El balcón maltés (gallarija), cerrado, de madera pintada, es hoy un icono del paisaje urbano de Malta.
La idea del balcón cerrado procede de la tradición árabe del mashrabiya, un mirador de madera que permitía observar la calle sin ser visto, protegerse del sol y ventilar la casa. No era un balcón saliente, sino un volumen cerrado que sobresalía ligeramente.
Durante el periodo de la Orden de San Juan, el concepto se transformó. Los caballeros trajeron influencias italianas y españolas, donde existían miradores acristalados y galerías cerradas.
En La Valeta, los arquitectos empezaron a combinar la tradición árabe con la estética barroca. Así nació el primer prototipo del balcón maltés: de madera, cerrado, sobresaliente con ventanas pequeñas y pintado en colores intensos (verde, azul, rojo).
Con la llegada de los británicos, el balcón se convirtió en un símbolo de estatus y modernidad. Las familias acomodadas lo añadían a sus casas como signo de prestigio. Se multiplicaron en La Valeta, Sliema, Floriana y las Tres Ciudades.
Con el crecimiento urbano, los balcones se extendieron a Sliema, San Julián y pueblos costeros. Pero a partir de los años 70, la construcción moderna en hormigón los fue sustituyendo por balcones abiertos.
Aun así, en las zonas históricas se conservaron y hoy son un elemento protegido.
El luzzu es la barca tradicional maltesa, reconocible por sus colores vivos y por los ojos de Osiris pintados en la proa.
Los fenicios, grandes navegantes del Mediterráneo, introdujeron en Malta embarcaciones pequeñas, robustas y de quilla ancha, ideales para la pesca costera. De ellos procede el ojo protector, símbolo de vigilancia y buena fortuna en el mar.
Los primeros ojos pintados en embarcaciones aparecen en el Antiguo Egipto, hace más de 3.000 años. Los egipcios creían que el barco era un ser vivo que necesitaba “ver” para navegar y evitar peligros. Los fenicios adoptaron esta idea y la llevaron por todo el Mediterráneo. Para ellos, el ojo era un símbolo de protección divina y un amuleto contra el mal de mar.
En la Grecia clásica, los barcos se decoraban con ojos en la proa llamados ophtalmoi.
Su función era doble: proteger al barco y a la tripulación y guiar la embarcación, como si tuviera su propia mirada. Los romanos heredaron esta costumbre. En mosaicos, frescos y relieves aparecen barcos con ojos pintados, especialmente en contextos portuarios.
Durante la Edad Media, la tradición se mantuvo en puertos árabes, sicilianos y malteses. El ojo se convirtió en un símbolo contra el mal de ojo, los espíritus del mar, y la mala suerte en la pesca.
En Malta, el ojo se llama l-għajn”.
Durante la época árabe y luego bajo la influencia siciliana, la barca evolucionó. Se reforzó la proa, se estilizó la forma, se adaptó a los vientos malteses y se incorporaron técnicas de carpintería mediterránea. El resultado fue una embarcación resistente, estable y fácil de maniobrar.
Los caballeros de San Juan no modificaron la forma del luzzu, pero sí fomentaron la pesca como actividad económica. En esta época se estandarizan los colores vivos, que permitían identificar a las familias y a los puertos de origen.
En los siglo XIX y XX el luzzu adquiere su forma definitiva: casco de madera gruesa, proa elevada, colores intensos (amarillo, rojo, azul, verde), ojos protectores y motor incorporado a partir del siglo XX.
Un luzzu se construye a mano, con madera de pino o caoba, siguiendo técnicas transmitidas de generación en generación.
La Cruz de Malta nace en el seno de la Orden de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, fundada en el siglo XI en Tierra Santa. En sus primeros siglos, la Orden no usaba aún la cruz de ocho puntas: empleaba una cruz simple, blanca, sobre fondo negro.
La forma actual —la cruz de ocho puntas, simétrica, con brazos en forma de “V”— aparece entre los siglos XII y XIII, probablemente en Acre, cuando la Orden ya era una potencia militar y naval. Desde la Edad Media se interpretan como las ocho bienaventuranzas del Evangelio o las ocho obligaciones del caballero hospitalario: vivir con verdad, fe, arrepentimiento, humildad, justicia, misericordia, sinceridad y resistencia a la persecución.
También se ha dicho que representan las ocho “lenguas” (naciones) de la Orden: Provenza, Auvernia, Francia, Italia, Aragón, Castilla-León-Portugal, Alemania e Inglaterra.
La cruz de Malta es una cruz patada evolucionada: los brazos se ensanchan hacia el exterior y terminan en dos puntas cada uno. Una cruz patada es una cruz cuyos brazos son rectos en el centro y se ensanchan hacia los extremos, como si “patadearan” o se abrieran en forma de cuña.
El nombre viene del francés croix pattée, “cruz con patas”, por la forma de sus brazos.
Cuando los Caballeros llegan a Malta en 1530, la cruz ya es su emblema. Pero es en la isla donde adquiere su identidad definitiva. Por eso se llama así.
Aunque también es una cruz patada, la cruz templaria es más simple y más maciza que la de Malta. No tiene puntas ni ángulos internos.