Hoy tocaba día intenso, así que sobre las 8 ya estamos desayunando, pues el día anterior nos habíamos ido pronto a la cama. El desayuno fue bastante flojo, sólo croissants y café, pero suficiente para coger fuerzas. Antes de emprender rumbo hasta nuestro siguiente destino, hicimos una parada en un Carrefour cercano para comprar algo de pan, embutido y fruta (nosotros solemos adaptarnos al horario europeo en nuestros viajes y comemos en torno a las 13:30 algún sándwich para luego cenar fuerte). Hechas las compras nos encaminamos hacia uno de los puntos fuertes del viaje: Rochefort en Terre. De camino, la guía recomendaba un pueblo llamado Quempester donde se encontraban unos “Halles” (recinto donde montaban antiguamente los mercados) del año 1522 y, como era temprano, paramos a verlos. El pueblo en sí era muy bonito y los Halles le daban un encanto especial. Pero tampoco tenía mucho más, así que rumbo a Rocherfort.
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En Rochefort, pudimos aparcar en una zona que no era Payant, a sólo 5 minutos caminando de la entrada oeste del pueblo. Y bueno, ¿qué decir de este sitio que no se haya dicho ya? Como llegamos temprano, no había mucha gente y pudimos pasear tranquilos por sus hermosas calles, sus casitas y plazas llenas de flores, su coqueta iglesia (donde dejamos una dedicatoria)... ¡Precioso!
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A las 12 ya lo habíamos visto y requetevisto, así que echamos camino hacia Vannes, nuestro siguiente destino del día. Paramos por una zona boscosa para comernos nuestro sándwich, que casualmente anunciaba una fortaleza cercana “Lagoërt”, pero cuando nos acercamos a verla estaba cerrada de 12:20 a 14:20, este horario francés tan raro... Así que respuestas energías, llegamos a Vannes, donde aparcamos en zona Payant no muy lejos del centro (1 € por tres horas). Llegamos a su bonito puerto, por fuera de las murallas, y allí encontramos la oficina de turismo, y una vez con el mapa en la mano nos adentramos a visitar la ciudad. Nos gustó muchísimo, sobre todo los jardines que rodean las murallas que los tienen super bien cuidados, los antiguos lavaderos,... Por dentro, había muchísimo ambiente festivo, parecía que fueran fiestas, y nos encantaron las casas con vigas de madera que no nos cansaríamos de ver durante todo el viaje. Tras caminar tranquilamente por sus calles, hicimos una parada en una terracita a tomar un café, aprovechando que hacía muy buen día.
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Tras el café y como aún era pronto, fuimos hacia Carnac antes de nuestro destino final (Auray). Empezaba a llover y el viento soplaba fuerte, por lo que no sabíamos si sería buena idea pasear entre menhires, pero allá fuimos. Aparcamos en Kermario y aprovechamos que no llovía para recorrerlos a pie. A mí me impresionó bastante, la verdad me hizo preguntarme qué estaría pensando aquella gente para llevar esos pedruscos hasta allí y plantarlos... En fin, es algo que hay que ver. Una vez vistos, ya decidimos ir al hotel. Queríamos bajar a la península de Quiberon, pero hacía mucho viento y había mucho tráfico, así que llegamos al hotel en Auray sobre las 18:30.
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El hotel era de la cadena B&B (50 €), a 5 minutos en coche de Auray, tipo motel de carretera como los de Estados Unidos que nos hizo recordar nuestra aventura por la Costa Oeste
. Una duchita rápida, cambio de ropa, y ¡a ver Auray! Fuimos bajando calles hasta llegar al precioso puerto fluvial, con la marea bajísima y los barcos en tierra, rodeado de preciosas creperies. Así que, tras el largo día nos merecíamos una rica cena, ¡¡nuestra primer Galette!! Nos metimos en una creperie llamada Baracrêpres. El sitio era muy bonito y acogedor y el dueño simpatiquísimo. Yo pedí Galette de setas, jamón y queso, y mi chico de atún, tomate y huevo, riquísimas. Y de postre, para variar, crepes (de chocolate de la casa y de miel y limón). Con el estómago lleno, terminamos de visitar Auray y sobre las 22:30 rumbo al hotel pues había sido un día realmente agotador, pero muy gratificante.
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En Rochefort, pudimos aparcar en una zona que no era Payant, a sólo 5 minutos caminando de la entrada oeste del pueblo. Y bueno, ¿qué decir de este sitio que no se haya dicho ya? Como llegamos temprano, no había mucha gente y pudimos pasear tranquilos por sus hermosas calles, sus casitas y plazas llenas de flores, su coqueta iglesia (donde dejamos una dedicatoria)... ¡Precioso!
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A las 12 ya lo habíamos visto y requetevisto, así que echamos camino hacia Vannes, nuestro siguiente destino del día. Paramos por una zona boscosa para comernos nuestro sándwich, que casualmente anunciaba una fortaleza cercana “Lagoërt”, pero cuando nos acercamos a verla estaba cerrada de 12:20 a 14:20, este horario francés tan raro... Así que respuestas energías, llegamos a Vannes, donde aparcamos en zona Payant no muy lejos del centro (1 € por tres horas). Llegamos a su bonito puerto, por fuera de las murallas, y allí encontramos la oficina de turismo, y una vez con el mapa en la mano nos adentramos a visitar la ciudad. Nos gustó muchísimo, sobre todo los jardines que rodean las murallas que los tienen super bien cuidados, los antiguos lavaderos,... Por dentro, había muchísimo ambiente festivo, parecía que fueran fiestas, y nos encantaron las casas con vigas de madera que no nos cansaríamos de ver durante todo el viaje. Tras caminar tranquilamente por sus calles, hicimos una parada en una terracita a tomar un café, aprovechando que hacía muy buen día.
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Tras el café y como aún era pronto, fuimos hacia Carnac antes de nuestro destino final (Auray). Empezaba a llover y el viento soplaba fuerte, por lo que no sabíamos si sería buena idea pasear entre menhires, pero allá fuimos. Aparcamos en Kermario y aprovechamos que no llovía para recorrerlos a pie. A mí me impresionó bastante, la verdad me hizo preguntarme qué estaría pensando aquella gente para llevar esos pedruscos hasta allí y plantarlos... En fin, es algo que hay que ver. Una vez vistos, ya decidimos ir al hotel. Queríamos bajar a la península de Quiberon, pero hacía mucho viento y había mucho tráfico, así que llegamos al hotel en Auray sobre las 18:30.
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El hotel era de la cadena B&B (50 €), a 5 minutos en coche de Auray, tipo motel de carretera como los de Estados Unidos que nos hizo recordar nuestra aventura por la Costa Oeste
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