Nos levantamos a eso de las 8h, y tras arreglarnos, nos dirigimos al desayuno buffet, pudiendo comprobar que estaba repleto de alemanes e ingleses, con bermudas y sandalias, a pesar de que yo tenía frío y llevaba chaqueta y pañuelo en el cuello. Depende de donde vengas y el clima al que estés acostumbrado, aquello te parecerá más o menos buen tiempo. El buffet ofrecía variedad de productos, tanto para los que les gusta el desayuno inglés como el continental. A excepción de fruta, de la cual no había mucha variedad.
A eso de las 10h acabamos y nos pusimos en marcha hacia nuestro primer destino en la isla: Timanfaya. Queríamos hacer la ruta de los volcanes-montañas de fuego con guagua, aunque también teníamos la ruta Tremesana reservada para otro día.
Hicimos la primera parada en el echadero de los camellos, aunque no subimos en ninguno, pero queríamos verlos de cerca. Y de aquí seguimos el camino hacia el punto de entrada. Llegamos a una barrera en la que compras los tickets de entrada. Nosotros cogimos dos bonos que si tienes pensado visitar varios sitios, te sale más barato que comprar las entradas sueltas. Hay un bono de 30 € que incluye Timanfaya, Jameos, Cueva de los verdes, Jardín del Cactus, Castillo San José-MIAC y Mirador del Río; y un bono de 26 € que incluye los cuatro primeros que he dicho. Se puede comprar en cualquiera de esos centros, en el que primero visites.
Y nada más llegar y aparcar, a eso de las 11h, vimos ya los autobuses aparcados y nos dijeron que en unos minutos salía uno. Lo mejor es subir de los primeros a un bus, para coger una buena ventana. El autobús hace la ruta circular, y pasa por sitios bonitos como barrancos por los que circula el autobús encajonado, vistas de cráteres, el “hornito o manto de la virgen”, el valle de la tranquilidad…. Pero a nuestro modo de ver, se queda muy corto el tema de las explicaciones. Las explicaciones consistían en una grabación en tres idiomas, con una explicación bastante superficial, sin explicar nada de lo que veíamos a su paso, sino algo muy general. El bus paraba unos minutitos en sitios de interés para fotografiar. Pero no puedes bajarte de él. El paseo duró unos 30-45 minutos.

Tras la ruta el bus te deja en el punto de inicio, y vimos que ya había una cola muy larga para el siguiente turno, por lo que es recomendable hacer esta visita bastante temprano.
Después de bajar de la guagua, vimos las demostraciones geotérmicas que realiza el personal del parque, que consisten en quemar unas bolas de aulaga seca con el calor que se desprende del interior de la tierra (anomalías térmicas, nos explicaron), y la inducción de un fenómeno géiser al introducir agua en un agujero profundo en el suelo.
Luego, entramos en el restaurante “El Diablo”, diseñado por César Manrique, y pudimos ver cómo estaban asando pollos con el calor de la tierra. Pero no comimos allí porque era todavía pronto.
De allí nos fuimos a ver las Salinas de Janubio, y echamos fotos desde un mirador. Son unas de las salinas más importantes del mundo por su potencial, ya que tienen 500.000 m2, aunque en los últimos años no se produce mucho, tan solo lo suficiente para el consumo canario. Se hicieron en un principio para conservar la gran cantidad de pescado que pescaban los lanzaroteños. Gracias al viento y los molinos el agua marina se va bombeando y llega a los rectángulos que vemos, donde se evapora el agua quedando la sal.

Después proseguimos la carretera y paramos en la playa de Janubio, de gravilla negra, que allí llaman arena (a la arena como nosotros la conocemos le llaman jable). Estuvimos un ratillo echando fotos y observando el mar, y a continuación seguimos hacia los hervideros, donde se nos agotó la batería de la cámara digital casi nada más llegar, por lo cual optamos por ir al hotel, dejar la cámara cargando y buscar un sitio para comer por Puerto del Carmen.
Acabamos comiendo en Pizzeria Pavarotti (en la calle Alemania, junto a otro restaurante llamado “O Botafumeiro”, en un rinconcito alejado de la concurrida Avenida de las Playas), que aunque era un italiano, estaba regentado por chinos. El servicio muy lento, aunque muy simpáticos. Y la comida resultó no ser tan mala como temíamos. Además los platos eran grandes, y nos sacaron para picar mientras esperábamos unas croquetas de pescado. Comimos: Lasaña y Escalope milanesa, más agua de 1L, más un cortado y un poleo, todo por 20 €.
Después de comer volvimos paseando al hotel, y descansamos un rato hasta que la batería de la cámara se cargó. Nuestra idea era volver a los hervideros y acercarnos al Golfo para ver allí el atardecer, pero como se nos hizo algo tarde y ya estaba oscureciendo, decidimos acercarnos a Arrecife que estaba bastante cerca, y dejar lo del Golfo para otro día.
En Arrecife vimos el Charco de San Ginés, el puente de las bolas, el castillo de San Gabriel, andamos la calle comercial León y Castillo (donde estaba todo cerrado por ser el día de Reyes), y después tomamos dos infusiones en la Tavernetta, junto al paseo marítimo.

Regresamos al hotel cerca de las 20h, y consultamos el horario del restaurante y cerraba…¡a las 21h! Así que tuvimos que salir pitando porque si esperábamos más a lo mejor nos quedábamos sin cenar. Lo que pasaba es que el hotel tiene un horario diseñado para los turistas alemanes e ingleses, así que lo abrían a las 18h y cerraban a las 21h (en verano hasta las 21:30h…). Por tanto tuvimos que cenar sin nada de hambre, pero ya que lo habíamos pagado no nos íbamos a quedar sin cena.
La cena también era tipo buffet, y algunos días fueron temáticos. Por ejemplo, hubo noches temáticas de comida oriental, mejicana e italiana, y el resto un poco de todo, aunque curiosamente no hubo ninguna noche temática de comida típica canaria. El pollo no era de mucha calidad, ni el pescado tampoco. Las tartas insípidas y muy poca fruta.
Después, salimos a dar un paseo por la Avenida de las Playas del Puerto del Carmen, y nos dimos cuenta de que estaba repleta de restaurantes chinos, indios, mexicanos, italianos, grills, coctelerías, tiendas de souvenirs y clínicas alemanas.