15 de mayo de 2008, jueves.
El hotel de Beijing se llama Redwall y es más sencillo que los dos anteriores, pero la relación calidad/situación/precio es muy buena porque está justo al lado de la Ciudad Prohibida (en la parte norte) y por lo tanto fácil de localizar por los taxistas. Además, cuando te empiezas a dar cuenta del tamaño de las distancias en Beijing, es cuando ves que el hotel, aún en la parte norte, está bien situado. Tan solo a 50 metros se puede coger el autobús nº 2 que te lleva en un pispas a la plaza de Tiananmen por 1 yuan.
Bueno, por fin estamos en Beijing. Hemos quedado con nuestro hijo en la plaza de Tiananmen y como es el primer día y tenemos mono, pues decidimos ir andando desde el hotel. Total, pensamos, es ahí mismo, justo al otro lado de la Ciudad Prohibida. Menos mal que es solamente al otro lado porque tardamos media hora en llegar.
Vamos de norte a sur, bordeando el canal que rodea la Ciudad Prohibida y la atravesamos por una zona donde no es necesario pagar. Hay más gente entrando que en la guerra (orientales y no orientales). Hay muchas excursiones y, sobre todo las de chinos, son muy numerosas. Estos de la foto están formando para subir a la Puerta de Tiananmen:
Bueno, por fin estamos en Beijing. Hemos quedado con nuestro hijo en la plaza de Tiananmen y como es el primer día y tenemos mono, pues decidimos ir andando desde el hotel. Total, pensamos, es ahí mismo, justo al otro lado de la Ciudad Prohibida. Menos mal que es solamente al otro lado porque tardamos media hora en llegar.
Vamos de norte a sur, bordeando el canal que rodea la Ciudad Prohibida y la atravesamos por una zona donde no es necesario pagar. Hay más gente entrando que en la guerra (orientales y no orientales). Hay muchas excursiones y, sobre todo las de chinos, son muy numerosas. Estos de la foto están formando para subir a la Puerta de Tiananmen:

Ya veis que monos van todos con su peto rojo.
Como hemos llegado temprano, cruzamos la avenida por uno de los subterráneos y nos explayamos por la plaza de Tiananmen. La plaza es enorme y hay mucha, mucha gente. Hay un poco de contaminación, pero ya averiguaremos que puede ser peor.
En un corralito hecho con cinta de plástico vemos que hay una cuadrilla limpiando la plaza. Hay 10 o 12 trabajadores limpiando con una especie de vaporeta cada uno, mientras otro va rascando con una espátula. ¡Todo ladrillo a ladrillo!

Pero hacemos más fotos curiosas, por ejemplo, de cómo descansa todo el mundo:

De la mejor manera de buscar algo en el bolso:

De los niños y su descosido en el pantalón para que se puedan agachar cómodamente a hacer pis (o pos):


De cómo hay que poner a los excursionistas en formación militar para que no se pierda ninguno:

Andando, andando, llegamos a la puerta Sur de la plaza (Quianmen)


y cuando llega nuestro hijo, intentamos entrar al mausoleo de Mao. Como cierran a las 11:30 horas y son las 11:35, lo dejamos para otro día y cruzamos para ver el Gran Palacio del Pueblo (30 yuanes) que está en uno de los laterales de la plaza. ¡No he visto las Cortes en España y vengo a China a ver las suyas, diez puntos!. No son gran cosa pero impresiona, como todo en China, por sus dimensiones. Estas fotos son de dos de los salones para recepciones:

Y esta otra es del auditorio de sesiones. Fijaos que nosotros estamos en el piso central y tiene dos más iguales, uno por arriba y otro por abajo. Debe impresionar verlo lleno de chinos voceando.

Nos parece muy chocante lo poco que cuidan las cosas porque, donde dejan entrar visitas no tienen la precaución de tapar las alfombras, que deben valer una pasta, y permiten que todo el mundo las pise. ¡Así están las pobrecitas!
Cuando acabamos esta visita, desde aqui nos vamos andando a la famosa calle Wangfujin y como es la hora de comer, o sea, las 12:30, entramos en el centro comercial The malls all Oriental Plaza que está al principio de la calle según llegas por la Avenida Chang’an-Este. Dentro, además de tiendas, hay un restaurante muy curioso y se puede comer de todo, porque hay cien mil platos para elegir. Los precios varían pero puedes comer por 15 yuanes y no te lo terminas. Nosotros cogimos dos menús de 15 yanes y uno de 20 yuanes.
Cuando acabamos esta visita, desde aqui nos vamos andando a la famosa calle Wangfujin y como es la hora de comer, o sea, las 12:30, entramos en el centro comercial The malls all Oriental Plaza que está al principio de la calle según llegas por la Avenida Chang’an-Este. Dentro, además de tiendas, hay un restaurante muy curioso y se puede comer de todo, porque hay cien mil platos para elegir. Los precios varían pero puedes comer por 15 yuanes y no te lo terminas. Nosotros cogimos dos menús de 15 yanes y uno de 20 yuanes.

