Empieza aquí la segunda etapa del viaje, que básicamente consistía en trasladarse desde Volcano hasta la zona de Kealakekua Bay rodeando la isla por el norte para hacer dos noches allí, básicamente con el objetivo de hacer snorkeling y subir al Mauna Kea.
Nos despertamos con lluvia, cómo no, y cargamos el equipaje en el coche para despedirnos del Volcano Inn. Tengo que decir que es uno de los sitios en los que más a gusto estuvimos. La "parte comunitaria" de arriba, con el microondas, la cafetera, etc., resulta muy acogedora, así como el trato. El único "pero" que le debemos poner es el del desayuno. Una hora para hacer una tortilla francesa y darte unos sandwiches que consisten en el pan por un lado y las lonchas de jamón por el otro, pues como que no...
La ruta para ese día incluía la primera parada en las Akaka Falls. Sin embargo, necesitábamos "cash" en moneda americana, dado que habíamos viajado tan felices pensando en cambiar en el aeropuerto al llegar (como habitualmente), sin caer en el pequeño detalle de que llegábamos a Honolulu a las diez de la noche con lo que no hubo dónde cambiar nada, por lo que decidimos parar en Hilo, antes de las Akaka Falls, para ir al banco.
La idea no era mala, de no ser porque este día era un sábado y obviamente los bancos estaban cerrados. Lo preocupante es que no nos dimos cuenta de eso hasta que mi mujer vio el cartel, lo cual empieza a ser indicativo de cómo uno pierde la noción del día en el que vive cuando hace un viaje así.
Lo único "bueno", por así decir", de ser sábado en Hilo, visto que nuestro propósito de ir al banco se había ido al garete, es que había el Hilo Farmers Market, que se celebra los miércoles y los sábados, así que aprovechamos para dar un garbeo, aunque no compramos nada:

Después de un tiempo tan cambiante, este día estaba haciendo un sol de los que ya molestan. Después de darnos cuenta de que nos habíamos entretenido demasiado (y, como siempre, teníamos un plan hiper-optimista para este día), finalmente nos fuimos hacia las Akaka Falls. Estas son un poco como las Rainbow Falls, con la diferencia de que antes de llegar a ellas te hacen dar un bonito paseo, de manera que al menos no te ves invadido por todas las mesnadas y mesnadas de jubilados de los autobuses del Polynesian Adventure Tours. Eso sí, el paseo está tan preparado como un tour alrededor de Disneylandia. Pero al menos las cascadas sí que son bonitas. Esto es un Banyan Tree que se puede ver por el camino:

Y aquí las cascadas:
Nuestra idea para el día era ver estas cascadas, Waipi'o Valley y cien mil cosas más. Claro, cuando nos subimos en el coche después de ver las cascadas igual eran ya las doce del mediodía... con lo que empezamos a intuir que, una vez más, igual nos habíamos pasado de optimistas a la hora de planificar el día...
El sol que nos había pegado en la vueltecilla de las cascadas nos había dejado aplatanados, así que decidimos que lo mejor era parar en el pueblo cercano a tomar unas cervezas. Lamentablemente no encontramos ni un sitio decente para tan elogiable y estimable actividad, con lo cual, tras alguna foto de rigor, decidimos tirar para adelante, conscientes de que tanto el hambre como la sed empezaban a dar signos de presencia.

Llegamos a Waipi'o hacia las dos y pico y decidimos que era el momento de comer algo. Hicimos la comida más rápida, mala, guarra, asquerosa, barata y basurera de todo el viaje en un "Drive Inn", el Blanes, en Honokaa. Infernal. Finalmente, hacia las tres de la tarde o algo así, llegamos a Waipi'o Valley, encontramos un sitio de dudosa legalidad donde dejar el coche (estaban todas las plazas de aparcamiento, que no son abundantes, petadas, y hay un punto en donde no dejan pasar a coches que no sean 4x4, debido a la exagerada pendiente de la carretera que baja hasta el valle). La vista era esta:
Como podéis ver, ya se avecinaba un nubarrón negro... ¡otra vez! Total, que después de mucho debatir, decidimos bajar (a pata, claro). La bajada tampoco parecía tanto... unos 20 minutos a pata. Con una pendiente del 25%. Y fue dar el primer paso y empezar a llover, cómo no. Pero bueno, lo de bajar se lleva bien, no es hasta que te toca dar la vuelta, y sobre todo si es en subida, cuando empiezas a jurar en arameo
Al llegar abajo, recorrimos un poco el valle y luego fuimos hasta la playa:
Hasta aquí, todo bien, dado que incluso dejó de llover fuerte y solo caía alguna llovizna de vez en cuando.
