A las siete desayunábamos, en el mismo hotel. Luego paramos en un súper a comprar los galones y galones de agua que recomiendan llevar para cruzar el desierto, y alguna cosilla para picar. Tragaperras en el supermercado, ¡lo que nos faltaba por ver! Entonces sí nos pusimos en ruta, ese día llegaríamos hasta Mono Lake.

El Death Valley es una pasada, hay que reconocerlo. A nosotros nos pareció un lugar único. Al salir de Pahrump el paisaje es desértico, algo monótono, con sus montañas a lo lejos, sus llanuras, y las carreteras rectas infinitas… como en las pelis. Me pareció un paisaje espectacular, con ese cielo tan azul que nos tocó, igual soy rara pero me parece hasta bonito.
Encontramos el cartel de entrada al parque (¡nuestro primer parque!) y paramos a hacer las fotos de rigor. Cuando has parado en unos pocos carteles de parques ya no te hace tanta gracia pero el primero… jejeje. Al salir del coche el calor ya era muy fuerte, pero seco. Rápidamente seguimos el camino.

Y el primer desvío que tomamos fue el de Dante’s View. Empezó una carreterita con curvas y subida progresiva que no terminaba nunca. Se me hizo un poco largo el camino, nos cruzamos con un par de coches y llegamos arriba. La vista desde el mirador está bien, pero si no os hace mucha ilusión verlo (yo la tenía) es prescindible. Quizás viendo un amanecer o atardecer sea espectacular, pero llegamos ya a pleno día y no tenía tanto encanto. El parking estaba vacío, así que aparcamos de cara al valle. Al salir del coche otra vez esa bofetada de calor, me acerqué a hacer un par de fotos… Jordi no quiso ni salir del coche por el calor, ya se había rallado. Seguimos, había que deshacer el camino hacia abajo, nos cruzamos con otro par de coches y volvimos a la carretera principal en busca de nuevas paradas.

Ahora tocaba Zabriskie Point. Se veía desde la carretera una procesión de gente que subía y bajaba de un pequeño montículo, a la izquierda de la carretera. Paramos y resultó que si quería verlo tendría que ir sola. Eso no me hizo gracia, y menos después de escuchar las paranoias sobre golpes de calor, mareos y no sé qué más… así que pasé de ir. Seguimos del tirón hasta Badwater Basin. Allí conseguí convencerle de que me acompañase, yo tenía claro que este punto no me lo quería perder. Es cierto que cuando bajas del coche el calor es muy fuerte, pero es un calor seco al que el cuerpo se acostumbra, lo reconoció hasta él… Evidentemente no es para ponerse a correr ni subir una montaña con estas condiciones, pero diez minutillos para hacer cuatro fotos y contemplar el paisaje se llevan bien. De verdad que van niños, y gente de todas las edades, yo creo que con prudencia no es peligroso salir del coche para verlo, todos lo hacen.

Fue un rato divertido, que ayudó a hacer pasar las tonterías. Seguimos el camino para recorrer el que sería nuestro lugar favorito; el Artist’s Drive. Una carretera chulísima, de un solo sentido, con subidas, bajadas, curvas… como una pequeña montaña rusa, muy divertido. Allí encontramos el Artist’s Palette, donde se ven minerales de distintos colores (aquí había hasta un wc público, al que no me atreví a entrar por si encontraba algún habitante). Ya curados de espantos del tema calor nos íbamos bajando del coche cada vez que nos apetecía ver algo, o echar una foto, y descubrimos que las rocas y piedras ardían cuando las tocabas, no las podías aguantar en la mano de lo que quemaban. Es un sitio genial, te sientes como en un lugar secreto, solo para uno mismo, tan tranquilo, silencioso, bello… Nos encantó.

