- DÍA 4: PARA ACABAR, MONTMARTRE -
12 de diciembre de 2012
París es una ciudad de costumbres y nuestros vecinos ya habían formalizado con nosotros una: la de despertarnos por las mañana. Aprovechamos nuestro apartamento para desayunar un tazon de latte macchiato y dos pains au chocolat comprados en la boulangerie de la calle por 2,20€.
Como era nuestro último día de viaje tuvimos que hacer las maletas y despedirnos de nuestro acogedor habitáculo. Hacia las 10:30 nos dirigimos a la estación de metro para dejar nuestro equipaje en las consignas de la Gare de Saint-Lazare, pero nos llevamos una gran sorpresa porque una vez allí, al preguntar en información, nos dijeron que esa estación no disponía de ese servicio y que teníamos que ir hasta la Gare du Nord. Cogemos el metro hasta la Estación del Norte y al llegar allí pagamos 9,5€ para dejar las maletas hasta la tarde.
La Gare du Nord no está lejos de nuestro destino para ese día: Montmartre. Por el Boulevard Magenta llegamos hasta un conocido gran almacén parisino: Tati, donde lo único que encontramos son productos de mala calidad a bajo precio.
Caminando llegamos en cinco minutos a los pies de la Basílica del Sacre-Coeur, donde ya habíamos estado la noche anterior. Subimos por las escaleras, dejando de lado el funicular, para cada poco darnos la vuelta y disfrutar de las vistas sobre la ciudad.

Al llegar arriba, entramos en la basílica y un señor muy amable nos informa de que está prohibido hacer todo tipo de fotos en el interior de la misma. La basílica está llena de turistas, por supuesto, y entre ellos nosotros dos.
Al salir cruzamos un pequeño mercadillo navideño en el que venden bolas para el árbol al módico precio de 8€, vino caliente, churros, turrón, etc. Caminando un breve rato llegamos al corazón del barrio de Montmartre, a la Place du Tertre, famosa porque allí se concentran turísticos pintores que ofrecen sus servicios o bien para una caricatura o bien para un retrato rápido.

En esta plaza hay una diminuta oficina de información turística sobre el barrio, donde compramos por 1€ un mapa de la zona con una ruta a seguir en la misma. En este mapa se describe la ruta a seguir para conocer los lugares más importantes de la colina: el viñedo (donde se elabora el único vino auténticamente parisino), el cabaret Lapin Agile, el museo de Montmartre, el molino, el bar de Amelie (Les Deux Molins en la 15 Rue Lepic). Además visitamos la frutería que sale en esa misma película: Au Marche della Butte (en el cruce de Rue des trois freres y Rue Androuet).

De los cuatro días que llevamos en París, éste es sin duda el que peor temperatura hace. Un viento gélido nos golpea en todo momento.
Como perdimos mucho tiempo en la operación para dejar las maletas en una consigna, es ya la hora de comer. Para ello elegimos un restaurante ya conocido de una anterior estancia en París: L´Annexe en la Rue des trois freres, un sitio totalmente recomendable. Elegimos el menu del medio día y por 30€ comemos una caballa a la salsa de citronella, endivias gratinadas con jamón y de postre una porción de tarta de limón, acompañado por supuesto de la garrafa de agua.
Pasamos por la Place des Abesses y vemos Le mur de je t´aime, una pared donde está esctrito "te quiero" en multitud de idiomas. En la Rue Livingstone hay almacenes de telas y mercerías enormes y en el Boulevard de Rochechouart tiendas de ropa de saldo.

En la Gare du Nord recogemos las maletas y entramos en el metro para ir a Porte Maillot. Nuestro autobús hacia el aeropuerto sale a las 17: 40 (te recomiendan que salgas con tres horas de antelación a tu vuelo) y para hacer tiempo entramos en las tiendas del Palais des Congrés.
A la hora indicada estamos haciendo cola para coger el bús soportando las bajas temperaturas del día (2 grados centígrados). Hay que tener en cuenta que si ven que subes con comida, te obligan a dejarla en un cajón al lado del conductor hasta que llegues al aeropuerto.
El viaje dura aproximadamente una hora y cuarenta y cinco minutos. Antes de pasar el control de seguridad comemos un bocadillo en un asiento de la terminal 2. En el control de seguridad son muy estrictos y buscan sobre todo dentro de las maletas botellas de líquidos más grandes de lo permitido (100 ml.). Os aconsejo que tengais esto en cuenta en vuestras compras en París ya que es doloroso quedarse sin, por ejemplo, una colonia por este motivo.
El vuelo sale a la hora prevista, las 20:40, y llegamos a Valencia con 20 minutos de aldelanto, motivo por el que suena la terrible cancioncilla de Ryanair que todo el mundo recibe con risas y aplausos.
En la entrada de la terminal del aeropuerto está esperándonos el chico del lowcostparking, que nos lleva a recoger nuestro coche, poniendo así fin a nuestro viaje.