Pero, claro, llega el momento en que uno no puede retrasar más lo inevitable... y teníamos por delante aquella milla y media de cuesta arriba al 25% de pendiente... para variar, sin agua ni comida (ya lo sé, ya lo sé, es para matarnos)... Así que nos pusimos en marcha, así como a las cuatro de la tarde, y ¿qué pasó? Pues que entendimos los efectos del calor extremo de la lava sobre la cola que une la suela con las botas.
Podría extenderme, dando detalles de las diferentes maneras de intentar arreglarlo en plan casero y artesanal a lo Equipo A, pero mejor resumir y decir esto: las suelas de las botas de mi mujer dijeron "¡BASTA!" y se suicidaron, separándose casi por completo del resto de la bota.
Lo más curioso del tema es que justo entonces se puso a llover de verdad. Esto no deja de ser significativo: te quedas sin agua, te quedas sin comida, te quedas sin suelas... y se pone a llover justo cuando tienes por delante la mayor cuesta de tu vida. No deja de ser gracioso, porque es el típico momento en que te dices: "¿Qué cojones hago yo aquí, cuando podría estar tirado en una tumbona de una playa paradisíaca, tomándome un mojito mientras decido si hoy cenaré langosta o solomillo?" (que debe ser lo que la mayoría de parejas hacen como luna de miel, en vez de dedicarse a pasar "penurias" como las de este viaje).
Por suerte, no llevábamos creo que ni media hora de subida cuando uno de los coches que subían se apiadó ante nuestro autoestop y nos dejó subir. A decir verdad, no era un coche, sino una furgoneta conducida por un tipo muy peculiar, y por suerte pudimos subirnos, sentarnos y hacer en 5 minutos lo que a pata nos habría llevado una hora y media (y bajo la lluvia y sin suelas de las botas, no olvidemos; bueno, suelas sí había, pero estaban atadas con celo... sin comentarios).
Cuando llegamos a nuestro coche era tarde y estábamos cansados, como no podía ser de otra manera, así que decidimos poner rumbo directo a la zona de Captain Cook, ya que los dueños de la casa donde pasaríamos las dos noches siguientes nos habían pedido que no llegáramos de noche. Cosa que no pasó de milagro, ya que el camino era un poco más largo de lo que habíamos calculado y terminamos llegando sobre las seis y pico.
Nos íbamos a alojar en un estudio en Napoopoo Road. Al llegar, nos encontramos una casa dividida en dos (primero fuimos a preguntar a donde no alquilaban nada, ley de Murphy) y un garaje cochambroso lleno de perros feos y sucios que nos ladraban
Total, que fuimos a hacer una pequeña compra para tener para el desayuno y los bocatas de los días siguientes y luego fuimos a cenar a un italiano que habíamos visto al pasar, el Amici, donde hay que decir que comimos muy bien.
Y con la luz de la mañana, el apartamento parecía aún mucho mejor. Estas eran las vistas que teníamos de Kealakekua Bay:


Algo que me llamó la atención fue la extrema escasez de bichos, en general. Esperaba encontrarme de todo (ya que de todo me encontré en su día en Jamaica, en Malasia, en Tailandia, en Brasil y en general en todos los sitios de clima tropical donde he estado) pero no había nada de nada. Este era un pequeño gecko del apartamento, uno de los pocos bichillos hawaiianos que tuve la suerte de retratar:
A la mañana siguiente, entre que desayunábamos y demás ya nos volvimos a liar y se nos hizo un poco tarde
Nos explicó que a la zona del monumento del Capitán Cook (que es donde se puede hacer snorkeling en Kealakekua Bay) se podía llegar andando, pero que era una caminata "de la muettte": larga, super inclinada y pegando el solano todo el rato sin posibilidad de esconderse de él. El camino partía precisamente del inicio de Napoopoo Road. Salimos de la tienda con la idea de bajar hasta allá, pero en cuanto subimos al coche empezamos a pensar que íbamos a perder toda la mañana con aquello (ya eran las diez), y en definitiva el tipo nos dijo que en cuanto al snorkeling en sí no había mucha diferencia en lo que se veía entre Kealakekua Bay y Honaunau Bay, así que sobre la marcha decidimos seguir recto e ir hasta Honaunau Bay.
