El día amaneció nublado y feo, la temperatura había bajado significativamente con respecto a los días anteriores y parecía que en cualquier momento comenzaría a llover. Por todo esto (y porque ese día teníamos un horario muy condicionado por las mareas del Monte Saint Michel) decidimos no detenernos en Fougères, y salir directamente rumbo a nuestra primera parada importante del día: Dinan. Estacionamos en el parking que esta justo delante de la basílica St. Sauveur, que se convirtió en la primera visita del lugar. Tras el “susto” inicial, el tiempo nos acompaño una vez más.
De vuelta al coche, pasamos por les Jardins Anglais desde donde se puede ver la característica imagen de Dinan.
Desistimos de visitar Dinard cuando a pocos kilómetros de llegar vimos que la caravana de coches para entrar era inmensa. Es un destino de playa, muy muy turístico y a rebosar de gente a esa hora. Así que con ayuda del GPS nos desviamos a nuestra siguiente parada: St. Malo. Después de dejar el coche en un parking subterráneo (justo al lado de la oficina de turismo; no muy económico, pero el tiempo era lo que menos nos sobraba), entramos en la parte intramuros de la ciudad. Aunque fue destruido casi en su totalidad en 1994, la restauración de sus calles y casas permiten imaginar el pasado corsario de este lugar. Es un sitio muy turístico, pero aun así merece la pena dar un paseo por sus calles, repletas de tiendas de souvenirs, restaurantes, etc.. Subimos por la rue du Boyer y llegamos hasta Porte des Bés, desde donde pudimos ver la costa. Nos sorprendió ver a gente en la playa, incluso bañándose (acostumbrados al clima de Canarias, allí hacia demasiado frío para bañarse
Vimos le Petit Bé y le Grand Bé, a los que se puede acceder cuando la marea esta baja.
Almorzamos en St Malo crêppes y galettes (no podíamos dejar Bretaña sin probarlas!!
La pleamar ese día era a las 18:35, así que, siguiendo las recomendaciones del foro, llegamos al Monte sobre las 4 de la tarde, para poder disfrutar con tranquilidad la subida. El acceso al parking del Monte está muy bien indicado; una vez ahí nos dirigimos hacia una especie de centro de interpretación donde dan información sobre el Monte y hay múltiples maquetas para hacernos una idea del lugar. Cerca de aquí cogemos el autobús lanzadera, que nos lleva hasta casi la entrada del Mont Saint Michel (hay que andar cerca de un kilómetro desde donde nos deja el autobús).
La única calle es estrecha y empinada, está llena de gente y cuesta caminar. Esto le quita algo de encanto, pero el esfuerzo merece la pena. Nos dirigimos directamente a la abadía con idea de visitarla y salir para ver las mareas, pero cuando estamos en la terraza occidental, nos damos cuenta que hay muchísima gente mirando el mar… nos fijamos y…está subiendo!!
La abadía…no es nada del otro mundo, es más espectacular por fuera que por dentro (posee varias estancias, la mayoría, vacías)…pero tiene (en mi opinión) de las mejores vistas para ver las mareas. Entre una cosa y otra se nos había pasado la tarde, así que tras comprar algunos souvenirs, emprendemos el camino de vuelta, no sin antes tomar alguna imagen para el recuerdo.
A la hora que salimos del monte (sobre las 19:30 mas o menos) había mucha menos gente que a la entrada, y el ambiente era mas agradable y tranquilo. Nos costó despedirnos de este lugar.
Pagamos el parking (12€) y salimos en dirección a Avranches, siempre con la mirada puesta en el Monte.
Muy cerca del Monte hay un cementerio alemán de la Segunda Guerra Mundial, pero a esa hora (como no) ya estaba cerrado.
Esa noche nos alojamos por última vez en un Formule 1 en Saint Lô. Tuvimos el mismo problema que en Fougères, pero esta vez lo solucionamos sin mayores sobresaltos.