Sobre las 6 am para de llover y es entonces cuando salimos afuera a evaluar los daños. Ya es completamente de día y el panorama que contemplamos es desolador. Sillas y mesas volcadas, tiendas hundidas por el peso del agua, barro por todos los lados, ramas partidas, tendales que salieron volando (el nuestro entre ellos)... Al poco rato llegan los bomberos para, sirviéndose de una bomba, sacar el agua de las parcelas más bajas que se habían inundado y para cortar las ramas que quedaron resquebrajadas y son un peligro para los que acampan debajo.
Como por mucho que esperemos la tienda no va a secar, después de desayunar decidimos desmontar con todo empapado como está y poner dirección a la siguiente etapa. Para ir a Rijeka tomamos una precaria carretera nacional que cruza Istria en diagonal. El centro de esta península es montañoso por lo que empleamos bastante tiempo en recorrer la distancia desde Rovinj a Rijeka (102km). El día está cubiertísimo, con unos nubarrones negros que sabemos que van a descargar de un momento a otro. Llegamos a Rijeka y buscamos un camping, nos quedamos en el primero que encontramos con playa cerca, el Autokamp Opatija, no tiene muy buena pinta y está bastante solitario, pero como va a empezar a llover inmediatamente no queremos perder tiempo en buscar algo mejor y nos quedamos (22€/noche). Montamos la tienda rápidamente y nada más acabar ya llueve a cántaros. Como no parece que vaya a parar decidimos coger el coche e ir hasta Rijeka a dar una vuelta, aunque sea bajo la lluvia. El tiempo está realmente malísimo, con respecto al día anterior debe de haber una diferencia de 12ºC por lo menos. Esperamos un rato en el coche pero no para, así que nos armamos de paciencia, chubasqueros y paraguas y salimos a conocer Rijeka bajo la lluvia. No sé si es por el día de perros que hace, pero Rijeka nos parece una ciudad horrible, sucia, descuidada y con pocas cosas interesantes. Además, como es domingo todo está cerrado, incluso bares y cafeterías, por lo que no tenemos ni un solo lugar en el que resguardarnos. Hacia las 2 de la tarde hay un claro momentáneo y aprovechamos para comer en la terraza cubierta del único restaurante que encontramos abierto: McDonals, la M amiga que nunca te falla!(11,50€ 2 mcmenus grandes, nuggets y aros). Después de la noche horrible que pasamos y la mala pinta con la que comenzamos este día, las hamburguesas nos saben a gloria! Seguimos un rato paseando por Rijeka, lo más destacable que tiene son los murales pintados por Klimt en el interior del Teatro Iván Zank y también es (moderadamente) bonita la torre de la ciudad de estilo barroco. Desde el castillo de Trask, en lo alto, seguramente las vistas del golfo de Kvarner sean espectaculares, como ese día flotaba la nieblina, no subimos porque no hubiéramos visto nada.
Damos una vuelta por el puerto, el más grande de Croacia, y ya empiezan a caer gotas otra vez, corremos hacia el coche y nos detenemos en otro pueblo: Opatja. Opatija es el lugar de veraneo de la aristocracia austriaca, muy de moda en el SXIX. Testimonio de estos años dorados son las numerosas villas y construcciones de estilo modernista, cuyas fachadas pasamos un buen rato contemplando. Si el día hubiera acompañado seguramente el pueblo nos hubiera parecido precioso. Aún así, nos gustó mucho, recomendaría a todo el mundo la visita, de Rijeka no puedo decir lo mismo. Llueve a cántaros, pero igualmente recorremos todo el pueblo, el paseo de la playa, el lungomare que obviamente está desierto y los jardines de villa Angiolina, con bonitas flores exóticas. Al ser un lugar de veraneo de gente acomodada los precios son bastante más altos que en la zona de la que venimos. Encontramos una especie de mecadillo cubierto y como no tenemos nada mejor que hacer, nos pasamos un largo rato mirando los puestos.
