21 de noviembre
El vuelo de Air France a Delhi vía París, sale a las 6:30 de la mañana, con lo que tengo que estar allí antes de las 5. Como estamos en el país que estamos, es imposible coger trenes tan temprano, o sea que tengo que coger el último de la noche del sábado y dormir en el suelo del aeropuerto. Empezamos mal. Consigo echar una cabezada, pero aún a esas horas hay gente arriba y abajo, personal limpiando y hace frío, o sea que dormir bien, poco.
A las 5 menos cuarto empieza a verse movimiento en las taquillas de facturación de Air France y me dirijo a ellas para facturar y poder ir a desayunar antes del embarque. Por lo menos el vuelo sale puntual y el desayuno a bordo, para mi sorpresa es delicioso: un café con leche bastante decente y unos croissants estupendos, aún calentitos... A la llegada a Charles de Gaulle, como va siendo habitual, tengo el tiempo justo de ir corriendo a cambiar de puerta de embarque para pillar la conexión con el vuelo a Delhi. A ver si en este vuelo puedo descansar. Además, mi asiento está bastante a la cola del avión, por lo que cuando es la hora de servir la comida, la opción de poder escoger plato (pollo o vegetariano), se ha esfumado porque todo el mundo come pollo y no hay suficiente para todos. Así me voy acostumbrando a la comida típica de India.
Llego al aeropuerto de Delhi prácticamente a medianoche, y entre recoger maletas, visita al servicio y esperar al guía, se va haciendo tarde. A pesar de lo tardío de la hora, la temperatura en el exterior del aeropuerto es de unos 20ºC, muy agradable. El exterior del aeropuerto, en la zona de recogida de pasajeros, bulle de actividad a pesar de la hora que es: viajeros, vendedores, guías, chóferes...Cuando creo que por fin nos vamos, el guía dice que debemos esperar a otro pasajero que vendrá en el vehículo, para aprovechar el viaje. Estoy muy cansado y ya empiezo a mosquearme nada más poner los pies en suelo indio. Finalmente, a eso de la 1:30 salimos del aeropuerto, control policial incluido, hacia el Hotel Ajanta, en un barrio bastante pobre por lo que veo, pues las calles siguen abarrotadas. Tras un registro un tanto rústico, el botones me acompaña a la habitación, que no está mal. Se queda esperando una propina que no va a llegar, y finalmente se da por vencido y se va...
22 de noviembre
Por suerte, no son muy puntuales para la recogida prevista a las 8, y puedo desayunar en el comedor, incluso me atrevo con el café. Poco después llega el guía, y cuando nos disponemos a salir, me dice que de momento no podemos porque el conductor no ha llegado, así que voy a dar un paseo arriba y abajo por la calle. Cientos de personas y varios animales deambulan por todos lados (cerdos, vacas...); unos minibuses escolares atraviesan la calle sin cesar, tirados por un hombre, y con el triple de críos en su interior de los que debe estar permitido; un barbero afeitando a sus clientes en plena calle, bienvenidos a la INDIA!



Después de esperar una eternidad, llega el conductor y podemos empezar a visitar la ciudad. La temperatura va en aumento, el tráfico es un caos como en todos los países asiáticos, hay millones de personas en las calles, la niebla (o la contaminación) cubren el cielo de Delhi, y el olor en las calles se hace insoportable, pero tengo que acostumbrarme.
La primera visita será a un TEMPLO SIKH, en el que se debe entrar descalzo (si sois maniáticos, llevad calcetines), y con la cabeza cubierta. No hay mucho que ver en el interior, aparte de un lago artificial hecho en los jardines. No me gustó.


Después voy a una breve visita al TEMPLO LAKSHMI NARAYAN, un templo adornado con varias esvásticas hindús, en el que también hay que descalzarse y no se permiten fotos en el interior (para lo que hay que fotografiar...). El guía intenta explicarme alguna cosa acerca de los templos, pero en vista del poco interés, pronto desiste. De momento, cosa rara en mi, la cámara está muy parada, por las constantes prohibiciones de sacar fotos y por el escaso interés de las visitas.

Tengo algunos problemas de comunicación con el guía, pues su inglés es bastante rudimentario, cosa rara en una ex-colonia británica. Él es guía para clientes franceses y lo domina más. Como alguna cosa capto en francés, le digo que si quiere contarme algo en francés no hay problema. Parece bastante aliviado. Seguidamente vamos a visitar la 2ª mayor mezquita del mundo: JAMI MASJID. En ella, otra vez descalzo.
Acabada la visita, como estamos cerca de Nueva Delhi, nos acercamos a ver la PUERTA DE LA INDIA, muy similar al Arco de Triunfo de París. Los jardines a su alrededor están abarrotados de excursiones escolares, hay cientos de críos por todas partes. El lugar casi casi parecería europeo de no ser por la gente: jardines cuidados, suelos limpios, policía...Como no podía faltar, me llevan a una tienda trampa, esta vez de alfombras de cachemira, muy bonitas, espectaculares, pero totalmente fuera de mi alcance. Por lo menos en la tienda se estaba fresco, he podido usar el servicio y he tomado té y galletas por la cara.



