Después de casi dos meses, por fin me decido a contaros mi viaje a Roma. Un viaje relámpago, en el que aunque no lo creáis, nos dio tiempo a conocer muchas cosas, y otras tantas que nos quedaron por ver.
Salimos de Barajas a la 10:10 de la mañana con Ryanair, y dos escasas horas más tarde ya estábamos en Ciampino.

Cuando llegamos al aeropuerto cogimos el bus de Terravision, cuyas entradas habíamos adquirido en Barajas (ida y vuelta: 8 euros/persona).
Una imagen curiosa cuando estábamos aterrizando; se puede ver el monumento a Vittorio Emanuele y al fondo (si te fijas un poco) la cúpula del Vaticano.

Llegamos a Termini y allí cogimos el metro a Bologna, donde se encontraba nuestro hotel (Santa Costanza). He de reconocer que al principio nos hicimos un poco lío en la estación y los carteles no nos ayudaban a aclararnos. Media hora más tarde, ¡por fin habíamos llegado al hotel! Nada que decir a cerca del mismo. Perfecta relación-calidad precio.

Después de tomarnos un rato para descansar, cogimos el bus al centro de la Ciudad Eterna. Lo primero que vimos del centro histórico fue el monumento a Vittorio Emanuele, nos pareció magnífico:

Y más tarde nos dirigimos al Coliseo, no sin antes comer un delicioso calzone. No os vayáis de Italia sin probar la pasta, tiene un sabor distinto a la que se hace en otros paises. De camino al Coliseo fuimos viendo el Foro de Trajano, y la parte del Foro Romano que se ve desde Via Dei Fori Imperiali.

Por mala suerte se puso a llover, pero había gente vendiendo paraguas y cogimos uno para salir del apuro. Y después de 20 minutos escasos de cola entramos en el Coliseo. Que decir de la obra más maravillosa de la arquitectura romana, que no se sepa ya.


Y de sus maravillosas vistas.

Luego tocaba el Foro Romano y el Palatino. No tuvimos que pagar nuevamente entrada, porque ésta es conjunta con el Coliseo, por tanto ya la habíamos comprado. Lamentablemente estaba lloviendo y era casi la hora de cerrar, pero uno de los monumentos que más nos impresionó fue el Arco de Tito.

Y por fin llegamos a la Plaza del Campidoglio, subimos por las escaleras de Miguel Ángel.

Y mientras cogimos agua en una de las miles de fuentes que hay Roma, descansamos un poco. Desde aquí se puede obtener una de las mejores vistas del Foro Romano. A pesar de que era ya tarde, se puede ver perfectamente.

Para terminar el día, nos dirigimos a la Fontana di Trevi, no sin antes comprarnos unos souvenirs en Vía del Corso. La Fontana di Trevi que es el otro símbolo de Roma, estaba a rebosar de gente; estuvimos allí unos 20 minutos haciendo las típicas fotos tirando la moneda a la fuente y nos fuimos.

Cenamos en el Hard Rock Café, donde hicimos algunas compras, aunque es un poco caro está genial. Y a continuación metro y hotel; estábamos rendidos.
