El vuelo hacia Moscú salía de Barajas el 28 de junio por la noche; al final con retraso, así que llegamos a Moscú Sheremetyevo a eso de las 7 de la mañana del día 29, con un sueño tremendo puesto que no habíamos podido dormir casi nada en el avión.
En la reserva del hostel Godzilla explicaba muy bien cómo llegar: había que coger el tren express y luego el metro, sólo 3 paradas. A las 10 de la mañana (tuvimos suerte y nuestra habitación estaba lista) ya estábamos pateando la ciudad.
Mi experiencia es que en Moscú no te entiendes muy bien en inglés… vamos, que o sabes ruso o te intentas hacer entender con gestos… Es recomendable aprender alguna cosilla (pronunciación made in yo misma):
/spasíba/: gracias
/pashálsta/: por favor
/príviet/: hola
/dva biliét/: dos billetes
/dva píba/: dos cervezas
/da/: sí
/niet/: no
Era nuestra segunda vez en Moscú, así que íbamos con calma, ya habíamos estado en el Kremlin, en San Basilio…
El metro de Moscú
No hay que tenerle miedo, simplemente fijarse un poco… es recomendable aprenderse las letras en cirílico. No es tan difícil saber algunas:
si recuerdas las matemáticas: П “pi” es P; Ф “fi” es F.
Luego la “P” es R (es fácil de recordar cuando veas la cantidad de carteles DE PECTOPAH-“RESTORAN”-RESTAURANTE que hay por la ciudad.
Hay dos letras que cambian: la “H” es N y la “И” (como una N del revés) es I.
La “C” es S y la “B” es V: es fácil porque Moscú-“MOSCOVA” se escribe “MOCKBA”
Nosotros nos manejábamos un poco con estos truquillos, y luego echándole imaginación: “vamos a la parada que empieza por П “pi” y tiene en medio una letra con forma de estrella”, en el fondo es hasta divertido.
Aún así, lo que recomiendan en todas partes: ir contando paradas.
Un inconveniente es que las paradas de varias líneas discintas que confluyen no se llaman igual; me explico : si dos líneas se cruzan en un punto en el que se puede hacer transbordo, cada línea llama a ese punto de una manera (quien conozca el metro de Madrid, por ejemplo, la estación “Sol” se llama igual en la línea roja y en la amarilla; pues en Moscú toma distintos nombres).
Moscú es una ciudad muy grande, hay que prepararse para caminar un montón; la verdad es que impresiona. Estuvimos paseando por la Plaza Roja (cómo no, cayó una hamburguesa en el McDonalds…) y aprovechamos para visitar las bonitas estaciones de metro; hay unas cuantas en la línea 5, la marrón circular:
Komsomolskaya, Taganskaya, Kievskaya; y en otras líneas:
Paveletskaya, Arbatskaya, Novodslovoskaya. Merece la pena, y es una visita realmente barata.
También paseamos por la peatonal y animada calle
Arbat, por el
Parque Pobedy, el Parque de la Victoria (un gigantesco parque con un enorme monolito en medio; había mucha gente patinando por allí). Está en la parada de metro Park Pobedy-Парк Победы de la línea 3, azul oscuro.
Visitamos el
museo de la Cosmonáutica, que está a los pies de un enorme monumento con un cohete; la parada de metro es VDNKH, hacia el norte, en la línea naranja, la 6. El museo no creo que sea visita imprescindible, pero está curioso; hay muchísimos objetos y reproducciones, por ejemplo, el Sputnik. Y unos perritos disecados que fueron al espacio después de la famosa Laika… la mayoría de los letreros están en ruso, es lo malo; al igual que un vídeo que proyectan.
El parque que hay alrededor está muy bien, con grandes bustos de famosos cosmonautas rusos (por supuesto, Yuri Gagarin) y los planetas del sistema solar.
Para cenar volvimos al centro y entramos a un restaurante de la cadena “MY-MY” algo así como “mu-mu”, cuyo logo es una vaca. Es autoservicio: vas con la bandeja y pidiendo lo que quieras. Nos costó un poco hacernos entender, pero bueno, la comida estaba rica y bien de precio. Un chico a nuestro lado se ofreció a ayudarnos en inglés y no sé por qué le dijimos que no, gracias, porque la cajera al ir a pagar nos preguntaba no sé qué en ruso, hasta que caí que nos preguntaba si el crepe que llevábamos era de verduras o de carne…
La “amabilidad” moscovita es un tema importante… que me disculpe alguno porque no quiero generalizar; a lo mejor hemos tenido mala suerte, pero… ufff … les cuesta sonreir un poco, y te hablan en ruso a pesar de que es evidente que no les estás entendiendo… De todas maneras, como ya era nuestra segunda vez, íbamos prevenidos y hemos sabido mirar más allá; incluso vimos medio sonreir a una de las taquilleras del metro. Dicen que les cuesta abrirse, pero que luego son amigos leales. La verdad es que esta vez hemos tenido experiencias más agradables que desagradables: por ejemplo este chico del restaurante, y más adelante, en el primer tren que cogimos, que estuvimos charlando con una parejita muy joven que hasta nos dieron su número de teléfono por si teníamos algún problema en Rusia, o el guía del tour de Ekaterimburgo, que era un tío muy majo… Es cierto que hemos conocido rusos muy amables y simpáticos, pero también otros como el empleado de la estación de tren de Moscú que ni me miró cuando trataba de preguntarle por el mostrador de información y no hacía más que repetir algo en ruso. Yo creo que también es el idioma, que nos suena seco, serio… bueno, esto son todo impresiones y experiencias personales, claro.
Terminamos el día, como se dice coloquialmente, “pa chopped”, con muchísimo sueño y los pies destrozados de la caminata, pero muy contentos porque al día siguiente cogíamos, por fin, nuestro primer tren.