Para este nuevo día habíamos previsto visitar la zona suroeste de la isla de Malta, para acabar en Mdina. El primer punto seria la Blue Grotto, partimos hacia allí como siempre en el autobús vía Valletta. Esta en una zona un poco apartada, pero al estar poco urbanizado es bonito, bajamos a la zona del puerto y allí estaban los barcos que hacen la ruta, la travesía dura menos de 30 minutos y nos costó 8 euros por cabeza.
Durante el recorrido en barco recorrimos varias grutas y cuevas con aguas azules transparentes y paisajes rocosos muy singulares. Llamaba la atención la piedra de color morado que se apreciaba en algunas cuevas. La travesía es bonita, pero quizás algo cara o demasiado corta. Luego dimos un paseito por la zona del puerto donde había gente bañándose y saltando desde las rocas, que valor, y subimos de nuevo poco a poco hacia el autobús.
Nuestro siguiente punto sería los templos de Hagar Qim y Imnajdra. No somos apasionados ni conocedores de la prehistoria, pero no nos podíamos ir de la isla sin visitar algún templo histórico. No fueron un par de paradas en autobús desde Blue Grotto. La entrada fue de 9 euros por persona e incluye la entrada a los dos templos y al museo. La audio guía nos costó un euro más. Realmente las instalaciones que hay preparadas parece que esperaran muchos más visitantes de los que reciben, el restaurante cerrado y en su lugar unas máquinas de vending, el parking vacío, varios baños cerrados... Primero visitamos el museo, con explicaciones de lo que se encuentra en los templos y demás. También hay una replica de las puertas de entrada que tenían los templos. Después visitamos el templo de Hagar Qim, curioso templo con habitaciones y varias puertas alineadas de forma de que entrase la luz de sol dependiendo de la estación del año.
Luego recorrimos bajo un sol de justicia el caminito que lleva hasta Imnajdra temple, este nos gustó un poco menos, no le apreciamos la curiosidad que tenía el anterior. Para volver hacia la salida, tomamos una senda que sale hacia la derecha desde este último templo que pasa por un monolito del algún héroe de la Segunda Guerra Mundial, frente al islote de Filfla. Desde este punto tambien habia muy bonitas vistas del mar, con un arco de roca incluido.
Nos dirigimos a la parada del autobús que según habíamos verificado al llegar pasaba a cada hora. En un principio queríamos ir al pueblo pesquero de Ghar Lapsi, pero debido a nuestro segundo incidente durante esta semana con los autobuses, tuvimos que cambiar de planes. El incidente al que nos referimos es simplemente que por lo menos estuvimos una hora y media esperando a que pasara. Cuando finalmente llegó uno, decidimos ir directamente a los acantilados de Dingli. Aquí tuvimos muchas dudas, ya que en un diario leímos que al autor de dicho diario el conductor del autobús que cogieron les hizo bajar en una parada anterior a la “oficial”, por lo que no teníamos claro donde bajarnos. Finalmente optados por bajarnos en la que se llamaba Dingli Cliffs. Nos quedamos un poco asustados y no por los acantilados precisamente. Estábamos en un cruce de carreteras en medio de la nada y no se veía ninguna senda o mirador para observar los acantilados. Avanzamos un poco por la carretera y bajamos por un camino entre piedras y zarzas que tampoco llevaba a ningún sitio. Al final tiramos por la carretera hasta la siguiente parada junto a una ermita, y allí si que había un pequeño mirador para contemplar los acantilados, incluso un puesto de comida y dulces típicos de la zona. Cuando nos estábamos acercando al mirador una rubia nos cortó el paso, que estaban grabando un videoclip y que no se podía pasar, después del día que llevabamos con el retraso del autobús en los templos y la parada fallida de Dingli, la mirada que le echamos a la chica debió de ser...al final, aunque desde un lateral también pudimos ver los acantilados, acabaron pronto con la grabación. Tras contemplar, sacar unas fotos y descansar cogimos el autobús, esta vez puntual hacia la antigua capital, Mdina.
La parada donde nos bajamos queda junto a la Greek's Gate, y fue por ahí por donde entramos a la ciudad. Esta ciudad es sin duda de lo mejor de Malta, también la llaman la ciudad del silencio y parece que incluso los turistas (excepto algún bullicioso grupo de estudiantes) quieren hacer honor a ese nombre. Se respira una paz increíble, el callejeo por esta ciudad es de lo mas gratificante, no hay fachada, balcón, puerta... que no tenga su encanto especial. Desde el fondo de la ciudad, cerca de la famosa cafetería, disfrutamos de las hermosas vistas panorámicas de la isla, una gozada. Nos llamo mucho la atención la variedad de pomos que había en las puertas, tenían todo tipo de formas, leones, sirenas, delfines, dragones, ángeles, ballenas... Después de tomar un refresco, se nos hizo un poco tarde para visitar Rabat, por eso, decidimos coger el 203 que iba directo a Sliema.

