14 de mayo de 2008, miércoles.
Empezamos el día a las 7:30 y a las 8:30 vienen a recogernos Tomas y Shí Yáng, que así se llama el chofer. Vamos directamente a ver los guerreros de terracota del emperador Qin Shi Huang (90 yuanes). En la foto podéis ver la estatua del emperador que preside el aparcamiento. Comparadla con el tamaño de las personas para haceros una idea de lo grande que es. Desde ese punto, hasta que se llega a la explanada de las fosas, todavía hay que andar un poco.

Una vez en la explanada intentamos seguir el orden que propone la guía Trotamundos que compré, empezando por la fosa nº 3 y terminando por la nº 1 pero claro, los letreros están en chino y a pesar de que le digo a Tomás que quiero empezar del revés, pues no se entera mucho y empezamos por la 1, luego pasamos a la 2, a la 3 y terminamos con el museo y el cine. Estoy empezando a pensar que Tomás me dice que sí a todo, pero que no entiende ni papa.
Para que no os pase como a mí, os pongo esta foto que está sacada de una que hay en el interior y que es justo lo que veréis una vez pasado el control de entradas:
Para que no os pase como a mí, os pongo esta foto que está sacada de una que hay en el interior y que es justo lo que veréis una vez pasado el control de entradas:

El edificio que se ve a la derecha de la foto, el que tiene dos torres laterales, es el museo y el que se ve al fondo, con la cubierta redonda, es la fosa nº 1, la que tenéis que dejar para el final y que por dentro se ve así:

A su izquierda se ve, entre los árboles, un edificio pequeñito; es el cine. El edificio que hay a la derecha de la nº 1 es la nº 2

y detrás de la 2, pero que no se ve en la foto, está la fosa nº 3, que albergaba el cuartel general y que por dentro es así:

Creo que el consejo de la guía Trotamundos es muy acertado. Lo mejor es empezar por el cine porque, aunque no te enteres de lo que oyes, ves la recreación de lo que era el ejercito. Después visitad las fosas del revés, y lo último el museo.
Por cierto, a quienes vayáis en verano, os aconsejo buena provisión de agua porque ya veis que no hay ni pizca de sombra en la explanada y si en mayo ya pegaba el sol, no quiero ni pensar lo que será en julio y agosto.
Hacemos tropecientas fotos. Al salir encontramos a muchos chinos vendiendo figurillas. Las venden en cajitas con un ejemplar de cada modelo que, si no me equivoco, son 5: arquero, ballestero, general, soldado y emperador). Ojo que aquí también se regatea. Por lo que os piden por una figura al principio, podéis conseguir los 5. Como no podía ser menos nuestro guía nos dice que no compremos que es muy caro y le hacemos caso. Luego comprenderemos que es porque nos va a llevar a una fábrica (como todos los guías) para llevarse comisión.
Al terminar la visita vamos a comer a uno de los muchos restaurantes que hay en el recinto y después cogemos el coche para ir a la dichosa fábrica de guerreros pero ¡qué casualidad! está cerrada. Llaman a la agencia para ver qué hacen y les dan la dirección de otra distinta.
Antes de ir nos llevan a ver lo que se supone que es, y cómo es, la tumba del emperador Qin Shi Huang por dentro. Está en otro lugar, a unos kilómetros de los guerreros. No es más que una maqueta y no merece los 15 yuanes que vale la entrada. No nos gusta nada.
Nos cuentan que la tumba del emperador (la de verdad) no la han abierto porque las mediciones de mercurio en los terrenos de los alrededores son muy altas y como saben que en el interior simularon los rios con mercurio, temen un desastre si lo abren y hay emanaciones nocivas de alguna sustancia.
Al salir nos llevan a la dichosa fábrica de guerreros donde nos enseñan cómo los hacen. Compro un General que mide más o menos medio metro y nos vamos un poco moscas porque sabemos que nos han timado al ver los precios pero, qué le vamos a hacer; no quería quedarme sin guerrero.
De la fábrica vamos al Parque Hua Qing Chi (70 yuanes), en la zona de Lin Tong (en la misma ciudad de Xi’an).
Por cierto, a quienes vayáis en verano, os aconsejo buena provisión de agua porque ya veis que no hay ni pizca de sombra en la explanada y si en mayo ya pegaba el sol, no quiero ni pensar lo que será en julio y agosto.
Hacemos tropecientas fotos. Al salir encontramos a muchos chinos vendiendo figurillas. Las venden en cajitas con un ejemplar de cada modelo que, si no me equivoco, son 5: arquero, ballestero, general, soldado y emperador). Ojo que aquí también se regatea. Por lo que os piden por una figura al principio, podéis conseguir los 5. Como no podía ser menos nuestro guía nos dice que no compremos que es muy caro y le hacemos caso. Luego comprenderemos que es porque nos va a llevar a una fábrica (como todos los guías) para llevarse comisión.
Al terminar la visita vamos a comer a uno de los muchos restaurantes que hay en el recinto y después cogemos el coche para ir a la dichosa fábrica de guerreros pero ¡qué casualidad! está cerrada. Llaman a la agencia para ver qué hacen y les dan la dirección de otra distinta.
Antes de ir nos llevan a ver lo que se supone que es, y cómo es, la tumba del emperador Qin Shi Huang por dentro. Está en otro lugar, a unos kilómetros de los guerreros. No es más que una maqueta y no merece los 15 yuanes que vale la entrada. No nos gusta nada.
Nos cuentan que la tumba del emperador (la de verdad) no la han abierto porque las mediciones de mercurio en los terrenos de los alrededores son muy altas y como saben que en el interior simularon los rios con mercurio, temen un desastre si lo abren y hay emanaciones nocivas de alguna sustancia.
Al salir nos llevan a la dichosa fábrica de guerreros donde nos enseñan cómo los hacen. Compro un General que mide más o menos medio metro y nos vamos un poco moscas porque sabemos que nos han timado al ver los precios pero, qué le vamos a hacer; no quería quedarme sin guerrero.
De la fábrica vamos al Parque Hua Qing Chi (70 yuanes), en la zona de Lin Tong (en la misma ciudad de Xi’an).

