Penúltimo día del viaje centrado en las cascadas. Visitamos las más grandes de Europa Schaffhausen y las más altas de Alemania, Triberg. Antes y después dos bonitos pueblos, Stein am Rhein en Suiza y St Peter en Alemania. En total 153 km recorridos en una paraje espectacular.
El primer destino del día son las cascadas del Rhin en Schaffhausen, lo ponemos en el gps, pero justo nada más cruzar la frontera entre Alemania y Suiza la carretera atraviesa un pueblo que nos llama la atención. Vemos las fachadas pintadas con frescos y decidimos pararnos. El pueblo se llama Stein am Rheim. Es un pueblo pequeñito pero merece la pena visitarlo. Las calles entre las casas con las fachadas decoradas son preciosas.
Y el pueblo está cargado de detallitos.
También pasa un rio que desemboca en el lago. Las fotos a orillas del rio salen genial. Y aquí pudimos ver más de cerca el Zeppelin.
Visitamos una pequeña abadía y paseamos por las calles. Cómo ya he comentado el pueblo pertenece a Suiza, pero el parquímetro cogía tanto moneda Suiza cómo euros, aunque te hacían un cambio peor. Nosotros teníamos algo de dinero cambiado en Francos suizos de nuestro anterior viaje a Ginebra así que aprovechamos para gastarlos.
Para moverte en coche por Suiza habíamos leído que había que pagar un peaje especial para usar las autopistas. Es una especie de tarjeta que pagas (alrededor de 40€ me suena) y te da acceso a las autopistas durante un año. A nosotros para un día no nos salía muy rentable así que decidimos poner en el gps que evitara las autopistas y disfrutar del panorama.
Las cascadas se pueden ver desde los dos lados del río, pero dicen que son más bonitas desde la parte inferior, entrando por la zona del castillo. Hay parkings por todos los lados y te indican bastante bien. Al salir del parking están las taquillas donde se paga la entrada, unos 5 francos suizos. Imagino que también se puede pagar en €. Es un poco raro eso de pagar por ver una cosa de la naturaleza pero bueno pensemos que es por la entrada a la zona del castillo y la verdad que merece la pena. Aprovechamos que llegamos bastante pronto y aunque había bastantes turistas, se podía andar y tirar fotos.
El camino va serpenteando con escaleras bajando por la ladera de la colina, permitiéndote acceder a distintas terrazas desde las que contemplar las magníficas cascadas desde distintos ángulos.
Además del tamaño, lo más impresionante es el sonido que hace el agua al romper. Todo el conjunto es increíble, una de las cosas que más nos ha gustado del viaje. Tuvimos suerte con el día que nos ha hecho con el sol brillando en el cielo que ha hecho que se viera el arcoíris en las cascadas y pudiéramos sacar esta panorámica.
En el centro hay una piedra sobre la que rompe el agua y a la que se puede llegar desde unas barcas. Desde el lado en el que estábamos las barcas no te llevan directamente a la piedra si no a la otra orilla y desde allí tienes que coger otra barca que es la que te lleva. Vimos que había bastante cola y decidimos no esperarla. Desde donde estábamos se veía suficientemente bien. Nos lo reservamos para un próximo viaje.
Ya desde aquí ponemos rumbo a Alemania. En el GPS marcamos Donauschingen. Es el pueblo donde nace el Danubio. Pero cuando llegamos no lo encontramos suficientemente indicado y el pueblo no nos motiva mucho, así que al final pasamos de largo y vamos un poco más adelante hasta el pueblo de Villingen. En los mapas aparece como Villingen-Schwenningen y es que eran dos ciudades que decidieron unirse en una sola para acometer mejor los cambios que involucraban los nuevos tiempos en 1972. Aprovechamos para comer en un biergarten y pasear por sus calles empedradas. Aquí también tienen los minicanales de agua. Visitamos la iglesia principal.

Descansamos un poco y desde aquí vamos hasta Triberg. Si antes habíamos estado viendo las más grandes de Europa (anchas) ahora íbamos a ver las más altas de Alemania, con un desnivel total de 163 m. Realmente no es que haya una cascada con ese salto, lo cual sería muy impresionante si no que en poco espacio se van acumulando distintas cascadas cayendo a pozas cuyo desnivel total hace 163m. El caudal no es ni mucho menos comparable con lo que habíamos visto por la mañana. Dejamos el coche en la parte alta del pueblo y desde aquí se accede al parque de las cascadas que está vallado y te cobran 3,5€ por entrada. También te venden unos cacahuetes para dar de comer a unas ardillas coloradas que se supone que danzan por ahí, pero apenas las vimos de lejos. Fuimos subiendo y tirando fotos a las distintas cascadas.

Cuando llegamos a la parte alta, decidimos hacer un recorrido que te marcaba en el mapa que te daban en la entrada, por el cual llegabas a otra parte del pueblo en vez de volver a bajar por el mismo sitio que habíamos subido. Es un poco lioso de encontrar si no lo conoces pero desde aquí se podía llegar a las cascadas sin pasar por las taquillas. Ya en el pueblo estuvimos visitando las tiendas de souvenirs y es que Triberg se la conoce cómo la ciudad de los relojes de cuco. Hay un montón de tiendas que se dedican a venderlos, aunque a mi me parece un poco "timaturistas" (supongo que habrá de todo).

Ya desde aquí decidimos ir a dormir al camping de St. Peter, que nos queda bien para poder dar al día siguiente el salto a Freiburg. De camino por la carretera vamos parando en los miradores y contemplando el paisaje.
A St. Peter llegamos ya cerca de las 19:30 y el camping se encuentra en las afueras del pueblo, en la zona alta. Llegamos justo antes de que cerraran la recepción. Montamos la tienda una duchita y nos bajamos al pueblo para buscar la cena. El pueblo ya lo vimos todo medio apagado, pero tiene una zona central que merece la pena en la que se junta el cementerio, la abadía, la plaza y el ayuntamiento, todo bastante bonito y con un ajedrez gigante!!

Subimos al camping a cenar justo cuando se ponía el sol en el horizonte.