En proporción es más cara la cerveza porque también nos costó 15 yuanes cada jarra y casi nos la podemos beber porque no saben servir cerveza de barril. Al llenar la jarra hacen mucha espuma, pero son constantes y no paran hasta que está llena y sin espuma. El caso es que una vez servidas, resulta que una de las jarras tenía un picado en el borde y al decirle que nos la cambiara, ni corta ni perezosa, coge otra jarra y la pasa del tirón. Podéis imaginar el resultado: todo espuma pero,… sin problema; la tiró toda y sirvió una nueva. Por eso debe ser tan cara la proporción entre la cerveza y la comida, porque para una jarra casi gastó casi un barril. Nos costó tanto que hasta le hicimos una foto:

Resulta, que parece que los orientales tienen un gen que no les permite asimilar el alcohol y se moñan con bastante facilidad. Será por eso que no es habitual verlos beber alcohol.
Bueno, por si se os ocurre ir, el sistema es el siguiente: Tienes que comprar una tarjeta y cargarla con dinero. Después te paseas por el lugar y eliges, no miento, de entre los muchiiiisimos platos que ofrecen, lo que quieres comer (en unos sitios ya está preparado y en otros te lo hacen en el momento). Donde coges algo entregas la tarjeta y te lo descuentan de tu crédito. Cuando has elegido todo, te sientas en cualquier mesa del montón que hay, y al acabar solo tienes que devolver la tarjeta en el mismo sitio donde la has comprado y te devuelven el dinero sobrante. Ojo con los envases de cristal y las jarras de cerveza que te los cobran y cuando los entregas vacíos te devuelven el dinero.
Después de comer paseamos por esta misma calle y entramos a una librería, como no, gigante, que está un poco más delante de donde hemos comido (La Fnac de Madrid se queda ridícula a su lado).
Nuestro hijo se tenía que marchar a la Universidad pero lo han llamado para decirle que no hace falta, así que vamos al hotel a dejar los trastos, a sacar dinero del cajero y, en taxi, al mercado Hongqiao (el de las perlas).
Nos llevamos una sorpresa mayúscula porque nuestro vástago se revela como un hábil regateador. Como él lleva desde febrero aquí, ya ha aprendido la mecánica del asunto. Además empieza a negociar en inglés y cuando tiene el precio medio ajustado, empieza a hablarles en chino y los desconcierta porque claro, no tiene pinta de hablar chino. Es una gracia.
El asunto del regateo es la bomba porque no tardas nunca menos de 20 minutos en cerrar un trato, no hay más cascaras. Hay que ir mirando al pasar y cuando ves algo que te gusta, entonces paras y compras. Es mejor elegir varias cosas cada vez porque si para cada cosa tardas un cuarto de hora, pues te puedes tirar todo el día, y no es plan. Cuando decides parar, no tienes que tener prisa porque si la tienes, pagas más de la cuenta. Es conveniente tener claro desde el principio, cuánto estás dispuesto a pagar por lo que quieres y empezar tu puja mucho más abajo porque ellos empiezan mucho más arriba. A partir de ahí tú subes y ellos bajan. Algunos cogen un cabreo de mil demonios cuando eres capaz de conseguir un buen precio.
Es impresionante la cantidad de tiendas que hay y el jaleo que oyes al pasar porque todos intentan venderte algo. De todas maneras, Hongqiao no es nada comparado con el mercado de la seda. Ese sí que es un escándalo total. Los vendedores al pasar empiezan: Hello Lady? Gucci?, Dolce Gabanna? Tous?.... ofrecen de todo lo que tienen. Si no contestas, lo intentan en francés, en alemán y están pendientes de una sola palabra que digas para cazar de dónde eres y entonces empiezan: ¡Amica, bonito, mila, mila! Son tela de listos.
Bueno, pues como decía, cuando ves algo que te gusta, entonces te paras y empieza el regateo. No exagero, de verdad, veinte minutos mínimo para cada cosa. Si tardas menos mal rollo. Os aconsejo que llevéis precios de referencia porque si no, no es fácil. A mí una vendedora me llego a decir que cambiase de marido porque el que tenía era muy tacaño y no me convenía; que se parecía a una mujer regateando. Son muy graciosos porque cuando les haces una oferta muy a la baja dicen: tu loca, tu fieble, y te tocan la frente. Que si, que no, que sí que no, (que al final deduje que quería decir, ni para ti, ni para mí) y te dan un precio entre el que ofreces tu y el que te piden ellos. Lo dicho, una gracia.
Para que os hagáis una idea: si alguno ha estado en el Mercado de la Piedra en Vigo, pues es algo parecido pero tamaño Corte Inglés, con 5 plantas y a lo bestia. Por cierto, la diferencia es que en la Piedra te puedes probar y allí generalmente no. Hay puestos que no te dejan probar nada; ni las camisetas. En esos yo me iba sin más porque aprendí a preguntar primero si me lo podía probar. ¡Imaginaos que estáis 15 minutos negociando y luego no te dejan probar! En la mayoría de los de pantalones no dejan, entre otras cosas porque no tienen donde, ya que detrás del género que se ve, lo tienen todo lleno de más prendas.
