Arriba, comienza un nuevo día y el sol brilla con fuerza. Bajamos a desayunar a la terracita del hotel para acumular la energía necesaria...
Recogemos todo, dejamos las maletas en el coche y nos disponemos a patear la ciudad. De camino al coche ya nos dejamos seducir por los carteles de alquiler de barcos que nos íbamos encontrando por el camino, aunque por el momento solo recogíamos la información pues yo lo que quería era subir a la fortaleza.
Paseamos un poco por la ciudad
donde la herencia veneciana se aprecia en cada esquina
y seguimos por el paseo que nos lleva al Monasterio Franciscano dejando atrás el centro
pero ya no pudimos llegar, nos quedamos en un puesto de alquiler de barquitos que llevaba una señora y su nieto Bojan que nos hicieron una muy buena oferta a la que no pudimos resistirnos, y la verdad si podéis os recomiendo la experiencia.
El chico nos dio un mapa indicándonos las mejores calas de las Islas Pakleni y de la costa de Hvar, una nevera con hielo para la comida y la bebida y listo.
La libertad que te da tener transporte acuático no se puede describir, podíamos ir a cualquier sitio que quisiéramos
El agua estaba mejor que en Dubrovnik, la temperatura era perfecta y lo más raro era que flotabas muchísimo, incluso nos aventuramos a sacar fotos con el teléfono desde el agua porque no te hundías.
Nos recorrimos todas las Pakleni, las calas, el Carpe Diem... y regresamos a la isla de Hvar para llegar hasta las red rocks
Un lugar que nos había recomendado y que realmente sorprendía
aunque al estar nosotros solos a mi me daba un poco de miedo, se escuchaba el eco de las olas rompiendo en el fondo de la cueva y parecia la típica escena de una película de terror, pero en un rato te acostumbrabas y hasta nos zambullimos para nadar un rato.
Volvimos al lado derecho de la ciudad hasta el Hula Hula Hvar y vuelta a las islas otra vez a tomar un poco el sol.
Devolvimos el barquito y fuimos a por el coche desviándonos por las callejuelas para disfrutar un poco más antes de dejar la ciudad
Bueno, toca moverse, nos dirigimos a Stari Grad a por el ferry que conecta con el continente. Llegamos muy rápido y sin problemas, fuimos al muelle para echar un ojo y hasta que fuera hora nos marchamos al centro de la ciudad, con el coche porque aún hay un tramito desde allí.
Las diferencias son muy notables con el resto de ciudades que habíamos visto hasta ahora, esta ciudad es la más antigua de la isla, ya de la época griega
Para hacer tiempo nos tomamos unas cervecitas en una de las muchas terracitas, elegimos bien ya que tenía wifi y de camino al coche un heladito de Chocolate y Banana humm!!!
Volvimos al muelle del ferry y nos pusimos en la fila, y aquí empezaron mis problemas, mientras esperábamos en el coche con las ventanillas bajadas por el calor, unos mosquitos malintencionados la tomaron conmigo, sólo me picaron a mi!!!! Llevaba en el bolso un gel para las picaduras pero aún así los días siguientes lo pasé fatal.
En el ferry hacia Split, mucho más grande que en el que habíamos llegado, había cafetería, un montón de mesas, televisores. Pusieron el partido de Champions, y el viaje que duraba dos horas se pasó en nada. Split ya es una ciudad muy grande, ahí el GPS nos vino muy bien para dirigirnos hacia Trogir que era donde pasaríamos la noche.
Cruzando un puentecillo peatonal desde el Parking hasta la isla de Trogir, nos fuimos directos al hotel y salimos a pasear por la riva.
Donde había unos yates tan grandes que parecíamos liliputienses a su lado
Como ya era tarde cenamos en un puestecillo un cevapi, que aún no habíamos probado y que tomaba todo el mundo y lo tomamos sentados en uno de los muchos bancos que hay en el paseo antes de irnos a dormir

Recogemos todo, dejamos las maletas en el coche y nos disponemos a patear la ciudad. De camino al coche ya nos dejamos seducir por los carteles de alquiler de barcos que nos íbamos encontrando por el camino, aunque por el momento solo recogíamos la información pues yo lo que quería era subir a la fortaleza.
Paseamos un poco por la ciudad

donde la herencia veneciana se aprecia en cada esquina

y seguimos por el paseo que nos lleva al Monasterio Franciscano dejando atrás el centro



El chico nos dio un mapa indicándonos las mejores calas de las Islas Pakleni y de la costa de Hvar, una nevera con hielo para la comida y la bebida y listo.

La libertad que te da tener transporte acuático no se puede describir, podíamos ir a cualquier sitio que quisiéramos

El agua estaba mejor que en Dubrovnik, la temperatura era perfecta y lo más raro era que flotabas muchísimo, incluso nos aventuramos a sacar fotos con el teléfono desde el agua porque no te hundías.

Nos recorrimos todas las Pakleni, las calas, el Carpe Diem... y regresamos a la isla de Hvar para llegar hasta las red rocks

Un lugar que nos había recomendado y que realmente sorprendía

aunque al estar nosotros solos a mi me daba un poco de miedo, se escuchaba el eco de las olas rompiendo en el fondo de la cueva y parecia la típica escena de una película de terror, pero en un rato te acostumbrabas y hasta nos zambullimos para nadar un rato.
Volvimos al lado derecho de la ciudad hasta el Hula Hula Hvar y vuelta a las islas otra vez a tomar un poco el sol.

Devolvimos el barquito y fuimos a por el coche desviándonos por las callejuelas para disfrutar un poco más antes de dejar la ciudad

Bueno, toca moverse, nos dirigimos a Stari Grad a por el ferry que conecta con el continente. Llegamos muy rápido y sin problemas, fuimos al muelle para echar un ojo y hasta que fuera hora nos marchamos al centro de la ciudad, con el coche porque aún hay un tramito desde allí.

Las diferencias son muy notables con el resto de ciudades que habíamos visto hasta ahora, esta ciudad es la más antigua de la isla, ya de la época griega


Para hacer tiempo nos tomamos unas cervecitas en una de las muchas terracitas, elegimos bien ya que tenía wifi y de camino al coche un heladito de Chocolate y Banana humm!!!

Volvimos al muelle del ferry y nos pusimos en la fila, y aquí empezaron mis problemas, mientras esperábamos en el coche con las ventanillas bajadas por el calor, unos mosquitos malintencionados la tomaron conmigo, sólo me picaron a mi!!!! Llevaba en el bolso un gel para las picaduras pero aún así los días siguientes lo pasé fatal.

En el ferry hacia Split, mucho más grande que en el que habíamos llegado, había cafetería, un montón de mesas, televisores. Pusieron el partido de Champions, y el viaje que duraba dos horas se pasó en nada. Split ya es una ciudad muy grande, ahí el GPS nos vino muy bien para dirigirnos hacia Trogir que era donde pasaríamos la noche.

Cruzando un puentecillo peatonal desde el Parking hasta la isla de Trogir, nos fuimos directos al hotel y salimos a pasear por la riva.

Donde había unos yates tan grandes que parecíamos liliputienses a su lado

Como ya era tarde cenamos en un puestecillo un cevapi, que aún no habíamos probado y que tomaba todo el mundo y lo tomamos sentados en uno de los muchos bancos que hay en el paseo antes de irnos a dormir