Después me llevan a visitar la TUMBA DE GANDHI, otra vez a descalzarse... Los jardines también están muy bien cuidados y hay mucha gente reverenciando a la familia del difunto líder. Casi se respira tranquilidad paseando por aquí.

La última visita de hoy será al observatorio de JANTAR MANTAR, hecho a lo grande, como un parque temático. La pena es que no alcanzo a comprender el funcionamiento de las gigantescas construcciones destinadas a la observación de las estrellas.

Para redondear el día, le pido al guía que me lleve a algún mercado local para hacer unas compras. Me lleva a una zona de Delhi bastante moderna, y tras dar varias vueltas sin encontrar lo que busco, regreso al hotel sin haber comprado nada, para cenar algo que había traído de casa: un tupper de macarrones!


23 de noviembre
Tras la cena de lujo y un descanso que me vino de perlas, me levanto con ganas de ver cosas. Un desayuno bastante decente en el hotel y guía y chófer hoy son puntuales. Por cierto, el chófer es un sikh de los del turbante negro y barba espesa que da respeto. No habla nada de inglés...
En primer lugar me llevan a ver los JARDINES LODI, una gran zona verde con mucho espacio y algunos templos. Mucha gente se reúne aquí para pasear perros, hacer deporte...El lugar no parece India, porque no hay aglomeraciones de gente en todos lados y el aire es más o menos respirable.



Tras un paseo para empezar bien el día en los jardines, me llevan a la TUMBA DE HUMAYUN, que no sé quién fue, pero debía ser importante, pues el mausoleo que contiene sus restos es impresionante, no de la talla del Taj Mahal, pero grandioso. En el recinto, aparte de la tumba, otros templos, jardines muy bien cuidados, fuentes refrescantes y montones de escolares por todas partes, haciendo dibujos del lugar. Cualquier espacio al aire libre en Delhi sirve para hacer clase. Parezco la atracción de turno pues en pocos momentos estoy rodeado de críos que piden sacarse fotos conmigo, me dan direcciones de e-mail para que se las envíe...Incluso un periodista local me saca una foto rodeado de varios niños y niñas. Por cierto, la tumba en sí, poca cosa.




Voy bien de tiempo, así que voy a incluir una visita no programada inicialmente en la ruta, y por lo tanto tengo que pagar las entradas de mi bolsillo: el FUERTE ROJO. Muy decepcionante, está todo en ruinas, mal cuidado, y en su interior solamente cabe destacar la presencia de un mercadillo de baratijas y un par de museo de armas y vestiduras que no vale la pena visitar, aparte de que no hay aire acondicionado y hace un calor y mal olor agobiantes.





Tras esta visita, voy a ver el TEMPLO DEL LOTO, situado en un entorno muy bonito y con un diseño original. En la entrada, una de las guías locales me tiene de pie con un grupo durante un cuarto de hora contando cosas del lugar y explicando las normas, que resumidas son:
- No se pueden sacar fotos en el interior.
- Se debe permanecer en absoluto silencio en el interior.
Dentro no hay nada aparte de unos bancos en los que sentarse y meditar. Una tomadura de pelo mayúscula, me voy rápidamente a otro lugar. Soy el primero en salir.
La última visita en Delhi será a la TORRE DEL MINARETE QUTUB, un minarete medio hindú y medio musulmán, de 5 pisos de altura, rodeado de ruinas. Para pasar un ratito, vale, pero no mucho más. En este punto me debo despedir del guía, pues parto con el chófer hacia Jaipur, y él se queda en Delhi. Le pido que le diga al conductor que se detenga en cuanto encontremos un supermercado o algo así para comprar algunas provisiones, ya que por lo que he visto no hay muchos lugares a los que poder ir a comer por mi cuenta (no tengo ni media pensión...).
Compro algo de pan, queso, patatas fritas, cacahuetes y refrescos.


Las distancias en India no deben indicar nada absolutamente, pues para un trayecto relativamente corto de unos 250 kms, tardamos más de 5 horas, bajo un chaparrón infernal y con una sucesión de baches como carretera. Evidentemente es noche cerrada al llegar a JAIPUR, la ciudad rosada, y por lo menos puedo ver iluminado el FUERTE ÁMBAR y el JAL MAHAL. En las calles de la ciudad, se están celebrando varias ceremonias, con alguna boda incluida, en la que familia, orquesta y elefantes siguen al carro de los novios con una gran fanfarria. Estoy demasiado cansado para prestar atención a todo esto, y cuando llego al Dera Rawatsar Hotel, lo único que tengo en mente es registrarme, comer unos cacahuetes picantísimos y ponerme a dormir.


