Nuestro primer día de camino a Ochagavia, lo dedicamos a visitar y disfrutar uno de los paisajes más bonitos y conocidos de Navarra: Las Foces de Lumbier y Arbayún.
La Foz de Lumbier es un pequeño desfiladero de poco más de dos kilómetros y medio Parte de su recorrido era el camino que seguía un tren maderero “El Iratí” el primer tren eléctrico de España, que comunicó Pamplona con Sangüesa entre 1911 y 1955.



Al final del sendero se llega al Puente del Diablo, que fue construido en el siglo XV y destruido por los franceses en 1812. Su nombre hace alusión a una leyenda según la cual, en la orilla derecha del río Irati, había un palacio donde vivía una rica dama. Aunque era joven y bella, la señora enfermó y su bondadosa criada, se ofreció a llevarle un cántaro del agua de una fuente cercana, famosa por sus propiedades curativas. Para ir hasta la fuente, había que cruzar el río en barca. Sin embargo, cuando la abnegada criada se disponía a pasar a la otra orilla al atardecer, se encontró con que una riada se había llevado el pontón. De pronto se le apareció el diablo, en forma de un apuesto caballero que se ofreció a construirle un puente a cambio de su alma en un plazo de ocho horas….

Leyendas aparte la Foz de Lumbier fue declarada Reserva Natural en 1987 y es una de las gargantas más espectaculares de Navarra, un paisaje labrado a lo largo de millones de años por la acción del río Iratí que merece la pena recorrer.
Nuestra siguiente parada fue en el Mirador de Iso. Desde allí pudimos disfrutar de una vista excepcional de la reina de las foces de la Comunidad Navarra : La Foz de Arbayún.

La vista desde el mirador es única, y en estos primeros días de otoño luce magnífica.


Cuenta la leyenda que es de elevada estatura, larga cabellera , fuerza prodigiosa y que supera en agilidad a los ciervos. Nos aconsejaron que si se cruzaba en nuestro camino nunca debíamos huir y siguiendo sus órdenes, el temido personaje se convertiría en nuestro guía protector durante nuestra visita al bosque.
Basajaun…..volveré y espero verte.
De vuelta paseamos por Ochagavia. Los ríos Zatoya y Anduña le rodean y sus calles empedradas nos permitieron pasear y disfrutar de unas preciosas casas blasonadas y un precioso puente medieval. Rodeado de boques de hayas y pinos silvestres, es una de las localidades más pintorescas del Pirineo navarro.



