Nos levantamos relativamente tarde (las 8 y media de la mañana!!!) y bajamos a desayunar. Por 3 € el desayuno queríamos probarlo.
Ya insisto antes de seguir que no habíamos estado en ningún hostal en el extranjero.
Bajamos al hall, nos dieron un poco de pan y nos invitaron a entrar en la cocina. Allí estaba todo lo necesario (un poco de embutido, leche, café, mantequilla y mermelada). Tú mismo te servías todo y lo que más nos sorprendió, tú mismo tenías que fregar lo que habías usado. De todo se aprende y como experiencia resultó curiosa. Eso sí, al día siguiente no repetimos que para fregar nuestros propios platos ya tenemos el resto del año
Ese día cogimos un bono de transporte que nos valía para la amplíiiiiiiiisima red de tranvías y autobuses de Dresde. Esta ciudad está un poco montada en función del tranvía quien circula como si fuese un vehículo más, aunque evidentemente goza de las mejores calles y direcciones habilitadas para él.
El bono de transporte nos costó unos 8 euros y valía hasta la noche y creo recordar que era válido para 2 personas. Y lo amortizamos bien.
Bajamos a la oficina de turismo del Altstadt y allí nos recomendaron visitar Pillnitz. Teníamos que coger un tranvía y luego un autobus.
Gracias a los transportes vimos cómodamente un poco de la ciudad de Dresde y sus alrededores, puesto que Pillnitz no está precisamente cerca.
Llegamos y vimos el palacio de Pillnitz y sus amplios jardines bañados por el Elba. Un paseo muy recomendable si alguien visita Dresde y goza de un poco de tiempo extra.
Más tarde volvimos al centro y en el mercadillo del Altmarkt nos decidimos a pedir el típico Currywurst y la típica cerveza. Estupendo para reponer fuerzas.
Vuelta al hostal para cambiarnos y otra vez a dar un paseo por la zona monumental del Altstadt y la ribera del Elba. Con buen tiempo (como teníamos aquel día) uno se puede pasar horas por allí. Dresde es tremendamente monumental y señorial, una ciudad totalmente recomendable. Eso sí, el que quiera algo de ambiente a partir de las 8 se tiene que ir inevitablemente al Neustadt. Ya que ese día, era sábado y otra vez a las 8 todo cerrado.
Huimos hacia el "barrio nuevo". Y como animales de costumbres que somos, repetimos el restaurante del día anterior, pero ese día estaba lleno.
Tras esperar un poco y ver que todo el mundo acababa de empezar a cenar, salimos y buscamos otro sitio. Preguntamos en un par de ellos por el menú en inglés, pero nada, todo en alemán y el diccionario en el hostal. Sin muchas ganas de andar eligiendo "al azar", volvimos al del día anterior y esperamos a una mesa libre.
Esta vez no hubo copa extra que había que madrugar para dirigirnos a Erfurt.




