Km etapa:362 km
Salimos del hotel temprano como todos los días, para visitar Nantes. El día había amanecido nublado, y hacía más frío que los días previos. Aparcamos el coche en un parking que no pagamos por ser domingo. La ciudad estaba vacía: por eso y porque el tiempo no acompañaba decidimos visitar sólo la catedral de St. Pierre et St. Paul.
La ciudad estaba en obras, por lo que nos costó encontrar la salida en dirección a Rochefort en Terre. Durante el trayecto nos cayó una tromba de agua
Aunque era domingo, no había tanta gente como pensábamos. Visitamos la iglesia, paseamos por sus calles y compramos algún recuerdo. Aprovechamos para comprar baguettes y algún dulce en una boulangerie (el dueño fue muy simpático, nos intentó hablar en español para explicarnos los ingredientes de los dulces). El pueblo es precioso aunque el día estaba nublado. Nos gustó mucho el lugar.
En el camino hacia Vannes nos encontramos alguna sorpresa
En esta ciudad aprovechamos un merendero para almorzar. Paseamos sobre todo por su costa. Vimos nuestras primeras casas de madera.
Llegamos a Josselin: es un lugar precioso, con sus casas de madera y con uno de los castillos medievales más bonitos que vimos en el viaje (junto con el de Vitré)
En la trasera de la iglesia, esta la entrada para subir a la torre (gratuita, pero con una escalera de caracol interminable). El esfuerzo mereció la pena por las estupendas vistas.
Por los comentarios que había leído, llegamos a Rennes sin muchas expectativas, pero a mí me pareció una ciudad preciosa. Aparcamos en la rue Victor Hugo y pasamos por delante del Palais du Parlament du Bretagne y la place du Palais.
Subimos hacia la place Ste. Anne y vemos por fin, las famosas casas de madera.
A esa hora, la zona más animada de la ciudad estaba en la place Ste. Anne, con multitud de jóvenes comiendo en las terrazas. En la trasera de la plaza, vimos algunas casas típicas que estaban rehabilitando.
La última parada del día fue Vitré. Igual que Rennes, sólo había gente en las terrazas, pero nadie visitando la ciudad. Paseamos por las calles con casas de madera, vimos su enorme castillo medieval…Es un lugar muy bonito, pero era ya muy tarde y no pudimos disfrutarlo porque estaba anocheciendo.
Llegamos al hotel Formule 1 de Fougères. Aquí tuvimos el primer susto del viaje: la máquina automática no reconocía la tarjeta de crédito, y por un momento pensamos que tendríamos que quedarnos a dormir en el coche