Esta es una zona para hacer snorkeling donde también hay bastante gente tomando el sol como si fuera una playa, solo que no lo es, porque es todo roca, no hay arena. Nos metimos por lo que se llama Two Step, dado que realmente parecen un par de escalones hechos adrede para facilitar la entrada al agua, y nos dimos una vueltecilla mirando el fondo. La verdad es que me defraudó un poco... Nada comparable a lo que se puede ver, por ejemplo, en Malasia. Había pocos pececillos y la variedad no era muy grande. Nos paramos en el medio de la bahía a comentar la jugada y de repente mi mujer abrió los ojos como platos y me dijo que acababa de ver saltar un delfín detrás de mí
Al final los conté y eran 18. Una bancada de delfines que subían y bajaban a nuestro alrededor y con los que estuvimos nadando y jugando. ¡Una pasada! Y nosotros pensando que tenían que llevarnos mar adentro en barco para verlos... Nos pasamos un buen rato entre los delfines hasta que al final decidimos salir a descansar.
Y ¿qué nos encontramos al llegar a los Two Steps? ¡Tortuga! Aquello ya no podía ser mejor
Una gran tortuga marina estaba empeñada en salir también por los dos escalones, y en cuanto hubo una ola grande lo consiguió. Así que se quedó en un agua encharcada entre las rocas, donde pudimos afotarla hasta la saciedad:
Tengo que decir que al cabo de un rato se le unió otra tortuga más, pero no tenemos ninguna foto decente de las dos juntas.
Pasado el mediodía decidimos ir retirando, ya que nuestro plan para la tarde era subir al Mauna Kea y yo calculaba que habría que salir sobre las tres. Paramos a tomar una cerveza tostada que nos supo a gloria en un sitio muy chulo, el Annie's, y fuimos a la casa a prepararnos para lo iba a ser otra odisea.
A las tres, tal como habíamos calculado, emprendimos el camino, y lo primero fue darnos cuenta de que andábamos justos de gasolina. Entonces tomé la decisión de echar lo mínimo que pensaba que íbamos a necesitar, dado que al día siguiente ya teníamos que devolver el coche en el aeropuerto al mediodía y no me apetecía regalarles combustible.
Por lo tanto, paramos en la primera gasolinera y pusimos nada más que 10 $.
Craso error.
El camino hasta allá se hizo largo. La gente conduce muy despacio, no hay apenas línea discontinua para adelantar (¿adelantar?, ¿qué es eso?) y, para rematar, la carretera cada vez va siendo más estrecha y va teniendo más curvas, aparte de que tuvimos que cruzar una zona de niebla en la que no se veía ni para cantar.
Total, que entre pitos y flautas ya eran más de las cinco cuando llegamos al Visitor Centre, donde en teoría debes parar un mínimo de media hora para aclimatarte a la altura. Nuestro plan era estar en la cumbre hacia las 18:30 para ver la puesta de sol y ya luego las estrellas por la noche. Pero lo que a mí me tenía mosqueado es que los 10 dólares de gasolina ya se habían esfumado, e internamente iba haciendo mis cálculos y ya veía que con lo que teníamos era absolutamente imposible hacer la vuelta. Y, claro, tampoco es que aquello esté plagado de gasolineras: había dos horas hasta Kona, en donde habíamos visto la última...
El Visitor Centre estaba plagado (cómo no) de japoneses que hacían lo que parece que son capaces de hacer a cualquier hora: comer (¿era su cena, a esas horas?, ¿la merienda?, ¿qué comida del día era?). Nos tomamos un café e hicimos tiempo hasta más o menos las seis, cuando decidimos acometer el último tramo hasta la cumbre, no sin antes leer todos los peligros que nos acechaban en carteles como este:
La verdad es que quizá vale más la pena no leer este tipo de carteles, ya que es imposible hacerlo y no empezar a notar al momento todos los síntomas posibles de un montón de cosas que en teoría te pueden suceder. Aunque tengo que decir que mi manía de leer todos los carteles luego nos salvó, ya que en uno de ellos advertían sobre la falta de combustible y pude ver que la gasolinera más próxima estaba en Waimea. Bueno, aquello ya era otra cosa. Hasta Waimea habría unas 40 millas, calculaba yo, aunque había que desviarse un rato en dirección opuesta a Kona. Pero es que hasta Kona habría unas 70 y ya estaba claro que no teníamos combustible suficiente para volver (teníamos ya una autonomía de precisamente unas 40 millas). Y ni siquiera veía claro que pudiéramos llegar ni hasta Waimea, al ritmo que estaba bajando el nivel...
