La Denali Hwy termina en el cruce de Paxson con la Richardson Hwy. Nosotros continuamos hacia el sur, para llegar finalmente a Valdez.
La carretera de Richardson discurre por bosques extensísimos de arboles pináceas. Las hojas en forma de aguja de estas coníferas les permiten soportar bien las heladas y perder poca agua. Además, el ser de hoja perenne les facilita el que cuando llega el buen tiempo pueden empezar inmediatamente a hacer fotosíntesis, sin tener que esperar a formar la hoja.
Pronto empezamos a divisar a lo lejos volcanes de una forma piramidal perfecta cubiertos de nieve. Se trataban de los montes del parque Nacional Wrangell-St. Elias, el mayor parque Nacional de todo Estados Unidos, que incluye gran parte de las montañas más altas de Norteamérica. Curiosamente muchas de estas montañas se hallan a una distancia de 16 km del mar, lo que la hacen ser uno de los mayores relieves del mundo.
Tras pasar el cruce con la Glennallen Hwy, hicimos una pequeña parada en uno de los miradores hacia el parque Nacional Wrangell-St. Elias:

Después de conducir tantos kilómetros y realizar tantas paradas para fotografiar los paisajes, empezamos a notar el cansancio. Éramos conscientes de la suerte que estábamos teniendo con el tiempo y eso hacía que disfrutáramos del viaje al máximo. El día estaba siendo perfecto y no queríamos que se terminase, pero por otra parte queríamos llegar a destino y descansar para reponer fuerzas. Era una sensación contradictoria. Lo que no sospechábamos era que todavía nos aguardaban unas cuantas sorpresas antes de llegar a Valdez.
Sabíamos que de camino nos quedaba por ver el glaciar Worthington, pero para nada pensábamos que la carretera hasta llegar allí, iba a ser tan bella. Las montañas comienzan a acercarse, el valle a estrecharse y los bosques tienden a desaparecer. La carretera discurre a lo largo de un río formado por cascadas y glaciares que cuelgan sobre las montañas. ¿Precioso!
Apenas tuvimos tráfico y habríamos parado mil veces si no fuese porque las ganas de llegar eran muchas. A medida que vas acercándote al glaciar Worthington, la vista es increíble:

Esta imagen está tomada desde dentro del coche. El glaciar impresiona porque da la sensación que la mole de hielo va a comerse la carretera. El glaciar Worthington en sí no es más que otro glaciar más (sólo en Alaska tienen más de 100.000 glaciares. Sí, lo habéis leído bien, 100.000 glaciares! impresiona, verdad?), pero lo que le hace especial es que la carretera pase tan increíblemente cerca.
Hicimos una pequeña parada antes para sacar fotos desde la carretera y después para visitar el glaciar desde cerca. Tampoco le prestamos muchísima atención, ya que más adelante teníamos intención de hacer escalada en hielo en el glaciar Matanuska.
Pensamos que esa era nuestra útlima parada del día, pero no! Nada más dejar atrás el glaciar se sube un pequeño puerto desde donde hay unas vistas brutales. Tal era la inmensidad del paisaje, que los pintores solían parase para retratarlas con sus pinceles.
La bajada del puerto es espectacular, es más, dotada de unas cascadas que parecen caer directamente sobre el camino:

