Residentes y visitantes pasan por colas separadas. Apenas esperamos 15 minutos y nos tocó. Huellas, foto, cuatro preguntas… y listo. El policía sabía algo de español, fue fácil.
Luego fuimos a recoger las maletas, salieron rápido las dos. Y entonces una nueva aventura; mandar las maletas a Los Ángeles. Entramos en la zona de conexión, allí hay que dejar las maletas en una cinta y ya sin ellas pasar el control para tomar el monorail hacia la siguiente terminal. Lo primero que hice fue dejar las maletas, por lo que pueda pasar… Luego me dispuse a solucionar mis dudas… Si paso este control, en el otro terminal ¿podré salir a la calle? Si salgo, luego ¿dónde recojo la tarjeta de embarque que aún no tengo? Y ¿cómo le explico a la del mostrador que ya he dejado las maletas antes? No me quedó nada claro, así que decidí que no entrábamos. Con mucha paciencia les expliqué que me iba a la calle, y una chica me propuso sacar las tarjetas de embarque en una máquina, allí mismo. Todavía no sé como nos entendimos, pero me salí con la mía.

Salimos. Ahora tenía que dejar las maletas pequeñas en una consigna, para no pasearlas por toda Atlanta. Resulta que solo en el “Wrap a bag” (donde envuelven las maletas con plástico) tienen este servicio. Así que pregunto en información donde están las consignas para guardar las maletas (eran hispanos). Pues me dice uno “¿acabas de salir y no lo has visto?” me quedé de piedra, no será porque no he estado rato por ahí dentro… Al final comprendí que ellos creían que yo no había recogido mi maleta en la cinta y les preguntaba donde debía hacerlo. Una locura. Perdiendo tiempo… Total que me mandan a unos mostradores, pregunto allí y me dicen que ellos no tienen este servicio. Y ya desesperada le suelto todo el rollo: que yo sé que hay un sitio que guardan maletas, que es el “Wrap a bag”, que me lo habían confirmado por email… y entonces me quisieron entender. Me dijeron que tenía que coger el shuttle 3 o 4 hasta la terminal doméstica y allí encontraría lo que buscaba. Menos mal, yo que lo traía todo súper estudiado creía que me estaba volviendo loca. Mira que era fácil…
En un momentito llegamos a la terminal de vuelos domésticos, encontramos el “Wrap a Bag” y el “Marta”, el metro, que por cierto funciona con unas tarjetas recargables tipo las Oyster de Londres. Veinte minutos de trayecto, diez más a pie y… ¡llegamos! Bienvenidos al Georgia Aquarium, el más grande del mundo!!!

Que conste que soy más partidaria de que todos los animales vivan en libertad, en sus hábitats naturales mejor que secuestrados en zoos o acuarios. Peeeero, puedo entender que lugares así dan a conocer maravillas que de otro modo no podríamos llegar a contemplar, y nos permiten aprender a valorar la riqueza de distintos hábitats, entre otras cosas.
Quizás este es el acuario más grande en lo que se refiere a litros de agua, ¡que debe haber unos cuantos!, pero tardé el doble en recorrer el Oceanogràfic de Valencia. El Georgia no da la sensación de ser el lugar gigantesco que me imaginaba, lo recorrimos en un par de horitas, aunque sin poder embobarnos demasiado. Está bien organizado, con cinco zonas de ecosistemas a los que se accede desde un espacio central. Hay de todo en este sitio, incluso tiburones ballena (espero algún día poder ver uno en todo su esplendor).

Comimos algo y volvimos, otra vez andando hasta el metro, mientras chispeaba. En poco tiempo estuvimos en la terminal de vuelos domésticos. Recogimos las maletas de mano antes que cerrase el local (a las 21h) y pasamos el control. Allí directamente te pasan por el escáner, todos descalzos (con una peste a pies… no sé cómo no pillamos hongos) y listo. Luego tuvimos que ir con una lanzadera hacia la puerta de embarque correspondiente, allí vimos que nuestro vuelo tenía una hora de retraso.
POR FIN EN LOS ANGELES
Llegamos a las tantas. Sobre la una de la madrugada, que en hora de aquí serian… no sé, no quiero ni pensar cuantas horas llevábamos despiertos. Salimos a por las maletas (están fuera, al alcance de cualquier transeúnte) y llamamos desde un teléfono de cortesía para que nos viniesen a recoger del hotel. El shuttle tardó unos diez minutos, y en otros tantos llegamos al Travelodge. Chek in rápido y a buscar la habitación. Nos tocó en lo último de lo último: cruzando la piscina... subiendo unas escaleras… al final del pasillo. Con las cuatro maletas a cuestas, muy incómodo. Breve vistazo a la habitación y antes de aterrizar en el colchón ya estábamos dormidos.
Gastos del día (64€ y 86,5 $)
Desayuno aeropuerto Barcelona 12€
ESTA + tasas Corte Inglés 52€
Metro Atlanta (MARTA) 12$
Consigna maletas 12$
Entradas Georgia Aquarium 44$
Merienda en el Aquarium 10,5$
Snaks en aeropuerto 8$