Es un lugar donde iban de veraneo el emperador, la favorita de éste y la emperatriz, amén de toda la corte, está claro. Tiene aguas termales que manan a 45 grados y dicen que la favorita tenía la piel de porcelana porque usaba esta agua para lavarse.
El concepto de palacio en China es distinto del nuestro, no es un gran edificio con muchas habitaciones, sino muchos edificios pequeños, cada uno con su utilidad; uno para vestirse, otro para dormir, otro para la bañera, ... Aquí primero llenaban la bañera del emperador con el agua limpia, y después iban pasando el agua de bañera en bañera, en orden jerárquico. Esta que os pongo creo que es la del emperador:
El concepto de palacio en China es distinto del nuestro, no es un gran edificio con muchas habitaciones, sino muchos edificios pequeños, cada uno con su utilidad; uno para vestirse, otro para dormir, otro para la bañera, ... Aquí primero llenaban la bañera del emperador con el agua limpia, y después iban pasando el agua de bañera en bañera, en orden jerárquico. Esta que os pongo creo que es la del emperador:

Es bastante bonito. Pagando otra entrada puedes subir en un teleférico a la montaña Li, que es la que se ve en la foto anterior a la de la bañera. Incluso si os fijáis en el ángulo superior derecho de la foto, se aprecia el cable.
Por ½ yuan puedes mojarte con las aguas termales en una fuente y, en otra zona, por 1 yuan puedes meter los pies un rato en una especie de acequia.
Cuando llegan las 16:00, como ya hemos terminado y nos queda tiempo, le decimos a Tomás que si nos llevan a la pagoda de la oca mayor, que ayer era de noche y no pudimos entrar ni hacer fotos de día. Llama al chofer que se ha quedado fuera y éste le contesta que no. Tomás dice que lo siente pero que como el coche es suyo, no puede hacer nada.
Así que a las 16:30 le decimos que nos lleve al aeropuerto, pensando en los problemas para salir de Xi'an que nos anunció nuestro hijo.
Menos mál, porque en el aeropuerto nos confirman que nuestro vuelo está cancelado ya que el avión se quedó en Xandú, en la zona del terremoto. Intentamos facturar en el nuevo vuelo para el que nos han reservado y, efectivamente salen nuestros nombres, pero la agencia no ha hecho el cambio de compañía aérea y por tanto los billetes salen como no pagados.
Respiramos hondo y pensamos ¡Todo menos quedarnos aquí!, así que decidimos sacar dinero del cajero dispuestos a pagar nuevamente el vuelo y le decimos a Tomás que, mientras tanto, haga el favor de llamar a la agencia a ver si lo arreglan ellos. Después de muchas llamadas lo arreglan y no hace falta que volvamos a pagar. ¡Imaginaos ese lío sin alguien que hable chino a tu lado!
A las 18:40 nos dan asiento y vamos corriendo a facturar el equipaje. Cuando conseguimos las tarjetas de embarque Tomás nos pregunta si se puede marchar y le decimos que sí.
Se me olvidaba que antes de irse, recibe una llamada del chofer diciéndole que nos pida una propina para él. Le decimos que tururú, que lo único extra que le hemos pedido es que nos llevara a la pagoda y se ha negado, así que la próxima que vez se lo piense antes. Tomás no se atreve a pedirnos nada para él.
Estamos muy hartos porque, si no es por nuestro hijo, nos hubiesemos encontrado el pastel al llegar al aeropuerto ya que la agencia no se ha molestado en informarnos de nada y nuestro guía no tenía idea de los cambios y cancelaciones.
Bueno, nos quedamos solos y nos vamos a pasar el control de seguridad. Hay una cola de narices y son las 18:50 cuando nos damos cuenta de que en nuestras tarjetas de embarque pone que embarcamos a las 18:30 así que como locos intentamos saltarnos la cola, porque encima ya no tenemos quien nos traduzca porque Tomás se ha ido. Afortunadamente la necesidad hace que uno sea capaz de transmitir lo que haga falta aunque sea por señas y conseguimos pasar rápido.
Pero todavía no han terminado nuestras penas; ahora tenemos que buscar la puerta 19 que resulta que está, como no podía ser de otra manera, en la otra punta de la terminal. Corriendo, porque tememos que vamos a perder el vuelo, conseguimos llegar a la dichosa puerta y allí nos dicen que la clase K, que es la nuestra, no embarca por la puerta 19, sino por la 5.
