Por fin, tras unos años sin vacaciones, podemos hacer esta pequeñísima, pero preciosa escapada, a Flandes y Bruselas.
El día comenzó temprano para dejar el coche en el aeropuerto de larga estancia de la T4, por cierto muy recomendable, con reserva previa por internet cuesta 36€ los cuatro días y el servicio de ida y vuelta a la terminal funciona rápido y bien.
Tras un vuelo en Iberia, puntual y sin novedad alguna, llegamos a Bruselas. Desembarcamos rápido porque solo llevábamos equipaje de cabina y bajamos al nivel -1 para coger el tren a Gante. Pensábamos que la estación estaba más cerca, pero hay que andar bastante por dentro del aeropuerto, en principio siguiendo las indicaciones de salida. En el hall de la estación compramos el Rail-Pass que nos iba a llevar de una ciudad a otra, y de vuelta al aeropuerto al final del viaje. Por cierto que, al salir de la máquina expendedora, no se si por descuido nuestro o porque es así,nos salió en Neerlandés, pero vamos, no es complicado de cumplimentar.
Pasada algo más de una hora y tras parar en varias estaciones, incluidas todas las de Bruselas, llegábamos a Gante, que nos recibió bajo una lluvia fina pero constante. Dejamos las maletas en consigna y a coger el Tranvía nº 1 para ir al centro histórico. La estación está en obras, por lo que nos hicimos un pequeño lio para coger el tranvía: saliendo de la estación, de espaldas a la misma, a mano izquierda, en los bajos de un edificio moderno,paran tranvías y autobuses .
Tras un corto viaje en un tranvía verdaderamente atestado nos bajamos junto a la iglesia de S. Nicolás, que fue nustra primera visita

muy cerca de la casa de los albañiles

Tras visitar S. Nicolás, y bajo una lluvia no tan fina como al abandonar la estación, nos dirigimos a visitar el impresionante campanario pagando la correspondiente entrada, que da derecho a subir en ascensor que, casualmente, estaba estropeado, algo que no nos advirtieron al adquirir el ticket, y de lo que nos enteramos, a parte de porque no funcionaba, porque volvimos a la taquilla a preguntar. No obstante, en unos minutos se presentó un técnico que lo arreglo dando un fuerte golpe en la puerta, explicándonos que, si se volvía a parar, utilizáramos este "avanzado" método de reparación. Junto a la entrada, te dan una hoja explicativa plastificada en español que hay que devolver a la salida.
De la visita, en mi opinión, lo único que merece la pena es la panorámica de la ciudad desde arriba, pero en un día oscuro y lluvioso, como el que tuvimos nosotros, yo personalmente no la aconsejo.
Una vez abajo recorrimos la corta distancia hasta la catedral de S. Bavón, que merece una visita, precioso el retablo, las vidrieras y por su puesto el púlpito, en casi todas las catedrales e iglesias que visitamos en Flandes las vidrieras y los púlpitos, verdaderas obras maestras escultóricas, son muy bonitos. Allí entramos a la visita del cuadro del Cordero Místico de Hubert y su hermano Jan Van Eyck. He leído en algunos diarios que muchos viajeros no lo visitan, la verdad es que, como sucede con las más maravillosas obras de arte, es indefinible. Teníamos claro que tratariamos de contemplarlo, así lo hicimos, y desde luego no nos defraudo. La audioguía en español que, va incluida en el precio de la entrada, es un poco larga, porque al empezar la explicación de cada uno de los paneles tiene una breve introducción musical que lo retrasa bastante. El cuadro ha sufrido bastantes vicisitudes siendo robado varias veces, incluso aún, sigue sin aparecer un de los paneles robado en 1934 y que ha sido sustituido por una copia.
Tras una parada para echarnos al cuerpo la primera cervecita en Bélgica visitamos el Puente de S. Miguel y la iglesia del mismo nombre, ambas cosas son preciosas. La vista desde el puente es una de las imágenes tipicas de Gante con los muelles y sus bonitas casas a ambos lados del canal. Laiglesia no se queda atrás, sorprende la luz que entra en la misma a pesar de ser un día absolutamente oscuro.