Opatija ya no da más de sí, así que decidimos volver al camping a descansar un poco. Al llegar al camping, nos encontramos con otra desagradable sorpresa: alguien entró en la tienda durante nuestra ausencia. Tenemos todo revuelto, incluso dentro de la habitación. A mí casi me da un ataque de histeria, pues abrieron mi maleta y se dedicaron a hurgar dentro. Revisamos bien todas nuestras cosas y no nos falta nada (tampoco había nada de valor, el dinero, las tarjetas, la cámara etc siempre lo llevamos con nosotros), pero es horrible la impotencia de saber que alguien extraño entró allí como pedro por su casa y husmeó todas tus cosas, hasta las más personales. Samuel se lanza como un cohete a interrogar a nuestros vecinos de parcela, un venerable matrimonio de ancianos húngaros, para saber si vieron algo sospechoso. No hablan practicamente nada de inglés, pero al final creemos entender que vieron entrar a alguien, pero solo a curiosear sin intención de robar ¡Pues estamos bien! También va a recepción a quejarse y pedir explicaciones, y allí lo único que hacen es encogerse de hombros y decir que si no nos han robado no pueden hacer nada. Como estamos sin agua y en ese cutre-camping además de no haber seguridad tampoco hay bar ni supermercado, tenemos que ir a buscar uno. No me apetece volver a dejar la tienda sola, pero tampoco me quiero quedar allí sabiendo el tipo de gente que nos rodea así que al final nos vamos los dos al supermercado del pueblo, en el que –nunca lo vi- el párking es de pago, para fliparlo! Entretanto no para de llover, así que tenemos que estar todo el tiempo refugiados en la tienda, cenar en el avance y acostarnos pronto deseando que la noche pase lo antes posible y marcharnos de allí. Esa noche pasamos muchísimo frío, confiados en el tiempo de Croacia en verano casi no habíamos llevado ropa de abrigo ni mucho menos mantas (error que no cometeremos más aunque vayamos de vacaciones al trópico!), el aire frío se cuela por todos los lados de la tienda y yo tirito dentro del saco. En cuanto a mal tiempo este fue el peor día del viaje (por cierto, era el día de mi Santo), así experimentamos las dos caras del camping: cuando hace bueno es genial estar al aire libre y en la naturaleza, pero cuando el clima no acompaña no tiene nada que ver; frío, barro por todos los lados, humedad y condenados a pasar en la tienda la mayor parte del tiempo, snifff.
Como por mucho que esperemos la tienda no va a secar, después de desayunar decidimos desmontar con todo empapado como está y poner dirección a la siguiente etapa. Para ir a Rijeka tomamos una precaria carretera nacional que cruza Istria en diagonal. El centro de esta península es montañoso por lo que empleamos bastante tiempo en recorrer la distancia desde Rovinj a Rijeka (102km). El día está cubiertísimo, con unos nubarrones negros que sabemos que van a descargar de un momento a otro. Llegamos a Rijeka y buscamos un camping, nos quedamos en el primero que encontramos con playa cerca, el Autokamp Opatija, no tiene muy buena pinta y está bastante solitario, pero como va a empezar a llover inmediatamente no queremos perder tiempo en buscar algo mejor y nos quedamos (22€/noche). Montamos la tienda rápidamente y nada más acabar ya llueve a cántaros. Como no parece que vaya a parar decidimos coger el coche e ir hasta Rijeka a dar una vuelta, aunque sea bajo la lluvia. El tiempo está realmente malísimo, con respecto al día anterior debe de haber una diferencia de 12ºC por lo menos. Esperamos un rato en el coche pero no para, así que nos armamos de paciencia, chubasqueros y paraguas y salimos a conocer Rijeka bajo la lluvia. No sé si es por el día de perros que hace, pero Rijeka nos parece una ciudad horrible, sucia, descuidada y con pocas cosas interesantes. Además, como es domingo todo está cerrado, incluso bares y cafeterías, por lo que no tenemos ni un solo lugar en el que resguardarnos. Hacia las 2 de la tarde hay un claro momentáneo y aprovechamos para comer en la terraza cubierta del único restaurante que encontramos abierto: McDonals, la M amiga que nunca te falla!(11,50€ 2 mcmenus grandes, nuggets y aros). Después de la noche horrible que pasamos y la mala pinta con la que comenzamos este día, las hamburguesas nos saben a gloria! Seguimos un rato paseando por Rijeka, lo más destacable que tiene son los murales pintados por Klimt en el interior del Teatro Iván Zank y también es (moderadamente) bonita la torre de la ciudad de estilo barroco. Desde el castillo de Trask, en lo alto, seguramente las vistas del golfo de Kvarner sean espectaculares, como ese día flotaba la nieblina, no subimos porque no hubiéramos visto nada.