Durante el recorrido en barco recorrimos varias grutas y cuevas con aguas azules transparentes y paisajes rocosos muy singulares. Llamaba la atención la piedra de color morado que se apreciaba en algunas cuevas. La travesía es bonita, pero quizás algo cara o demasiado corta. Luego dimos un paseito por la zona del puerto donde había gente bañándose y saltando desde las rocas, que valor, y subimos de nuevo poco a poco hacia el autobús.

Nuestro siguiente punto sería los templos de Hagar Qim y Imnajdra. No somos apasionados ni conocedores de la prehistoria, pero no nos podíamos ir de la isla sin visitar algún templo histórico. No fueron un par de paradas en autobús desde Blue Grotto. La entrada fue de 9 euros por persona e incluye la entrada a los dos templos y al museo. La audio guía nos costó un euro más. Realmente las instalaciones que hay preparadas parece que esperaran muchos más visitantes de los que reciben, el restaurante cerrado y en su lugar unas máquinas de vending, el parking vacío, varios baños cerrados... Primero visitamos el museo, con explicaciones de lo que se encuentra en los templos y demás. También hay una replica de las puertas de entrada que tenían los templos. Después visitamos el templo de Hagar Qim, curioso templo con habitaciones y varias puertas alineadas de forma de que entrase la luz de sol dependiendo de la estación del año.

Luego recorrimos bajo un sol de justicia el caminito que lleva hasta Imnajdra temple, este nos gustó un poco menos, no le apreciamos la curiosidad que tenía el anterior. Para volver hacia la salida, tomamos una senda que sale hacia la derecha desde este último templo que pasa por un monolito del algún héroe de la Segunda Guerra Mundial, frente al islote de Filfla. Desde este punto tambien habia muy bonitas vistas del mar, con un arco de roca incluido.

Nos dirigimos a la parada del autobús que según habíamos verificado al llegar pasaba a cada hora. En un principio queríamos ir al pueblo pesquero de Ghar Lapsi, pero debido a nuestro segundo incidente durante esta semana con los autobuses, tuvimos que cambiar de planes. El incidente al que nos referimos es simplemente que por lo menos estuvimos una hora y media esperando a que pasara. Cuando finalmente llegó uno, decidimos ir directamente a los acantilados de Dingli. Aquí tuvimos muchas dudas, ya que en un diario leímos que al autor de dicho diario el conductor del autobús que cogieron les hizo bajar en una parada anterior a la “oficial”, por lo que no teníamos claro donde bajarnos. Finalmente optados por bajarnos en la que se llamaba Dingli Cliffs. Nos quedamos un poco asustados y no por los acantilados precisamente. Estábamos en un cruce de carreteras en medio de la nada y no se veía ninguna senda o mirador para observar los acantilados. Avanzamos un poco por la carretera y bajamos por un camino entre piedras y zarzas que tampoco llevaba a ningún sitio. Al final tiramos por la carretera hasta la siguiente parada junto a una ermita, y allí si que había un pequeño mirador para contemplar los acantilados, incluso un puesto de comida y dulces típicos de la zona. Cuando nos estábamos acercando al mirador una rubia nos cortó el paso, que estaban grabando un videoclip y que no se podía pasar, después del día que llevabamos con el retraso del autobús en los templos y la parada fallida de Dingli, la mirada que le echamos a la chica debió de ser...al final, aunque desde un lateral también pudimos ver los acantilados, acabaron pronto con la grabación. Tras contemplar, sacar unas fotos y descansar cogimos el autobús, esta vez puntual hacia la antigua capital, Mdina.

La parada donde nos bajamos queda junto a la Greek's Gate, y fue por ahí por donde entramos a la ciudad. Esta ciudad es sin duda de lo mejor de Malta, también la llaman la ciudad del silencio y parece que incluso los turistas (excepto algún bullicioso grupo de estudiantes) quieren hacer honor a ese nombre. Se respira una paz increíble, el callejeo por esta ciudad es de lo mas gratificante, no hay fachada, balcón, puerta... que no tenga su encanto especial. Desde el fondo de la ciudad, cerca de la famosa cafetería, disfrutamos de las hermosas vistas panorámicas de la isla, una gozada. Nos llamo mucho la atención la variedad de pomos que había en las puertas, tenían todo tipo de formas, leones, sirenas, delfines, dragones, ángeles, ballenas... Después de tomar un refresco, se nos hizo un poco tarde para visitar Rabat, por eso, decidimos coger el 203 que iba directo a Sliema.

