Somnolientos, bajamos a desayunar al buffet a las 6.00. Mientras disfrutamos de nuestro particular festín, una pareja que estaba sentada al lado nos pregunta si somos de la misma agencia que ellos. Les decimos que sí y esperamos juntos. Aunque habíamos quedado a las 6.30, el guía no aparece hasta las 7.00. La verdad es que estamos algo molestos porque hemos desayunado a todo correr para estar puntuales, pero pronto nos acostumbraríamos a ese ritmo de vida en el que no existe la esclavitud al reloj a la que estamos acostumbrados.
Por fin aparece el guía, Somsak. Es muy amable y risueño. Nos metemos en el autobús, casi lleno, y nos sentamos en los primeros asientos que encontramos vacíos. Serían nuestros asientos para todo el circuito, aunque eso aún no lo sabíamos. Mientras salimos de Bangkok aprovechamos para hacer fotos a puestos callejeros, coches, cualquier cosa que pudiera recordarnos en un futuro a esa vida caótica que no volveríamos a disfrutar hasta un par de semanas después, al final del viaje.

Llegamos al río Kwae, donde entramos en el museo de la guerra. Tan sólo hay fotos y lienzos con dibujos de la época. Después nos llevan hasta el puente, donde sacamos fotos, nos sentamos en las vías y compramos una pulsera de conchas. Mientras esperamos al tren compramos unos polos a una vendedora ambulante que está sentada con un barreño enrome lleno de hielos, dentro del que hay unos recipientes cilíndricos con unos palitos de madera que llena de refresco del sabor que elijas: naranja, limón, coca cola… Al contacto con el hielo, el refresco se congela, lo saca del recipiente tirando del palito y ahí está el helado. Nos da tiempo a acabarlo antes de que llegue el tren.

Nos ponen una pegatina para montar, entramos y nos sentamos. El trayecto es precioso, campos enormes a ambos lados, campesinos cultivando la tierra… pero al rato empieza a hacerse demasiado monótono y caemos en un profundo sueño ¡resulta que eran casi dos horas de trayecto!

Comemos en un buffet que está genial, y del que sólo pagamos la bebida, pues la comida está incluida en el precio del circuito. Después comer volvemos a Kanchanaburi, donde paramos un momento para ver el cementerio de los aliados de guerra. Seguimos nuestro camino hasta Ayutthaya y hacemos una parada en el templo de Chaiwattnaram.

Después, vemos las ruinas de noche, precioso. Tras sacar unas cuantas fotos nos llevan al hotel Kantary, donde nos dan una habitación que es un dúplex! Arriba la habitación y un baño y abajo otro lavabo pequeño, la cocina y el salón. Lástima que sólo fuéramos a quedarnos una noche. Nos ponemos los bañadores y bajamos a la piscina, donde hay otra pareja de nuestro grupo de viaje con la que quedamos para cenar más tarde en el restaurante del hotel.

De vuelta a la habitación nos duchamos rápido, nos vestimos y bajamos a cenar. Pedimos hamburguesas y comida thai y decidimos salir a tomar algo por los alrededores. Paseamos por una zona plagada de locales de “thai massage”, “private pool”, etc. Localizamos un bar con terraza que tiene buena pinta y pedimos unos margaritas. Rodeados de ladyboys y camareras que trataban de ligarse a los clientes, nos tomamos nuestras consumiciones. Tras pasar un buen rato decidimos volver al hotel a dormir, pues la zona no nos parece del todo segura…
El saloncito de nuestra habitación