Nos dan las 19:00 horas y no hemos comprado mucho pero no importa porque nos quedan todavía muchos días en Beijing y pensamos volver. Como cierran a esa hora nos vamos en taxi al hotel, dejamos las compras y volvemos andando a Wangfujin a cenar guarrerías varias, a saber: caballitos de mar, escorpiones, estrellas de mar, …. Todo ello en pinchos, claro está.
Bueno, por si se os ocurre ir, el sistema es el siguiente: Tienes que comprar una tarjeta y cargarla con dinero. Después te paseas por el lugar y eliges, no miento, de entre los muchiiiisimos platos que ofrecen, lo que quieres comer (en unos sitios ya está preparado y en otros te lo hacen en el momento). Donde coges algo entregas la tarjeta y te lo descuentan de tu crédito. Cuando has elegido todo, te sientas en cualquier mesa del montón que hay, y al acabar solo tienes que devolver la tarjeta en el mismo sitio donde la has comprado y te devuelven el dinero sobrante. Ojo con los envases de cristal y las jarras de cerveza que te los cobran y cuando los entregas vacíos te devuelven el dinero.
Después de comer paseamos por esta misma calle y entramos a una librería, como no, gigante, que está un poco más delante de donde hemos comido (La Fnac de Madrid se queda ridícula a su lado).
Nuestro hijo se tenía que marchar a la Universidad pero lo han llamado para decirle que no hace falta, así que vamos al hotel a dejar los trastos, a sacar dinero del cajero y, en taxi, al mercado Hongqiao (el de las perlas).
Nos llevamos una sorpresa mayúscula porque nuestro vástago se revela como un hábil regateador. Como él lleva desde febrero aquí, ya ha aprendido la mecánica del asunto. Además empieza a negociar en inglés y cuando tiene el precio medio ajustado, empieza a hablarles en chino y los desconcierta porque claro, no tiene pinta de hablar chino. Es una gracia.
El asunto del regateo es la bomba porque no tardas nunca menos de 20 minutos en cerrar un trato, no hay más cascaras. Hay que ir mirando al pasar y cuando ves algo que te gusta, entonces paras y compras. Es mejor elegir varias cosas cada vez porque si para cada cosa tardas un cuarto de hora, pues te puedes tirar todo el día, y no es plan. Cuando decides parar, no tienes que tener prisa porque si la tienes, pagas más de la cuenta. Es conveniente tener claro desde el principio, cuánto estás dispuesto a pagar por lo que quieres y empezar tu puja mucho más abajo porque ellos empiezan mucho más arriba. A partir de ahí tú subes y ellos bajan. Algunos cogen un cabreo de mil demonios cuando eres capaz de conseguir un buen precio.
Es impresionante la cantidad de tiendas que hay y el jaleo que oyes al pasar porque todos intentan venderte algo. De todas maneras, Hongqiao no es nada comparado con el mercado de la seda. Ese sí que es un escándalo total. Los vendedores al pasar empiezan: Hello Lady? Gucci?, Dolce Gabanna? Tous?.... ofrecen de todo lo que tienen. Si no contestas, lo intentan en francés, en alemán y están pendientes de una sola palabra que digas para cazar de dónde eres y entonces empiezan: ¡Amica, bonito, mila, mila! Son tela de listos.
Bueno, pues como decía, cuando ves algo que te gusta, entonces te paras y empieza el regateo. No exagero, de verdad, veinte minutos mínimo para cada cosa. Si tardas menos mal rollo. Os aconsejo que llevéis precios de referencia porque si no, no es fácil. A mí una vendedora me llego a decir que cambiase de marido porque el que tenía era muy tacaño y no me convenía; que se parecía a una mujer regateando. Son muy graciosos porque cuando les haces una oferta muy a la baja dicen: tu loca, tu fieble, y te tocan la frente. Que si, que no, que sí que no, (que al final deduje que quería decir, ni para ti, ni para mí) y te dan un precio entre el que ofreces tu y el que te piden ellos. Lo dicho, una gracia.
Para que os hagáis una idea: si alguno ha estado en el Mercado de la Piedra en Vigo, pues es algo parecido pero tamaño Corte Inglés, con 5 plantas y a lo bestia. Por cierto, la diferencia es que en la Piedra te puedes probar y allí generalmente no. Hay puestos que no te dejan probar nada; ni las camisetas. En esos yo me iba sin más porque aprendí a preguntar primero si me lo podía probar. ¡Imaginaos que estáis 15 minutos negociando y luego no te dejan probar! En la mayoría de los de pantalones no dejan, entre otras cosas porque no tienen donde, ya que detrás del género que se ve, lo tienen todo lleno de más prendas.
Nos dan las 19:00 horas y no hemos comprado mucho pero no importa porque nos quedan todavía muchos días en Beijing y pensamos volver. Como cierran a esa hora nos vamos en taxi al hotel, dejamos las compras y volvemos andando a Wangfujin a cenar guarrerías varias, a saber: caballitos de mar, escorpiones, estrellas de mar, …. Todo ello en pinchos, claro está.


