Salimos de Etxalar a las 9:30h y llegamos a Sarlat a las 15:30h, un poco tarde para comer en Francia, así que paramos en el McDonald’s que hay al llegar a Sarlat. Después nos acomodamos en el nuevo hotel, superbién situado, con una estrella más de lo esperado y un ambiente muy familiar.
Esa tarde decidimos ir a ver algo curioso como La Roque Saint-Christophe, una gran grieta de 1km de largo y 5 pisos, en la roca de la montaña, antiguamente habitado por los trogloditas, y declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad. Hay que pagar entrada (7,80€ por persona), pero es curioso y nos gustó su visita, está decorado y ambientado con cosas de la época, además de estar fresquitos y tener buenas vistas.

Apuntar que para llegar hasta allí el GPS nos llevó por una estrechísima y sinuosa carretera, pero muy bonita entre bosques verdes, hasta se nos cruzaron unos ciervos!
Por la tarde-noche nos dedicamos a ir descubriendo el precioso pueblo de Sarlat, que gran acierto alojarnos allí, viendo lo turístico que es y lo que cuesta aparcar, y nosotros junto a su ciudad medieval. Es mágico, te trasladas a otra época, todo su centro peatonal, cada casa, cada edificio es especial, y luego por la noche un ambientazo, entre comercios regionales, restaurantes, bares, heladerías y las diversas actuaciones callejeras (teatro, músicos, mimos, bailarines, humoristas…), no nos cansamos de disfrutarlo cada noche, lo estábamos deseando cada día.
Esa tarde decidimos ir a ver algo curioso como La Roque Saint-Christophe, una gran grieta de 1km de largo y 5 pisos, en la roca de la montaña, antiguamente habitado por los trogloditas, y declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad. Hay que pagar entrada (7,80€ por persona), pero es curioso y nos gustó su visita, está decorado y ambientado con cosas de la época, además de estar fresquitos y tener buenas vistas.

Apuntar que para llegar hasta allí el GPS nos llevó por una estrechísima y sinuosa carretera, pero muy bonita entre bosques verdes, hasta se nos cruzaron unos ciervos!
Por la tarde-noche nos dedicamos a ir descubriendo el precioso pueblo de Sarlat, que gran acierto alojarnos allí, viendo lo turístico que es y lo que cuesta aparcar, y nosotros junto a su ciudad medieval. Es mágico, te trasladas a otra época, todo su centro peatonal, cada casa, cada edificio es especial, y luego por la noche un ambientazo, entre comercios regionales, restaurantes, bares, heladerías y las diversas actuaciones callejeras (teatro, músicos, mimos, bailarines, humoristas…), no nos cansamos de disfrutarlo cada noche, lo estábamos deseando cada día.