fecha: Dom Abr 12, 2020 10:20 pm    T√≠tulo: Re: Viajar a Colombia

Creo que en Colombia al igual que en Espa√Īa las medidas restrictivas no pueden durar m√°s de quince d√≠as, pero la previsi√≥n es que pase como aqu√≠, que se vayan a renovar varias veces...
Galyna
Galyna
Willy Fog
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May 02, 2006
Mensajes: 38754

Fecha: Dom Abr 12, 2020 10:44 pm    T√≠tulo: Re: Viajar a Colombia

Ariza Escribió:
Creo que en Colombia al igual que en Espa√Īa las medidas restrictivas no pueden durar m√°s de quince d√≠as, pero la previsi√≥n es que pase como aqu√≠, que se vayan a renovar varias veces...

Opino igual, se van a ir renovando.
Colombia fue de los primeros países que tomó medidas y no creo que se relaje en este tema.
indamatossi.marta
Indamatossi.marta
Indiana Jones
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Jun 05, 2014
Mensajes: 2282

Fecha: Lun Abr 13, 2020 02:29 pm    T√≠tulo: Re: Viajar a Colombia

Estuve en Colombia, 3 semanas en febrero 19. De una zona a otra, nos trasladabamos en avion, pero estando alli, en una zona alquile coche y en otras 2 coches fuimos en coche con conductor. Aplicaban el pico y placa, norma segun la cual, segun tu ultimo numero de matricula del coche puedes circular en segun que dias a segun que horas. Leo ahora, que han hecho lo mismo para la movilidad de las personas. Los dias pares pueden salir a la calle las mujeres y los impares, los hombres. Y claro, me he acordado de la norma aquella del pico y placa, que tuve que acatar. Me ha sorprendido que una de...  Leer m√°s ...
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