Brooklyn y Staten Island. Dia 4 Martes.
Hoy es el día que tiene mejor previsión de tiempo de la semana, y por ello vamos a aprovecharlo para hacer un poco el turista, aunque visitaremos algunas partes que sencillamente nos apetece conocer.
Así que un cafecito rápido en el hotel, y de nuevo a coger el metro, pero esta vez para realizar uno de los trayectos más largos de la línea, ya que nos íbamos a ir al barrio de Brooklyn, y en concreto, a Coney Island.
El día nos alegró bastante, ya que se levantó soleado, y aunque frio, la verdad es que fue un alivio después de los días anteriores.
En Coney Island, que de hecho es una pequeña península al sur de Brooklyn, por si alguien no lo sabe (que no creo…) se encuentra un mini parque de atracciones que ha salido en multitud de películas, y se ha presentado como un sitio desolado y frecuentado por gente de mal vivir.


La verdad, es que en esta soleada mañana de enero, lo que vimos fue un precioso boulevard (al estilo del de Atlantic City en Boardwalk Empire) frente al Atlántico con algún que otro deportista, y algunos abueletes pescando. Vamos, bastante bucólico, y más que desolado, yo diría solitario, porque realmente está en el último rincón de la ciudad.

Desde alguno de los espigones de madera se ve una panorámica general de las atracciones y del Acuario de Nueva York (bastante pobretón, aparentemente).

Al volver a la estación de metro, que por cierto es muy vistosa en el exterior, nos encontramos al nathansfamous.com/PageFetch/ , o lo que es lo mismo, la Meca de los hotdogs. Como se ve en la foto, tienen un contador del record del devorador de perritos (masculino y femenino), y otro que descuenta los días hasta el siguiente concurso. A mi es que realmente, unos perritos calientes a las 9h de la mañana, pues como que no…, así que aunque estaba ya abierto, optamos por unos Dunkin donuts enfrente, y nos volvimos a subir al metro para volver al centro de Brooklyn.


Nuestra siguiente para da fue Prospect Park, un parque de dimensiones más que respetables, como pudimos comprobar, ya que nos bajamos del metro en una de las entradas en sus extremos y lo cruzamos completamente. Bonito, y verde, muy verde. Así que andando andando, llegamos hasta al otro extremo del parque, donde se encuentra la librería municipal de Brooklyn, y aunque tenía cierta curiosidad por verla, desistimos que hacerlo y continuamos caminando por Flatbush Av., que resultó ser una avenida bastante entretenida en la que vimos un Nueva York mucho más normal y ordinario, mas cercano a las ciudades europeas a las que estamos acostumbrados, sin rascacielos y en un entorno mas de barrio.



Tras la parada técnica de rigor en un centro comercial (Atlantic Mall) para café, pipi y mail, giramos por Lafayette Ave., en dirección al barrio judío, pero cuando llevábamos andadas cuatro o cinco travesías le preguntamos a una chica por la calle, y nos dijo que debíamos subir bastante más, así que optamos por coger el autobús. Efectivamente, el recorrido era largo, y las distancias en el mapa eran engañosas, ya que además íbamos un poco desviados (nos dirigíamos a la zona de Williamsburg, en concreto a Bedford Avenue).

Finalmente, cuando bajamos del bus estuvimos un rato paseando, y nos impactó muchísimo todo el ambiente de los judíos ortodoxos, y aunque ya te lo esperas, la verdad es que no deja de sorprender ver a niños y grandes, hombres y mujeres, todos, absolutamente todos vestidos de negro y con sus peculiares trajes. Al ser mas o menos la hora de salida de los colegios, vimos a muchísimas mujeres con los niños, y hasta los que iban en los carritos iban ya con el estilo de ropa (por cierto, carritos Bugaboo a patadas…)

La verdad es que fuimos paseando, y mirando a un lado y otro, y cuando nos quisimos dar cuenta, habíamos salido de la zona donde estaban, y no habíamos hecho ni una foto. Tan solo esta del parking de autobuses que me hizo gracia.

