Como la parada de tranvía que teníamos junto al hostal no tenía máquina expendedora el día anterior ya habíamos adquirido los billetes.
He de decir que fuimos sumamente cuidadosos con todo el tema de billetes de transporte durante todo el viaje. Cogimos previamente todos los billetes, los validamos para no tener problemas (excepto en Hamburgo, que no es necesario) y sin embargo durante todo el viaje, solo nos pasó un revisor, el último día en Berlín!!!.
Bueno, lo dicho, íbamos para la Hauptbahnhof (estación central de trenes) y el enlace de tranvía que teníamos que coger, al ser domingo, solo pasaba cada media hora.
No nos daba tiempo e hicimos el trayecto a pata y a cierta velocidad, por si acaso. Y menos mal, porque llegamos justo con el tiempo de comprar un paquete de patatas en una máquina y coger el tren.
Todos los trenes que cogimos estaban perfectamente equipados con un vagón restaurante, pero como el trayecto no era excesivamente largo y ese restaurante sí es excesivamente caro, decidimos pasar un poco de hambre, que calorías no nos faltaban de días anteriores.
Así sobre las 11 llegamos a la "pequeña" y católica Erfurt. Pongo lo de pequeña entre comillas pues son casi 200.000 habitantes, pero para ser la capital de un Lander (Turingia) es pequeña.
Erfurt es una ciudad que se puede recorrer perfectamente a pie. Las distancias en el centro son muy cortas y no nos hizo falta ticket ninguno de transporte. Con el mapa que previamente nos había enviado la oficina de turismo de Erfurt encontramos rápidamente nuestro hotel, el Ibis Erfurt. ¡¡¡¡¡¡¡Qué lujo!!!!!!.
A ver, hemos estado en muchos hoteles mejores, pero tras el mini Easy Hotel (repito, excepcional su relación calidad-precio) y el hostal de Dresde, este nos pareció un auténtico 5 estrellas y por 49 euros la noche!!!. Y aunque tampoco la habíamos echado de menos, era el primer alojamiento donde teníamos televisión para conectarnos con el mundo. Y encima tenían el canal TVE internacional!!!!!!
Pasamos un rato de la tele y nos fuimos a visitar el centro rápidamente pues el hambre apretaba. Seguimos las indicaciones hacia Domplatz y contemplamos la plaza y en lo alto Mariendom.
En la guía nos habían recomendado un restaruante en Michaelistrasse y allí fuimos. Un estofado especialidad de Erfurt y un roast-beef especialidad de Turingia fue el menú de ese día.
Con el buche ya lleno nos aprestamos a entrar en el interior de Mariendom pero había una especie de procesión católica y no se podía acceder. Si lo hicimos en la iglesia de san severo, Severikirche que está situada justo al lado. Tras eso, dimos un paseo hacia el resto del casco antiguo de Erfurt: Fuimos hasta Kramerbrücke y volvimos por el Fishmarkt y Marktstrasse dando un tranquilo paseo.
En Erfurt fue donde nos dimos cuenta por primera vez que nuestros ritmos y los de esta zona de Alemania eran distintos.
Nosotros comimos bastante pronto puesto que no habíamos desayunado y antes de las 13 horas el restaurante estaba completamente lleno.
Nuestra idea era cenar sobre las 20 o 21 horas (más o menos la hora en que habíamos cenado el resto de días). Pues bien, resultó misión imposible. Sobre las 19 horas ya vimos que estaban todos o casi todos los establecimientos hosteleros cerrados a cal y canto. También es verdad que era domingo.
Visto lo visto y todavía de día nos volvimos al hotel a disfrutar de un poco de habla castellana en la televisión de la habitación, ¡cómo se echaba de menos!.
Al final decidimos cenar algo en el propio hotel. Una pizza y un bocadillo que nos supieron a gloria. Y la cerveza, ¡claro!, que no falte.


