Por fin llegamos a Valdez! y como no, la llegada espectacular. Un paisaje bellísimo con el reflejo de las montañas en las marismas:

La foto la sacamos desde el coche. El momento era perfecto para pararse en la cuneta, disfrutar de esta maravilla y echar unas cuantas fotos, pero queríamos llegar al centro y pensamos que ya tendríamos más ocasiones para sacar tranquilamente. No sé si eso fue un error o no, porque queríamos llegar a Valdez, encontrar un sitio donde poder montar la tienda y un restaurante donde cenar un buen pescado. Pero cuando volvimos, aquel bonito reflejo se había desvanecido! Una verdadera pena, porque la imagen anterior me había parecido preciosa. Esta sería una de las primeras veces en las que aprendí que si quieres sacar una foto y tienes oportunidad en ese momento, no lo dudes, sácala. No esperes a otro momento mejor, porque seguramente no lo habrá.
Aquí os muestro la otra imagen, sacada desde un punto de vista similar, pero en un momento diferente. El paisaje seguía siendo hermoso, pero ya no se apreciaba ni el más mínimo reflejo:

Seguimos unos metros más en coche y finalmente llegamos al centro. Valdez cuenta con una población de 3.976 habitantes y con uno de los puertos más importantes de Alaska. En 1964 fue severamente dañado por el terremoto Good Friday, también llamado como el Gran Terremoto de Alaska. Sufrió un movimiento masivo de tierra submarina, lo que hizo que parte de la ciudad se hundiera y formase un gran tsunami. 32 personas murieron.
En la actualidad Valdez también es tristemente conocido por el petrolero Exxon Valdez, que tras encallar en la bahía del Príncipe Guillermo, derramó 40.900 m³ de petróleo en la costa de Alaska. Aunque el petróleo no alcanzó Valdez, devastó la mayor parte de la fauna marina de su alrededor.

Buscamos un camping, montamos la tienda, y nos fuimos a cenar a un restaurante. Preguntamos en Valdez mismo un buen sitio para cenar, queríamos terminar el día con un pequeño homenaje. Llevábamos días comiendo y cenando de hornillo y sólo de pensar en un buen pescado alaskeño se nos hacía la boca agua.
Fuimos al restaurante que nos recomendaron, era un local amplio con unas vistas inigualables y con bastante ambiente. Sin embargo la comida no fue lo más espectacular que se diga, estaba buena, pero esperábamos más. Queríamos algo más autóctono, comida típica alaskeña, y sin embargo la forma de cocinar era más bien asiática o típica de grandes franquicias americanas, con fuertes salsas que ocultan su verdadero sabor. No sé, quizás es que nosotros estamos mal acostumbrados, pero la verdad es que tanto el pescado como el marisco, pocos sitios conozco que se coma tan bien como donde vivimos.
Aun así, después de todo lo vivido, este día lo recordaremos sin duda como uno de los más bonitos de nuestro viaje.