¡Casi nos da algo! A todo correr, llegamos por fin a la puerta 5 y resulta ¡que ni siquiera han empezado a embarcar! de hecho no empiezan hasta las 19:30. ¿Y por qué han puesto en la tarjeta de embarque puerta 19 y embarque a las 18:30 si es puerta 5 y embarque a las 19:30? Cuando subimos al avión no nos lo creemos.
En el vuelo viaja un grupo de malagueños que van a una maratón por la Gran Muralla y charlamos con ellos. En estos casos, encontrar paisanos reconforta bastante y nos alegra porque nosotros estamos bastante atacados.
Por fín llegamos a Beijing sin más incidentes donde hasta el final del viaje vamos a contar con un intérprete privado, nuestro hijo, que nos recoge en el aeropuerto y nos lleva al hotel. ¡Qué día más duro!
Por ½ yuan puedes mojarte con las aguas termales en una fuente y, en otra zona, por 1 yuan puedes meter los pies un rato en una especie de acequia.
Cuando llegan las 16:00, como ya hemos terminado y nos queda tiempo, le decimos a Tomás que si nos llevan a la pagoda de la oca mayor, que ayer era de noche y no pudimos entrar ni hacer fotos de día. Llama al chofer que se ha quedado fuera y éste le contesta que no. Tomás dice que lo siente pero que como el coche es suyo, no puede hacer nada.
Así que a las 16:30 le decimos que nos lleve al aeropuerto, pensando en los problemas para salir de Xi'an que nos anunció nuestro hijo.
Menos mál, porque en el aeropuerto nos confirman que nuestro vuelo está cancelado ya que el avión se quedó en Xandú, en la zona del terremoto. Intentamos facturar en el nuevo vuelo para el que nos han reservado y, efectivamente salen nuestros nombres, pero la agencia no ha hecho el cambio de compañía aérea y por tanto los billetes salen como no pagados.
Respiramos hondo y pensamos ¡Todo menos quedarnos aquí!, así que decidimos sacar dinero del cajero dispuestos a pagar nuevamente el vuelo y le decimos a Tomás que, mientras tanto, haga el favor de llamar a la agencia a ver si lo arreglan ellos. Después de muchas llamadas lo arreglan y no hace falta que volvamos a pagar. ¡Imaginaos ese lío sin alguien que hable chino a tu lado!
A las 18:40 nos dan asiento y vamos corriendo a facturar el equipaje. Cuando conseguimos las tarjetas de embarque Tomás nos pregunta si se puede marchar y le decimos que sí.
Se me olvidaba que antes de irse, recibe una llamada del chofer diciéndole que nos pida una propina para él. Le decimos que tururú, que lo único extra que le hemos pedido es que nos llevara a la pagoda y se ha negado, así que la próxima que vez se lo piense antes. Tomás no se atreve a pedirnos nada para él.
Estamos muy hartos porque, si no es por nuestro hijo, nos hubiesemos encontrado el pastel al llegar al aeropuerto ya que la agencia no se ha molestado en informarnos de nada y nuestro guía no tenía idea de los cambios y cancelaciones.
Bueno, nos quedamos solos y nos vamos a pasar el control de seguridad. Hay una cola de narices y son las 18:50 cuando nos damos cuenta de que en nuestras tarjetas de embarque pone que embarcamos a las 18:30 así que como locos intentamos saltarnos la cola, porque encima ya no tenemos quien nos traduzca porque Tomás se ha ido. Afortunadamente la necesidad hace que uno sea capaz de transmitir lo que haga falta aunque sea por señas y conseguimos pasar rápido.
Pero todavía no han terminado nuestras penas; ahora tenemos que buscar la puerta 19 que resulta que está, como no podía ser de otra manera, en la otra punta de la terminal. Corriendo, porque tememos que vamos a perder el vuelo, conseguimos llegar a la dichosa puerta y allí nos dicen que la clase K, que es la nuestra, no embarca por la puerta 19, sino por la 5.
¡Casi nos da algo! A todo correr, llegamos por fin a la puerta 5 y resulta ¡que ni siquiera han empezado a embarcar! de hecho no empiezan hasta las 19:30. ¿Y por qué han puesto en la tarjeta de embarque puerta 19 y embarque a las 18:30 si es puerta 5 y embarque a las 19:30? Cuando subimos al avión no nos lo creemos.
En el vuelo viaja un grupo de malagueños que van a una maratón por la Gran Muralla y charlamos con ellos. En estos casos, encontrar paisanos reconforta bastante y nos alegra porque nosotros estamos bastante atacados.
Por fín llegamos a Beijing sin más incidentes donde hasta el final del viaje vamos a contar con un intérprete privado, nuestro hijo, que nos recoge en el aeropuerto y nos lleva al hotel. ¡Qué día más duro!