Martes 21, Benares
Suena el despertador, y es como si me estuvieran dando con un martillo en la cabeza, es muy pronto. Una ducha, un té , y para la recepción, hemos quedado a las 5,15. Bajo yo solo, Itzi se queda en la cama, ya tuvo bastantes emociones con la excursión de ayer. Las barcas no son lo suyo.
Esta vez el bus nos acerca bastante, más que ayer, no hay apenas tráfico, las tiendas todavía están cerradas, pero gente hay mucha, y todos se dirigen hacia los Ghats. Los vendedores nos están esperando ¿habrán dormido?



En el embarcadero vemos a uno que le están afeitando la cabeza. Es un familiar, varón, de un muerto. El es el encargado luego de bañarse en el Ganges. También hay algunos que ya se sumergen en las aguas, que esta sucísima.






Hacemos la ruta de ayer, solo que esta vez la barca es de remos. Hay tres chicos que se encargan de subir contracorriente, pegados a la orilla, que sino la corriente nos puede llevar rio abajo. Da un poco mas de miedo que ayer, en caso de problemas salíamos con el motor, ahora tendrán que tener más cuidado.



Subimos hacia la incineradora, y en todos los Ghats hay gente en sus escalones, y algunos más metido en el agua.






A medida que el día va despuntando, aparecen los Ghats mas coloridos. Las sombras que hasta ahora veíamos se convierten las luces de todos los colores. Miles de personas van tomando posiciones, pero el silencio se puede escuchar.









Al llegar a la zona de las piras de incineración, vemos que donde ayer estaban los cadáveres esperando a ser incinerados, hoy solo hay montones de cenizas, de la madera y de los propios cuerpos. Todo lo tiran al rio. Esta súper contaminada.



Desembarcamos, y nos internamos en las callejuelas. Templos por todas partes, mucha gente orando, santones, una familia llevando a un anciano en brazos, me imagino que moribundo. Morir en Varanasi, aparte de un honor, es imprescindible para poder ser incinerado. No se oye ni un lamento. No creo que sea por resignación, es lo normal.



A la altura del templo de Oro pasamos un control de la `policía, no se puede seguir, para poder pasar hay que dejar todo en una consigna (en el suelo de una tienda cercana), y pasamos justo para verlo por fuera, Aquí hay una calma tensa.




Es muy curioso, que entre tanta suciedad, aparezcan niños, todos muy bien uniformados y limpios. Los vemos con sus maletas al hombro, como en todos los lugares, A algunos le vemos comprando chuches. Los niños son niños en todas partes.




Ya ha amanecido completamente, el sol brilla, la vida vuelve poco a poco a la normalidad. Nosotros camino al bus, no dejamos de sorprendernos por todo lo que vemos.





Llegamos al hotel a las 8,30. Desayunamos, y tenemos tiempo libre hasta las 12 que saldremos hacia el aeropuerto.
Ya cuando estábamos en el bus, y aprovechando que Felipe no estaba, se sube el guía local que monto el pollo ayer, y nos cuenta su versión de lo que ocurrió. Da pena ver estos piques, y no tiene razón. Cuando se entere Felipe se va a agarrar un mosqueo de la leche, y con razón.
El aeropuerto de Varanasi también es muy pequeño, pero con controles por todas partes. Entrar en la India es complicado por el exceso de burocracia, pero salir lo es más. Ni que nos fuéramos a llevar el Taj Mahal a trozos!
El avión sale puntual, ya dejamos la India atrás. Unos días inolvidables, que seguro, por lo menos a mí, dejaran huella. Antes de venir a este viaje, me comentaba un amigo que después de estar en la India, lo que venga, en este caso Nepal, será como un remanso de tranquilidad. Pues estoy seguro que tendrá razón, pero esto ha sido una maravilla. Estoy seguro que volveré.