Como podéis apreciar, hay escorpiones normales, y de pata negra que, además, ¡están vivos y mueven las patitas!

Rociamos el exquisito ágape con el caldo de unos cocos un tanto extraños a los que hacen un agujero con un punzón y ponen una cañita para que vayas chupando. Este es el sitio que sale en todas las fotos que cuelgan en internet, donde vamos todos los turistas. Está en una calle que cruza perpendicular a Wangfujin y solo abren por la noche. Es una larga fila de carritos en uno de los lados de la calle. No tiene pérdida porque tienen farolillos y está en un cruce que tiene en la esquina de la izquierda una tienda de Kappa y en la de la derecha una pantalla gigante de televisión (de las muchas que hay). Os pongo una foto de día, y otra de noche:

De todas maneras, si no podéis ir por la noche y queréis ver los bichos, hay un callejoncito donde abren por el día, que está al principio de la misma calle Wangfujin, a mano izquierda.
Por cierto, pantallas de televisión hay, como os digo, bastantes, y ahora nos empezamos a dar cuenta de la magnitud del terremoto porque todo el día están poniendo imágenes del desastre:
Por cierto, pantallas de televisión hay, como os digo, bastantes, y ahora nos empezamos a dar cuenta de la magnitud del terremoto porque todo el día están poniendo imágenes del desastre:

Después de la sabrosa cena, decidimos bajar el colesterol volviendo a pie al hotel que no está muy lejos, pero la verdad es que estamos ROTOS porque hemos andado mogollón. ¡Cómo me duelen los pies!. Lo peor de todo es que estoy a punto de descubrir que la cama del hotel es una verdadera tabla. Las de los hoteles anteriores eran duras pero ésta gana por goleada.
Una última curiosidad de hoy: hay hoteles que no tienen plato de ducha y el nuestro en Beijing es uno de ellos, me explico; tienen el grifo, la alcachofa, la alfombrilla, la cortina, en fin, todo menos el plato. En su lugar tienen un sumidero en el suelo y ya está. Ni os cuento cómo se pone todo cada vez que te duchas. Pero claro, pasa como os contaba en otra etapa con los chorreos de manos en los aseos públicos, como tienen tanto personal para limpiar, pues no hay problema.
En fin, así acaba nuestro primer día en Beijing. No sé si cambiaré de opinión más adelante pero, después de lo que he visto hoy, si hago una comparación con España, Shanghai sería Barcelona y Beijing sería Madrid.
Creo que tenemos que bajar el ritmo porque si no, acabaremos muertos. Beijing es muy, muy grande pero tenemos 9 días más por delante, así que a partir de ahora nos lo vamos a tomar con un poco más de calma.
Una última curiosidad de hoy: hay hoteles que no tienen plato de ducha y el nuestro en Beijing es uno de ellos, me explico; tienen el grifo, la alcachofa, la alfombrilla, la cortina, en fin, todo menos el plato. En su lugar tienen un sumidero en el suelo y ya está. Ni os cuento cómo se pone todo cada vez que te duchas. Pero claro, pasa como os contaba en otra etapa con los chorreos de manos en los aseos públicos, como tienen tanto personal para limpiar, pues no hay problema.
En fin, así acaba nuestro primer día en Beijing. No sé si cambiaré de opinión más adelante pero, después de lo que he visto hoy, si hago una comparación con España, Shanghai sería Barcelona y Beijing sería Madrid.
Creo que tenemos que bajar el ritmo porque si no, acabaremos muertos. Beijing es muy, muy grande pero tenemos 9 días más por delante, así que a partir de ahora nos lo vamos a tomar con un poco más de calma.