Dia 5:
El ultimo día de bajada llegamos a una aldea cerca del río donde un carrito de cebus no esperaba. Cargan con nuestro equipaje y vamos, por una carretera llena de barro hacia un pueblo mas grande. Una nota: no os pongáis demasiado cerca de los cebus, suelen defecar muy a menudo y de una consistencia muy liquida. Otra nota: durante todo el viaje casi no tuvimos que cargar con el equipaje: siempre hay algo o alguien que lo hace todo por ti, todo el rato te sientes como un rey.
Llegados al pueblo nos metemos en un 4x4.
El conductor de nuestra Jeep es un simpático hombre que normalmente dice trabajara como guarda-espaldas del actual presidente del Madagascar, se llama Majia (o algo así).
Para llegar al pueblo tenemos que cruzar el río, puentes no hay, así que nos toca usar el "ferry". Ahora el ferry es una especie de plataforma de madera con dos motores diesel que la mueven.
Una vez acostumbrados al ruido, es posible disfrutar el paisaje del río por una ultima vez antes de llegar a Belo sur Tsiribihina.
Ahí dormimos en el hotel Karibo. La habitación es nueva y limpia, pero, por nuestra mala suerte, no hay agua en el pueblo. O mejor, no hay agua corriente, así que nos dan unos cubos de agua para lavarnos (absolutamente necesario después de todo ese día!).
La cena fue una sorpresa. La comida muy de calidad, pero la cosa mas impresionante es su presentación, digna de un restaurante pijo de París. Pues resulta que en el pueblo es algo que se lleva. De hecho hay uno, llamado Mad Zebu, cuya calidad es impresionante (pudimos comer ahí a la vuelta del Tsingy), el cocinero suele viajar a Europa, dicen, una vez al año para aprender cosas nuevas.