Nos levantamos muy pronto, sobre las 7 porque a las 8:36 teníamos que coger el tren con destino a Dresde en la Hauptbanhof de Berlín y ya estábamos advertidos sobre la extrema puntualidad de los trenes alemanes. Tras un par de consultas con amables alemanes, nos indicaron donde estaba el andén (gleis en alemán) que nos correspondía. Nuestro tren iba con destino final a Praga y eso se notó en la afluencia de gente puesto que iba completamente lleno. De hecho, había gente que viajó, al menos hasta Dresde, de pie. Tuvimos un pequeño percance con dos señoras alemanas (parecían madre e hija) porque habían ocupado nuestros asientos situados junto a la ventana. Entre su poco inglés, nuestro nulo alemán y el pequeño diccionario que llevábamos acordamos que nos devolvieran nuestros asientos hasta Dresde y que luego los ocuparan ellas hasta Praga, que era su destino final.
El resto del trayecto fue muy plácido. Los trenes alemanes son muy muy muy cómodos. Llegamos poco antes de las 11 y ya en Dresde de nuevo vuelta a las consultas con gente alemana en la estación para saber qué tipo de ticket teníamos que coger y dónde estaba nuestra parada para ir al hostal. El hombre que nos atendió fue extremadamente amable. Cogimos un billete sencillo (un par de euros cada uno) para ir con el tranvía al Neudstat, donde estaba el Lollis Homestay. Empezaba a amenazar lluvia… a pesar de que habían anunciado buen tiempo…
Y llegamos al hostal. El Lollis Homestay que tenía muy buenas opiniones en Hostelworld (www.hostelworld.com/ ...esden/1451 )
He de decir que es la primera vez que estábamos en hostales en el extranjero.
Y este en concreto nos decepcionó un poco. Ponía que era un hostal con apenas 4-5 años de vida y sin embargo parecía viejo.Teníamos una habitación amplia pero los colchones dejaban bastante que desear. La ducha era correcta, sin más. El hostal en el que estaríamos luego en Bremen sería mucho mejor.
Tuvimos que esperar un poco a que nos dieran la habitación y en cuanto estuvimos instalados nos fuimos al centro.
Nos bajamos del Neustadt al Altstadt y de camino nos cogió otra vez una repentina y típica lluvia alemana. Paraguas en mano, buscamos un sitio para comer que ya apretaban las tripas.
Y por primera vez en todo el viaje pedimos vino. En Alemania es típico o bien pedir vasos de 0,2 litros que te llenan la copa a reventar (cosa que cualquier buen aficionado al vino detestaría), o bien medio litro o bien la botella entera.
Decidimos pedir un vino de uva Riesling (uva blanca típica alemana) de 0,5 litros. Y allí nos podían poner lo que quisieran, porque no son botellas pequeñas, sino más bien una jarra de medio litro en la que vertieron vino sin nosotros verlo. Pero parece ser la tónica habitual.
Eso sí, el vino estaba bueno y la comida también. Así que con el buche lleno nos aprestamos a ver el centro de Dresde y ya luciendo el sol otra vez.
Vimos la imponente Frauenkirche, el Zwinger, Sempereoper, y cómo no?, el paseo del Elba que baña toda la ciudad.






En el hostal nos habían comentado que los viernes a partir de las 15 horas el Hygiene museum era gratuito. Miramos donde estaba en el mapa y allí fuimos. Es un museo curioso, versa un poco sobre el ser humano, su constitución física y psicológica. Además es muy interactivo y puedes pasar un rato entretenido. Eso sí, la mayoría de las explicaciones estaban exclusivamente en alemán. Solo algunos de los carteles grandes estaban traducidos al inglés. Todo no se puede pedir.
Tras el museo, nos dimos un paseo por una especie de feria comercial que había en la plaza del Altmarkt. Ese día y el siguiente había puestos de comida (salchichas, hamburguesas, patatas, etc...), puestos de dulces típicos, puestos de chucherías y puestos de venta de bolsos y demás textiles.Una especie de mercadillo vamos. Estuvimos un rato dando un paseo y tomando la cervecita de rigor.
Después de esa vuelta nos acercamos al centro comercial situado justo junto a esa plaza y ya nos dirigimos hacia la zona del hostal. Un apunte que nos pareció curioso fue que en casi todas las ciudades los centros comerciales tenían muchas tiendas de ropa muy elegante y seria, pero es que también nos dimos cuenta de que los alemanes no gustan de muchos alardes. Lo elegante y lo serio es lo que triunfa allí, en su gran mayoría.
Eran poco menos de las 8 y según dejábamos el Altstadt nos sorprendió que esa zona quedaba prácticamente desierta. No había nadie por la calle, estaban cerrando absolutamente TODO!, y eso que era viernes!!!.
Cruzamos el Augustusbrücke y casi lo mismo, calles enormes casi vacias de gente en la calle y los establecimientos cerrados. Solo fue al pasar Albertplatz y adentrarnos en el Neustadt cuando empezamos a ver algo de vida, ¡¡¡menos mal!!!.
Por la mañana la amable chica que nos atendió a nuestra llegada al hostal (en eso sí que son muy buenos, en atención) nos indicó un par de sitios para cenar algo típico alemán.
Y volvimos a acertar. Nos mando a otro hostal en la calle Louisenstrasse. Estaba lleno pero tuvimos suerte de encontrar sitio para comer. Un surtido de quesos y algo de carne (ya no recuerdo qué) fue el menú ese día. Y cómo no!, unas buenas y grandes cervezas.
Tras la cena nos quedamos a tomar una copa por las calles de marcha de Dresde, que eran las dos perpendiculares a Louisenstrasse y una de ellas era donde estaba el hostal.
Sobre el Neustadt ya había leído que es un poco un barrio alternativo un poco contrasistema. Sin ser nada alarmante sí vimos un poco ese toque "underground" de la zona, aunque tienen cabida gente de todos los tipos.
A pesar del bullicio que podía haber por las calles y en el hall del hostal la habitación estaba bastante bien insonorizada, así que eso no nos molestó para dormir.