El avión salía de Barcelona a las 11.40, directo para Atlanta, sin escalas en Europa ¡qué bien! Vamos para el aeropuerto prontito ya que, aunque en teoría los asientos están reservados desde la web de Delta, nunca te puedes fiar ¡no queremos volar separados!
Esta vez no nos dejamos nada ¿no? Llevo las gafas de leer, la Ds, cámara, cargadores… Jejeje, que despistados el verano pasado. Llegamos a los mostradores de facturación donde no había nada de cola y ¡BINGO! El ESTA no sale válido. ¿Qué? ¿Cómo puede ser? Hace meses que lo hice, y encima no traigo la copia ¡horror! El chico de facturación con mucha amabilidad y una tranquilidad pasmosa (¡como si fuera lo más normal!) nos manda para el están de El Corte Inglés, en el piso de abajo, que allí nos tramitarían el ESTA. Yo estaba que me caía muerta, no entendía nada. ¿No hay que tramitarlo por lo menos 72 horas antes de viajar a USA? ¡Pero si yo ya lo tenía hecho! Nervios. Enfado (y del gordo). Por fuera intentaba parecer entera y “normal” pero… no sé hasta qué punto lo conseguí.

Arrastramos las 4 maletas por el aeropuerto y llegamos. Allí ya había una pareja que habían tenido el mismo problema que nosotros. Ellos estaban también bastante histéricos, pero resulta que su avión salía una hora antes que el nuestro y encima ¡no funcionaba la conexión a internet de la oficina para hacer el trámite! Increíble.
Internet iba y venía, así que la chica del mostrador intentaba por todos los medios tramitar los ESTA de la pareja desde su ordenador, desde el móvil de la clienta… estuvieron un buen rato, a mi se me hizo eterno, pero consiguieron arreglarlo. Mientras esperaba había abierto la maleta y sacado el portátil para verificar qué le pasaba a mi ESTA, y entonces lo vi, al hacer la solicitud puse el Dni en lugar del número del pasaporte ¡qué fallo más tonto! El cabreo dio paso a un bajón… no me podía levantar de la silla. Por fin nos tocó a nosotros. Veía la luz al fondo del túnel ya que los anteriores clientes habían podido solucionar el tema, pero mi cabeza daba vueltas a mil y una posibilidades, ¿y si no nos lo conceden porque ya hay una solicitud con nuestros nombres? ¿y si no lo conceden a tiempo? Y claro, habría que comprar otro vuelo, anular el hotel de esta noche, o quizás ¡anularlo todo! Fue como una pesadilla. Pero volvió internet, nos tramitaron los ESTA, y pudimos subir a facturar con éxito sin más contratiempos.

Pasamos los controles de seguridad, luego el de pasaportes, y llegamos a la puerta de embarque. Solo faltaban cinco minutos para que empezasen a llamar a los de primera clase. Nos dio el tiempo justo de comprar algo para desayunar, ir al baño rápidamente y entrar al avión. Mirándolo por el lado bueno no tuvimos que hacer la típica larga espera de aeropuerto.
Durante el vuelo todo fue bastante bien. Los laterales eran de dos asientos, los que habíamos pedido. Con pantalla individual y bueno, bastante cómodo. La comida era bastante picante para nuestro gusto pero el servicio muy bien, pasaron con aperitivos, refrescos, merienda... Llegando al aeropuerto de Atlanta sufrimos media horita de turbulencias… diría que las más bestias que he notado jamás (por lo menos estando despierta), pero por fin llegamos.