El segundo día lo queríamos dedicar a disfrutar de dos grandes lugares turísticos, Bayona durante el día y Biarritz para la tarde noche.
Bayona es una bonita ciudad que cruza el río, visitamos su catedral, su claustro donde hacían un mercado de artesanía, el mercado de abastos, y sus calles llenas de comercios, restaurantes y cafeterías pero sin perder ese aire de las bonitas casas francesas.

Después de comer nuestra primera “galette” (crepe salado) con sidra que ya echábamos de menos, nos dirigimos a Biarritz, y después de dar vueltas y más vueltas conseguimos encontrar aparcamiento, estaba saturado pero no me extraña, a mí es el sitio que más me gustó, con su playa, su escarpado y largo paseo con vistas preciosas, y el camino hacia la Rocher de la Verge en medio del mar, disfrutando de todo el entorno y la brisa marina, una delicia.

Después de pasar toda la tarde allí, volvimos hacia el hotel, donde cenamos, haciendo antes unas paradas en dos pueblecitos de interior, Bera y Lesaka.
Bayona es una bonita ciudad que cruza el río, visitamos su catedral, su claustro donde hacían un mercado de artesanía, el mercado de abastos, y sus calles llenas de comercios, restaurantes y cafeterías pero sin perder ese aire de las bonitas casas francesas.

Después de comer nuestra primera “galette” (crepe salado) con sidra que ya echábamos de menos, nos dirigimos a Biarritz, y después de dar vueltas y más vueltas conseguimos encontrar aparcamiento, estaba saturado pero no me extraña, a mí es el sitio que más me gustó, con su playa, su escarpado y largo paseo con vistas preciosas, y el camino hacia la Rocher de la Verge en medio del mar, disfrutando de todo el entorno y la brisa marina, una delicia.

Después de pasar toda la tarde allí, volvimos hacia el hotel, donde cenamos, haciendo antes unas paradas en dos pueblecitos de interior, Bera y Lesaka.