Y justo al salir de la iglesia se operó el milagro, si bien no llegó a salir el sol, dejó de llover, lo que nos permitió dar un paseo de lo más agradable por esta preciosa ciudad recorriendo sus calles y rincones. Mención especial para los muelles del grano y de las hierbas, el barrio de Pathersol, la lonja de la carne y el pescado y en general, dejarse ir por toda la parte antigüa de Gante, por su puesto con paradas incluidas para tomar unas frites, unos bombones en la tienda de Leónidas que está al ladito del famoso cañon de color naranja y un servidor se atrevió incluso con unos caracoles de mar que hacen en una especie de caldo, para mi gusto con demasiada pimienta.
Aquí dejo algunos testimonios gráficos del paseo, como se puede ver hasta las casas que no son monumentos son muy bonitas. La otra imagen es de un elemento de transporte muy utilizado en Bélgica que pone de manifiesto en cuanto al tema del aparcamiento que "en todas partes cuecen habas"
Para finalizar pasamos por el castillo de Gravesen, del que solo visitamos el patio, y de vuelta a la estación en el mismo tranvía, el número 1, otra cervecita en uno de los bares de enfrente de esta haciendo tiempo hasta la salida del tren que nos llevaría a Bruselas.
El viaje hasta Bruselas, que dura unos 36 minutos, a mí se mi hizo interminable puesto que,el tren iba lleno hasta la bandera, por lo que tuve que viajar de pie en la zona de la entrada al vagón, donde, además, no hay aire acondicionado. Así fui hasta la estación Bruselas-Midi, donde al bajarse bastantes viajeros pude tomar asiento hasta Bruselas-Central que era nuestro destino. Desde allí salimos a la calle hasta la cercana boca de metro para ir hasta la parada de De Brouckere que está al ladito del hotel, solo fue una estación, pero con las maletas y algo de lluvia que empezaba a caer optamos por coger el metro, previo pago de dos bonos de 5 viajes cada uno que cuestan alrededor de 15€ los dos.
El hotel muy bien situado, el personal muy amable, enseguida estábamos instalados en una habitación bastante grande y cómoda, con un pequeño balcón que daba a la fachada principal del hotel.
Tras la reparadora ducha de rigor y situarnos en el plano de la ciudad nos dirigimos a la cercana zona de St Catherine (antiguo puerto de Bruselas) donde ya sabíamos que había bastantes restaurantes con precios variados. Parara esta primera ocasión, como no podía ser de otra forma, elegimos cazuelas de mejillones con patatas fritas, una en salsa de vino blanco, y la otra, muy recomendable, en una salsa de cilantro, lo que le da un sabor muy parecido al mojo verde que, también sirve para acompañar patatas, pero en este caso "papas arrugás". Todo muy rico acompañado, de una cerveza y una copa de vino. Exactamente nos costó 29€ acompañado de café e infusión. El postre lo tomaríamos unos minutos después en la famosa Gofrería que está al lado del Manenken-piss , espectaculares los Gofres, no la pequeña escultura, el mío era de chocolate con fresas.
A pesar de lo cansados que estábamos por el madrugón y la visita a Gante, no queríamos dejar de ver la Grand-Place por la noche que, la verdad también es muy bonita, aunque en mi opinión como mejor luce es con un sol radiante como el del que disfrutamos al día siguiente. Pasamos por la estatua de Everat, más correcto es decir por una réplica de la misma, puesto que deben estar restaurándola, no es de extrañar, porque como todo el mundo la toca estaba bastante desgastada.
Finalmente volvimos paseando a nuestro hotel pasando por delante del edificio de la Bolsa, también magnífico y que me recordó al congreso de los diputados en Madrid.
Así terminó nuestra primera etapa, al día siguiente nos esperaban los monumentos, edificios, iglesias, calles y parques de Bruselas, que bien merecen ser visitados y conocidos.