Pues eso... Tras patearnos medio barrio, que por cierto es absolutamente tranquilo y seguro, nos volvimos a montar en el autobús y volvimos a Fulton Street (la calle comercial de Brooklyn). De aquí ya empezamos a bajar hacia los embarcaderos, y cuando encaras Grace Street, ya empiezas a ver Manhattan al otro lado del río.




Una vez en Brooklyn Heights, tienes una magnifica vista de los rascacielos de Manhattan desde el paseo del Brooklyn Bridge Park.

Si lo vas siguiendo, en dirección al puente, llegas a la zona de DUMBO, con el parque donde hacen festivales y cine en vivo en verano, y donde está el famoso banco de Woody Allen. Pero antes de cruzar, y como ya era la hora, entramos a comernos una pizza en grimaldisnyc.com/ , ya que por fortuna había cuatro o cinco mesas vacías (en verano las colas dan miedo). Dentro, pues lo que se espera: manteles de cuadros, pizzas enormes, buen servicio y ¡cerveza Brooklyn! El único inconveniente: es diminuto, y las mesas están una encima de otra, lo que me permitió tener una simpática charla con una familia ucraniana que estaban en la mesa de al lado (¡no hay mal que por bien no venga!).
Al salir, dudamos en entrar a tomar algo al River Café, pero uno de los aparcacoches nos dijo que hasta mas tarde no nos atenderían, como si fuese una especie de cambio de turno de comida a cena, y como tampoco nos decía gran cosa, nos fuimos a ver el janescarousel.com/.

Después de unas pocas fotillos de Manhattan, el parque, el Empire a través del puentes y alguna cosilla más, nos fuimos al metro para cruzar el puente, que ya llevábamos unos cuantos kilómetros andando, y los pies ya empezaban a decir aquí estoy yo.



Por cierto, la foto del Empire a través del puente no tiene perdida: Es en la calle Washington, y además había como cuatro cinco personas con trípodes haciendo fotos profesionales.
El caso es que de allí, el metro nos llevó al embarcadero del ferry a Staten Island, que como sabéis es gratis, ya que el propietario lo cedió a la ciudad a cambio de que el billete costase tan solo un céntimo, y como el coste de cobrarlo es mayor, pues no cobran nada. Como no habíamos montado, pues nos subimos con toda la gente que salía de trabajar, puesto que ya eran las cinco de la tarde.


Al pasar, saludamos a Miss Liberty, aunque pasa un poco lejos, y no se aprecia bien. Curiosidad: el ferry va lleno de enchufes para recargar los IPhones, los IPads ó cualesquiera que sean los cachivaches con manzanita que lleves.

En Staten Island tampoco nuestra intención era estar mucho rato, así que lo único que hicimos fue e ir dando un paseo hasta el memorial del 11-S, y hacer unas cuantas fotos desde allí. El memorial en sí, es muy austero, pero yo le encontré muy bonito, ya que de forma panorámica es una especie de antorcha a través de la cual se ve lo que había sido la ubicación de las torres gemelas en Manhattan.



En los laterales, hay unos cuadraditos con los nombres de las víctimas que vivían en Staten Island, y son unas pequeñas placas con perfiles de caras.
Como en varios otros sitios, aprovechando la poca afluencia de gente, estaban haciendo fotos profesionales panorámicas de Manhattan.
A la vuelta, íbamos prácticamente solos, con excepción de un buen grupo de seguidores de los Rangers de NYC, de la NHL (liga de Hockey Hielo) que jugaban esa noche, pero vamos apenas 70 ó 80 personas contra los entre 3500 y 6000 que caben (según los barcos), ¡y a la ida se quedó gente en tierra!

