Sábado 18, Agra-Orcha-Khajuraho

Hoy dejamos Agra, próximo destino Khajuraho.
Hemos dormido bien, pero el estomago sigue flojo, así que el desayuno va a ser ligero también. El té, la fruta y el yogurt, nada más.
Salimos del hotel camino de la estación. Para variar un poco, el tren no está nada mal. Tanto autobús ya cansa.
La estación del tren de Agra está muy concurrida. `Para cuando el autobús llega ya tenemos comité de bienvenida. Gentes pobres y sin recursos nunca faltan, pero lo que vemos nos supera. Un chico va descalzo, con los pies agigantados. Da mucha pena.

Después de un rato de espera, mientras llevan el equipaje a facturar, salimos todos en grupo.
La espera hasta que llega el tren se hace ameno, hay vendedores, militares, limpiabotas, familias enteras, y entre las vías una rata. Todos tenemos la imagen de los trenes de la India con pasajeros en el techo, colgando de las ventanas, pero para nuestra desilusión, no es así, por lo menso en estos trenes, y es normal, son dos vías de ida y vuelta, ¿os imagináis que fuera como pensábamos?, pues saldría la gente despedida en cuanto se cruzaran dos trenes. Lo que es no pensar las cosas antes. Esos trenes sí que existen, pero en las zonas donde no hay más que una vía, y con otro tipo de trenes. Este que está llegando es bastante moderno, y vamos, ni con la ventanilla abierta.







Montamos en el vagón, cada uno tiene su asiento asignado. Va bastante lleno. Nada más salir viene un camarero ofreciéndonos agua, y un desayuno. Como acabamos de desayunar en el hotel pasamos.
El viaje dura poco más de 2 horas, y entre que nos levantamos a hablar, incluso alguno a fumar, pasa el tiempo rápido. El W.C, es una letrina, sin papel, eso si hay una tacita para llenarla de agua. Como para tener un apuro.
Llegamos a Jhansi, ahí nos espera el bus. Llegan las maletas, identificamos cada uno la nuestra, y partimos hacia Orchha.

Llegamos a Orchha en una media hora y justo en mitad del pueblo nos deja el bus. Es una aldea más que un pueblo, bastante pequeño. Pero hay mucho ambiente.




Es un conjunto Palaciego muy grande, nos enseñan el primero de ellos, y en sus buenos tiempos (alrededor del año 1600) tuvo que haber sido una maravilla. Hay unas habitaciones con unos frescos preciosos, pero la pena es que se están estropeando. Haría falta una enorme inversión para recuperar todo su esplendor, o por lo menos conservarlo como hasta ahora, pero hay que comprender que en la India hay otras prioridades, y además con un patrimonio cultural tan grande hay mucho que conservar. Hay donde elegir.



El segundo palacio, Rai Parveen Mahal, me recuerda, un poco al la película “El libro de la selva”, está un poco mejor conservado, pero necesita urgentemente una rehabilitación para que no se pierda. Desde sus terrazas, se ven en los alrededores, un sinfín de pequeños templos y cenotafios.




Terminamos la visita, y volviendo y después de recorrer el pueblo, llegamos al restaurante, que como no, está al lado de un templo. La comida es vegetariana, no está mal, y además sentara bien a nuestro maltrecho estomago. La cerveza no nos va tan bien, pero es que es difícil pasar de ella, y además es muy bien recibida, ya que hace bastante calor.
Después de comer, salgo con la cámara a dar una vuelta por los alrededores, y me encuentro con un montón de vehículos, tractores, coches, furgonetas, que además de ir repletos de gente, sobre todo jóvenes, cada uno lleva una imagen de la diosa Ghanesa. Después me entero que se juntan de todos los pueblos y aldeas, y cada grupo lleva una Ganesha, construida por ellos, hasta un punto del rio, donde las dejan a merced de la corriente.






Vaya gente más maja, todo quieren que les saque fotos, posan, sonríen, chillan, cantan, en definitiva se divierten.
Tiran al aire unos polvos rosas, algún tinte, que como caiga en la cámara igual me la jode, pero me lo paso genial.
Cada vez llegan más por la carretera, es un espectáculo formidable. Llega la hora de montar en el bus, Que pena¡¡¡¡¡



Salimos de Orchha, nos esperan unos 180 km hasta Khajuraho. Por momentos el cielo se pone negro, creo que va a caer el diluvio, y en menos de media hora, cae lo que no está escrito. No se ve nada en la carretera. Por ahora todo va bien, la carretera no es mala, y no hay mucho tráfico.
Cogemos un desvío, y se jodió. La carretera se queda en la mitad, justo en medio queda la parte asfaltada. Si no viene nadie de frente, no habrá problemas. Que iluso, la alegría dura poco, cada vez que viene alguien de frente, los dos tienen que ceder, y claro, medio vehículo por fuera del asfalto, que además para complicarlo un poco, como diluvia, está lleno de charcos, y no sabemos qué profundidad pueden tener. Ya hemos visto un par de camiones volcados. Pasamos mucho miedo, pero estamos todos en silencio, hasta que el cachondo de Rony recordando su pasado en el colegio con los frailes, entona una canción. Ja, ja, ja, vaya descojono, nos viene bien para templar los nervios. Los de atrás aun no vamos tan mal, pero los de adelante van acojonados, sobre todo los de la derecha.
A mitad de camino hacemos una parada, ahí vemos al bus de Donostia, y a los que van en coche, siempre nos encontramos los mismos, y en los mismos lugares.
Volvemos al autobús, aun quedan 60 km, y ya está anocheciendo. Van a ser los 180 km más largos de mi vida, he sentido mucho miedo. Pero menos mal que nada es eterno, y por fin llegamos a Khajuraho.
Después de esta odisea no quedan muchas ganas de salir del hotel además llueve a mares. Cenamos en el restaurante, (los precios son más bajos que en Delhi, Jaipur o Agra), y sin más a la habitación. Como siga lloviendo así, la visita a los templos de mañana se va a aguar un poco.