11 de agosto
He creado una rutina de dar un paseo por la playa antes de desayunar para aprovechar el magnifico tiempo y el hecho de que el sol salga constantemente a las 6. Así que para cuando abren el restaurante de la piscina para el desayuno, ya he andado lo suficiente para abrir el apetito. Acto seguido, me vienen a recoger para llevarme al aeropuerto de Denpasar, donde cogeré un vuelo hasta Flores, una isla más oriental del inmenso archipiélago indonesio. En el aeropuerto coincido con varias parejas de españoles que van al mismo destino, pero con una de ellas en concreto, Gustavo y Eva, voy a compartir todas las horas de la ruta por las islas de los dragones. Empezamos a charlar en la cola de embarque, y casi sin darnos cuenta, estamos aterrizando en el diminuto y ruinoso aeropuerto de Labuanbajo, en la isla de Flores. Allí nos despedimos del resto de parejas, y cogemos un coche que nos llevará hasta el embarcadero, donde subimos a un pequeño bote de remos, con unos salvavidas tan llamativos como innecesarios, y nos trasladan a bordo del barco en que vamos a pasar las siguientes 48 horas (excursiones aparte).

El barco tiene a 8 tripulantes y capacidad para 8 pasajeros, en este viaje seremos aparte de mi, la pareja española, y una familia de 4 miembros franceses. Los camarotes son diminutos, y el baño lo compartiré con Gustavo y Eva.
Al poco de zarpar, nos sirven la comida en una mesa enorme en cubierta, tapada con una lona, pues el sol pega de lo lindo. La comida no es excepcional y las bebidas las cobrarán aparte al final del viaje. Después de comer y para aprovechar las horas muertas de navegación hasta las islas de los dragones, nos tumbamos los 3 al sol en popa, quedándonos profundamente dormidos e intensamente quemados por el sol. A eso de las 3 de la tarde, llegamos a la isla de RINCA, en la que desembarcamos para ir a realizar una caminata e intentar ver los primeros varanos gigantes (Dragones de Komodo).

La isla está prácticamente deshabitada, y un guía local nos acompañará y aconsejará... No tenemos mucha suerte con el número de dragones avistados, solamente 5, pero para empezar no está mal. Además, la caminata es bonita en medio del bosque, y podemos disfrutar de una magnífica puesta de sol desde lo alto de una colina.

Durante el paseo, el guía local nos cuenta historias y características de los dragones: como cazan, que son capaces de trepar y nadar perfectamente, ataques a humanos... Se nos hace el paseo muy ameno.
Volvemos al barco para la cena cuando ya es de noche, cenamos mediocremente en cubierta los 7 pasajeros juntos, charlamos un rato y nos vamos a dormir. Durante la noche se hace difícil conciliar el sueño pues el capitán mantiene el motor en marcha para obtener electricidad a bordo, pero al final el agotamiento puede conmigo.
12 de agosto
A eso de las 4 de la mañana, zarpamos dirección Komodo, otra isla en la que viven dragones, las dos son reservas protegidas, Patrimonio de la Humanidad. A las 6 me levanto para desayunar y al poco rato desembarcamos en KOMODO.

Nos explican como vamos a realizar la excursión, preparada en principio para más de una hora, pero a los 5 minutos, vemos llegar un grupo de gente corriendo, con su guía a la cabeza. Nos imaginamos que ha habido algún ataque por parte de algún dragón, pero la triste realidad es que a un pasajero mayor norteamericano le ha venido un infarto debido al calor y se ha muerto en medio del camino. Tenemos que esperar un buen rato hasta que llega la policía y un juez para levantar el cadáver, y así nosotros podemos continuar. El recorrido se nos ha acortado ostensiblemente debido al percance, y solamente vemos a un gigantesco ejemplar de dragón, pero le hacemos cientos de fotos.

Volvemos al punto de partida algo irritados, y antes de embarcar de vuelta, de la nada aparecen unos vendedores ambulantes y les compro unos souvenirs (pero de dónde sale esta gente en una isla deshabitada?).
Ya en el barco y después de la comida, como los tripulantes nos notan algo moscas por lo ocurrido, nos llevan a una isla desierta de playas paradisíacas de arena blanca y fina y aguas verdes transparentes, nos desembarcan y nos prestan equipo de snorkel para todos, para poder ver las maravillas submarinas que la zona ofrece: peces payaso, estrellas de mar, serpientes de mar, coral...


Al cabo de un par de horas nos recogen y volvemos a bordo. Atracamos en frente de una isla, y el guía nos explica que está habitada por murciélagos que a las 6 en punto de la tarde salen de la isla para ir a tierra firme a buscar comida, por eso estamos parados aquí. Es un espectáculo fascinante, los murciélagos salen puntualísimos y por millones, sobrevolando el barco en grandes cantidades durante más de media hora. Esto tiene lugar absolutamente cada día.

Después de cenar, tenemos una larga conversación de sobremesa antes de acostarnos, pues mañana volvemos a Bali.