No se si al ir mas vacío, o que le metieron más caña, pero a la vuelta fue imposible hacer ninguna foto en condiciones (también ya había oscurecido completamente).
Al bajar del ferry, fuimos andando hacia la bolsa, y cuál no sería mi sorpresa, que al llegar a la altura de Charging Bull, vimos que lo habían rodeado con unas vallas. Supongo que ya debían estar hartos de los mogollones que se montaban para hacerle fotos al dichoso toro. No era el caso esa noche, ya que estábamos solos con unos tipos alemanes, y que muy amablemente nos fotografiamos recíprocamente. Si alguien no lo ha visto, está aquí www.earthcam.com/ ...rgingbull/ (los policías están siempre, mires a la hora que mires)


Finalmente, tras un par de fotos al WYSE, cogimos el metro hasta el hotel, nos compramos la cena, y después de comer algo, hoy si que caímos muertos en la cama…
Tribeca y Midtown. Dia 5 Miercoles.
El día se levantó un poco nublado, pero luego se fue arreglando, y las temperaturas ya estaban normalmente entre los 3°C y los 6°C, lo que era una bendición teniendo en cuenta los días iniciales.
Este fue un día un poco desordenado, y el mejor ejemplo de improvisar sobre la marcha.

Empezamos dirigiéndonos a Canal Street, ya que pensamos que en Chinatown empezarían a abrir todo muy pronto… ¡Error!. A las 9h de la mañana estaba todo cerrado, así que café para hacer tiempo, una vueltecita por los alrededores, y luego hacia el templo Budista Manayana, que…bueno…lo podemos dejar en curioso.


Lo que si era el timo de la estampita era la estatua de los 1000 budas en el Eastern States Buddhist Temple. No se donde lo habíamos leído, pero vamos, sin comentarios…

Cuando ya nos cansamos de darle la vuelta a Chinatown, y como tampoco pensábamos comprar ninguna limitación barata, fuimos a dar una vuelta por Tribeca, aprovechando para echarle un vistazo a los restaurantes de Robert de Niro, y ojeando ya alguna cosa de tiendas.


Curiosidad: me siguen encantando los aparcamientos en vertical.

Lógicamente, empezamos entrar en alguna tienda, y acabamos en la de las zapatillas Converse, donde encargamos unas zapatillas diseñadas por nosotros para nuestra hija (escoges colores, dibujos, estampados, etc…), pero nos dijeron que debíamos volver a la tarde a recogerlas. Así pues, una vueltecita más, alguna fotillo y a buscar sitio para comer.


Un poco a voleo, decidimos entrar en el Restaurante Odeón, porque nos gustó desde fuera, y vimos entrar un par de grupos de personas con pintas respetables, y ya tenía ganas de comer algún día un poco a la europea theodeonrestaurant.com/
El sitio fue un acierto, con muy buen ambiente, a medio camino entre gente con traje y corbata, de trabajar, y algo más informal. La comida, con unas buenas carnes, sus acompañamientos a parte y unos postres más que correctos. La cuenta, 140$ con servicio y propina.
Tras un par de expressos en condiciones, salimos del restaurante y nos fuimos a buscar las zapatillas, aunque por el camino alguna tienda más fue cayendo. De allí, de nuevo metro y a la Biblioteca Pública, que a parte de merecer de por sí una visita, nos iba a solucionar un problema: Estábamos intentando reservar las entradas para el memorial del 11/S en la Zona Cero (son gratis, pero hay que pedirlas con antelación), y en nuestro portátil se nos cortaba una y otra vez el proceso de reserva, al igual que desde los teléfonos, así que decidimos buscar una conexión de internet fija y la Biblioteca era el sitio ideal.

Efectivamente, en estas salas hay ordenadores para uso público, te dan un código, vas al que te toca, ¡y a navegar!.

De todas formas, entre una cosa y otra se nos fue la tarde, y nos dirigimos rápidamente a Times Square, al chiringuito de TKTS, ya que ¡esta noche tocaba musical!
La elegida, con un 25% de descuento del precio de taquilla, ya que a pesar de las fechas, luego vimos que estaba casi lleno:

Fuimos al hotel a dejar las compras, y ¡al teatro! La obra nos encantó, ya que tiene una gran puesta en escena, con unos decorados curraditos, y buenas voces. La historia se sigue bien, ya que aunque tiene variantes sobre el guion de Disney, las canciones nos las sabemos casi todas. Eso sí, el inglés…uff, ¡como nos cuesta!
Tras las tres horitas de show (con el intermedio de rigor), nos fuimos al hotel, y tras picar algo rápido, ¡a dormir!
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