Saliendo de Artist’s Drive hacia la carretera tienes unas vistas de la llanura parecidas a las que encuentras en Dante’s View, no tan altas claro, pero te haces una idea. No hicimos más paradas hasta Furnace Creek ya que mi marido sufría por la gasolina… Mira que le había explicado que allí había gasolinera, cara, pero gasolinera al fin y al cabo. Pues me lo preguntó tantas veces que me hacía dudar incluso de si la habría. Pero allí estaba, como era de esperar. Llenamos y seguimos nuestro camino, la próxima parada era Stovepipe Wells, donde vimos las dunas. Sí, bajamos del coche, nos paseamos hasta las dunas más cercanas (no sin comer un poco de arena que traía el viento) y nos hicimos alguna foto. Me encantan los paisajes con desiertos de dunas, así que me encantó estar allí unos momentos.

Y seguimos nuestro camino, ya que debíamos llegar a Mono Lake. En un ratito (era casi mediodía) habíamos visto unas cuantas cosas, se pasó la mañana volando. Hasta ahora todo bien, la carretera, las paradas muy interesantes y bellas… pero empezaba la peor parte.
Resulta que Death Valley alberga una especie de puerto de montaña que no es moco de pavo. Poco a poco nos íbamos acercando a las montañas que veíamos a lo lejos a primera hora… y empezamos a subir, y subir, y subir… en una carretera que quitaba el hipo. El GPS nos mandaba por otro lado, no era un camino asfaltado así que decidimos no hacerle caso, creo que hicimos bien, lo que no sé si habrá otro camino para salir del parque porque este no me lo esperaba en absoluto. Paramos arriba en un mirador, paisaje lunar casi. Y luego bajamos, bajamos… y más carreteras largas e infinitas. Más desierto. Y luego más desierto. Así que ya estábamos un poco aburridos de lo mismo tantas horas.

Llegamos a Lone Pine a la hora de comer. A nuestra hora de comer puntualizo, las 14.30h más o menos, porque ellos ya iban a cerrar casi. Es un pueblecito pintoresco, muy pequeñito, totalmente encarado al turismo. Comimos los primeros New York steak con patatas y ensalada en el Totem Café. Desconectamos un poco de tanto coche, dimos un paseo, cuatro fotos… y seguimos rumbo al lago. El paisaje iba cambiando poco a poco, primero eran llanuras de pastos (secos) con algunos ranchos, y al fondo, a ambos lados, cordilleras de montañas. De vez en cuando cruzábamos algún pueblecito pequeño, Big Pine, Bishop… creo que fue allí donde paramos a tomar un helado, pero nos pareció un poco pistachillo. Luego empezaron a aparecer los árboles, y nos fuimos metiendo en una carretera rodeada de bosque. Bonito, sí, pero ya muy cansados. Teníamos ganas de llegar así que ni nos acercamos a Mammoth Lakes. Sobre las 17h llegamos al Tioga Lodge, nuestro hotel en frente del lago Mono.

Después del check in fuimos a la habitación a dejar las cosas. Las cabañitas son un encanto, muy cerca del lago, rústicas, con su porche… la nuestra era “Mark Twain”. Descansamos unos minutos, y charlando comenté que era una lástima no llegar a ver Bodie, ya que igual nos hubiese gustado. Entonces como poseído Jordi decidió que ya que estábamos allí debíamos intentar llegar. Nos pusimos en camino al momento, y qué camino, el último tramo es de 4x4 total. Pero llegamos y estaba cerrado, un ranger muy amable nos dijo que debíamos marcharnos, aunque nos dio permiso para hacer unas fotos desde la barrera de la entrada. Una lástima, pero por lo menos saqué un par de fotos bonitas.

Bajando encontramos un mirador desde el que se contemplaba el lago, unas vistas espectaculares. Más adelante paramos un par de veces para verlo más de cerca, la primera vez en una especie de parque, lleno de conejos, un puente de madera… y con los aspersores encendidos, muy divertido. En el segundo lugar había muchísimas gaviotas, y aunque no era tan bucólico desde allí se veían muy bien las formaciones rocosas que salían del agua. Pasamos por una pizzería y nos llevamos la cena a nuestra cabaña, a descansar y reponer fuerzas, que ya nos tocaba.
Gastos del día (198 $)
Desayuno en el hotel 15$
Provisiones en el supermercado 8$
Gasolina 50$
Almuerzo en Lone Pine 32$
Cena en pizzería 20$
Más gasolina 73$