Con ánimo resuelto y plano en mano, salimos a dar una vuelta por Estrasburgo (capital de la Alsacia y Patrimonio de la Humanidad) que significa literalmente "Calle fortaleza", en busca de la casa donde la Pilarín se había alojado mientras vivió allí. Con la cámara de fotos preparada nos encaminamos hacia el centro histórico para que ella nos guiara desde allí por el recorrido que recordara. Tras localizar la calle en la que supuestamente había vivido (que con nuestro francés y el suyo dedujimos que era la Rue Krutenau), nos pusimos en marcha.
Echamos a andar por la calle de nuestro hotel (Rue du Jeu des Enfants) hacia la Plaza Kleber, pasando antes por la plaza de L´homme de fer, que es un centro de conexiones de tranvías (la plaza está rodeada por una rotonda circular de hierro de 700 metros cuadrados). El hombre de hierro que da nombre a la plaza es el letrero de una farmacia, un hombre con una armadura que nos costó un poquito fotografiar por la escasa luz nocturna. El actual es una copia y el original está en el Museo Histórico. Representa la obligación de los miembros de las corporaciones de presentarse vestidos con armadura delante de la catedral cuando tocaba a rebato. No era gran cosa la Plaza pero sí resultaba curiosa y tenía un montón de tráfico tranviario.
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La Plaza Kleber es una plaza peatonal que en los 60 ya era el punto neurálgico de la ciudad, y que actualmente es el corazón de Estrasburgo. En ella se mezclan los edificios antiguos alsacianos característicos, con sus tejados de larga caída y las construcciones de entramado de madera, con farolas de estilo más moderno colocadas cuando se reformó la Plaza. En este lugar se concentran los festejos para las fiestas. La Pilarín decía que le gustaba más en su tiempo porque entraban coches que le daban más vida a la plaza..... Añoranza de otros tiem
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Tras cruzar la plaza nos dirigimos hacia la catedral por la Rue des Grandes Arcades (sus arcos hacen honor a su nombre), una de las vías comerciales principales de la ciudad que atraviesa la Plaza Gutenberg, en la que hay un monumento dedicado al inventor de la imprenta pues al parecer vivió aquí unos cuantos años y fue en la ciudad donde comenzó a fraguar su invento. De hecho, durante los siglos XV y XVI, Estrasburgo vivió un desarrollo económico potenciado por las ediciones y la propagación de la Reforma.
Había en esta plaza un tiovivo precioso de ambiente clásico y un mercadillo de flores y libros de saldo. Tenía su encanto. De camino a ella, cruzamos una callejuela con el Temple Neuf al fondo que tanto mi marido como su madre se empeñaron en que era la imagen que lleva colgada 45 años en casa de la Pilarín y que se suponía era una calle que desembocaba en la catedral. Pero según "mi plano" (es que siempre me adueño del plano, jejejeje) no podía ser, así que seguimos hacia adelante con la suspicacia clavada en mi espalda
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Finalmente hicimos nuestra entrada en la plaza de la catedral. IMPRESIONANTE. La catedral es preciosa, con más de 2000 esculturas y un rosetón de vidrieras de 16 pétalos deslumbrante. La "Belle Damme" le llaman y no exageran. Por encima del rosetón dos torres unidas por un campanario (la plataforma) a donde se puede acceder a unas vistas diferentes de la ciudad. Una auténtica joya gótica con tan solo una aguja, pues pensaron que la construcción no aguantaría el peso de dos torres tan altas. Dejamos la visita al interior para el día siguiente pues nuestro propósito para esa tarde era encontrar "la casa".
Siguendo las instrucciones de la Pilarín que ya empezaba a estar cansadica, cruzamos por el lado sur de la catedral hacia la plaza del castillo (place du chateau) donde se encuentra la entrada al patio interior del Palacio Rohan (que no pudimos visitar en esta ocasión y que al parecer merece la pena por su colección de arte, sus decorados, las esculturas y los tres museos que se encuentran en él: el de Bellas Artes, el de Artes decorativas y el Arqueológico, uno de los más importantes de Francia). Lo rodeamos en dirección al Ill (el río que rodea el centro histórico de Estrasburgo, afluente del Rhin y cuyo caudal se regula mediante un sistema de canales y esclusas que tuvimos ocasión de conocer por la noche) donde la fachada principal está adornada con motivos profanos al contrario que la fachada del lado de la catedral, adornada con motivos religiosos. El Palacio toma su nombre de la familia de Rohan, que proporcionó a la ciudad 4 obispos y se construyó como residencia episcopal en ladrillo rosa, una piedra que predomina en muchos edificios de Estrasburgo.
Cruzamos el puente Madeleine y por el Muelle de los Bateleros avanzamos hacia la calle Krutenau, parándonos a descansar en algún banco del camino pues parecíamos tres lisiados recorriendo la ciudad: la Pilarín con sus dolores, mi marido con una lumbalgia de campeonato y yo convaleciente de una tremenda contractura. Vaya cuadro, arrastrándonos los tres por Estrasburgo
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Eso sí, como todos los rincones nos iban gustando no parábamos de hacer fotos: a las fachadas, a los puentes, a los patos (como si no hubiésemos visto patos en nuestra vida
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Y tras el reencuentro
Ya en el barco montados, nos dieron una vuelta por el Ill hasta la zona del Parlamento europeo (lo que nos vino muy bien porque no pensábamos verlo), pasando por la Petite France, los puentes Cubiertos, la presa Vauban. Te colocan unos cascos que te van explicando la historia de la ciudad y de los distintos monumentos y tomamos fotos preciosas pues la perspectiva es espectacular. Lástima que se fue haciendo de noche y las últimas fotos apenas hacen justicia a la ciudad.
Lo más curioso de este trayecto fue cuando al llegar a las esclusas encajonan el barco mientras elevan el nivel de agua para continuar el trayecto por el Ill. Y de vuelta al revés, esperamos a que bajaran el nivel de agua para poder continuar. Fue una experiencia inolvidable y totalmente recomendable para los que vayáis a Estrasburgo.
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Al final del trayecto nos dejó de nuevo en el embarcadero del Palacio Rohan y pasito a pasito nos dirigimos al hotel a descansar, que ya nos lo habíamos ganado. Aún paramos en la catedral a ver el espectáculo de luz y música que mostraba todos los detalles de la fachada principal.
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Un día duro que terminó con las ganas de poder tomar un café (no encontramos nada de camino al hotel para poder tomar un café y solamente eran las 22.30 horas!!!!).