El último día en Viena teníamos que ver varias cosas sueltas y en distintos sitios. Queríamos ir en dirección a Hofburg para ver de día la plaza de Maria Teresa y el barrio de los museos (Museumquartier) y nos equivocamos de tranvía, en lugar del coger el circular 2 cogimos el 1, así que íbamos en sentido contrario. Mal empezamos, bueno, cambiamos el itinerario.
Después de un largo paseo en tranvía, nos apeamos en el parque Stadtpark para ver el monumento a Johan Strauss.

Unos jardines muy bonitos

La verdad es que se respiraba tranquilidad. Un sitio con mucho encanto

Cogimos de nuevo el tranvía 2 y nos paramos en la Ópera para ver el monumento contra el fascismo

Está por debajo del Museo Albertina y enfrente está el Café Mozart

Continuamos hacia Karlskirche (Iglesia de Carlos Borromeo)

y la visitamos por dentro. Nos subimos en el ascensor que tienen montado en el interior para disfrutar de cerca de los frescos de las paredes y la cúpula.

Puedes subir hasta lo más alto de la cúpula por unas escalera de madera (quien no tenga vértigo, mi mujer subió y se volvió a bajar rápidamente) aunque cuando llegas arriba del todo, la pequeña estancia que hay encima de la cúpula, tiene las ventanas con rejas tupidas, así que tampoco merece la pena tirar fotos.
En Kartplatz cogimos el metro U1 hasta Stephansplatz para visitar la Catedral de San Esteban y las catacumbas pero antes vimos el edificio del Musikverein, los pabellones de Otto Wagner y el monumento a Ressel.

La visita a las catacumbas es guiada (en inglés y alemán pero hay unas explicaciones en papel en otros idiomas, entre ellos en español) y a unas horas determinadas, nosotros entramos a las 11. Muy curioso todo lo que hay debajo de la Catedral, hay salas con cantidad de restos, un osario perfectamente ordenado, a saber lo que habrá más enterrado y sin descubrir.

Al salir tuvimos la suerte de pillar otro ratico de sol.

Decidí subir a la torre Adlerturm (343 escalones por una escalera estrechita de caracol de un único sentido), mi mujer me dijo que tururú, que me esperaba en la plaza tomando el sol. Mi sorpresa fue que al llegar arriba las ventanas también estaban con rejas pero podías sacar la cámara de fotos por los huecos y hacer algunas, muy bonitas vistas, aunque no sé si merece la pena, después estuve dos días con los gemelos cargados.

Esa noche, la señora que nos había alquilado el apartamento, se había ofrecido para llevarnos a cenar en una típica taberna o Heurigen, pero no a Grinzing porque decía que ya había muchos turistas, era una zona pegando a Grinzing, pero como queríamos conocer Grinzing, decidimos ir al mediodía. Bonito el barrio pero estaba todo cerrado, no había ambiente al mediodía, así que decidimos volver para ir a comer a Naschmarkt.

Después de comer vimos de nuevo el Monumento a la Secesión pero ya de día

Detalle de la entrada

Y continuamos hasta el Museumsquartier, el barrio de los museos, dimos un paseo por allí y seguimos hasta la Plaza de María Teresa,

flanqueada por los Museos de Bellas Artes a un lado y por el de Historia Natural al otro.

Ya no había tiempo para entrar en más museos, para eso nos haría falta una semana en lugar de 3’5 días. Como estábamos cerca, añadimos en el itinerario la visita a la Biblioteca Nacional, en el Hofburg, que estaba cerrada el domingo.

Una maravilla, impresionante, grandiosa, y permiten tirar fotos sin flash.

Nos gustó mucho.

Al salir fuimos de nuevo al Ring para coger el tranvía hacia Swedenplatz y coger el tranvía O o N hasta Radetzyplatz para ver la zona de KunstHaus Wien


y la llamada casa Hundertwasser-Haus.

Curioso el colorido y los materiales tan originales empleados en las fachadas y columnas de estos edificios, es algo distinto.

No podíamos irnos de Viena sin ver la famosa Noria en el Prater y eso hicimos.


Después cogimos de nuevo el metro hasta Stephansplatz y caminamos por Graben y luego Kohlmarkt hasta llegar a la famosa cafetería Demel. Fue el sitio donde más nos gustó la tarta Sacher.

Después cogimos en Schottentor el tranvía 38 que también va a Grinzing pero íbamos a un barrio cercano que no recuerdo el nombre. Cenamos muy bien en el Heurigen donde íbamos esa noche y es curioso el sitio, son mesas alargadas para unas 8 o 10 personas, te sirven la bebida, lo típico es el vino blanco y lo rebajan con agua quien quiera. Luego te levantas y en otra zona compras lo que quieras de comida y te lo llevas a la mesa. Nos marchamos no muy tarde ya que dejábamos el apartamento a la mañana siguiente para trasladarnos en tren a Praga.