Total, que por si faltaba alguna preocupación, a los riesgos de todo lo que nos podía casi matar según el cartel y a la falta de combustible se nos sumó la inquietud por saber cómo se comportaría el coche, ya que leímos que del Visitor Centre hasta la cumbre había unas 12 o 15 millas, si no recuerdo mal, de camino sin asfaltar, y nuestro coche no era 4x4... y yo ya sabía que el seguro del coche de alquiler no cubría ese tramo. Total, que reemprendimos la marcha bastante contentos, como os podéis imaginar
Con cuidado, hicimos la primera milla sobre la grava, vigilando que el coche avanzara bien a pesar del tipo de suelo y de la pendiente. Dentro del coche reinaba un silencio sepulcral
Conseguimos que el pánico no nos invadiera
Finalmente, llegamos. Tengo que decir que esta foto es de mi mujer o me mata

Al bajarme del coche noté un frío polar absolutamente insoportable con el viento que hacía. Hice la primera foto y vi una nube muy sospechosa que cada vez iba cubriendo más:

Y efectivamente, no nos dio tiempo a mucho más porque la nube terminó de cubrir todo, así que esa fue básicamente la primera foto y la última. No sé si llegaríamos a estar ni 5 minutos con algo de luz. Así que nos metimos en el coche, pensando: "Bah, será una nube pasajera".
Después de una hora y pico y siendo ya noche cerrada, la nube "seguía pasando". Estuvimos todo el rato sentados en el coche sin ver absolutamente nada, con la esperanza de que la maldita nube se difuminase, pero nada. Salimos un par de veces afuera y el frío era absolutamente indescriptible. Miramos la temperatura que marcaba el coche y vimos 32 ºF... cuando hicimos la conversión nos quedamos así:
Nos consolamos pensando que al menos nosotros habíamos podido "disfrutar" de cinco minutos de ver algo, porque todo el resto de gente que llegó después que nosotros no pudo ver nada y tuvieron que dar la vuelta "de manos vacías".
Por cierto, los japoneses llegaron con su autobús cuando la nube ya estaba completamente instalada. Si no se pasaran la vida comiendo y haciéndose fotos tontas en grupo con cada una de las cámaras de las veinte personas del grupo, habrían podido ver algo
Así que, bastante chafados por lo que parecía una tarde entera desperdiciada, afectados además por la altura (nos dolía la cabeza, pero vete a saber si no era consecuencia de haber leído los carteles en los que te advertían hasta de la llegada del apocalipsis) y cagados de miedo porque no teníamos autonomía ni para llegar a Waimea, emprendimos la vuelta, siendo ya noche cerrada.
Nunca había llegado a conducir a 50 por hora en una autopista, pero siempre hay una primera vez para todo
Y luego vuelta hacia Kona...Finalmente llegamos sobre las once y pico de la noche a nuestro alojamiento y, para variar, no podíamos con nuestra alma. Nos hicimos una cena casera con las cosas que habíamos comprado el día anterior, lo que incluía una botella de vino que ayudó a reponer fuerzas y ver las cosas de otra manera
El día siguiente teníamos el vuelo hacia Kauai a las dos, así que entre pitos y flautas no nos dio tiempo a mucho. Volvimos de nuevo a Honaunau Bay con la esperanza de ver delfines otra vez, pero en esta ocasión no hubo suerte. Hicimos snorkeling hasta las once y media más o menos y emprendimos ya el camino al aeropuerto, con tiempo suficiente para volver a parar en el Annie's y tomar una Fire Rock helada
. Y con esto concluyó nuestra aventura en Big Island, pero ya estábamos pensando en qué tipo de desafíos y odiseas nos depararía Kauai. Y los hubo, los hubo... pero esos vendrán en las siguientes etapas





