Dia 3:
Empieza la aventura!
Olivier nos recoje y bajamos todos al río donde nos espera una piragua y dos chico que nos acompañarán durante la travesía. Son dos jóvenes de Miandrivazo, los dos con cuerpos esculpidos por la constante y dura actividad física que llevan haciendo. Descubrimos, por Olivier (los chicos no hablan Español, pero Francés si) que uno se va a encargar de remar y el otro de la cocina. La piragua esta llena, llevamos: dos equipajes, mucha agua (una docena de botellas), ollas, una especie de hornillo, carbon y comida para 3 días y cinco personas incluyendo carne, arroz, patatas, un pollo (vivo hasta el día que nos lo zampamos). Ah, y dos paraguas, fundamentales.
La bajada del río dura dos días y medio. Es algo muy lento y muy hipnótico, en practica estás todo el tiempo sentado encima de una colchoneta y escuchas nada mas que las voces de la tripulación (o sus canciones), y el chaf-chaf de los remos.
El paisaje es bastante variado, y ademas tuvimos la posibilidad de ver camaleones, lemures (de tipo sifakas), cocodrilos (pequeños), murciélagos, y muchos, muchos pájaros de todos los tamaños y colores (muy bonito el martín pescador). Para la comida paramos en alguna playa disponible, posiblemente a la sombra. Hay otros turistas (pocos), pero Olivier hace de todo para que no coincidiéramos y para que estuviéramos tranquilos e inmersos en la naturaleza.
El río es poblado por aldeas de Malgaches. Viven bastante aislados del resto del mundo, no suelen tener ni escuelas ni hospitales cercanos, y todo el mundo (y cuando digo "todo" es TODO) te saluda y te sonríe. Hay una cantidad impresionante de niños guapísimos.
Día 4:
Antes de comer, paramos en una cascada con unas piscinas naturales. El agua es azul clara, fresca y limpia, perfecta para lavarse un poco.
El río, hay que decirlo, es de agua y tierra. Es posible bañarse, necesario si se quiere descansar del calor y lavarse un poco, pero no da la sensación de limpieza (no parece ser contaminado, de agua y de tierra se trata). Por la noche paramos en orillas donde montamos una tienda de campana que Olivier nos ha traído para el viaje.
Hay que gastarse una nota importante sobre la comida. Al principio estaba convencido de que durante la bajada habríamos comido poco y mal, igual un poco de arroz con alguna verdura, por los limites obvios que conlleva una piragua. Pues me equivocaba, y mucho.
La comida de estos días fue probablemente la mejor que hemos tenido en todo el país. Una maravilla. El "cocinero", que se llamaba Franklin, no paraba de cocinar, todo el día, estofaba, hiervia, marinaba, freía. Olivier dice que las recetas son todas suyas, sea de quien sea el merito el hecho es que comimos mucho, muy variado, y estupendamente durante todo el tiempo.