Desde el hotel oía durante toda la noche el sonido del río. Parecía que estaba diluviando, pero era el rugido del río.
A las 5:30 me despiertan otros turistas que ya se han levantado. Aquí la vida empieza muy temprano.
A las 6 ya estoy desayunando y empieza a lloviznar. Las nubes están bajas y la visibilidad es escasa.
A las 7 me monto en el bus para subir de Aguascalientes a Machu Pichu, que, en 25 minutos, asciende la empinada ladera cubierta de selva, por una pista de tierra en zigzag. A pesar de la niebla, ya empiezo a intuir la magnitud paisajística del entorno.
Me he disfrazado de impermeable de pies a cabeza. No pienso dejar que la lluvia me estropee el día!!
Dejo la mochila en la consigna, asegurándome de llevar batería y tarjeta de repuesto para la cámara. ¡No vaya a ser que se me estropee justo aquí! Y unas barritas de cereales en el bolsillo, que serán mi avituallamiento cuando lo pida el cuerpo.
A las 7:45 me espera Beto, el guía que he contratado en el hotel para hacer un tour guiado en grupo. A esta hora, la entrada a Machu Pichu es un caos. La gente se agolpa a la espera de formar los grupos para los tours guiados que comienzan a la misma hora.
Tras unos 5 minutos subiendo por unas escaleras, llego a la terraza-mirador desde la que se contempla la imagen más conocida de Machu Pichu, la que todo el mundo que lo ha visitado enseña a sus amigos, la que todos colocan en su facebook.
Inmerso en la niebla, el guía nos explica la historia de la ciudadela, de su abandono por los incas, de los miles de kilómetros de caminos incas que surcan las montañas, de la conquista española del Perú, del hallazgo de Machu Pichu por parte de HiranBinghan el 24 de junio de 1911. Cuando él llegó, se encontró a varias familias viviendo en Machu Pichu, y cultivando en sus terrazas. Un niño, Pablito, fue quién guió a HiranBinghan………se le considera el primer guía del Machu Pichu……….ahora hay muchos más!
El tiempo nos está jugando una faena,
Pero sólo se trata de tener un poco de paciencia, y de soplar todos en la misma dirección. Aquí la inestabilidad es continua, y al avanzar la mañana, suele abrirse el cielo.
Pero, MachuPichu es mucho más que esta foto, es adentrarse en las entrañas del imperio incaico. Y también es mucho más que las ruinas de la ciudadela. Es un enclave maravilloso entre la selva y las montañas, es un paisaje que deja con la boca abierta……bueno, más bien con los ojos como platos. ¡¡¡Uno no se hace idea con las fotos!!!...........Me sorprende todo el entorno, las montañas que lo rodean y que no caben en las fotos, unas montañas de pendientes vertiginosas cubiertas de la selva alta. Sólo visitándolo se puede palpar su magnitud, su misterio, y que es diferente a cada instante, con esas nubes tan vivas, en continuo movimiento. ¡Un minuto nunca es igual al anterior!

Bajamos unas escaleras, pasamos la Puerta del Pueblo, y entramos en la ciudadela.
La ciudadela está repartida en varios sectores. La zona agrícola, con sus terrazas y graneros en la parte alta, con mejor ventilación. La zona urbana, que comprende edificaciones destinadas a viviendas y templos para culto. La zona de las canteras era el área de trabajo de la piedra granítica utilizada en las construcciones.
Son muy visibles las características de las construcciones incaicas. Los muros trapezoidales, que favorecen la estabilidad. Las ventanas cerradas contra los terremotos, que interfieren las ondas sísmicas.
Al ver fotos, siempre me ha llamado la atención la falta absoluta de techos en las construcciones. Era una ciudad del siglo XVI, relativamente nueva comparado con Europa, y, sin embargo, recuerda más a los castros que a una ciudad de la edad media. Pero, claro, es que los techos eran de madera cubiertos de paja, lo que requería reponerlos cada 3 años.
La ciudad tiene su propio sistema de drenaje, por lo que nunca se inunda, ni en la época de lluvias torrenciales. Y su canal de suministro de agua desde un manantial en la montaña……..¡una obra de ingeniería hidráulica!
Nos detenemos en la Plaza Sagrada, para observar el Templo Principal y el Templo de las 3 ventanas, con enorme simbología hacia los elementos de la cosmología andinay la fusión de símbolos reales con espirituales: El mundo de arriba (mundo espiritual), el mundo del medio (la tierra, lo mundano) y el mundo de abajo (la vida interior).
En la parte más alta de la ciudadela alcanzamos el Intihuatana, el reloj solar y lugar de culto al Sol, el punto de recarga de energía.




Continuamos la visita, parando en edificios civiles y en templos, y apreciando las diferencias en las construcciones, con acabados más perfeccionados en edificaciones nobles.
En el Templo del Cóndor observamos cómo se aprecia la figura de un cóndor con las alas abiertas.
Y …………….. ya me he cansado de ir con el grupo, no me ha gustado nada la visita guiada. Varios grupos coinciden en horario entorpeciéndose unos a otros.
Yo me voy al Huayna Pichu, el Pico Joven.He tenido que comprar la entrada hace varios días, por internet, ya que sólo se permite el acceso a 400 personas al día, 200 a las 7 am y otras 200 a las 10 am. Afortunadamente, el cielo ha ido abriendo. Me temo que los que subieron en el primer turno no han podido ver mucho.

En media hora asciendo la vertiginosa pendiente, escalón tras escalón. Casi todos suben mucho más lentos, yo ya tengo ganas de llegar arriba para ver las vistas, ahora que ha ido abriendo el cielo.
Desde lo alto del HuaynaPichu, las vistas son, simplemente, ¡Maravillosas!! La ciudadela queda abajo. Veo volar algún cóndor por debajo del Pico Joven. Todas las montañas de alrededor cubiertas por la selva, y entre las nubes…………..¡esto sí que me encanta!

Las terrazas agrícolas, las grandes rocas, cualquier lugar en la cima se convierte en el mejor mirador. Aquí sí que percibo yo mucha más energía que en los apretones de la ciudadela. Mucho más que lo que se puede ver en las fotos.
.........La verticalidad y redondez de las montañas.
.........La profundidad del vallecito por donde serpentea el río, ¡allá tan abajo!



La subida no ha sido complicada, pues, aunque pendiente, es corta. La bajada es de vértigo, los escalones parecen no terminarse nunca.

Una vez que regreso a la ciudadela, me dedico a recorrerla a mi aire, que me da muchas más satisfacciones que con el grupo.
El Templo del Sol destaca por su forma circular, frente al resto de construcciones rectangulares. En la gruta natural de su interior observo unas inscripciones grabadas que demuestran que Hiran Binghan no fue, en realidad, el descubridor de Machu Pichu, aunque sí quién lo dio a conocer al mundo.
Me siento en la explanada, en un punto con excelentes vistas, a mirar y a pensar “¡qué fantástico!, pero a quién se le habrá ocurrido venirse a vivir aquí!”. Un guarda del parque se me acerca………”Buen lugar, eh!” Pues sí, sí que lo es. Me honra con su conversación durante un buen rato, transmitiéndome el punto de vista de alguien que permanece aquí como parte de su día a día.
Todavía me quedo un buen rato más recorriendo calles, terrazas y edificios de la ciudadela, entre su especial verdor. Una alfombra de un césped perfectamente cuidado.



Me comentaron que ir hasta el puente inca no merece la pena, pero sí al Intipunku.
Llegar al Intipunku me lleva otra media hora por el camino inca, un sendero empedrado que termina convirtiéndose en escaleras, y me conduce a otro lugar de simbolismo astrológico y culto al sol, pues en cada solsticio, los rayos de sol penetran por las ventanas.
El Intipunku es el punto donde quienes hacen el famoso trekking del camino inca ven por primera vez el Machu Pichu. Veo llegar a un grupo de 3 caminantes, que se emocionan de verdad.
Desde aquí, las vistas son espectaculares, y queda incluso más alto que el Huayna Pichu.


Me queda regresar a Machu Pichu para unas últimas imágenes de despedida.

Al caer la tarde, sólo se quedan sus habitantes permanentes, ¡¡el mejor cortacésped!!. Las llamas se encargan de mantener la hierba a raya, mucho mejor que las docenas de jardineros que, en otro caso, serían necesarios.

He pasado nueve horas en Machu Pichu, y me da pena marcharme. Me gusta más por la tarde que por la mañana. ¡¡Me ha encantado cumplir años aquí!!
Me marcho con la impresión de haber vivido unos momentos irrepetibles, donde las nieblas son tan caprichosas que hacen que el paisaje siempre sea diferente y nunca se vuelva a repetir exactamente igual.
Después de tanto caminar, parecía ridículo bajar en bus a Aguascalientes. Ya que estamos a ello, bajo andando por las escaleritas entre la selva, que acortan mucha distancia frente al zig-zag que dibujan los autobuses. Es un sendero precioso, que permite un contacto más íntimo con la exuberante vegetación de esta selva alta y húmeda, y en el que, de vez en cuando, se asoman las montañas. Porque se trata de un espacio con una enorme biodiversidad natural: multitud de especies de orquídeas, bromelias, y otras flores destacan sobre los múltiples tonos de verdes.

El último tramo discurre al lado del río Urubamba, que desagua sus aguas en el Amazonas y termina su vida en el Atlántico, tan lejano desde aquí. El río sonoro y revuelto, que los incas consideraban el reflejo de la Vía Láctea en la tierra.

La subida al mirador del Putucusi me quedó pendiente. A esta montaña frente a Machu Pichu se sube desde Aguascalientes por un sendero más complicado, con escaleras de gato, por lo que es muy poco frecuentado. Permite una vista mucho menos conocida de la ciudadela.
Tren a Ollantaytambo, donde pasaré la noche. Merienda durante el trayecto.
Hotel en Ollantaytambo: Hotel Sauce
Restaurante en Ollantaytambo: Oryshas.
